Archive for 27 mayo 2020

Informes chapuceros, opacos y arbitrarios

27 27+00:00 mayo 27+00:00 2020

Leo ese titular en el editorial de El Mundo: «Informes chapuceros, opacos y arbitrarios».

Y me sorprende muchísimo. ¿De verdad van a hablar del famoso informe (por llamarlo de alguna manera) que un guardia civil pergeñó con total desfachatez contra el Gobierno? Siempre estoy con los técnicos contra los políticos, porque sé de qué va la cosa, y los técnicos y sus informes son, frecuentemente, la última línea de defensa contra la arbitrariedad de un político. Salvo, claro está, que se haga algo como eso: una colección pavorosa de mentiras dirigidas, cocinadas y manipuladas con evidente mala fe (que puede llegar incluso a la alteración de testimonios) y coronada con incursiones en materias para las que el autor no tiene cualificación alguna y además no son objeto del informe. Pavorosa porque asusta pensar que un guardia civil se crea investido de autoridad alguna para intentar derribar un gobierno o para darles a las feministas las hostias que se merecen. Alguien que redacta un informe como ese y se lo envía a un juez debería ser inmediatamente expulsado del cuerpo.

Pero no; El Mundo no se refería a esos informes, no. Resulta que se refieren a informes de Sanidad sobre la epidemia, claro.

Ya me parecía a mí un ejercicio de periodismo demasiado profesional viniendo de esta gente.

La docencia online

14 14+00:00 mayo 14+00:00 2020

Ayer escribí un poco mosqueado sobre las obviedades que la gente cree saber sobre la docencia online, y me apetece extenderme algo sobre el asunto (y además un lector lo ha sugerido).

No es un tema que se pueda liquidar en un momento, y además mi experiencia sigue siendo limitada. Y el tema es tan amplio que requiere pensar mucho y organizar mucho, y no lo he hecho. Así que lo voy a abordar con la mayor humildad. Es, como todo lo demás que aparece en este blog, mi punto de vista, nada más.

Hay gente que cree que un comic es una especie de «quiero y no puedo»; que lo que quieres es contar historias con personajes en movimiento, y que como no puedes filmarlos, los dibujas. El comic sería una especie de cine con poca tecnología. Y es posible que en origen fuese así a la fuerza, cuando no había posibilidad de hacer cine; pero obviamente el cine y los comics son cosas distintas. Que sí que pueden prestarse entre sí ideas o guiones, o incluso técnicas (en el comic hay encuadres, en el cine hay storyboards). Pero el cine no es un cómic filmado, ni el cómic es un extracto de fotogramas. Esos trasvases no funcionan.

Enseñanza a distancia ha existido siempre (en la UNED y tantas otras instituciones), con unas características muy concretas. La primera es que el alumno a distancia debe tener mucha, mucha disciplina. No vale para todo el mundo. Hoy en día hay recursos técnicos maravillosos, cuando en los primeros tiempos de la UNED lo único que tenían a su disposición era el libro (que no es poco); pero eso no hace desaparecer cualquier diferencia.

Si yo soy un profesor presencial, de los que tienen vocación y se esfuerzan, plantearé la asignatura pensando en:

  • Una planificación temporal para que tanto el alumno como el profesor puedan hacer el trabajo en las horas asignadas.
  • Un orden de los conceptos y de cómo los aprenderá el alumno; en qué momento dominará cada uno, y cómo cada uno depende de los anteriores.
  • No solo eso; seguramente habrá coordinado todo esto con los temarios y los planes de otras asignaturas. Lo hará si son estancas, y no digamos si se abordan trabajos en común, aprendizaje por proyectos o cualquier otra cosa parecida.
  • Un reparto adecuado entre los elementos que el alumno trabajará escuchando / viendo al profesor, los que trabajará haciendo algo en clase por sí mismo en el momento, los que trabajará haciendo algo en clase con compañeros, los que trabajará por sí mismo en casa, con compañeros fuera del aula…
  • De las actividades que haya planteado, probablemente tendrá algunas estrategias previstas para responder. Dependiendo de cómo vaya un ejercicio, puede aprovechar la confusión o el acierto que resulten para aclarar cosas, para reconducir a la clase, para mencionar otros conceptos. Aprovechará la reacción de los alumnos para que la situación resulte en aprendizaje.
  • El profesor tendrá previsto también todo un conjunto de elementos de evaluación, de muy diversos tipos.
  • Y todo ello (y esto es muy importante) lo planteará no solo respecto a cómo puede aprender un alumno, sino en torno a los medios disponibles y a su propia capacidad. No solo elegirá lo que quiere hacer, sino lo que puede hacer.

Se tarda años en afinar toda esta maquinaria, y nunca lo está, porque además cambia constantemente. Los buenos profesores universitarios trabajan como bestias. Lo he visto desde dentro, y conozco a muchos.

Si en un momento dado te dicen que a partir del lunes tienes que hacer enseñanza a distancia, no sirve prácticamente nada de lo anterior que tuvieras hecho. Y no es porque no sepas chatear. Lo que iba a ser un comic de repente se tiene que convertir en cine (o al revés). Y el menor de tus problemas es saber encender la cámara o usar el lápiz.

El principal problema de la enseñanza a distancia, amigos míos, no es exactamente la distancia. Es la sincronía (que no, no se resuelve con una videoconferencia).

  • Las actividades que habías previsto, la forma de abordar el aprendizaje, ya no funcionan. La dinámica de alguien en un aula es muy distinta de la de alguien aislado en casa. Y quien diga que la diferencia se contrarresta con WiFi, supongo que se encontrará igual en un merendero jugando al fútbol con sus sobrinos que en una de esas horrendas videoconferencias familiares (que sí, son mejor que nada).
  • Tienes que rehacer de golpe una cantidad ingente de actividades. El problema no es pasarlas a PDF ni a vídeo; es que no valen para eso. En ese contexto tendrás que plantear otras.
  • El trabajo en equipo de los alumnos se ha ido al garete en gran medida. Las dinámicas de grupo son algo tan sutil y tan difícil de manejar con una interacción social normal que no digamos en un contexto a distancia.
  • Aun cuando rediseñes todo y seas rapidísimo grabando vídeos, ni la comunicación ni las interacciones son iguales. En toda comunicación a distancia hay más ruido y más malentendidos. Para hacer lo mismo tardamos mucho más, tanto los profesores como los alumnos. ¿Te acuerdas de lo que hemos dicho sobre la planificación temporal? Un pequeño porcentaje de diferencia se acumula hasta destrozar el plan del curso (en la vida «normal», si te caen dos festivos seguidos ya tienes que hacer maravillas para reorganizar las clases y cumplir los planes, y eso sin tener que reinventar absolutamente nada de la metodología docente).
  • No tienes oportunidades de aprovechar la dinámica presencial. La realimentación, las manos levantadas, las caras que ves, lo que les ves escribir a vista de pájaro, el tipo de preguntas que hacen. No, no funciona por streaming, no te empeñes. La misma pregunta tres segundos después no tiene el mismo efecto, no da la misma información. No es ni parecido. El trabajo de enseñar es tan delicado que tienes que tener cuidado hasta con cómo empiezas las frases, para no mover a confusión y no perder a ningún oyente; el impacto de no comunicarse en persona es muy alto.
  • La evaluación merece capítulo aparte. Me muero de risa cuando oigo hablar de reconocimiento facial, de algoritmos que detectan si estás copiando… La evaluación, de hecho, debería hacerse en general sin examen final, es un problema mucho más complejo y con muchas ramificaciones y planteamientos diferentes que la mayoría de la gente desconoce. Pero incluso algo tan trivial como un examen clásico es simplemente inviable (en mi modesta opinión) a distancia. Hasta la UNED, seguramente la institución con más experiencia de España, hacía los exámenes presenciales (hoy en día no sé lo que harán). Para enseñar a distancia hay que plantear una estrategia de evaluación en la que no te haga falta sentar al alumno a hacerle preguntas. Y lo que se está haciendo ahora supongo que es un mal sucedáneo.
  • Y respecto a lo que el profesor puede manejar… La gente no tiene ni idea de la situación en la que están estos días los profesores, contestando a miles de mensajes, atendiendo uno por uno y secuencialmente a los alumnos que andan como pollo sin cabeza intentando organizarse para estudiar por su cuenta (cosa que no saben hacer, y no tiene nada que ver con Youtube ni con Google). Si yo tengo un aula con 100 alumnos, hay cosas que puedo hacer allí con todos a la vez (y por eso tradicionalmente se ha forzado a los profesores a dar “clases magistrales” y no laboratorios, y a tener aulas masificadas y no grupos pequeños; lo segundo es mucho más caro). Lo que pregunta uno lo oyen todos. Si los examino, puedo tenerlos a todos resolviendo un ejercicio durante una hora mientras los vigilo. Si doy una instrucción, les doy a todos la misma (y aun así casi siempre hay problemas). En fin, el cambio que supone manejar a un montón de individuos asíncronamente es enorme. Si yo puedo manejar 400 alumnos usando clases presenciales (y no estoy hablando necesariamente de lecciones magistrales), no creo que pueda ni con 50 a distancia.
  • En suma, si pasas de la enseñanza presencial a la online, lo único que podrás aprovechar es justamente aquello para lo que no te hace falta un profesor. Sí, eso es fácil de poner online o de convertir a vídeo. Y sí, puedes aprender por tu cuenta, con libros o con vídeos o con papiros, todo lo que te propongas sin más ayuda, eso siempre es verdad.

La educación es un tema apasionante, y esto no es más que un esbozo mal hecho que araña la superficie. Lo que pretendo poner de manifiesto es que pasar de enseñanza presencial a online no es como pasar de hablar en persona a hablar por teléfono. La enseñanza online requiere primero un planteamiento docente totalmente distinto (para el mismo temario), con otras actividades y otras formas de control. Requiere, en segundo lugar, una planificación temporal muy distinta. Y en tercer lugar… requiere muchísimos más recursos humanos.

Y todo eso es lo que les ha caído, sin más, y sin subida de sueldo, a nuestros profesores. Todos esos vagos que no quieren reciclarse tecnológicamente, y a los que sin embargo de la noche a la mañana les han cambiado su mundo y han seguido adelante como si nada. Y lo están haciendo, y están sacando adelante el curso. A mí me parece titánico. Habría que ver qué hace Cristiano Ronaldo si de repente lo ponen a jugar al waterpolo (que también tiene balón y porterías y goles, y se juega con las manos, ¡más fácil que el fútbol!, ¿no?).

Los expertos en expertez

12 12+00:00 mayo 12+00:00 2020

Líbrenos Dios de los coaches.

El otro día leí con mucho interés un artículo de alguien que decía: ¿Está seguro de que en su actividad no puede hacer teletrabajo?

He visto muchas veces, y más en estos días, tratar a los profesores universitarios con superioridad. Por supuesto, cualquier alumno de primer año que no conoce ni la materia sabe qué contenidos necesita, cómo deben enseñarse y cómo será su inserción laboral, no ese año, sino unos cuantos después. Y lo sabe mejor, obviamente, que un profesional de la enseñanza (aunque sea de los que tienen vocación y dedicación), con experiencia previa y/o simultánea fuera de la universidad y con muchos años de ejercicio a sus espaldas.

Dice el autor del artículo:

También hemos podido observar profesionales docentes muy cualificados con grandes dificultades para impartir una clase online. Está claro que la tecnología es un elemento básico, pero lamentablemente no es suficiente. La transformación cultural es probablemente más difícil que la tecnológica.

Los profesores universitarios, esos seres inmóviles incapaces de transformarse culturalmente. Es que no se llevan bien con la tecnología.

Continúa el autor, hablando de esta “transformación cultural”:

La transformación cultural responde muchas veces a barreras mentales («no voy a poder venderle este producto a mi cliente si no le puedo ver en persona…», «mi equipo no va a ser productivo si está trabajando cada uno en su casa y, sobre todo, si yo no estoy allí coordinando», «no soy capaz de dar una charla frente a una cámara, sin poder ver mi público…». En mi opinión, todas estas barreras son muy fáciles de superar, a poco que uno ponga de su parte, si bien es cierto que estos elementos no han estado muy presentes en nuestro sistema educativo. Pero para todas ellas existen numerosas guías de autoayuda, píldoras en YouTube y si no, muchas veces basta simplemente con buscar en Google.

Para él dar clase es charlar frente a alguien. Y la transición de un curso presencial a un curso online es como pasar de hablar frente a personas a hablar frente a una cámara.

Pero espérate, que entonces dice que va a dar ejemplos. Y en el apartado de educación… en fin.

Tanto alumnos como docentes se han visto obligados a utilizar unas herramientas y unas técnicas para las que no estaban preparados. Es cierto que para avanzar en la línea de la educación online hay que mejorar la metodología empleada. Por ejemplo, habilitando plataformas colaborativas y de videoconferencia, mejorando la experiencia de usuario mediante video en streaming, incorporando chat entre alumnos y profesor, app para dispositivos móviles y, sobre todo, desarrollando un amplio catálogo de contenidos audiovisuales o en formato digital.

Herramientas y técnicas para las que no estaban preparados… O sea, que para avanzar en la educación online la metodología mejora… “habilitando plataformas colaborativas y de videoconferencia, mejorando la experiencia de usuario mediante vídeo en streaming, incorporando chat, app para móviles, contenidos…”

Discúlpeme el autor, pero lo que revela al escribir es que no tiene mucha idea de las barreras que afronta un profesor universitario ni de cuáles son sus dificultades. Ni, evidentemente, sobre dar clase, para empezar.

Si cree que el problema de un profesor se soluciona con guías de autoayuda o… píldoras de Youtube, o con… ¡¡¡Google!!!, creo que está errando el tiro. Porque para dar consejos hay que saber bastante más que el aconsejado, o tener alguna experiencia distinta a él. El arsenal del autor es la palabrería vacía y obvia (en cuanto alguien habla de la experiencia del usuario o la experiencia del cliente, ya sé que no puedo esperar nada bueno).

Señor autor, los profesores ya saben que existen los vídeos y el chat, gracias. Si cree usted que dar clase online es como dar clase presencial pero a través de youtube, o que el problema de la gente es que no sabe encender una cámara de vídeo, o que la cuestión de fondo tiene algo que ver con las simplezas que usted ha dicho, creo el que necesita asesoría, blended training, coaching o como quiera llamarlo es usted.

Tenemos a un montón de profesores trabajando infinitas horas (y nadie va a aplaudirles desde los balcones) cambiando de entorno docente a mitad de curso, con lo que no sirven ni las prácticas previstas, ni los procedimientos de evaluación, ni las guías docentes, ni los ejercicios previstos, ni las actividades de grupo, ni la coordinación entre asignaturas, y usted cree que están agobiados porque no tienen vídeos hechos.

Podría decirle cuáles son realmente algunos de los problemas de la educación online. Pero ¿sabe qué? Me ha costado muchos años de experiencia y de estudio entender siquiera parcialmente un oficio tan difícil como la enseñanza. No vendo humo. Y si usted cobra por vender humo, comprenderá que yo no le dé a cambio ayuda real gratis.

Mientras tanto, por favor, piense si se pondría a dar instrucciones a las enfermeras.