Archive for 20 marzo 2020

Reflexiones coronavíricas (II)

20 20+00:00 marzo 20+00:00 2020

Enemigo

Pues sí; tenemos enfrente un enemigo invisible que mata, y la gente no se conciencia. No se protege, pero además no le entra en la cabeza que las medidas no son solo para protegerse a uno mismo, sino también a los demás; y que si te crees con derecho a asumir riesgos estúpidos, no lo tienes a obligar a otros a asumirlos. Y no somos conscientes de que ese enemigo va a matar este año a más de 50.000 personas. Solo en España. Y no solo este año; también el siguiente, y el siguiente. Todos los años.

Se llama «tabaco».

Natalidad

No he oído hablar del baby boom que se va a producir hacia diciembre de 2020. Mucha gente encerrada en casa todo el día, sin nada que hacer. No sé, pero si dicen que hubo un repunte de la natalidad por un apagón en Nueva York, esto tiene que ser una explosión. También es verdad que no estamos en 1965. Veremos.

Política

Csd se relame. Si tienes un décimo de lotería pásaselo por la chepa, porque no hay nadie con más suerte. Llegó a presidir su partido de rebote, como tantos otros (alcaldes, directores de departamento…) porque los verdaderos contendientes prefirieron un tercero que su enemigo acérrimo. Le encontraron un muerto en el armario descomunal (que te regalen la carrera y después un máster), y se fue de rositas y consiguió que lo que quedara en la memoria colectiva no fueran sus fraudes, impunes, sino los títulos (aparentemente legítimos y normales) de otro (el presidente con mayor cualificación académica hasta ahora, y los españoles se ríen de él por su cualificación académica).

Y ahora llega el virus, que no solo trae lo de ahora sino, peor aún, lo de después: la recesión, el paro. Lo tiene chupado. Solo tiene que hacer de poli bueno una temporada mientras estamos sensibles, enseñando la barbita, y luego, en su momento, sacar la crispación para ajustar cuentas y enseñar todo lo que se está guardando ahora, más lo que venga. En ese anzuelo picamos seguro.

Reflexiones coronavíricas

17 17+00:00 marzo 17+00:00 2020

Pues al final sí que estamos en cuarentena. Y todo esto me hace pensar en varias cosas.

Primera: que si a alguien se le hace terrible todo esto que pasa, me pregunto qué sería de nosotros si llega a pasar hace no tantos años; sin internet, con pocas cadenas de televisión, sin apenas teléfonos. Costaría muchísimo más comunicarse y recibir información. Si uno quisiera leerse el BOE con el decreto del estado de alarma, no podría. Toda forma de teletrabajo sería absolutamente impensable. No habría compras a distancia ni servicios a domicilio. Toda la gestión en los hospitales sería mucho más lenta, mucho menos ágil. Las autoridades tampoco tendrían la información que tienen; manejarían las cifras de epidemia a base de fichas de cartón o llamadas telefónicas, sin mapas automáticos ni hojas de cálculo.

Hay que pasar unos días en casa, sí. ¿Me vais a decir que teniendo una cantidad inabarcable de películas, música, libros, comunicaciones, videollamadas… es tan terrible?

Segunda: el problema es, obviamente, el efecto que esto puede tener en los negocios y en los asalariados. Pero deberíamos ser capaces de parar una temporada, porque si lo piensas, la mayoría de las cosas se pueden aplazar. Si nuestro sistema no es capaz de hacerlo, habría que plantearse por qué creemos que es bueno.

Tercera: está muy bonito eso de aplaudir en las ventanas a los médicos. Ahora solo falta que esa señora que hoy aplaude se lo aplique cuando va al médico y dice en voz alta, para que todo el mundo lo oiga, que tardan mucho en atenderla, que qué vergüenza, que están todos al café, que vaya panda de vagos y que le da tiempo a una a morirse.

Cuarta: también está lleno de listos que dicen que tenían que habernos encerrado antes. Ya no se acuerdan de que el 6 de marzo todo esto era sencillamente impensable, y que si se hubiera declarado entonces el estado de alarma todo el mundo se habría echado las manos a la cabeza por el alarmismo, por el autoritarismo, por cargarse la economía, por…

Quinta: volviendo a los aplausos, me pregunto por qué todos los hooligans idiotas de España, que son tantos, no acuden ahora a Cristiano Ronaldo o a Messi o a Isabel Pantoja para que les saque las castañas del fuego. Ahora sí, ahora los médicos y los científicos son héroes, ahora ser enfermero es precioso, ahora los servicios públicos importan. El resto del tiempo son poco menos que mierda.

Pues espero que os acordéis de esto, panda de compatriotas imbéciles, cuando volváis a soltar eso de «Messi somos todos». Messi, Ronaldo y tantos otros, que son delincuentes declarados que han estado robando, para poder ir en un avión más grande, los sueldos de esas enfermeras a las que aplaudís. Cuando esto pase, volveréis a subir al pedestal a los ladrones y a limpiaros los pies en las enfermeras. Y no quiero sacar el tema de su majestad el rey… y no me refiero solo al padre. Somos una turba de tontos, y nos merecemos lo que nos hacen.

Sexta: estos medios de comunicación tienen muchas ventajas, pero la desventaja de que cualquier idiota puede difundir sus idioteces. La gente no deja de enviar por whatsapp supuestas informaciones. Los engañan como a bobos, y lo difunden. Si un mensaje pone «difúndelo», van y obedecen. La intención es buena, pero de buenas intenciones está empedrado el infierno. Esta crisis saca cosas buenas de mucha gente, sí. Pero me ha hecho ver qué fácil es que cada cual vaya a lo suyo (no hay más que ver cómo se han comportado en los supermercados; alucinante) y cuánta ignorancia ejecutiva hay. ¿Os extraña lo que pasó en la guerra civil, os parece impensable lo que ocurrió en el Holocausto? A mí nunca me lo ha parecido, y tristemente no veo más que confirmaciones. Hace falta poco para volvernos gilipollas, o más bien para que aflore lo gilipollas que, en conjunto, somos.

Siento el pesimismo. En el fondo soy optimista y espero que lo que pasa cambie cosas para bien.

Hala, vuelvo al (tele) trabajo. Es que ahora no puedo salir al café, y tenía que parar de alguna manera.

 

El sentido de la vida

1 01+00:00 marzo 01+00:00 2020

Ya lo conté en algún comentario aquí. Un día, hablando con mi mujer de algo que no venía mucho a cuento, mientras ella estaba distraída haciendo algo, colé medio en broma la pregunta típica, «¿Y cuál es el sentido de la vida? ¿Pa qué estamos aquí?»

Pues no va la tía y con toda naturalidad, sin levantar la vista de lo que estaba haciendo, me dice: «Pueeeees para aprender cosas y para ayudar a los demás.»

Me quedé patidifuso y no se me olvidó nunca. El sentido de la vida, revelado. No se me ocurrió nada que pudiera rebatir.

El otro día, en «Buenismo bien», el diputado Agustín Zamarrón suelta (minuto 21) algo como esto:

La vida ¿qué finalidad tiene? El conocimiento y el amor al prójimo. Lo demás no merece la pena.

Y hace un par de días leo en El País un artículo sobre Bertrand Russell en el que, entre otras frases brillantes, le atribuyen esta:

La buena vida es una vida inspirada por el amor y guiada por el conocimiento.

Pero mi mujer me lo dijo primero.