Racismo, animales y cómic

Hay muchos cómics que presentan animales antropomorfos. En algunos simplemente los personajes son animales de determinada especie, como en el maravilloso Lackadaisy, de Tracy J. Butler. En esa versión del San Luis de la ley seca, sencillamente, todos son gatos.

En otros casos los animales y los humanos se mezclan con toda naturalidad. En Adiós, Chunky Rice, de Craig Thompson, cuando un humano habla con una tortuga sabe que es una tortuga, pero no le extraña en absoluto que compre un billete de barco o sea poco habladora. Simplemente, es así. En Calvin y Hobbes, de Bill Waterson, Hobbes es un tigre, que a veces es de peluche (a ojos de los adultos) y a veces real (a ojos de su dueño, Calvin). Tanto en un caso como en el otro el uso de animales permite hacer cosas brillantes con la narrativa o con los perfiles de los personajes.

En Maus, de Art Spiegelman, el enfoque es muy distinto, y se afronta de manera brutal y directa el tema del racismo. Los nazis son gatos, los judíos son ratones, los polacos son cerdos. Y el narrador, el propio Spiegelman, aparece a veces con forma humana pero careta de ratón. Las especies animales se usan para subrayar muy claramente las diferencias entre personas, y mueven a la reflexión. Los judíos polacos, por ejemplo, siguen siendo ratones, y no cerdos. Es difícil decir más con menos.

Estoy leyendo otro cómic muy influyente, el Blacksad de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. El dibujo es sencillamente espectacular. Y en Blacksad los personajes son también animales antropomorfos, pero el enfoque es distinto; los hay de todas las especies, mezclados sin más. Blacksad es un gato, un jefe de policía puede ser un pastor alemán, un periodista una garduña… hay cabras, búfalos, panteras, reptiles, aves, mamíferos marinos. Por la calle te puedes encontrar cualquier cosa caminando sobre dos patas.

Me resultó llamativo pensar en una sociedad así; cuando te encuentras con alguien, puede ser cualquier tipo de animal. Eso sí, Díaz Canales y Guarnido empaquetan de tal manera el carácter de cada personaje, su papel en la historia, su condición animal y su expresión que después de un par de viñetas se diría que ese individuo en concreto no podía haber sido ningún otro animal. No sé si es porque efectivamente identifican muy bien cada especie con los rasgos de personalidad que nosotros le atribuimos, o simplemente por la habilidad del guión y los dibujos. Blacksad es, a partes iguales, novela negra y un retrato de la sociedad norteamericana (diría que hay más aún de lo segundo que de lo primero). Es sorprendente que para hacer novela negra y relato social uno elija animales y convierta su novela en una fábula. Sorprendente y acertado.

Estoy leyendo un tomo integral, y al ir leyendo la primera historia iba reflexionando sobre todo esto. Hay algunas preguntas sin respuesta por ahora (¿qué come toda esta «gente»? Aparentemente, comida humana, pero no sé si eso los convierte en caníbales… ¿Hay animales «de verdad», no antropomorfos?) pero toma mucha más importancia la cuestión de fondo sobre la relación entre las personas, si las podemos llamar así; sobre la diferencia. Una sociedad tan variada, tan inclasificable… Regida por las reglas y los usos humanos, pero en la que una vaca puede estar haciendo un trato con un león. Donde cuando vas a hacer un trámite ni siquiera sabes si en el mostrador te atenderá un cocodrilo o con una oveja. Decía que hay cuestiones sin resolver, pero para otras la solución es obvia; en el mundo de Blacksad la especie es irrelevante. Importa más si tienes dinero, o cómo te comportas, que de qué especie seas. Un ratón puede ser un criminal o una pobre criada. El caso es que nadie en Blacksad levanta una ceja, se encuentre al animal que se encuentre. No más que nosotros cuando nos encontramos a una persona cualquiera. Esa diferencia brutal, tan evidente que para nosotros define especies distintas, en Blacksad es totalmente invisible, hacen como si no existiera.

Y cuando me había hecho a la idea de esta sociedad de la mezcolanza, en la que el aspecto físico es impredecible y nadie parece verlo salvo el lector, empiezo a leer la segunda historia, Arctic Nation, y me encuentro con esto que me descoloca por completo.

Arctic Nation trata sobre el racismo.

Resulta que me encuentro a un oso polar dando un discurso racista. ¿Qué recurso narrativo puede usar uno para articular una «raza aria» en un mundo en el que casi cada individuo es de una especie distinta? ¿Cómo va a salir el guionista de ese jardín? ¿Cómo va a montar una historia consistente? ¿Quizás una raza superior de los carnívoros sobre los herbívoros, de los depredadores sobre los depredados (como pasaba en Maus)?

Pues los supremacistas en Blacksad son… blancos, claro. Son animales polares. Ni siquiera; a falta de eso, les vale con ser de pelaje blanco. Hablan de un mundo puro y blanco, cubierto por la nieve, en el que ya no habrá animales oscuros. En vez de la cruz gamada usan un copo de nieve.

De entrada, uno piensa que es un recurso forzado, algo que se han sacado de la manga, un esfuerzo desesperado por montar una historia sobre racismo. En la historia anterior yo no vi que el color del pelaje influyera. Y eso del mundo cubierto de nieve… ¿qué sentido tiene que ningún personaje anhele eso?

Y entonces te das cuenta de que precisamente lo forzado del recurso resulta brillante. Como lectores de Blacksad, y no como habitantes de ese mundo, no entendemos que tenga sentido esa distinción entre pelaje blanco y oscuro, cuando estamos hablando de individuos tan distintos. En esa viñeta de arriba el cabecilla racista es un oso polar, y como ayudantes suyos están a su lado un cerdo, un búho nival… Seguramente un oso polar se comería a un cerdo o a un búho si tuviera ocasión. ¿Cómo puede el guionista establecer la diferencia de manera tan arbitraria en el color del pelo, uniendo en el mismo bando a especies tan distintas y rivales? No tiene sentido.

Y por eso es un acierto. Seguramente nuestro racismo tiene el mismo sentido. ¿Qué vería un lector externo en nuestra sociedad humana, por ejemplo un animal? Quizás le sorprendería sobremanera nuestra división en razas, igual que a mí me pilla por sorpresa en Blacksad recurrir de manera tan peregrina al pelaje blanco. Ese anhelo de un mundo nevado, «como era al principio», es tan absurdo que de puro absurdo es verosímil y representa muy bien el objetivo de los supremacistas. Es una solución naïf, indigna de un guionista que escriba con consistencia.

Y por eso es totalmente realista. El retrato de la sociedad es genial. Algunos de nosotros queremos algo tan estúpido como un mundo nevado, y aunque no tengamos nada de polar nos asociamos con un oso (que bien puede ser depredador nuestro) con tal de no estar del lado de los «imperfectos», asumiendo una división que desde muchos puntos de vista resulta incomprensible. Somos tremendamente torpes manejando los conceptos de igualdad y diferencia. Estamos ciegos frente a lo que tenemos delante.

No me lo esperaba, y me ha parecido magistral. Ah, la parte detectivesca de todo esto no está mal, pero tampoco me vuelve loco.

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