Archive for the ‘Bricomanía’ Category

Cómo hacer un camino de piedra, paso a paso (II): Al tema

6 06UTC marzo 06UTC 2008

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Cuando tenemos preparado y encofrado un tramo, llegamos al momento de hacer realmente el camino. Para esto, preparamos hormigón. Eso ya es una ciencia, pero con más o menos fortuna se sale bien del paso. Nosotros usamos una palada de cemento (gris) por cada seis de arena, y no conviene escatimar demasiado el cemento en la proporción (más bien un poco abundante). También se puede echar trito, aunque si es grueso, luego nos costará más dejar el camino lucido.

La textura del hormigón tiene que ser tal que no esté demasiado seco, pero que se pueda trabajar (que no sea agua sucia); que esté “plástico”. Al girar la hormigonera, debería formar una masa que por su propio peso se despegue y caiga con limpieza del “techo” de la hormigonera a medida que gira. Téngase siempre en cuenta que es más fácil añadir un poco de agua que quitarla… Aquí va un vano intento por fotografiarlo mientras la hormigonera gira:

La cosa no tiene mucho más misterio. Se echa el hormigón…

…se coloca en su lugar con el rastrillo…

…se allana y asienta bien dando golpecitos con el rastrillo (atentos siempre a la altura que hemos marcado)…

…hasta que se deja bien asentadito y empalmado con lo que ya teníamos.

Entonces, con la paleta, se alisa bien la superficie.

Aquí viene la parte artística. Se van eligiendo las losas, y colocando en su lugar. Se pueden poner muy juntas y buscando encajes perfectos, o un poco más holgadas, a gusto de cada cual. Hay quien las arregla con el martillo para darles forma, pero eso es bastante más difícil de lo que parece, y además si se hace hay que… ponerse las gafas de protección, sí. La piedra se coloca, se aprieta un poco, y si hace falta se le dan pequeños giros o golpecitos con las manos para que se asiente y penetre lo justo en el hormigón. Luego se puede arreglar un poco el hormigón de los bordes. Hay que acordarse de que el camino, en sentido transversal, no sea cóncavo, sino más bien tirando levemente a convexo porque si no, en vez de un camino estaremos haciendo un canal para la lluvia.

Esto de los bordes puede ser una pesadez, pero tenemos otra opción: al día siguiente, cuando el hormigón esté más sólido pero no fraguado del todo, podemos arreglarlos quitando el sobrante con un cepillo de púas metálicas (y… gafas de protección). Es más fácil y el resultado más preciso.

Bueno, una vez terminado el tramo, se espera a que fragüe. El hormigón no debe secarse de golpe, así que es conveniente que después de unas horas lo reguemos un poco con cuidado. Si llueve, nos da el trabajo hecho.

Cuando está bien seco, se retiran las tablas del encofrado con unos golpecitos para despegarlas.

Y no hay mucho más que decir; el hueco que ocupaban las tablas se puede rellenar más tarde con tierra si está muy feo (o hacerle un bordillo si se prefiere). Así puede quedar nuestra magna obra:

Y con un poco más de tiempo, algo más asentado y ya seco del todo, queda tal que así:

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Cómo hacer un camino de piedra, paso a paso (I): Preparación del terreno

5 05UTC marzo 05UTC 2008

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Bienvenidos a una nueva edición de bricogarden. O decomanía. O como se llame. El caso es que vamos a hacer un camino de piedra (bueno, de hormigón y piedra). Vamos a hacer un sendero parecido al de El mago de Oz. Pero ni es amarillo, ni es de adoquines. Por otra parte, sólo lo van a utilizar personas (vamos, que no va a haber hombres de lata, ni coches ni nada que pese mucho). ¡Ah!, y es rústico. Si lo quieres todo perfecto, pon gres. Nosotros utilizaremos piedra de la barata. No recuerdo exactamente… ¿11 € el metro cuadrado? Bueno, en realidad no el metro cuadrado, sino la “capa” (la traen en un palé y lo que se compra son “capas”).

Lo primero, lógicamente, es preparar el “hueco” por el que va a discurrir el camino, la “caja”. Es conveniente pensarse la cosa antes. En primer lugar el trazado; recuérdese que si seguir el camino es más largo que atajar… la gente atajará. Así que mejor si se tiene en cuenta por dónde se va a ir realmente de un sitio a otro. Los ángulos rectos a todos nos dan pereza.

Pero no sólo eso. ¿Va a estar al mismo nivel que el suelo, o ligeramente por encima? Además, hay que vigilar bien la pendiente. Queremos que no se encharque (eso ya lo hace bien el prado solito), así que si el suelo hace algún bajón, hay que procurar que el camino no. Para ello, es muy conveniente trazar (en palitos clavados al suelo, o lo que sea) un cordel que nos sirva de guía. También hay que decidir el ancho del camino; este es de 90 cm, que es lo mínimo para que dos personas puedan pasar caminando juntitas. Para hacer la caja se agarra fesoria, pala, pico si es necesario… Aquí una foto de una zona del “prado” que es una verdadera escombrera, lo cual da muchísimo trabajo para quitar las piedras. Profundidad: unos 10 cm. (Es posible que sea una burrada, o muy poco, pero a nosotros nos ha ido bien así.)

Si el prado es realmente de tierra (así deberían ser los prados, claro), la cosa se vuelve mucho más fácil. Eso sí, en nuestro caso da pena desaprovechar esa hierba tan consolidada, que nos viene bien para tapar la zona de pedruscos (en vez de andar sembrando, regando y dilapidando recursos); así que en vez de levantarla y amontonarla por ahí sin más, levantaremos los trozos de prado, los “tapinos”, que se pueden transplantar con suma facilidad. Basta con marcar la forma del “tapín” con la pala (o el palote, que es lo más adecuado realmente), cortando bien el suelo:

Luego se va metiendo la pala (o palote) por debajo, con cuidado, por todos los lados, hasta que vemos que está bien separado del suelo:

Finalmente, con la pala, y/o con ayuda de otra persona, se levanta el tapín y se deposita, equilibrándolo un poquito con tierra suelta, donde uno necesite. Entonces se pisotea un poco para que quede bien aplastado. Aunque aparentemente sufra, en cuatro días estará verde y lozano. Véase qué repoblación tan espectacular de un suelo pedregoso y feo:

Estoy divagando. Volvamos al camino. Conviene consolidar el fondo del “hueco”; los pisotones vigorosos pueden ser una opción poco ortodoxa pero efectiva. Y cuando la cosa esté más o menos clara, hay que encofrar los laterales con unas tablas. El encofrado en general es cosa seria, pero para este trabajo aun siendo unos chepos podemos dar la talla. En esta imagen se ve un tramo ya encofrado. Se puede sujetar por fuera con pequeñas estacas clavadas en el suelo (pero sujetarlo, hay que sujetarlo, porque si no, el peso del hormigón los tirará). Por cierto, a la izquierda también se ve el prado “repoblado”.

Esta es la preparación. Dependiendo de las circunstancias y lo cuidadoso que sea uno, hay quien es partidario de poner plástico en el suelo, para evitar que la humedad suba por el hormigón. También se puede armar el hormigón, colocando mallazo a pocos centímetros del suelo (sostenido en unas piedrecitas, o algo así). Pero aquí hemos ido a lo simple (el prado no es demasiado húmedo, el suelo es llano y firme…). Aunque no se aprecia, sí que hemos puesto el cordel para fijar la altura, y hemos hecho marcas (pegando cinta de carrocero) en los tablones, para saber hasta dónde debemos rellenar de hormigón.

En breve nos ponemos con el relleno, como con los pavos.

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¿Arreglando un cortacésped?

23 23UTC enero 23UTC 2008

Un fin de semana cultivando otra de mis pasiones: la chapistería. ¿Chapero? No. En realidad, chapista tampoco.

Resulta que la segadora de un amigo tiene un grave problema. Aparte de una autoestima baja (que no sé cómo solucionar), tiene el chasis tan carcomido que los tornillos que sujetan el motor al chasis bailan libremente, demasiado libremente, y con las vibraciones la chapa se va estropeando todavía más, con lo que el motor le iba a salir volando cualquier día.

Por menos que eso se tira hoy en día una segadora (y un matrimonio también) pero, inasequibles al desaliento, decidimos que el motor estaba bien, y que no se puede andar derrochando dinero y materiales valiosos hoy en día. Un chasis nuevo, al parecer, tiene un precio comparable al de un cortacésped nuevo, y a eso habría que sumar lo que cueste trasladar todas las piezas de un chasis a otro (en la tienda contestaban a nuestras preguntas como si a nadie jamás se le hubiera pasado por la cabeza intentar reemplazar un chasis).

Después de múltiples intentos de trampear la cosa, que aguantaban un tiempo pero acababan cayéndose, decidimos intentar el arreglo definitivo: todo o nada. Así fue como quitamos el motor de su sitio. Véase la situación. Esos cuatro boquetes señalados en la foto deberían ser agujeritos para que pasara el tornillo. Sólo uno de ellos tiene una forma remotamente aceptable. (Pínchese en la imagen para verla más grande).

Como ese chasis no hay quien lo arregle, y no parece que vaya a soportar soldarle nada (aparte de que no tenemos ni zorra idea de hacerlo), el plan era preparar dos placas metálicas, para hacer un “bocadillo” contra el chasis (por encima y por debajo de las zonas estropeadas). A esas dos placas atornillaremos el motor.

Así que lo primero fue comprar una chapa en el chatarrero. Si me hubieran jurado que iba a ser cliente de una chatarrería, no me lo habría creído. Una hermosa chapa verde (creo que de un ascensor Otis) por 1,30 €. Lo segundo, unas hojas decentes para la sierra de calar (hojas de cortar metales). ¿Podrá realmente una sierra de 9 € cortar metal? Pues sí, sí que puede.

Pues nada, se sacan plantillas de cartón, se dibujan en la chapa, se van cortando con más pena que gloria… Por supuesto, es imprescindible llevar gafas de protección y guantes (el que bromee con las limaduras metálicas probablemente lo pagará). Aquí, una fase intermedia: el primer corte de la chapa de arriba.

Evidentemente, tendremos que hacer un boquete en el medio, para que pase el eje del motor. Por cierto, en cada pieza que cortamos limamos un poco los bordes. Aquí aparece la pieza y las herramientas utilizadas.

La pieza de abajo es más complicada, porque el chasis tiene una especie de reborde saliente, y queríamos que se ajustara a él lo mejor posible, así que hay que afinar más con la forma:

Aunque no sabemos si servirá para algo o no, acolchamos un poco la unión de las piezas al chasis con cámaras de bicicleta viejas, para que haya mayor superficie de contacto y además se amortigüen un poco las vibraciones. Aquí se ve ese relleno, y también la pieza de abajo en la que ya hemos hecho los agujeros de los tornillos. La cámara la pegamos en algunos puntos con SuperGlue, porque no se estaba quieta y era imposible montar todo el tinglado sin que se descolocara:

Pues nada, se hacen los agujeros en la chapa de arriba, y se monta todo el pincho moruno: la chapa de abajo, el chasis, la goma, la chapa de arriba y el motor. Este es el resultado, ya terminado y probado.

Algunas consideraciones:

– Cuando se quita el motor y se deja en el suelo, hay que tener cuidado. O se deja derecho, o se tumba por el lado adecuado; los motores de cuatro tiempos, al parecer, no se pueden tumbar de cualquier manera. En este caso, si se tumba por el lado erróneo, enseguida se nota… porque empieza a chorrear la gasolina por el suelo.

– Los agujeros en la chapa se hacen, lógicamente, con broca para metales. Además, es conveniente que la broca gire lo más despacio posible (sí, es así). Si no, se estropea y además no acabarás el agujero ni en una hora.

– ¿He dicho ya lo de las gafas y los guantes? Las virutas de metal cortan bastante… y saltan con bastante fuerza.

– Lo más difícil casi es hacer que todos los agujeros coincidan bien; hay que ser muy, muy preciso, y además conviene que los agujeros no sean más anchos que el grueso del tornillo, porque si no, bailará y estaremos como antes. Lo segundo más difícil es colocar todo para atornillarlo, porque al menos en este modelo de segadora, los tornillos no están nada accesibles y es incómodo de narices.

– Para evitar que una segadora acabe así, estoy convencido de que hay que limpiarla después de cada uso para despegar toda la hierba. Supongo que se puede usar un chorro de agua a presión y luego hacerla funcionar un poco para que la propia hélice lo seque… No sé, pero aunque mi amigo procura limpiarla, ya la heredó así de oxidada. Además, la chapa de esta en particular es malísima, malísima, malísima.

Después de hacer la chapuza, mi amigo probó el cortacésped y funcionó, aunque… parecía tener bastante poca potencia (y eso que en el motor no hemos intervenido). Veremos si es cosa de que tenía poca gasolina, o de que no estaba asentado todo donde debía después de estar desplazado unas horas… o si nos hemos cargado la segadora.

El caso es que no sabemos cuánto durará el apaño, ni nada, así que no sabemos si lo hemos arreglado o nos lo hemos cargado. Ya veremos.

Cómo hacer un muro de piedra, paso a paso (y IV): Acabado

14 14UTC diciembre 14UTC 2007

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Cuando ya está lo suficientemente consolidado, podemos quitar el encofrado y darle el acabado. Si lo hacemos antes de que esté seco del todo, será más fácil. Retiramos las tuercas, las varillas y los paneles, y nos encontraremos algo así:

Ya tenemos muro, pero quedará más bonito si retiramos el hormigón que sobresale en las juntas, y que en muchos casos ha quedado en el hueco entre el muro y el encofrado y tapa parte de la piedra. Es mejor que se vea toda la piedra posible. Así que con un cepillo de púas metálicas vamos retirando el sobrante. Para esta operación hay que ponerse gafas de seguridad. (Son mucho más baratas que los ojos).

Véase la diferencia. A la izquierda está el muro tal como queda al quitar el encofrado, y a la derecha ya hemos actuado con el cepillo.

En algún caso, el hormigón estará duro y con el cepillo no podremos quitarlo. Se impone echar mano de la maza y el cortafríos, o de un martillo (lo de los golpes con cuidado, que el cemento está fresco y sin querer podemos levantar una piedra, o directamente romperla).

Cuando usamos el martillo, igualmente pasamos después el cepillo para que no queden las marcas. Y así vamos dejando el muro a nuestro gusto.

Hemos retirado el hormigón sobrante; pero seguro que también ocurre lo contrario, que en algún caso nos han quedado huecos sin hormigón bajo las piedras, o entre ellas. Podemos rellenarlos posteriormente, usando nuevamente el paletín (y las manos, que para esto -con los consabidos guantes- son la mejor herramienta). Yo suelo rellenar cada tramo con el hormigón que me sobra cuando estoy haciendo el siguiente.

Aparte, quedaría rematar la parte superior si uno quiere. Pero básicamente ya está. Esta técnica tiene la ventaja de que permite a alguien que no tenga mucha idea, y utilizando piedras que no están bien labradas, hacer un cierre razonable. Lleva su tiempo; un tramo de apenas un par de metros puede llevar tranquilamente un día entero de trabajo, dependiendo de las circunstancias. Pero los muros hechos por encargo, aunque evidentemente quedan mucho mejor, cuestan un dineral (y no es extraño, sólo teniendo en cuenta las horas que requieren).

Hasta aquí este programa de bricomanía. Algún sufrido lector, que me consta que se aburre soberanamente con estas cosas, tendrá que volver a saltarse mis artículos en un futuro, porque tengo alguna otra serie parecida por ahí pendiente…

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Cómo hacer un muro de piedra, paso a paso (III): Subiendo p’arriba

11 11UTC diciembre 11UTC 2007

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Ya que tenemos el encofrado hecho, sólo resta ir colocando las piedras, que es de lo que se trata. Es cuestión de habilidad; se trata de ir poniendo las caras más planas o bonitas de las piedras hacia afuera, asentándolas bien con el hormigón, que ahora manejaremos con un paletín. A medida que subimos las “paredes” interna y externa del muro, rellenamos igual que hicimos en la zanja. Aquí se ve la estructura del muro:

Para colocar una piedra, lo primero es elegirla y presentar cómo va a ir (por cierto, insisto por enésima vez, se trabaja todo el rato con guantes; en estas fotos no los llevo puestos por la dificultad de manejar la cámara al mismo tiempo).

Entonces echamos hormigón como sea necesario para asentarla, según su forma.

La colocamos, y usando el paletín la forramos y la dejamos bien asentada, intentando rellenar bien los huecos de debajo.

Y como ya hemos subido un poco las “paredes”, rellenamos (lo cual sirve en primer lugar para consolidar la posición de esta piedra, y en segundo lugar para poder seguir trabajando en la hilera siguiente). Así que pedruscos…

…y hormigón.

Así se va subiendo el muro hasta que llegamos cerca del borde. Cuando decidimos que ya no vamos a poner más piedras, podemos terminarlo con hormigón (sin perjuicio de que posteriormente se ponga una cubierta de piedra, de pizarra, jardineras, o lo que a cada uno le pete). Lo amontonamos en toda la capa superior cubriéndola, y lo alisamos, primero con el rastrillo (dando golpecitos para que se asiente completamente):

Y luego con el paletín, dejándolo fino.

Así se deja fraguar un día. Puede ser conveniente cubrirlo (de manera que la cubierta no lo toque) si hay riesgo de lluvia, no porque no pueda mojarse (que no es problema que se moje) sino para que las gotas no queden marcadas cuando todavía está blando.

Sólo faltan los toques finales. Para otro día.

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Cómo hacer un muro de piedra, paso a paso (II): Cimentación y encofrado

5 05UTC diciembre 05UTC 2007

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Seguimos con nuestros pinitos arquitectónicos. Es conveniente cimentar un poco el muro, no que descanse tal cual en el suelo; así que prepararemos una zanja de unos 20 cm de profundidad. Aquí la finca está bastante más alta que el camino, así que en las fotos se verá una altura mayor en uno de los lados. Huelga decir que el suelo, en este caso, es casi totalmente llano, pero si pretendemos trabajar en una ladera, la cosa seguro que se complica…

Total, que después de retirar las piedras y dejar sin casa a millones de caracoles y ciempiés, cavamos un poco, y nos queda algo así:

Esa zanja la iremos rellenando con piedras y hormigón. Si tenemos piedras grandes que poner, es mejor ponerlas en la base y antes de encofrar, porque el muro será más sólido y de todas formas no podremos manejarlas bien para ponerlas desde arriba. Además, es bueno que entren un trozo en el suelo, así que mejor las grandes abajo. Al no tener el encofrado, hay que poner un poco de atención para que queden en su sitio bien alineadas…

¿Cómo rellenamos el interior de la zanja? Pues echamos una capa de pedruscos…

…y espolvoreamos hormigón por encima.

Luego podemos asentar el hormigón que hemos echado, dando golpes con un rastrillo para que penetre bien. Y más de lo mismo hasta que se rellene la zanja.

En este ejemplo el murete tendrá 60 cm respecto al suelo de la finca; por eso por el lado del camino empezamos montando las piedras grandes, para subir ese trozo extra hasta llegar más o menos al nivel de la finca. Cuando tenemos la zanja más o menos rellena, y hemos puesto esas piedras grandes, podemos montar el encofrado. Hay que colocar los dos paneles paralelos, y unirlos con las varillas roscadas, pero entre los paneles (y cubriendo las varillas) deben ir los tubos. Cuando el cemento fragüe, sacaremos las varillas para el siguiente tramo, y los tubos quedarán dentro del muro. Este es el montaje que nos ayudará a colocar las piedras. En la foto hemos puesto cuatro varillas, pero bien se pueden poner las cinco.

Colocar los paneles cuesta cierto trabajo, y conviene dejarlos bien nivelados y seguros. Si se va a hacer un tramo horizontal, para eso está el nivel de burbuja. Merece la pena tomarse el tiempo necesario. Ojo, nuevamente, con las manos, los pies… que la gravedad sigue ahí, tirando de los tablones hacia abajo.

Las varillas roscadas que hemos mencionado tiene la ventaja de que se pueden utilizar para regular la altura del panel, si no puede descansar directamente en el suelo (como nos ocurre a nosotros en algunos tramos en este caso).

Y de momento vale, que si no quedan artículos muy largos. Otro día más.

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Cómo hacer un muro de piedra, paso a paso (I): Preliminares

4 04UTC diciembre 04UTC 2007

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A raíz de mis experiencias albañileriles (¿albañilerísticas? ¿Albañilísticas? ¿Albañileras?) en casa de un amigo, hace ya tiempo que escribí un tutorial-documental sobre cómo se puede hacer un muro (más bien un murito) de piedra, sin tener mucha idea de nada. Huelga decir que hasta poco antes de esto yo no había tenido contacto alguno con cementos y similares (a no ser por el polvo que traía mi padre en el mono). Lo mejor es escuchar a un experto, claro; pero me parece que también tiene valor lo que dice el que está tan verde como tú. Pensaba subir esto a algún sitio de esos de tutoriales, pero como no vi ninguno convincente, me dije… pues al blog. Vamos a dejar de arreglar el mundo y a ver si colgamos aquí algo útil pa alguien.

Consideraciones previas, fundamentales:

Descarga de responsabilidad. Lo que se cuenta aquí ha funcionado, pero no significa que funcione siempre ni que sea la mejor solución en todos los casos. Ya adelanto que esta técnica probablemente no sirva, aplicada tal cual, para muros de contención, para muros de mayor altura que este (que no llega al metro), para muros que deban permitir el paso de agua… Se suministra esta información sin compromiso alguno, y blablabla. Vamos, que alla tú con lo que hagas.

Seguridad. Lo anterior lo digo sólo por si acaso hay algún pirao con ganas de pagar a un abogado, pero esto me apetece decirlo de verdad. No es broma. Vamos a trabajar con piedras. Cuando se encuentran en un campo gravitatorio, tienen cierta tendencia a caerse de las manos con una notable aceleración (9,8 m/seg. al cuadrado), independientemente de su peso. Además, en la vertical de nuestras manos frecuentemente están nuestros pies u otros miembros. Hay que trabajar con botas adecuadas. Además, se trabaja siempre, siempre, en todo momento, con guantes. Antes de dar cualquier golpe o hacer cualquier cosa que pueda hacer saltar materiales, hay que ponerse gafas adecuadas (cuestan un par de miserables euros). Si no te vistes apropiadamente para cada trabajo, eres un zopenco con todas las letras. Machacarse un dedo o un ojo no tiene vuelta atrás.

Vamos allá. Puedes pinchar en las fotos para verlas más grandes.

Objetivo: Se trata de hacer un murete bajo de piedra y hormigón para cerrar una finca. Tenemos unos simples pedruscos que no son nada buenos (no son piedras grandes ni con forma cuadrada). Y además no tenemos la habilidad ni los conocimientos ni la paciencia ni el tiempo que tiene la gente que realmente se dedica a esto. Así que el muro tendrá una textura irregular, y además se sostendrá gracias al hormigón, no a la perfecta colocación de las piedras (aunque intentaremos que lo parezca, claro).

Tampoco nos fiamos de saber darle al muro la verticalidad adecuada. Vamos, que tenemos que usar un método a prueba de manazas.

En nuestro caso se trata de sustituir un cerramiento de simples piedras amontonadas, usando esas mismas piedras. Este es el enemigo:

Los materiales fungibles que utilizaremos además de las piedras son cemento gris, trito y arena.

Y como herramientas para ayudarnos a montar el muro, que nos sostenga todo y no se nos vaya abajo (aquí está el truco para manazas) usaremos dos paneles de madera que harán de encofrado, entre los que pondremos las piedras. Cada panel está hecho con dos tablas de 250 cm x 30 cm x 3 cm, unidas con segmentos de una tabla de 200 cm x 20 cm x 3 cm. Las medidas no importan tanto, salvo el alto del panel; nuestro murete va a tener unos 60 cm, así que dos tablas de 30 nos vienen bien. Ojo, que si hacemos un panel demasiado alto nuestro brazo no llegará al fondo para trabajar. También importa que no sean tablones muy gruesos porque pesarán más y será más difícil moverlos (este panel ya pesa lo suyo). En este caso, el panel tiene 6 cm de grosor en las partes más anchas, y 3 cm en el resto.

Las tablas se han clavado con simples clavos (clavados con inclinaciones diversas, para que no se desclave todo a la mínima) y se han hecho con una de esas brocas gordísimas para madera los agujeros que se ven ahí.

Esos agujeros servirán para pasar por ellos unas varillas roscadas que serán las que mantengan los paneles para que no se separen. Y es que además de los paneles necesitamos varillas roscadas, las correspondientes tuercas, y tubo de PVC o de goma por el que puedan pasar las varillas roscadas. (Ya, seguramente no se entiende; paciencia, que se verá en las fotos). Con 5 varillas queda bien sujeto, aunque según el caso podemos incluso saltarnos alguna. Este tipo de varillas y tuercas es muy cómodo, porque los tablones quedan bien sujetos y las tuercas se ponen y quitan con facilidad. Cuestan una pastizara (a mí me salió esta broma por 30 ó 40 €, no recuerdo bien, pero dinero mejor gastao, en la vida). Las varillas que compré son de 1 m de largo, pero las serré pacientemente en trozos de 50 cm con un “páiker” (no sé cómo se escribe; una de esas sierras para cortar tubos y metales y cosas de esas).

Bueno, aparte hace falta hormigonera, pala, paletín, probablemente fesoria (azada) y puede que hasta un pico (no, no hablamos de droga ninguna). Para el acabado, si quieres dejarlo guapo y quitar el cemento sobrante, una maza (un martillo puede valer), cortafríos, cepillo de púas metálicas. (Para esto, insisto: imprescindible gafas de protección.)

Pues nada, ya vale de momento. Próximamente, el ataque de los clones, ¡digo!, el episodio 2: cimentación.

[Edito, que me faltaba la foto de las varillas y las tuercas]

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Entretenerse en un puente

15 15UTC octubre 15UTC 2007

No, no hablo de saltar del de Barrios de Luna, sino de hacer manualidades en el del Pilar.

Más bricomanía. Una vez que el armarito, aparentemente, ha salido adelante, uno se va haciendo más audaz, y se pone a encastrar un lavabo. Así que se pasa por Leroy Merlin, se compra un panel de pino de 2m x 0,60m (allí mismo lo corto en dos paneles de 1m x 0,60), dos listones de abeto cepillados de 240cm x 5,8cm x 5,8 cm para las patas (allí mismo los corto también), y otros dos listones sin cepillar de 240cm x 2,5cm x 2,5cm). También tenía de chapuzas anteriores varios trozos de panel de celosía. Unos tubillones de 40mm x 8mm, cola, clavos, tornillos, cuatro bisagras y dos cierres de imán, un taladro atornillador y una sierra de calar. Ah, y una lata de Xylazel color sapeli.

El resultado:

Tratándose de estilo rústico, la imperfección se convierte en virtud. Así que puede decirse que prueba superada, sobre todo teniendo en cuenta que la carpintería no es lo mío, soy un advenedizo.

O dicho en castellano: “Tá de sobra”.