Archive for 23 octubre 2018

Messi y los niños con cáncer

23 23UTC octubre 23UTC 2018

Anteayer pude ver todo el puñetero día a Lionel Messi en la televisión pública. En todas las televisiones. Porque Messi estaba ayudando a los niños con cáncer. Qué humano, qué buena gente. Todos somos Messi. Mira p’acá:

Un emocionado Messi abandera la lucha contra el cáncer infantil

Todo el día. Minutos y minutos. Una hagiografía devota y concienzuda. Y además es probable que te pareciera bonito, una buena noticia de esas que hacen sonreír y devuelven la confianza en la especie humana. El futbolista de éxito se da cuenta de lo rico que es y regala nada menos que parte (no se cuánta) de 3 millones de euros. Yo me pasé todo el día echando pestes y cabreado como una mona, y en mi casa no lo entendían. Soy un aguafiestas. Los pobres niños con cáncer. Y yo cabreado diciendo tacos.

No soy un cascarrabias de esos que desprecian todo, lo que ahora se llama un hater. Pero hay cosas que no.

En primer lugar: Leo Messi es un delincuente. No es una manera de hablar. Entre 2008 y 2009, que se sepa y se haya podido demostrar a los tribunales y se haya confirmado en la última instancia judiciall, defraudó a Hacienda 4,1 millones de euros. Su fama en la televisión no se corresponde mucho con ese perfil. Se nos olvida todo muy rápido.

En segundo lugar: nuestros locutores, presentadores y escribidores deportivos han dicho con todo lujo de detalles cómo Leo Messi donó 3 millones de euros para luchar contra el cáncer infantil. No es muy exacto. Por lo visto, los fondos para construir ese hospital vienen de más de 100.000 particulares, 150 empresas y 10 donantes fundadores. Estos 10 fundadores son, según la propia Fundación, la Fundación Leo Messi, Fundació Barça, Mª Ángeles Recolons, Stavros Niarchos Foundation, Fundació Bancària “la Caixa”, Andbank, Esteve, Fundació Nou Mil·lenni, Grup Simm Imatge Mèdica y una décima entidad que prefiere mantener el anonimato (tendría gracia que fuera Adidas).

No sé exactamente cuánto puso la Fundación de Messi. Pero veamos en qué cifras nos movemos. Según la memoria económica de la Fundación Leo Messi para el año 2017 (si la interpreto bien, que no es lo mío y está en catalán), los ingresos exentos del Impuesto de Sociedades de dicha fundación incluyeron, en concepto de donativos, donaciones y aportaciones, 2.209.717,99 €. En la propia página de la Fundación te invitan ahora mismo a hacer donativos para ese hospital.

Es decir, que de momento y si son ciertas las cifras que han dado los periodistas, me parece que hasta aquí lo que tienen que agradecer a Leo Messi los niños con cáncer es básicamente que no se ha quedado con el dinero que han recaudado, sino que lo han donado realmente, que es para lo que lo pidieron.

En tercer lugar: las donaciones tienen una desgravación del 35%. No sé qué clase de influencia en las cuentas personales de Messi puede tener esa donación que ha hecho su fundación. Cuando oigo hablar de la caridad de alguien, y aparece la palabra “fundación”, suelo agarrarme la cartera.

Pero vayamos más allá. En cuarto lugar: al margen de la condena en virtud de la cual puedo decir que Leo Messi es un delincuente, Hacienda estaba investigando precisamente al F. C Barcelona y a la Fundación Leo Messi por posible fraude fiscal. El equipo pagó a la Fundación por lo menos, y que se sepa, 7,5 millones de euros de nada. Hacienda sospecha que eso pueda ser parte del salario del jugador (pagándole así, el Barcelona se ahorraría un montón de dinero por las desgravaciones). Cuando el equipo vio el cariz que tomaba el asunto, pagó a Hacienda 12 millones de euros para regularizar la situación:

El Barcelona pagó una deuda de Messi con Hacienda por importe de 12 millones

Que se sepa (porque estas cosas procuran esconderlas, solo se sabe si te pillan) Messi defraudó 4,1 M€; el Barcelona le ingresó en la fundación 7,5 M€; y pagó a Hacienda otros 12 M€ para evitarse problemas. ¿No se van quedando pequeñas las cifras de la noticia? Porque ahí se ha hablado ya de 23,6 M€, y el hospital entero costó unos 30. Solo con lo referido a fraudes, prácticamente podría haber pagado el hospital él solo (o el F. C. Barcelona, no sé) como donante, de una tacada. ¿Qué dinero sale si extrapolamos lo que puede haber por ahí escondido?

Y en quinto lugar, un dato de nada. Lo que gana Messi en un año en concepto de patrocinios puede andar por los 27 millones de dólares. Ahora explícame si no merece la pena coger el dinero de los donantes incautos, o dinero que desgrava el 35%, o incluso aunque fuera íntegramente de su bolsillo, darlo en cantidad indeterminada a un proyecto con niños, hacerse las fotos y meter un pelotazo en términos de imagen en todas las televisiones durante todo el día. Invertir en publicidad del orden del 10% de lo que ganas tiene perfecta lógica empresarial. Y si una operación dineraria de ese volumen tiene lógica empresarial, no te engañes: es una actividad puramente empresarial.

Por eso mis conclusiones. Son puras opiniones, pero he explicado por qué las tengo:

Messi es (para mí) un delincuente, y debería estar avergonzado.

Es obvio (para mí) que esa fundación es, o al menos era, una tapadera para que él y el F. C. Barcelona ahorraran (fraudulentamente) muchísimo dinero en impuestos.

Todo lo que hemos visto es (para mí) un maldito anuncio de televisión, con su guión, su target, sus prospecciones de mercado y su retorno de inversión.

Con las migajas de lo que Messi y el Barcelona han defraudado, y quizás estén defraudando ahora de forma más hábil, opino que podrían haber ayudado mucho más a la investigación contra el cáncer.

Messi, si quieres ayudar a los niños con cáncer, paga tus putos impuestos sin que nadie se entere No hace falta más. Gracias.

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Se lo debemos a Elton

22 22UTC octubre 22UTC 2018

Interrumpo mi repaso al feminismo mundial para detenerme en una pequeña reflexión musical.

Además de lo ya conocido, hemos sabido últimamente que la música está aún más en deuda con Elton John de lo que sabíamos.

Victoria Beckham abandonó a las Spice Girls por Elton John

Bromas aparte, me ha parecido un artículo muy interesante, y además me ha reconciliado un poquito con Victoria. Por su sinceridad.

Victoria Beckham admite (lo puedes adornar como quieras) que la música le importaba una mierda. Ella estaba allí por los trapos. Lo sabíamos, pero esta gente rara vez lo admite. Me ha encantado leerle que cuando vio a Elton cantando sus temas, después de tantos años y conservando su pasión (yo lo llamaría profesionalidad, pero en fin), supo que aquello no era lo suyo. Que no tenía lo que tenía Elton.

El resto de la entrevista está lleno de mierdecilla pija (basta ver las frases de sus hijas cuando la ven actuar; tampoco es que les importe mucho la música, al parecer. O su propia idea de sí misma y de lo que hace). Pero hay que reconocer que al menos tuvo un arranque de lucidez.

En cualquier caso, gracias, Elton, por acabar con aquel horror.

 

Justicia

17 17UTC octubre 17UTC 2018

Querido lector, voy a hacerte una pequeña entrevista.

Ves a dos tipos hablando en la calle. Y uno le suelta a otro una bofetada. ¿Debería ir a la cárcel? ¿Cuánto tiempo?

Digamos ahora que en vez de una bofetada le suelta un puñetazo. ¿Cuál es entonces la respuesta?

Otra más. Te enteras de que el que ha recibido el puñetazo acababa de amenazar al otro con hacerle daño a su familia. ¿Cambia la respuesta anterior?

Cambiemos el contexto. Lo que ves ocurre en una joyería, entre el dueño y un visitante. El visitante amenaza verbalmente al dueño con hacerle daño a su familia; este, asustado, le deja hacer, y el visitante coge unos Rolex en una bolsa y se va. ¿Debe ir a la cárcel? ¿Y cambia algo si en vez de amenazarle verbalmente le apunta con una pistola? ¿Y si en vez de eso le da un bofetón “preventivo” para intimidarlo? ¿Y si en vez de eso le da un puñetazo preventivo en la cara, antes de empezar a hablar?

Supongamos ahora que el “visitante” es directamente un atracador y que, a pesar de la amenaza verbal, el joyero no se resigna e intenta impedir al atracador que coja los relojes. El atracador lo tumba de un tortazo y se va con su botín. ¿Es la pena la misma que si la amenaza verbal funciona?

Y si el joyero se resiste con más fuerza aún, y el atracador le da una coz en la rodilla y se la rompe gravemente, cosa que va a dejarle secuelas. ¿Es la pena la misma para el atracador que si la amenaza verbal funciona?

Termino ya. Supongamos ahora que el atracador amenaza verbalmente al joyero, y este saca una recortada del mostrador y le descerraja un tiro. ¿Debe el joyero ir a la cárcel? ¿Cuánto tiempo, exactamente?

Las preguntas anteriores quizás te hayan parecido un aburrimiento. Como recurso estilístico, más de dos o tres agotan el efecto y no aportan nada. Pero resulta que son de la mayor relevancia, literaturas aparte. Si tú fueras quien dicta sentencia, no vale con que sepas que el abofeteador se ha portado genéricamente mal. Tienes que tener meridianamente claro cuán mal se ha portado, y qué pena hay que imponerle en cada uno de esos casos. Y tienes que decir un número de años. Y cualquier número distinto de cero implica interrumpir la vida de una persona y meter a esa persona en la cárcel. No sé, querido lector, si tienes la más mínima idea de lo que es pasar un día en la cárcel. Yo no la tengo.

Si vas a decidir una pena, tienes que afrontar además varios dilemas obvios. Es fácil que no hayas asistido a los hechos, así que te tendrás que basar en declaraciones que no van a coincidir. En el tercer supuesto de arriba, puede que solo el golpeante oyera la amenaza; ¿creerás su palabra? En el caso del joyero ¿vas a imponer la misma pena si el atracador se va sin dañar a nadie que si se va dejando atrás a un joyero con la pierna estropeada para siempre? Si impones penas distintas en esos casos, ¿implica eso que el joyero tiene que renunciar a su pierna a fin de que valores adecuadamente la inaceptable acción del atracador? Pero si impones la misma pena en ambos casos, para que el pobre joyero no tenga que acumular pruebas en su propio cuerpo, ¿significa eso que, en caso de que no haya heridos, estás imponiendo a alguien años de cárcel por lo que podría haber hecho, y no por lo que ha hecho?

Cuando se iba a hacer pública la sentencia del caso de “la manada”, yo veía posible que los acusados fueran declarados inocentes. De haber sido así, supongo que lo habría asumido (con dolor de corazón) como lo correcto en materia penal, por más que tenga plena constancia de que son unos indeseables. Si me hubieran dicho que se les condenaría por haber cometido abusos sexuales a 9 años de cárcel, ambos términos (abuso y nueve años) me habrían parecido razonables. Pero por lo visto no conozco bien el código penal.

A diferencia de la práctica totalidad de mis conciudadanos, que tenían claro que la calificación del delito debía ser otra y la pena también.

Soy feminista porque creo que hay que terminar con ciertas injusticias, carencias o desequilibrios; hay muchas, y muy graves. En la Justicia, por ejemplo, que se obligue a una mujer a declarar a la vista de su agresor sexual (¡varias veces!), o que se la juzgue implícitamente por cómo ha afrontado su vida después de la agresión. Y como esas, otras mil.

Pero un sector muy visible del feminismo asume como legítima la sobrecompensación, el ánimo punitivo. Y plantea que los problemas que afectan a mujeres son intrínsecamente más importantes que el resto de problemas, y que tienen un derecho especial a resarcirse; y combinando ambas cosas, plantea soluciones que dan vergüenza ajena por lo que tienen de ignorancia, de ingenuidad en el peor sentido de la palabra.

La Justicia nunca ha sido un asunto sencillo. Pero para ciertos feministas (¡incluso algunos con capacidad legislativa!) sí. Es tan sencillo como que quien acuse de determinados delitos goce de presunción de veracidad. Que, dependiendo del tipo de delito, se invierta la carga de la prueba o se valoren las pruebas de manera diferente. Que en ciertos casos el principio constitucional de la reinserción del delincuente (¡recogido en una sección que lleva por título “De los derechos fundamentales y las libertades públicas”!) no sea aplicable, y las penas privativas de libertad sirvan como escarmiento o venganza y si nos pasamos de largo dé igual porque las mujeres han sufrido mucho y cualquier acusado no-mujer lleva un estigma de clase que tiene que asumir.

El dilema respecto a los inocentes presos o los culpables libres, ese que la Humanidad aún no ha conseguido resolver, ese que resulta trágicamente relevante para tantas personas en relación con tantos delitos (secuestrados, torturados, apaleados, padres que han visto morir a sus hijos), ese que está en el centro mismo del concepto de Justicia organizada… nada, ese te lo resuelven los del “los y las alumnos y alumnas” en un momento. Esos que son capaces de juzgar un caso sin conocer ni el sumario ni a los acusados ni a la víctima, sin saber lo que es un juez de instrucción, sin saber hacer la O con un canuto. Es patético cómo denuncian como un gran descubrimiento la paradoja de que tienes que sufrir más lesiones para que una condena sea mayor, o que es difícil para una víctima probar lo que ocurre en privado, ¡como si no le pasara lo mismo al joyero!

La última ocurrencia es eso de que en las relaciones sexuales (¡casi nada!) si no hay un “sí” explícito el acto sexual se considere violación. Citan a la vicepresidente del gobierno hablando de revisar los tipos penales para “que no pongan en riesgo a través de la interpretación delitos tan graves contra las mujeres”. La interpretación. La vicepresidente del gobierno cree que es posible una justicia automática y acertada, cree factible librarse de la interpretación… esa cosa para la que están, fundamentalmente, los jueces. Ole y ole.

Legitiman esa ley diciendo que será como la de otros países, por ejemplo Suecia. No conozco la ley sueca y no sé cómo creen sus promotores que en los juzgados se dirimirá el “sí”. En esta noticia se dice que «el consentimiento no deberá ser necesariamente verbal, sino que también puede producirse a través de gestos o “de alguna otra manera”», lo que me temo que… nos remite a la interpretación, queridos. No sé si las relaciones sexuales tendrán que realizarse con contrato previo, pero si lo menciono no es por reducción al absurdo ni como ironía; francamente, es la única forma que se me ocurre de garantizar la seguridad jurídica a quien participe. Si “todo lo que no sea un sí es un no”, entonces “todo lo que no sea un sí me convierte en delincuente”. Si interpreto las señales como consentimiento, soy delincuente por omisión, a menos que esté seguro de que el juez las interpretará igual que yo. Si no estoy seguro, más me vale estar en condiciones de probar el “sí”. Se invierte la carga de la prueba. El asunto es muy serio.

El feminismo tiene un grave problema con la Justicia. Pero uno de fondo, que va mucho más allá de los problemas reales, y de hecho los desdibuja, los oculta y los convierte en secundarios. Una víctima declarando ante su agresor es algo odioso; pero la inversión de la carga de la prueba es una catástrofe generalizada. Sale perdiendo el feminismo, y sale perdiendo la sociedad. Yo no estoy dispuesto a apoyar tal estupidez.

Y he visto muchas manifestaciones estúpidas al respecto. Bienintencionadas, pero llenas de ignorancia. Da pavor pensar que gente con tan escaso juicio pueda influir en las leyes penales.

El manspreading

10 10UTC octubre 10UTC 2018

El otro día iba yo en avión, y delante de mí iba una chica menuda. A su lado, una chica más grande y más gorda.

En un momento dado, la grande echó el asiento un poquitín hacia atrás (cosa que no le venía muy bien a mi acompañante, con ciertos problemas de espalda y que tiene que mantener cierta postura, pero bueno, era asumible). En otro momento, la chica menuda echó de repente el respaldo totalmente hacia atrás. He de decir que mis fémures caben justo en los asientos de los aviones, por lo que al tender el asiento me dio en las rodillas haciéndome retroceder y casi levantarme. Ella no había mirado, ni preguntado, ni lo hizo después. Pero supuse que simplemente no se daba cuenta. Supuse que ella cabe de sobra en los asientos y no es consciente de que hay gente más grande. A su compañera tampoco se le ocurrió.

Las dejamos descansar; total, cómodos no íbamos a estar de todos modos, así que por lo menos que lo estuvieran ellas. Simplemente, cambié de posición e hice el resto del viaje con las rodillas un poco abiertas a los lados (eso sí, con escrupuloso cuidado de no invadir el asiento vecino). Había un hueco en el que podía encajar, y no era un viaje largo.

Cuando se encendieron las luces de aterrizar y dieron orden de abrocharse cinturones, plegar mesas y poner el asiento vertical, pero la chica menuda siguió en su posición -que, aparte de ser cómoda, contradecía las indicaciones de seguridad-, yo simplemente volví a mi posición normal (soy un tanto disciplinado con las órdenes de los auxiliares de vuelo), con lo que di un pequeño toque en el respaldo. Entonces sí, la chica menuda miró hacia atrás, creo que con cara de fastidio, y enderezó el respaldo. Al menos lo entendió.

El otro día, subiendo la escalera del gimnasio, había mujeres sentadas en los escalones, que no permitían el paso. En ese sitio es frecuente. A veces abren hueco, otras ni se mueven. Yo paso con una sonrisa. Muchas veces ocurre esto de las escaleras, o me encuentro mujeres ocupando espacios o asientos con sus bolsos o sus cosas. También muchas se ponen a fumar donde les peta, ocupando varios metros alrededor con su humo tóxico. O se sitúan en primera fila cuando hay músicos en directo, para ponerse a hablar en voz alta de sus cosas, lo cual podrían hacer en otros sitios del bar o del país. O se sientan en los respaldos de los bancos públicos, con los pies (los de pisar el suelo y sus meadas de perro) en el asiento. O llevan a su perrito con una de esas correas largas que sirven para acordonar la calle, con lo que yo tengo que rodearla a ella y al perrito mientras mea (generalmente el perrito).

No creo haber asociado nunca su comportamiento con sus genitales. Creo que ni siquiera llegué a conclusiones sobre su carácter individual; pueden ser egoístas, pero también pueden ser simplemente despistadas. No di nombre a esas situaciones; si lo hubiera hecho, quizás habría sido womanleaning, womanexpanding, no lo sé.

Uno de los términos estrella del feminismo moderno es el manspreading. Según esta idea, una de las manifestaciones del patriarcado es la costumbre de los hombres de expresar su privilegio y su posición de fuerza ocupando más espacio del que necesitan, concretamente en transportes públicos, al sentarse con las rodillas separadas en vez de juntas. Se despatarran, invadiendo el espacio de sus vecinas. El otro día se publicó que una estudiante rusa luchaba contra el manspreading rociando la entrepierna de los hombres con lejía. Luego, leyendo era “agua y lejía”, y se refería a marcar la ropa, no a causar lesiones.

Diluida o no, teniendo en cuenta usos sociales milenarios, creo que si echo lejía a un tipo me arriesgo a que me plante una hostia y me haga tragar la botellita. Es más; al leer las primeras versiones de la noticia no pude evitar pensar que todo lo que sea rociar a una persona con un líquido abrasivo en un transporte público, sea cual sea la forma y el grado, tendría que causar un escalofrío de indignación al feminismo, puesto que nos trae a la memoria una de las cosas más inadmisibles y abyectas que se perpetran hoy en el mundo contra las mujeres. Así que de mano pensé que esta mujer era un poco imbécil.

Salvo por el pequeño detalle de que parecía, evidentemente, una escenificación, un montaje (y así lo fueron diciendo los medios, cuando dejaron de adornar la historia). Era una escenificación por lo que he dicho antes; a mí me caería un hostión, pero es que esa moza ni siquiera tiene un hostión entero. Me costaba creer que anduviera por el metro (¡en San Petersburgo!) haciendo justicia, como decían los periodistas, y durase más de veinte segundos.

En defensa de los hombres (si es que la necesitan) ha salido, por ejemplo, Valentina Ortiz, explicando que si los hombres tienen a sentarse así es por las características de sus genitales y para evitar comprimirlos. No sé; en mi caso, por lo general soy muy respetuoso con el espacio ajeno. Soy alto, y cuando me siento a ver un espectáculo tiendo a hundirme en el asiento para no estorbar a los de detrás (como si tuviera que pedir perdón por estar allí); tiendo a mantener los brazos pegados al cuerpo y andar con mucho cuidado de no dar codazos cuando hay mucha gente (aunque esté dos o tres horas de pie en esa posición); y en los asientos me obligo (desde antes de que se inventara el término manspreading) a mantenerme dentro de sus límites, aunque para mí resulten pequeños.

Pero eso lo hago a costa de mi comodidad, porque una cosa sí es cierta; mi tendencia natural es a sentarme con las rodillas separadas, espatarrao, manspreado. Y voy a aportar otra idea sobre este asunto, porque no sé si esto se debe al tamaño superlativo de mis huevazos; antes de llegar a aplastamiento alguno, en mi caso es una cuestión de la altura que suelen tener los asientos. Si yo me siento con las piernas juntas y por tanto las tibias verticales, las rodillas quedan demasiado arriba, y todo mi peso queda apoyado en mi bello culo; en los huesos isquiones. Eso sí que es incómodo. Sin embargo, si separo las rodillas y cruzo los pies (poniendo las tibias cruzadas), consigo apoyar los muslos enteros en el asiento para soportar el peso. Si me ves columpiarme, también estaré en esa posición, porque si no, los pies me arrastran por el suelo, por lo general, y así los columpios funcionan fatal.

Esto del manspreading (despatarre) ocurre, y hay gente maleducada. Quizás incluso sea cierto que los hombres tienen menos reparos a abrir las piernas, por las razones que sea; quizá incluso al ser de media son más altos que las mujeres tiendan a sentarse sobre los muslos como yo. Pero la invención del término, primero, y la importancia que cierto feminismo le ha ido dando, después, me parecen relevantes y representativos de un fenómeno importante: se atribuyen intenciones a alguien, y no solo a alguien sino a todo un colectivo enorme, de manera muy ligera. Una interpretación peregrina como cualquier otra, no demostrada de ninguna manera, se adopta como hecho cierto. Uno hace encajar en esa interpretación hecha a medida todos los males, todo lo que le cabrea, y la profecía se autocumple.

Yo no acusé a mi compañera de avión de womanleaning cuando me machacó las rodillas con desconsideración. Pero después de que yo simplemente me sentara derecho para aterrizar, no me extrañaría nada que saliera de allí enfadada y echando pestes de los hombres.

Y suerte que a mi derecha había un tipo, porque cuando separé las rodillas para caber y dejar a la chica descansar plácidamente, una mujer podía haberme catalogado como manspreader.