Plácido Domingo

A Plácido Domingo lo acusan de acoso sexual.

Sobre eso, como sobre cualquier presunto delito o falta, se pueden hacer muchas matizaciones. Pero lo que hace que se me caiga el alma a los pies es el tipo de defensa que veo por aquí. Lo llaman «caballero», o añaden algo así como «pues a mí no me violó», o le aplauden mucho. Y no digamos lo que se ve en los comentarios de las noticias.

Se nos olvida una cosa: que los hechos descritos en las acusaciones son obviamente ciertos y ponerlos en duda no solo es ocioso, sino un insulto a esas (¡pocas, creo!) mujeres que han reunido el valor de formularlas.

Associated Press (no un tabloide de tres al cuarto) publicó una información contrastada, con nueve acusaciones iniciales refrendadas (se nos olvida esto) por muchas entrevistas a otros empleados. Ahora hay otras once acusaciones. Es patético que Paloma San Basilio o Ainhoa Arteta digan «conmigo fue educado», como si eso tuviera alguna relevancia frente al testimonio de las otras dieciocho mujeres (que por lo visto vienen a ser una banda de zorras interesadas y mentirosas; Arteta lo implica diciendo que ella no se acostó con nadie… madre mía).

El comunicado de Plácido Domingo, y no entiendo por qué no lo asumen sus defensores, admite prácticamente las acusaciones. Viene a explicar que él creía que no obraba mal, y no digo que no; seguramente, para él eso era ser «un caballero», seguramente era ser «un conquistador», seguramente para él eso era «ligar». Meter mano a ver si cuela. Insistir si te dicen que no, o si no te dicen que sí. Presionar un poquito, o un mucho, hasta que caiga la fruta.

Plácido Domingo puede ser muchas cosas. No lo tacho de mala persona, porque no lo conozco. Sí estoy convencido de que es, como mínimo, inteligente. Él mismo alude a unos estándares distintos en aquella época, y eso es indudablemente cierto. No sé si eso ya ha cambiado o solo está empezando a cambiar o solo a parecerlo.

Quizás se le olvidó, y supongo que es fácil olvidarse cuando tienes el éxito y el poder de tu parte, que una cosa es proponer sexo a una mujer y otra muy, muy distinta, y que nunca ha sido pura cuestión de usos sociales, es proponer sexo a una empleada tuya, a una alumna, a una aspirante a cantante, a alguien a quien evidentemente estás arrinconando con tu talla. Y como Plácido es inteligente, creo que era consciente de eso, de que parte de su… éxito con las mujeres se debía a su posición dominante en el negocio. No le importaría, no se pondría mucho en su lugar, no le parecería para tanto. No querría verlo, simplemente; él quería acostarse con aquella chica y a otra cosa. Es culpable de eso, y estoy seguro de que lo sabe.

Estoy con esas mujeres, sé que dicen la verdad, sé que tienen razón, y sé que la defensa de Plácido es absolutamente patética porque él mismo ha admitido que en lo esencial todo es verdad (impreciso, es lo más lejos que ha llegado en sus calificativos sobre las acusaciones).

A partir de ahí, se pueden hacer todos los matices que se quiera.

Pero sin desacreditar a esas personas, por favor. Y sin poner en ningún pedestal a Plácido, más allá de lo bien que canta.

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