Justicia

Querido lector, voy a hacerte una pequeña entrevista.

Ves a dos tipos hablando en la calle. Y uno le suelta a otro una bofetada. ¿Debería ir a la cárcel? ¿Cuánto tiempo?

Digamos ahora que en vez de una bofetada le suelta un puñetazo. ¿Cuál es entonces la respuesta?

Otra más. Te enteras de que el que ha recibido el puñetazo acababa de amenazar al otro con hacerle daño a su familia. ¿Cambia la respuesta anterior?

Cambiemos el contexto. Lo que ves ocurre en una joyería, entre el dueño y un visitante. El visitante amenaza verbalmente al dueño con hacerle daño a su familia; este, asustado, le deja hacer, y el visitante coge unos Rolex en una bolsa y se va. ¿Debe ir a la cárcel? ¿Y cambia algo si en vez de amenazarle verbalmente le apunta con una pistola? ¿Y si en vez de eso le da un bofetón “preventivo” para intimidarlo? ¿Y si en vez de eso le da un puñetazo preventivo en la cara, antes de empezar a hablar?

Supongamos ahora que el “visitante” es directamente un atracador y que, a pesar de la amenaza verbal, el joyero no se resigna e intenta impedir al atracador que coja los relojes. El atracador lo tumba de un tortazo y se va con su botín. ¿Es la pena la misma que si la amenaza verbal funciona?

Y si el joyero se resiste con más fuerza aún, y el atracador le da una coz en la rodilla y se la rompe gravemente, cosa que va a dejarle secuelas. ¿Es la pena la misma para el atracador que si la amenaza verbal funciona?

Termino ya. Supongamos ahora que el atracador amenaza verbalmente al joyero, y este saca una recortada del mostrador y le descerraja un tiro. ¿Debe el joyero ir a la cárcel? ¿Cuánto tiempo, exactamente?

Las preguntas anteriores quizás te hayan parecido un aburrimiento. Como recurso estilístico, más de dos o tres agotan el efecto y no aportan nada. Pero resulta que son de la mayor relevancia, literaturas aparte. Si tú fueras quien dicta sentencia, no vale con que sepas que el abofeteador se ha portado genéricamente mal. Tienes que tener meridianamente claro cuán mal se ha portado, y qué pena hay que imponerle en cada uno de esos casos. Y tienes que decir un número de años. Y cualquier número distinto de cero implica interrumpir la vida de una persona y meter a esa persona en la cárcel. No sé, querido lector, si tienes la más mínima idea de lo que es pasar un día en la cárcel. Yo no la tengo.

Si vas a decidir una pena, tienes que afrontar además varios dilemas obvios. Es fácil que no hayas asistido a los hechos, así que te tendrás que basar en declaraciones que no van a coincidir. En el tercer supuesto de arriba, puede que solo el golpeante oyera la amenaza; ¿creerás su palabra? En el caso del joyero ¿vas a imponer la misma pena si el atracador se va sin dañar a nadie que si se va dejando atrás a un joyero con la pierna estropeada para siempre? Si impones penas distintas en esos casos, ¿implica eso que el joyero tiene que renunciar a su pierna a fin de que valores adecuadamente la inaceptable acción del atracador? Pero si impones la misma pena en ambos casos, para que el pobre joyero no tenga que acumular pruebas en su propio cuerpo, ¿significa eso que, en caso de que no haya heridos, estás imponiendo a alguien años de cárcel por lo que podría haber hecho, y no por lo que ha hecho?

Cuando se iba a hacer pública la sentencia del caso de “la manada”, yo veía posible que los acusados fueran declarados inocentes. De haber sido así, supongo que lo habría asumido (con dolor de corazón) como lo correcto en materia penal, por más que tenga plena constancia de que son unos indeseables. Si me hubieran dicho que se les condenaría por haber cometido abusos sexuales a 9 años de cárcel, ambos términos (abuso y nueve años) me habrían parecido razonables. Pero por lo visto no conozco bien el código penal.

A diferencia de la práctica totalidad de mis conciudadanos, que tenían claro que la calificación del delito debía ser otra y la pena también.

Soy feminista porque creo que hay que terminar con ciertas injusticias, carencias o desequilibrios; hay muchas, y muy graves. En la Justicia, por ejemplo, que se obligue a una mujer a declarar a la vista de su agresor sexual (¡varias veces!), o que se la juzgue implícitamente por cómo ha afrontado su vida después de la agresión. Y como esas, otras mil.

Pero un sector muy visible del feminismo asume como legítima la sobrecompensación, el ánimo punitivo. Y plantea que los problemas que afectan a mujeres son intrínsecamente más importantes que el resto de problemas, y que tienen un derecho especial a resarcirse; y combinando ambas cosas, plantea soluciones que dan vergüenza ajena por lo que tienen de ignorancia, de ingenuidad en el peor sentido de la palabra.

La Justicia nunca ha sido un asunto sencillo. Pero para ciertos feministas (¡incluso algunos con capacidad legislativa!) sí. Es tan sencillo como que quien acuse de determinados delitos goce de presunción de veracidad. Que, dependiendo del tipo de delito, se invierta la carga de la prueba o se valoren las pruebas de manera diferente. Que en ciertos casos el principio constitucional de la reinserción del delincuente (¡recogido en una sección que lleva por título “De los derechos fundamentales y las libertades públicas”!) no sea aplicable, y las penas privativas de libertad sirvan como escarmiento o venganza y si nos pasamos de largo dé igual porque las mujeres han sufrido mucho y cualquier acusado no-mujer lleva un estigma de clase que tiene que asumir.

El dilema respecto a los inocentes presos o los culpables libres, ese que la Humanidad aún no ha conseguido resolver, ese que resulta trágicamente relevante para tantas personas en relación con tantos delitos (secuestrados, torturados, apaleados, padres que han visto morir a sus hijos), ese que está en el centro mismo del concepto de Justicia organizada… nada, ese te lo resuelven los del “los y las alumnos y alumnas” en un momento. Esos que son capaces de juzgar un caso sin conocer ni el sumario ni a los acusados ni a la víctima, sin saber lo que es un juez de instrucción, sin saber hacer la O con un canuto. Es patético cómo denuncian como un gran descubrimiento la paradoja de que tienes que sufrir más lesiones para que una condena sea mayor, o que es difícil para una víctima probar lo que ocurre en privado, ¡como si no le pasara lo mismo al joyero!

La última ocurrencia es eso de que en las relaciones sexuales (¡casi nada!) si no hay un “sí” explícito el acto sexual se considere violación. Citan a la vicepresidente del gobierno hablando de revisar los tipos penales para “que no pongan en riesgo a través de la interpretación delitos tan graves contra las mujeres”. La interpretación. La vicepresidente del gobierno cree que es posible una justicia automática y acertada, cree factible librarse de la interpretación… esa cosa para la que están, fundamentalmente, los jueces. Ole y ole.

Legitiman esa ley diciendo que será como la de otros países, por ejemplo Suecia. No conozco la ley sueca y no sé cómo creen sus promotores que en los juzgados se dirimirá el “sí”. En esta noticia se dice que «el consentimiento no deberá ser necesariamente verbal, sino que también puede producirse a través de gestos o “de alguna otra manera”», lo que me temo que… nos remite a la interpretación, queridos. No sé si las relaciones sexuales tendrán que realizarse con contrato previo, pero si lo menciono no es por reducción al absurdo ni como ironía; francamente, es la única forma que se me ocurre de garantizar la seguridad jurídica a quien participe. Si “todo lo que no sea un sí es un no”, entonces “todo lo que no sea un sí me convierte en delincuente”. Si interpreto las señales como consentimiento, soy delincuente por omisión, a menos que esté seguro de que el juez las interpretará igual que yo. Si no estoy seguro, más me vale estar en condiciones de probar el “sí”. Se invierte la carga de la prueba. El asunto es muy serio.

El feminismo tiene un grave problema con la Justicia. Pero uno de fondo, que va mucho más allá de los problemas reales, y de hecho los desdibuja, los oculta y los convierte en secundarios. Una víctima declarando ante su agresor es algo odioso; pero la inversión de la carga de la prueba es una catástrofe generalizada. Sale perdiendo el feminismo, y sale perdiendo la sociedad. Yo no estoy dispuesto a apoyar tal estupidez.

Y he visto muchas manifestaciones estúpidas al respecto. Bienintencionadas, pero llenas de ignorancia. Da pavor pensar que gente con tan escaso juicio pueda influir en las leyes penales.

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4 comentarios to “Justicia”

  1. Cotocró Says:

    Me ha encantado el artículo. Me ha maravillado, de verdad. Me entran ganas de memorizarlo para soltarlo la próxima vez que tenga esta discusión con alguien.

    Pero no he venido aquí para eso, si no para compartir una cosa que descubrí hace poco que me pareció muy interesante y creo que también a ti te lo parecerá.

    Por lo visto, en español el primer nivel de entrecomillado se hace con comillas angulares, el siguiente con dobles y el siguiente con simples. Así que, por ejemplo, donde pones:

    En esta noticia se dice que “el consentimiento no deberá ser necesariamente verbal, sino que también puede producirse a través de gestos o “de alguna otra manera””, lo que temo que…

    Deberías poner:

    En esta noticia se dice que «el consentimiento no deberá ser necesariamente verbal, sino que también puede producirse a través de gestos o “de alguna otra manera”», lo que me temo que…

    (Ja, no entrecomillé lo que tú pusiste, así que yo también lo he hecho mal; pero quería poner exactamente cómo debería quedar. Qué paradójico).

    http://lema.rae.es/dpd/srv/search?id=SSTAZ5sDyD6h59vijX (Seguramente lo entendiese yo mal; pero así lo entendí)

  2. guticr Says:

    Cotocró, tienes mucha razón. En realidad no lo sabía con certeza, pero al ir a escribirlo dije: “Vaya, comillas anidadas. Voy a poner esas angulares, que igual vale” (donde trabajo hay unos abogados que las aman y se ponen muy nerviosos si no tienen activadas en Word ciertos atajos de teclado donde las tienen asignadas). Entonces pensé: “qué pereza buscar cómo se ponen, voy a poner símbolos de menor y mayor” (encima, mi teclado no tiene teclado numérico, con lo cual tendría que hacer todavía más probaturas para escribir las buenas). Y entonces: “va a quedar cutre, puede que hasta funcione mal con el HTML”. Y acabé con el típico: “al carajo, pongo las comillas normales”. Pero fue pura vagancia, y me alegro de que no cuele y me tires de las orejas.

    Hay gente que se rebota cuando les corrigen la ortografía, pero yo lo agradezco; además, ahora gracias a ti ya sé de verdad cómo se hace. Es más; gracias a ti he averiguado que de hecho ¡las comillas que deberíamos usar habitualmente en primer lugar son las angulares! Así que has despertado a un monstruo 🙂 Ya sé cómo se ponen en mi teclado. Soy un converso.

    (Bueno, ahí en la norma dicen que «en los textos impresos»; pero entiendo que todo lo que escribo viene a ser un texto impreso, no sé, esa frontera hoy es un poco difusa).

  3. Gregorio González Somoano Says:

    Un placer leeros, de verdad.

  4. Justicia (II) | Diariu de Guti Says:

    […] a todas esas personas que tenían clarísima la diferencia entre violación y abuso. Sobre eso ya escribí hace un tiempo, y sigo en las […]

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