La tesis de Peeeedro

Lo que ha pasado estos días con los estudios (ejem) de nuestros políticos ya lo he visto más veces. Se reduce a lo siguiente.

Primero, los antecedentes. Largos, y eso que están muy resumidos (es así, esta gente genera una avalancha de información).

Un político del PP (Cristina Cifuentes) es cazado en un fraude académico y documental gravísimo y muy evidente, por el que creo que indefectiblemente tendría que acabar gente en la cárcel (no es un deseo, quiero decir que me parece inevitable por lo poco que sé de leyes). Además de lo que ya se había hecho, todo lo ocurrido después de que se destapara está tan lleno de desvergüenzas (y de más delitos aún, cometidos ya a la luz de los focos) que sería larguísimo de enumerar. No pasa nada; Cifuentes se pavonea, se pasea, le resbala todo, y solo dimite después de todo un mes, y no por esa estafa, sino por el famoso vídeo de las cremas. Su hermana ocupa desde hace años una posición de profesora ilegalmente, Cifuentes tiene una plaza de funcionaria también (aunque es de personal de administración, poca cosa para ella, que quería ser catedrática como mínimo y supongo que esperará una jugada como la de su hermana, a la que convirtieron en profesora porque sí).

Otro político del PP (Pablo Casado) es cazado en no uno, sino dos fraudes académicos, bastante evidentes. El primero es similar al de Cifuentes, quizá con menos irregularidades documentales. Para defenderse enseña unas portadas impresas ahora en su impresora, de unos supuestos trabajos, pero no deja verlos absolutamente a nadie bajo ninguna condición, y en todo caso es un hecho admitido por él que recibió un trato de favor. No fue a clase, le convalidaron casi todas las asignaturas, y para las que no le convalidaron dice que hizo esos trabajitos, y que no habló con ningún profesor, que los dejaba en un misterioso despacho, y que los hizo como le pareció a él, basándose ¡en el título de la asignatura! (son mentiras tan estúpidas que solo se las cree quien no haya pisado una universidad, o la haya pisado en los mismos términos que él). También se sabe del segundo fraude: todo apunta a que le regalaron la carrera también (aprobando miles de asignaturas por arte de birlibirloque, con presiones e incluso con irregularidades administrativas ya conocidas). No pasa nada; Casado se pavonea, le resbala todo, y de hecho sus correligionarios lo convierten en presidente del partido como premio.

Una política del PSOE, ministra para más señas, recibió también un trato de favor, obteniendo un máster con irregularidades tanto administrativas como académicas. En dos días ha dimitido. La ha derribado, por cierto, eldiario.es, ese periódico que la derecha llama “sectario” (como llama a todo el que sea ecuánime o neutral y no de derechas). No hay mucho más que contar de la ministra, porque la cosa no ha dado más de sí.

Ciudadanos se dedica a meter el dedo en el ojo a los demás (a unos más que a otros), y se descubre que su líder en Barcelona falseó datos en su currículum. Sin duda, es una irregularidad menor que las anteriores, pero el partido que pretende enarbolar los códigos deontológicos de regeneración democrática dice en el suyo propio que el partido deberá “apartar de cualquier cargo público o de partido a todo representante que haya falsificado o engañado en relación a su currículum o su cualificación profesional o académica”. Se da toda clase de excusas absurdas, y ahí sigue esta mujer tan pancha. El código de conducta es de Ciudadanos, pero al parecer solo se aplica a los demás (tienen un lío importante de jurisdicción, parece). Por cierto, el propio Rivera afirmó ser “doctorando” y no lo es; es una cuestión menor, pero habría que ver cómo aplicaba su propio código deontológico si el “doctorando” fuera otro, viendo que pide a Sánchez que dé explicaciones por… por… ¿por qué motivo era exactamente?

Empecé el artículo diciendo que lo que ocurrió ya lo he visto otras veces. Me refiero a lo que ha pasado a continuación con Sánchez. Yo podría perfectamente escribir los argumentarios del PP. Si Sánchez ha hecho algún trabajo, y no digamos una tesis, ya lo tengo resuelto. Da igual que la tesis sea correcta o irregular, que sea buena o mala. Cojo el material y hago con él la campaña que quiera; ya es sabido que es más grave que un político de izquierdas (o del PSOE) haga algo legal que que un político de derechas haga algo ilegal. Y así es como el único doctor de todos estos, y el único que aparentemente ha hecho una carrera normal, es Pedro Sánchez, pero resulta que se habla más de su tesis que de otra cosa. A pesar de que no haya aparecido absolutamente nada extraño en ella.

Su tesis está indexada en Teseo (que es lo normal), la puede ver cualquiera que acuda a la biblioteca correspondiente (que es lo normal y lo que se pidió infructuosamente para Cifuentes y Casado). Pero es como si hubiera cometido algún delito. La tesis de Pedro Sánchez la puede juzgar el mismísimo Eduardo Inda, que no tiene la suficiencia investigadora, que ni siquiera ha hecho jamás un proyecto fin de carrera. Y así hace creer a la gente que en una tesis doctoral es metafísicamente posible que te plagies a ti mismo, o que es fraudulento que utilices los artículos que previamente has escrito y publicado.

Así son las cosas. El trabajo fin de máster de Cifuentes no existe, pero no habría dimitido si no le hubieran mandado el mensaje de las cremas. Con Pedro Sánchez le pedimos que dimita, no sé,  porque su tesis nos aburre, mismamente. Los tribunales de amigos en una plaza de funcionario, injustificables, valen para colocar a Cifuentes, pero si hay cualquier grado de conocimiento previo entre Sánchez y su tribunal de tesis (por más que sea lo normal en cualquier campo de investigación, y más teniendo en cuenta que tú tienes que buscarte el tribunal, y que no puedes traer premios Nobel porque no van a venir y los que leen tu tesis y vienen te están haciendo un favor) ya es suficiente para meter a Sánchez en la cárcel o poco menos.

Mi propia tesis doctoral está indexada en Teseo, pero no está colgado en esa web su contenido (eso “se hace solo”, yo no he tenido que hacer nada en ningún sentido). En mi tribunal había varios miembros que no me eran desconocidos (la Universidad denegó uno de los que habíamos propuesto… porque era sudaca, así que tampoco te creas que puedes traerlos de muy lejos, porque a la Uni le cuesta dinero y no quieren). Durante el desarrollo de la tesis publiqué artículos con resultados parciales (que es justamente lo que hay que hacer; lo contrario es un demérito) y obviamente utilicé los resultados en la versión final (una tesis se hace así, amigos míos). Todo lo que en la tesis no fuera de mi cosecha está citado en la bibliografía, con enlace directo o de manera general. Es decir, he hecho lo que hasta donde sé hizo Sánchez (la suya no la he leído). Salvo que su tesis era de… esa ciencia llamada economía, pero vamos a dejar piadosamente esa cuestión al margen.

A Zapatero lo defenestraban porque Jordi Sevilla le tenía que explicar economía en unas tardes. Si un presidente es el primero de la democracia que sabe idiomas, y es doctor en economía, todos los iletrados de España se permiten tratarlo de tonto igualmente.

Y mientras tanto, Casado y Rivera dan lecciones.

 

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