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La docencia online

14 14+00:00 mayo 14+00:00 2020

Ayer escribí un poco mosqueado sobre las obviedades que la gente cree saber sobre la docencia online, y me apetece extenderme algo sobre el asunto (y además un lector lo ha sugerido).

No es un tema que se pueda liquidar en un momento, y además mi experiencia sigue siendo limitada. Y el tema es tan amplio que requiere pensar mucho y organizar mucho, y no lo he hecho. Así que lo voy a abordar con la mayor humildad. Es, como todo lo demás que aparece en este blog, mi punto de vista, nada más.

Hay gente que cree que un comic es una especie de «quiero y no puedo»; que lo que quieres es contar historias con personajes en movimiento, y que como no puedes filmarlos, los dibujas. El comic sería una especie de cine con poca tecnología. Y es posible que en origen fuese así a la fuerza, cuando no había posibilidad de hacer cine; pero obviamente el cine y los comics son cosas distintas. Que sí que pueden prestarse entre sí ideas o guiones, o incluso técnicas (en el comic hay encuadres, en el cine hay storyboards). Pero el cine no es un cómic filmado, ni el cómic es un extracto de fotogramas. Esos trasvases no funcionan.

Enseñanza a distancia ha existido siempre (en la UNED y tantas otras instituciones), con unas características muy concretas. La primera es que el alumno a distancia debe tener mucha, mucha disciplina. No vale para todo el mundo. Hoy en día hay recursos técnicos maravillosos, cuando en los primeros tiempos de la UNED lo único que tenían a su disposición era el libro (que no es poco); pero eso no hace desaparecer cualquier diferencia.

Si yo soy un profesor presencial, de los que tienen vocación y se esfuerzan, plantearé la asignatura pensando en:

  • Una planificación temporal para que tanto el alumno como el profesor puedan hacer el trabajo en las horas asignadas.
  • Un orden de los conceptos y de cómo los aprenderá el alumno; en qué momento dominará cada uno, y cómo cada uno depende de los anteriores.
  • No solo eso; seguramente habrá coordinado todo esto con los temarios y los planes de otras asignaturas. Lo hará si son estancas, y no digamos si se abordan trabajos en común, aprendizaje por proyectos o cualquier otra cosa parecida.
  • Un reparto adecuado entre los elementos que el alumno trabajará escuchando / viendo al profesor, los que trabajará haciendo algo en clase por sí mismo en el momento, los que trabajará haciendo algo en clase con compañeros, los que trabajará por sí mismo en casa, con compañeros fuera del aula…
  • De las actividades que haya planteado, probablemente tendrá algunas estrategias previstas para responder. Dependiendo de cómo vaya un ejercicio, puede aprovechar la confusión o el acierto que resulten para aclarar cosas, para reconducir a la clase, para mencionar otros conceptos. Aprovechará la reacción de los alumnos para que la situación resulte en aprendizaje.
  • El profesor tendrá previsto también todo un conjunto de elementos de evaluación, de muy diversos tipos.
  • Y todo ello (y esto es muy importante) lo planteará no solo respecto a cómo puede aprender un alumno, sino en torno a los medios disponibles y a su propia capacidad. No solo elegirá lo que quiere hacer, sino lo que puede hacer.

Se tarda años en afinar toda esta maquinaria, y nunca lo está, porque además cambia constantemente. Los buenos profesores universitarios trabajan como bestias. Lo he visto desde dentro, y conozco a muchos.

Si en un momento dado te dicen que a partir del lunes tienes que hacer enseñanza a distancia, no sirve prácticamente nada de lo anterior que tuvieras hecho. Y no es porque no sepas chatear. Lo que iba a ser un comic de repente se tiene que convertir en cine (o al revés). Y el menor de tus problemas es saber encender la cámara o usar el lápiz.

El principal problema de la enseñanza a distancia, amigos míos, no es exactamente la distancia. Es la sincronía (que no, no se resuelve con una videoconferencia).

  • Las actividades que habías previsto, la forma de abordar el aprendizaje, ya no funcionan. La dinámica de alguien en un aula es muy distinta de la de alguien aislado en casa. Y quien diga que la diferencia se contrarresta con WiFi, supongo que se encontrará igual en un merendero jugando al fútbol con sus sobrinos que en una de esas horrendas videoconferencias familiares (que sí, son mejor que nada).
  • Tienes que rehacer de golpe una cantidad ingente de actividades. El problema no es pasarlas a PDF ni a vídeo; es que no valen para eso. En ese contexto tendrás que plantear otras.
  • El trabajo en equipo de los alumnos se ha ido al garete en gran medida. Las dinámicas de grupo son algo tan sutil y tan difícil de manejar con una interacción social normal que no digamos en un contexto a distancia.
  • Aun cuando rediseñes todo y seas rapidísimo grabando vídeos, ni la comunicación ni las interacciones son iguales. En toda comunicación a distancia hay más ruido y más malentendidos. Para hacer lo mismo tardamos mucho más, tanto los profesores como los alumnos. ¿Te acuerdas de lo que hemos dicho sobre la planificación temporal? Un pequeño porcentaje de diferencia se acumula hasta destrozar el plan del curso (en la vida «normal», si te caen dos festivos seguidos ya tienes que hacer maravillas para reorganizar las clases y cumplir los planes, y eso sin tener que reinventar absolutamente nada de la metodología docente).
  • No tienes oportunidades de aprovechar la dinámica presencial. La realimentación, las manos levantadas, las caras que ves, lo que les ves escribir a vista de pájaro, el tipo de preguntas que hacen. No, no funciona por streaming, no te empeñes. La misma pregunta tres segundos después no tiene el mismo efecto, no da la misma información. No es ni parecido. El trabajo de enseñar es tan delicado que tienes que tener cuidado hasta con cómo empiezas las frases, para no mover a confusión y no perder a ningún oyente; el impacto de no comunicarse en persona es muy alto.
  • La evaluación merece capítulo aparte. Me muero de risa cuando oigo hablar de reconocimiento facial, de algoritmos que detectan si estás copiando… La evaluación, de hecho, debería hacerse en general sin examen final, es un problema mucho más complejo y con muchas ramificaciones y planteamientos diferentes que la mayoría de la gente desconoce. Pero incluso algo tan trivial como un examen clásico es simplemente inviable (en mi modesta opinión) a distancia. Hasta la UNED, seguramente la institución con más experiencia de España, hacía los exámenes presenciales (hoy en día no sé lo que harán). Para enseñar a distancia hay que plantear una estrategia de evaluación en la que no te haga falta sentar al alumno a hacerle preguntas. Y lo que se está haciendo ahora supongo que es un mal sucedáneo.
  • Y respecto a lo que el profesor puede manejar… La gente no tiene ni idea de la situación en la que están estos días los profesores, contestando a miles de mensajes, atendiendo uno por uno y secuencialmente a los alumnos que andan como pollo sin cabeza intentando organizarse para estudiar por su cuenta (cosa que no saben hacer, y no tiene nada que ver con Youtube ni con Google). Si yo tengo un aula con 100 alumnos, hay cosas que puedo hacer allí con todos a la vez (y por eso tradicionalmente se ha forzado a los profesores a dar “clases magistrales” y no laboratorios, y a tener aulas masificadas y no grupos pequeños; lo segundo es mucho más caro). Lo que pregunta uno lo oyen todos. Si los examino, puedo tenerlos a todos resolviendo un ejercicio durante una hora mientras los vigilo. Si doy una instrucción, les doy a todos la misma (y aun así casi siempre hay problemas). En fin, el cambio que supone manejar a un montón de individuos asíncronamente es enorme. Si yo puedo manejar 400 alumnos usando clases presenciales (y no estoy hablando necesariamente de lecciones magistrales), no creo que pueda ni con 50 a distancia.
  • En suma, si pasas de la enseñanza presencial a la online, lo único que podrás aprovechar es justamente aquello para lo que no te hace falta un profesor. Sí, eso es fácil de poner online o de convertir a vídeo. Y sí, puedes aprender por tu cuenta, con libros o con vídeos o con papiros, todo lo que te propongas sin más ayuda, eso siempre es verdad.

La educación es un tema apasionante, y esto no es más que un esbozo mal hecho que araña la superficie. Lo que pretendo poner de manifiesto es que pasar de enseñanza presencial a online no es como pasar de hablar en persona a hablar por teléfono. La enseñanza online requiere primero un planteamiento docente totalmente distinto (para el mismo temario), con otras actividades y otras formas de control. Requiere, en segundo lugar, una planificación temporal muy distinta. Y en tercer lugar… requiere muchísimos más recursos humanos.

Y todo eso es lo que les ha caído, sin más, y sin subida de sueldo, a nuestros profesores. Todos esos vagos que no quieren reciclarse tecnológicamente, y a los que sin embargo de la noche a la mañana les han cambiado su mundo y han seguido adelante como si nada. Y lo están haciendo, y están sacando adelante el curso. A mí me parece titánico. Habría que ver qué hace Cristiano Ronaldo si de repente lo ponen a jugar al waterpolo (que también tiene balón y porterías y goles, y se juega con las manos, ¡más fácil que el fútbol!, ¿no?).

Los expertos en expertez

12 12+00:00 mayo 12+00:00 2020

Líbrenos Dios de los coaches.

El otro día leí con mucho interés un artículo de alguien que decía: ¿Está seguro de que en su actividad no puede hacer teletrabajo?

He visto muchas veces, y más en estos días, tratar a los profesores universitarios con superioridad. Por supuesto, cualquier alumno de primer año que no conoce ni la materia sabe qué contenidos necesita, cómo deben enseñarse y cómo será su inserción laboral, no ese año, sino unos cuantos después. Y lo sabe mejor, obviamente, que un profesional de la enseñanza (aunque sea de los que tienen vocación y dedicación), con experiencia previa y/o simultánea fuera de la universidad y con muchos años de ejercicio a sus espaldas.

Dice el autor del artículo:

También hemos podido observar profesionales docentes muy cualificados con grandes dificultades para impartir una clase online. Está claro que la tecnología es un elemento básico, pero lamentablemente no es suficiente. La transformación cultural es probablemente más difícil que la tecnológica.

Los profesores universitarios, esos seres inmóviles incapaces de transformarse culturalmente. Es que no se llevan bien con la tecnología.

Continúa el autor, hablando de esta “transformación cultural”:

La transformación cultural responde muchas veces a barreras mentales («no voy a poder venderle este producto a mi cliente si no le puedo ver en persona…», «mi equipo no va a ser productivo si está trabajando cada uno en su casa y, sobre todo, si yo no estoy allí coordinando», «no soy capaz de dar una charla frente a una cámara, sin poder ver mi público…». En mi opinión, todas estas barreras son muy fáciles de superar, a poco que uno ponga de su parte, si bien es cierto que estos elementos no han estado muy presentes en nuestro sistema educativo. Pero para todas ellas existen numerosas guías de autoayuda, píldoras en YouTube y si no, muchas veces basta simplemente con buscar en Google.

Para él dar clase es charlar frente a alguien. Y la transición de un curso presencial a un curso online es como pasar de hablar frente a personas a hablar frente a una cámara.

Pero espérate, que entonces dice que va a dar ejemplos. Y en el apartado de educación… en fin.

Tanto alumnos como docentes se han visto obligados a utilizar unas herramientas y unas técnicas para las que no estaban preparados. Es cierto que para avanzar en la línea de la educación online hay que mejorar la metodología empleada. Por ejemplo, habilitando plataformas colaborativas y de videoconferencia, mejorando la experiencia de usuario mediante video en streaming, incorporando chat entre alumnos y profesor, app para dispositivos móviles y, sobre todo, desarrollando un amplio catálogo de contenidos audiovisuales o en formato digital.

Herramientas y técnicas para las que no estaban preparados… O sea, que para avanzar en la educación online la metodología mejora… “habilitando plataformas colaborativas y de videoconferencia, mejorando la experiencia de usuario mediante vídeo en streaming, incorporando chat, app para móviles, contenidos…”

Discúlpeme el autor, pero lo que revela al escribir es que no tiene mucha idea de las barreras que afronta un profesor universitario ni de cuáles son sus dificultades. Ni, evidentemente, sobre dar clase, para empezar.

Si cree que el problema de un profesor se soluciona con guías de autoayuda o… píldoras de Youtube, o con… ¡¡¡Google!!!, creo que está errando el tiro. Porque para dar consejos hay que saber bastante más que el aconsejado, o tener alguna experiencia distinta a él. El arsenal del autor es la palabrería vacía y obvia (en cuanto alguien habla de la experiencia del usuario o la experiencia del cliente, ya sé que no puedo esperar nada bueno).

Señor autor, los profesores ya saben que existen los vídeos y el chat, gracias. Si cree usted que dar clase online es como dar clase presencial pero a través de youtube, o que el problema de la gente es que no sabe encender una cámara de vídeo, o que la cuestión de fondo tiene algo que ver con las simplezas que usted ha dicho, creo el que necesita asesoría, blended training, coaching o como quiera llamarlo es usted.

Tenemos a un montón de profesores trabajando infinitas horas (y nadie va a aplaudirles desde los balcones) cambiando de entorno docente a mitad de curso, con lo que no sirven ni las prácticas previstas, ni los procedimientos de evaluación, ni las guías docentes, ni los ejercicios previstos, ni las actividades de grupo, ni la coordinación entre asignaturas, y usted cree que están agobiados porque no tienen vídeos hechos.

Podría decirle cuáles son realmente algunos de los problemas de la educación online. Pero ¿sabe qué? Me ha costado muchos años de experiencia y de estudio entender siquiera parcialmente un oficio tan difícil como la enseñanza. No vendo humo. Y si usted cobra por vender humo, comprenderá que yo no le dé a cambio ayuda real gratis.

Mientras tanto, por favor, piense si se pondría a dar instrucciones a las enfermeras.

Porque cree que puede

10 10+00:00 febrero 10+00:00 2020

Aquí un tipo que toca el piano muy bien. Nada extraterrestre, hasta que uno considera que esto es un guaje de 15 años.

¿Cómo puede hacer esto un niño?

Hay varias partes de la respuesta que son conocidas: porque le ha echado horas. Ha pasado mucho tiempo con el piano. Ha pasado mucho tiempo escuchando con atención. Le fascina la música. Pero no es solo eso. Hay una razón importante.

Lo hace ante todo porque cree que puede.

Un niño que se sienta a un piano y busca una nota no se juzga. Está absorbido por intentar que aquello suene. Las notas malas no las oye más que para saber que no son esa, y tiene que buscar otra. Un niño que juega con muñecos -si es que queda alguno- no tiene en cuenta si alguien le ve o no, si la historia está bien montada o no. Es totalmente inocente, y no piensa en el después.

Apuesto a que ese chaval se puso a tocar, y simplemente pensaba en que le salieran canciones. Es lo que se llama «jugar». Y a medida que le iban saliendo, se dio cuenta de que podía jugar a ser esto, y aquello… Que podía llenarlo todo de arpegios y sonar como en el vídeo. Podía jugar a ser pianista. Y si puedes jugar a ser pianista, puedes ser pianista. Y se fue dando cuenta de que le iban saliendo las cosas y de que sí, podía tocar el piano. Si le salía un truco, le encantaba, y si no, probaba otro o repetía ese para que le saliera.

Pero creía que podía ser pianista, porque cuando uno es un niño, las cosas son más simples, y un niño sabe que «tiene» que ser algo, y ¿por qué no pianista? Creyó que podía, y sabía que tenía que ser algo, y que los pianistas son gente que antes no lo fue. No se planteaba mucho más.

Lo sé porque yo también jugué con algún instrumento de pequeño. En aquel momento no teníamos piano en casa (ni prácticamente nada, salvo la típica flauta), pero de visita en casa ajena, recuerdo estar un rato con un teclado y sentía exactamente eso. Bueno, no sentía nada; me limitaba a jugar y en aquel rato me acabaron saliendo varias canciones.

Por supuesto, creer que puedes no basta; eso es una tontería. Luego viene echarle horas, y estudiar, y practicar, y meter tu vida en la música. Pero sí funciona al contrario: si no crees que puedes, si no te limitas a jugar sin darte latigazos, no vas a conseguir nada.

Cuando uno juega, el mundo desaparece. No hay egos ni calificaciones; lo único que hay es el juego. En el momento en que entra en danza el miedo a fallar, o uno se da cuenta de que lo miran, el juego se acabó y ya pasa a ser otra cosa. Mucho menos productiva.

Las lumbreras de la educación

12 12+00:00 febrero 12+00:00 2019

La verdad es que estoy un poco harto de que siente cátedra gente que no tiene ni idea del tema sobre el que sienta cátedra. Y eso pasa especialmente con la educación. El mundo está lleno de expertos.

Y los expertos, curiosamente, suelen ser gente que, por diversas razones, no consigue aprobar asignaturas, centrarse en aquello que no les sea directamente agradable o esforzarse lo más mínimo. Gente incapaz de ir cuesta arriba. También suele ser gente sin experiencia. Gente que, básicamente, no tiene ni puta idea de la vida. Que pontifica sobre sitios en los que no ha sido capaz de estar.

Hace ya tiempo conocí casos de ese tipo. Por aquí pulula un individuo, cuyo nombre no voy a decir porque no me da la gana hacerle publicidad, que tiene un currículum infladísimo. Supuestamente desarrolló un sistema operativo libre y revolucionario. Lo cierto es que en realidad no hizo absolutamente nada (aquello que decía haber hecho, que por supuesto no era más que una portada para una cosa que ya existía, no la usa, ni la usó, nadie). Y hoy vende básicamente humo. Mucho humo. Pero hay quien se lo compra, supongo. Este tipo viene a decir que a los doce años se aburría de la escuela. La culpa, obviamente, era de la escuela, no de que fuera un niñato mimado de doce años, y entonces decidió hacerse un genio profesional y cambiar el mundo. Hoy tiene a sus espaldas muchas siglas, logotipos y cosas intangibles. ¿Logros reales? Ninguno, me temo. Son gente que salta directamente de niñato a CEO, y de ahí ya a visionario de la humanidad.

Hay casos menos virulentos, claro. Las ganas de hablar de esto me vinieron al ver este artículo: «Leonel Virosta, de Youtube a ganar una beca en la universidad de Manchester».

Estas historias encantan a los periodistas: niños prodigio, outsiders, educados en casa porque la escuela idiotiza y no ayuda a los brillantes. La escuela es un error. Mira cualquier cita del artículo, verás qué bonito todo:

[Leonel] cree que “hace falta un cambio en la forma de aprender, y que no vendrá del sistema, sino que tiene que venir de cada uno de nosotros: alumnos y profesores”. Lo de no seguir las pautas establecidas por el sistema no es nuevo para Leonel, puesto que desde muy pequeño se acostumbró a ir contracorriente.

Asombrado ante el hecho de que un chaval tan joven venza al sistema y aporte un cambio en la forma de aprender (que es mi pasión), voy a ver su canal. Veo un vídeo de hace tiempo. Y, por si acaso, veo el más reciente.

Si me dices que un chaval joven dedica su tiempo a hacer vídeos educativos, diré que es muy positivo para él.

Si me dices que un chaval joven dedica esos vídeos a temas relativamente complejos y áridos, diré que parece un chaval brillante, con curiosidad, trabajador y apasionado por la biología. Eso es estupendo. Quizás llegue lejos si trabaja bien en el futuro.

Ahora bien, si me dices que se cree un genio y que cree que sus vídeos traen al mundo un cambio en la forma de aprender, te diré que entonces son los vídeos de un niñato que no sabe de qué habla. Te diré que al parecer ha tenido profesores muy malos (quizás sus padres, por lo que se dice) y no ha conocido o sabido apreciar a los profesores buenos. Que son vídeos con ciertos méritos, pero entre ellos desde luego no está su valor didáctico.

Lo que hace Leonel se ha hecho toda la vida: es una clase magistral (la forma más rudimentaria de enseñanza), con soporte audiovisual. Una clase magistral mala, por cierto. Leonel explica bastante mal; usa mal las metáforas, sus ejemplos aclaran unas cosas e inducen a error en otras. Sobreactúa como los youtubers de los que ha aprendido a gesticular. Su uso de los recursos audiovisuales es mediocre. Leonel, hoy por hoy, es un mal profesor. No le culpo por ello; le culpo (o más bien culpo a sus padres y a la gente que le calienta la cabeza y se la llena de pájaros) si se cree que es bueno. Le queda por delante más mili que al palo de la bandera.

Dice Leonel en esta otra entrevista del mismo periódico (con su madre en la foto en plan estrella, qué mal rollo…):

El colegio se basa en un sistema de castigos y recompensas, profesores que te regañan en función de tus notas y estudiantes que te admiran o hablan mal de ti. Esa es una falsa motivación. En casa no hay ayuda externa, todo depende de ti.

No sé a qué colegio de mierda ha ido Leonel, y por qué no le han enseñado a ver más allá de una situación concreta. No sé de dónde se saca esa percepción. Ha sido capaz de fijar muy bien su atención en la mitosis o en la fotosíntesis, pero no sabe interpretar el mundo que le rodea. Yo eso no lo veo como una ventaja ni como un talento; lo veo como una carencia. Le veo muchas virtudes, que no se me interprete mal, pero desde luego esa frase pone los pelos de punta.

En el vídeo de ese artículo, expone los consejos de un autodidacta, que son: 1) elige un modelo, 2) ten tu mente abierta a todos los temas, 3) sigue a un maestro (que para él equivale a remitirte a youtubers en vez de a profesores), 4) márcate un objetivo, 5) comparte tu pasión.

Este niño (porque es un niño) cree que la escuela impide o coarta la ejecución de alguno de esos 5 puntos. Y no es así. De hecho, la escuela (sí, la escuela real y actual) está diseñada para favorecer todos esos puntos. Para él «compartir su pasión» es hacer vídeos en Youtube para gente anónima, donde no tenga que enfrentarse al hecho de que tiene miedo a tener compañeros. En el punto 2 dice que te esfuerces en ver las lecciones maravillosas que hay en una asignatura incluso aunque no vayas a dedicarte a ello; y es lo que dicen (con razón) todos los profesores desde el inicio de los tiempos. Resulta que si lo dice un profesor es caduco y alienante, pero si lo dice Leonel es un descubrimiento (concretamente, ha descubierto la pólvora, o inventado la rueda, no lo sé). El punto 3 es lo que toda la vida se ha llamado «leer buenos libros» (porque al parecer si no estás en una escuela en la que todos los profesores expliquen todas las cosas todo el tiempo exactamente como él, individualmente, necesita… esa escuela es mala). El 5) yo lo he hecho toda la vida, pero con personas de verdad; no con followers y haters. !Es tan cómo calificar de hater a alguien que no está de acuerdo! Automáticamente desaparece, entra en la categoría fantasma y tú sigues feliz con tus followers, tengan razón o no.

Iván Ojanguren también habla del sistema educativo, por ejemplo aquí. Cuando alguien empieza un discurso diciendo «prohibido que os creáis nada de lo que voy a decir», apetece decirle: entonces no nos hagas perder el tiempo. Es una forma de eludir responsabilidades. «Voy a hablar una hora, pero sin responsabilidad, porque no tienes que creerte nada». Iván, no me jodas. Asume tu compromiso con los que te escuchan.

Iván habla del «pack educativo». Que según él es ir al colegio, estudiar una carrera con salida y buscar un trabajo para toda la vida. No se le ha ocurrido que quizá es él quien no entiende el sistema educativo, que es un instrumento para que tú hagas lo que debas hacer. Es tu responsabilidad. No vas a remolque; lo usas. Yo he seguido el sistema educativo a pies juntillas, pero no esperaba recompensa concreta por hacerlo; el pack es un invento suyo.

Para él, el sistema educativo siempre fue un «lugar umbrío, hostil». El sistema educativo le constreñía y le hacía pequeñito. Tardó 8 años en terminar una carrera de 3. Le molesta que le tacharan de vago.

Me imagino a Pau Gasol diciendo que eso de prepararse en el gimnasio le resulta umbrío, hostil, que en lugar de dejarle expresarse le constriñen, que lo llaman vago porque no lo quiere hacer.

Iván, con todo el cariño: es que quizá seas vago de verdad. No pasa nada. A nuestra edad, la tuya y la mía, tenemos que asumir según qué cosas. Tu error no es ser vago, si lo eres; tu error es creer que eso te hace mala persona. Te diré un secreto: todos somos vagos. Todos hacemos cosas porque nos convencemos para ello. Y algunas no las hacemos. Cada cual tiene sus debilidades-vagancia y las asume.

Pero no; como el informático genial del principio, o como Leonel Virosta, dice que todo es culpa del sistema educativo. Se inventa una teoría un poco delirante; que la escuela se inventó en el siglo XVIII para coger a analfabetos y producir con ellos obreros para las fábricas. No sé de dónde se saca tan osada teoría; y no sé explicar cómo, no existiendo escuelas antes de la Revolución Industrial, existían universidades enteras desde el siglo IV. Tampoco sé explicar cómo ese origen tan instrumental, de formación profesional, del cual se queja, puede encajar con las quejas tan habituales de que el sistema educativo está demasiado alejado de la actividad laboral (al parecer siempre lo está, haga lo que haga) y es demasiado teórico. ¿En qué quedamos?

No, amigos, veréis.

Sobre los razonamientos del primer individuo que he citado no cabe hacer muchas reflexiones. Un vendedor de humo es un vendedor de humo. Yo no le contrataría ni para llevar cajas (¡menos que nada para llevar cajas!), y su cosmovisión es simplemente la vagancia y la fachada. Quizás algún día se dé cuenta del vacío que deja detrás, o quizás se crea su propia película. Temo que sea lo segundo.

De Leonel sospecho que no ha sabido encajar un cambio de profesor, no ha sabido manejarse en la adversidad ni gestionar circunstancias que no fueran óptimas para él. No ha sabido salir de la comodidad. Sabe nadar a favor de la corriente, pero no puede aprenderse la tabla de multiplicar porque es algo memorístico (tener un método alternativo para multiplicar es bueno en ciertos sentidos y malo en otros; revela cierto talento y falta de otro talento, simplemente). Le deseo lo mejor. Pero hoy por hoy es un mal profesor, y es de risa que haya adultos que crean que tiene la más remota solución a los problemas (difíciles) de la educación. Sencillamente, es un tema del que no sabe nada y solo puede aportar obviedades. Que están muy bien para un chico joven; quizás en el futuro llegue a aportar algo.

De Iván creo que no vale desdeñar a los gurús siendo uno de ellos, no vale hablar en público y decir que no te creas nada y que la responsabilidad de elegir lo que vale es del oyente; sí, claro, es una obviedad, pero tu tarea en esa tarima es mojarte y ofrecer lo mejor que tengas, y si el oyente lo desecha todo no vale decir «me encanta, has hecho lo que te pedí». Es tramposo, es el recurso de un vago. Que me temo que en eso consiste el coaching. Por lo menos, en eso consiste todo el coaching que he visto hasta ahora: en nadar y guardar la ropa. No es puro humo, pero es… niebla. Al nivel de un horóscopo.

Viendo todas estas sandeces, solo puedo hacer un brindis por los profesores, mejores y peores, que afrontan su oficio con seriedad, que se mojan y ofrecen lo que tienen y eligen soluciones reales a problemas reales; y por los alumnos que saben ver que el sistema educativo, siempre mejorable, es sencillamente maravilloso y una oportunidad infinita de desarrollo personal.

Si sabes utilizarlo, que es responsabilidad tuya.

La tesis de Peeeedro

19 19+00:00 septiembre 19+00:00 2018

Lo que ha pasado estos días con los estudios (ejem) de nuestros políticos ya lo he visto más veces. Se reduce a lo siguiente.

Primero, los antecedentes. Largos, y eso que están muy resumidos (es así, esta gente genera una avalancha de información).

Un político del PP (Cristina Cifuentes) es cazado en un fraude académico y documental gravísimo y muy evidente, por el que creo que indefectiblemente tendría que acabar gente en la cárcel (no es un deseo, quiero decir que me parece inevitable por lo poco que sé de leyes). Además de lo que ya se había hecho, todo lo ocurrido después de que se destapara está tan lleno de desvergüenzas (y de más delitos aún, cometidos ya a la luz de los focos) que sería larguísimo de enumerar. No pasa nada; Cifuentes se pavonea, se pasea, le resbala todo, y solo dimite después de todo un mes, y no por esa estafa, sino por el famoso vídeo de las cremas. Su hermana ocupa desde hace años una posición de profesora ilegalmente, Cifuentes tiene una plaza de funcionaria también (aunque es de personal de administración, poca cosa para ella, que quería ser catedrática como mínimo y supongo que esperará una jugada como la de su hermana, a la que convirtieron en profesora porque sí).

Otro político del PP (Pablo Casado) es cazado en no uno, sino dos fraudes académicos, bastante evidentes. El primero es similar al de Cifuentes, quizá con menos irregularidades documentales. Para defenderse enseña unas portadas impresas ahora en su impresora, de unos supuestos trabajos, pero no deja verlos absolutamente a nadie bajo ninguna condición, y en todo caso es un hecho admitido por él que recibió un trato de favor. No fue a clase, le convalidaron casi todas las asignaturas, y para las que no le convalidaron dice que hizo esos trabajitos, y que no habló con ningún profesor, que los dejaba en un misterioso despacho, y que los hizo como le pareció a él, basándose ¡en el título de la asignatura! (son mentiras tan estúpidas que solo se las cree quien no haya pisado una universidad, o la haya pisado en los mismos términos que él). También se sabe del segundo fraude: todo apunta a que le regalaron la carrera también (aprobando miles de asignaturas por arte de birlibirloque, con presiones e incluso con irregularidades administrativas ya conocidas). No pasa nada; Casado se pavonea, le resbala todo, y de hecho sus correligionarios lo convierten en presidente del partido como premio.

Una política del PSOE, ministra para más señas, recibió también un trato de favor, obteniendo un máster con irregularidades tanto administrativas como académicas. En dos días ha dimitido. La ha derribado, por cierto, eldiario.es, ese periódico que la derecha llama “sectario” (como llama a todo el que sea ecuánime o neutral y no de derechas). No hay mucho más que contar de la ministra, porque la cosa no ha dado más de sí.

Ciudadanos se dedica a meter el dedo en el ojo a los demás (a unos más que a otros), y se descubre que su líder en Barcelona falseó datos en su currículum. Sin duda, es una irregularidad menor que las anteriores, pero el partido que pretende enarbolar los códigos deontológicos de regeneración democrática dice en el suyo propio que el partido deberá “apartar de cualquier cargo público o de partido a todo representante que haya falsificado o engañado en relación a su currículum o su cualificación profesional o académica”. Se da toda clase de excusas absurdas, y ahí sigue esta mujer tan pancha. El código de conducta es de Ciudadanos, pero al parecer solo se aplica a los demás (tienen un lío importante de jurisdicción, parece). Por cierto, el propio Rivera afirmó ser “doctorando” y no lo es; es una cuestión menor, pero habría que ver cómo aplicaba su propio código deontológico si el “doctorando” fuera otro, viendo que pide a Sánchez que dé explicaciones por… por… ¿por qué motivo era exactamente?

Empecé el artículo diciendo que lo que ocurrió ya lo he visto otras veces. Me refiero a lo que ha pasado a continuación con Sánchez. Yo podría perfectamente escribir los argumentarios del PP. Si Sánchez ha hecho algún trabajo, y no digamos una tesis, ya lo tengo resuelto. Da igual que la tesis sea correcta o irregular, que sea buena o mala. Cojo el material y hago con él la campaña que quiera; ya es sabido que es más grave que un político de izquierdas (o del PSOE) haga algo legal que que un político de derechas haga algo ilegal. Y así es como el único doctor de todos estos, y el único que aparentemente ha hecho una carrera normal, es Pedro Sánchez, pero resulta que se habla más de su tesis que de otra cosa. A pesar de que no haya aparecido absolutamente nada extraño en ella.

Su tesis está indexada en Teseo (que es lo normal), la puede ver cualquiera que acuda a la biblioteca correspondiente (que es lo normal y lo que se pidió infructuosamente para Cifuentes y Casado). Pero es como si hubiera cometido algún delito. La tesis de Pedro Sánchez la puede juzgar el mismísimo Eduardo Inda, que no tiene la suficiencia investigadora, que ni siquiera ha hecho jamás un proyecto fin de carrera. Y así hace creer a la gente que en una tesis doctoral es metafísicamente posible que te plagies a ti mismo, o que es fraudulento que utilices los artículos que previamente has escrito y publicado.

Así son las cosas. El trabajo fin de máster de Cifuentes no existe, pero no habría dimitido si no le hubieran mandado el mensaje de las cremas. Con Pedro Sánchez le pedimos que dimita, no sé,  porque su tesis nos aburre, mismamente. Los tribunales de amigos en una plaza de funcionario, injustificables, valen para colocar a Cifuentes, pero si hay cualquier grado de conocimiento previo entre Sánchez y su tribunal de tesis (por más que sea lo normal en cualquier campo de investigación, y más teniendo en cuenta que tú tienes que buscarte el tribunal, y que no puedes traer premios Nobel porque no van a venir y los que leen tu tesis y vienen te están haciendo un favor) ya es suficiente para meter a Sánchez en la cárcel o poco menos.

Mi propia tesis doctoral está indexada en Teseo, pero no está colgado en esa web su contenido (eso “se hace solo”, yo no he tenido que hacer nada en ningún sentido). En mi tribunal había varios miembros que no me eran desconocidos (la Universidad denegó uno de los que habíamos propuesto… porque era sudaca, así que tampoco te creas que puedes traerlos de muy lejos, porque a la Uni le cuesta dinero y no quieren). Durante el desarrollo de la tesis publiqué artículos con resultados parciales (que es justamente lo que hay que hacer; lo contrario es un demérito) y obviamente utilicé los resultados en la versión final (una tesis se hace así, amigos míos). Todo lo que en la tesis no fuera de mi cosecha está citado en la bibliografía, con enlace directo o de manera general. Es decir, he hecho lo que hasta donde sé hizo Sánchez (la suya no la he leído). Salvo que su tesis era de… esa ciencia llamada economía, pero vamos a dejar piadosamente esa cuestión al margen.

A Zapatero lo defenestraban porque Jordi Sevilla le tenía que explicar economía en unas tardes. Si un presidente es el primero de la democracia que sabe idiomas, y es doctor en economía, todos los iletrados de España se permiten tratarlo de tonto igualmente.

Y mientras tanto, Casado y Rivera dan lecciones.

 

El trabajito de Cristina

22 22+00:00 marzo 22+00:00 2018

Dicen que a Cristina Cifuentes le regalaron el título de máster. Hizo el máster (es un decir) en 2012, y le pusieron “no presentado” en una asignatura y en el TFM (medio máster, prácticamente, en créditos). Y en 2014 de repente pasó a tener notable en las dos cosas, y solicitó el título, pero sin pagar matrícula ni nada. Los notables se los puso una funcionaria que no es de ese centro, ni siquiera del mismo campus.

Lo que dicen en la Universidad es que fue un error al poner los “no presentados”, y que lo solucionaron después. Y que el TFM no lo encuentran, y Cristina tampoco (de eso no te preocupes, ya aparecerá alguno).

Yo no trabajo en la Rey Juan Carlos (ni, visto lo visto, creo que me dejaran, sin carné), y no sé lo que pasó. Lo que conozco es mi experiencia, que puede ser aplicable a este caso o no. Pero algo de experiencia sí que tengo. Y esa experiencia parece bastante aplicable a otras universidades. No sé si la Rey Juan Carlos es tan, tan, tan especial (se diría que es “bastante” especial).

Y los ingredientes de mi experiencia son estos.

  • Si lees el TFM, lo normal es que solicites el título bien pronto. No dos años después.
  • Si presentas el TFM, según la normativa tienes que demostrar previamente que ya aprobaste todas las demás asignaturas. Así que no puede ser que presentes realmente el TFM sin que haya salido a la luz  primero el presunto error de que te quedó una asignatura sin aprobar.
  • El cambio de nota que realizó una funcionaria, y que supuestamente fue legal y correcto… Para cambiar la nota de un acta, el profesor tiene que firmar un papel pidiéndolo. Ese papel tiene que estar y ser bien fácil de encontrar y enseñar.
  • Eso de que el TFM no aparece… De toda la vida, los TFM (o Proyectos Fin de Carrera, como se llamaban antes) han ido a una biblioteca al efecto, que cualquiera puede consultar.
  • Eso de que no lo pueden enseñar por protección de datos… Los TFM se presentan y defienden en sesión abierta al público.
  • Eso de que no se acuerdan exactamente de quién lo dirigió… Hay una fecha de lectura, un tribunal y un director muy claros. Tiene que haber registro de todo, muy fácil de encontrar.
  • Es bastante curioso que haya dos errores, en una asignatura y en un TFM, y que por puro azar saques la misma nota en las dos cosas: 7,5.
  • Que una persona presente el TFM justo al acabar la carrera es muy, muy notable, porque no da tiempo. Yo lo hice (dos veces) y es completamente excepcional, lo hice por circunstancias muy particulares y esos dos veranos no existieron, para mí. No sé cómo lo habría compaginado con una campaña electoral.

Por mi experiencia, lo que se está diciendo es una mentira de tal calibre, de tal grado de descaro, que… bueno, es lo normal y cotidiano en este país desde hace unos años.

Pero no solo eso. Es DELITO. Ese cambio de notas es un delito, por lo que sé.

El relato de la defensa viene a ser:

  • Se cometió un error de transcripción de la nota de una asignatura.
  • Ese error pasó desapercibido cuando esta persona fue a presentar su TFM, pese a incumplirse un requisito fundamental y obvio para cualquiera que quiera leer el TFM.
  • Defendió con éxito el TFM, pero… ¡volvieron a cometer un error al transcribir la nota del TFM! (Un error bastante inusual por sí mismo; el TFM no es una asignatura cualquiera.)
  • Esta persona, curiosamente, no fue a por su título hasta dos años después.
  • En ese momento, una funcionaria que no parece tener nada que ver con ese centro cambia las notas.
  • Curiosamente, las dos eran un 7,5.
  • No queda registro de que los profesores respectivos admitieran el error en el acta y solicitaran el cambio de notas; ese documento al parecer se ha perdido. Los dos documentos, perdón.
  • Otra coincidencia: la autora no tiene el TFM. Por mudanzas, dice.
  • Otra coincidencia más: la Universidad tampoco tiene el TFM, ni en electrónico ni en papel. (Creo que no se han mudado.)

Cada uno de los puntos anteriores es, aisladamente, muy inusual. Todos juntos… es prácticamente imposible. La otra explicación, mientras tanto, es la obvia, sencilla, verosímil.

Y ante todo esto, Cifuentes aporta el boletín de notas, que viene a ser como si te acusan con pruebas de cobrar en B y para desmentirlo enseñas… tu declaración de IRPF. Que por definición NO tiene lo que cobres en B, y es precisamente de lo que se te acusa, de no declararlo.

Bueno, pues es lo que hay.

Educación para la ciudadanía, ahora sí

18 18+00:00 diciembre 18+00:00 2017

Muchas veces escribí aquí en su momento sobre aquella asignatura de Educación para la Ciudadanía. Aquella que era un terrible problema, un intento del vil y maligno Zapatero por instaurar un régimen dictatorial de ciudadanos alienados y adoctrinados.

Desde entonces han pasado muchas cosas. Lo primero que hizo el gobierno entrante fue suprimirla y recuperar la religión, cosa que al parecer dejó muy tranquilos a aquellos padres que tan enfadados estaban con el adoctrinamiento. De poco sirvió que la ONU se manifestara en contra de la supresión, que lo hiciese el Consejo de Estado, o la Unión Europea. Wert eliminó, cómo no, las “cuestiones controvertidas” [sic], y aquella familia que recurrió estaba feliz de que “no adoctrinaran tanto” [sic] a sus hijos.

No sé qué pensarán ahora de esto, Wert y aquellas intrépidas familias que estaban cómodas con catecismos en las aulas pero no con derechos humanos:

Todos los partidos acuerdan impartir Valores Cívicos y Constitucionales en las escuelas

Es decir, que se ponen a arreglar la educación (¡esta vez sí, amigos!), y prevén muchas dificultades para ponerse de acuerdo, pero… lo primero en lo que consiguen ponerse de acuerdo es precisamente en “introducir los Derechos Humanos y los Valores Cívicos y Constitucionales dentro del currículo escolar”. Eso sí tienen claro que hacían falta.

Sin comentarios.

Arreglando la educación

10 10+00:00 noviembre 10+00:00 2017

Parece que nuestros políticos van a arreglar la educación, esa para la que siempre han cagado, hablando mal y pronto (pero es que yo debo de estar un pelín maleducado).

Llevan años y años poniendo la educación al servicio de la producción. Formando el hombre ideal: un obrero convencido, sin más horizonte. Llevan años diciendo que la universidad tiene que estar al servicio de las empresas, en vez de hacer de contrapeso a su exagerado poder. Llevan años no solo recortando fondos y echando pestes de los profesores, lo cual es una estrategia más o menos disimulada; es que llevan años actuando con mucha más claridad y eliminando de la educación todo lo que no sea estrictamente formación profesional, todo lo que pueda formar a una persona y no a un obrero. No a la música, no a la filosofía, ni pienses en el griego o el latín, pero es que hay listos que dicen que las matemáticas no sirven para nada porque no las usamos (fíjate tú qué concepto de la formación) y que lo que hay que estudiar es programación (que sí, que vale, pero fíjate tú qué manera de mezclar churras con merinas). Bueno, y no se te ocurra plantear enseñar a la gente nada que los convierta en ciudadanos; hay precedentes, y se armó muy gorda. Nada de ciudadanía, nada de valores ni de reflexión sobre los demás. Tú a trabajar y a callar.

Pues ya tenemos la educación despojada de toda utilidad humanística. Una educación hiperpráctica, ultraempresarial, sin pérdidas de tiempo como la música o los colorines, sin chorradas. Dicen que van a firmar un pacto educativo.

¿Sabes cuál es el mayor escollo?

¿Las matemáticas, las ciencias, los idiomas, las humanidades, la filosofía, el arte? ¿Hay retrógrados que, con la que está cayendo y con el poco tiempo que hay para estudiar economía y tornillería y hostelería, todavía quieren meter a calzador alguna asignatura de música o algo así? ¿Que no ven que esas chorradas de la musiquita las pueden aprender por su cuenta, si es que quieren perder el tiempo?

No.

La religión, amigos. Ese es el punto interesante.

Los 14 puntos del pacto educativo: la Religión queda relegada al último

En 2017, en este siglo XXI, van a discutir otra vez largo y tendido sobre la religión. En relación con la educación. Con la educación pública.

Lo obvio, lo evidente, lo único razonable, es discutirlo en 5 segundos:

“¿Qué hacemos con la religión?”

“Cero, evidentemente.”

“De acuerdo. Siguiente tema.”

Pero no; descuida, que la religión no se irá del sistema educativo público, y los curas tampoco, y los profesores nombrados a dedo por los curas tampoco.

A veces dan ganas de tirarse al río, de verdad.

El profesor de internet

5 05+00:00 octubre 05+00:00 2017

Hace un tiempo vi un artículo que se titulaba El profesor youtuber que enseña Física a millones de alumnos. Decía que aspira a ganar el título de mejor profesor del mundo. Es un tal David Calle.

Tenía pendiente ver alguno de sus vídeos, por muchas razones. Una, que me apasiona la enseñanza y tenía que ver a ese fenómeno. Dos, que me duele en el alma la ignorancia que tanto abunda en un tiempo en el que hay medios para que no sea así. Por todo ello, David Calle me cayó bien antes de haberlo visto. Un tipo que hace vídeos para enseñar algo, y más si es física o cosas parecidas, merece mi apoyo sin duda.

Ahora he visto algún trocito de sus vídeos. Y tengo que decir que… no. Que aprecio, agradezco y alabo su esfuerzo, al que no quito valor. Pero, definitivamente, no es el mejor profesor del mundo. Lo siento, David.

He visto el principio de estos tres:

 

Las principales características de esos vídeos son:

  • Un tipo que habla casi siempre con prisa, diría que atropellado.
  • No introduce, no sitúa, no explica de dónde salen las cosas, no da conceptos generales. Va soltando una receta tras otra.
  • ¿Significa que es todo práctico? No; al contrario. Cuando en el primer vídeo dice que hay que saber de memoria que un dm3 es igual que un litro, y simplemente no se te puede olvidar… ¿realmente no se puede hacer que la gente vea lo que es en la realidad un dm y lo que es un litro, y así no lo olvidará nunca? Diez centímetros y un tetrabrik, es todo lo que te hacía falta.
  • No están bien acabados, no están pulidos, no son la clase perfecta ni mucho menos. Me ha dolido ver cómo a los 30 segundos de empezar el tercer vídeo dice “ecuaciones lo más sencillitas posibles”. No; el mejor profesor del mundo no puede colgar un vídeo para alumnos de secundaria cometiendo fallos de concordancia.

David es un ingeniero de telecomunicaciones que según dicen en el artículo se transformó en educador porque se quedó sin trabajo (ejem, por cierto, ¿no era esa la profesión sin parados?). Aprecio mucho su trabajo y su esfuerzo, le felicito, le animo, pero a mi juicio un profesor apresurado, que dispara recetas aunque el alumno no las entienda… adolece de algunos de los males que es más urgente atajar en la educación. Algunos de los mismos males que aquejan a nuestros alumnos: son apresurados, impacientes, irreflexivos, inconstantes.

No quiero ser un pepito grillo. Pero este no es el mejor profesor del mundo, ni mucho menos. Como dice James Rhodes, no hace falta ser el mejor del mundo para hacer algo. Pero tampoco ayuda que te digan que está todo bien o es lo bastante bueno, cuando no lo es.

 

 

Mujeres informáticas: seguimos dando vueltas a la noria

28 28+00:00 agosto 28+00:00 2017

Bueno, aunque sea verano y uno se lo tome todo con vagancia, a veces hay que escribir, aunque sea para no olvidar del todo cómo se hace. Y hoy he leído algo que me ha dado ganas de tomar alguna nota aquí.

Entre los muchos problemas que padecen las mujeres está el enfoque chapucero del feminismo que se ve algunas veces. Es el enemigo en casa. Y ese enfoque chapucero se manifiesta muy a menudo, y me interesa especialmente, porque sí, señoras y señores: soy feminista. Si me dan su permiso.Y si no, también.

Se manifiesta la chapuza en el lenguaje. En todo eso que se habla a veces sobre el sueldo de las mujeres. Y también en el enfoque que se da a la presencia de mujeres en las ingenierías, y en la informática en particular.

Me interesan esos problemas, porque me gustaría ayudar a solucionarlos. Y por eso querría saber todo lo posible. Para buscar una solución hay que entender el problema. Sin embargo, esto está lleno de listillos de libro, que dicen “Eso lo arreglaba yo en dos días”, pero cuando les prestas atención, no tienen  ni idea de nada. No saben nada, no aportan ninguna solución concreta.

Hoy he visto otro ejemplo. Este artículo:

Cómo la informática pasó de ser un trabajo para mujeres a estar dominada por hombres

Parece muy interesante. Pero, como suele ocurrir en estos casos, no responde a la pregunta del titular. No aporta más que opiniones vacías, del autor y de las entrevistadas. Opiniones sin fundamento alguno, suposiciones, posturas personales, que resultan obvias, manidas y por eso mismo inútiles. Todo lo que pone ahí ya se le había ocurrido a alguien; y todo lo que pone ahí no se ha demostrado nunca ni ha tenido ningún efecto positivo.

La formación en ingeniería  es también una formación de carácter. Uno puede ser creativo, busca la belleza, busca soluciones elegantes, pero hay un pequeño problema: lo que hace un ingeniero tiene que funcionar. No hay brindis al sol. Si funciona, sí; ponte todo lo exquisito que quieras. Si no funciona, no nos hagas perder el tiempo. Y en este asunto se habla mucho, se habla gratis, se habla sin pruebas y se repiten una y otra vez cosas que quizás conforten al que las dice, pero hasta ahora no han funcionado en absoluto.

Se cita en el artículo el famoso memorando de James Damore en el que decía no sé qué cosas (no lo he leído) pero entre ellas, al parecer, que hay razones biológicas por las que las mujeres están menos representadas en ingeniería. Una tal  Susan Wojcicki incluso cita emotivamente, como si hubiera sido un suceso desgraciado, a su hija, que le preguntó “¿Mamá, es cierto que hay razones biológicas por las cuales hay menos mujeres en la tecnología y puestos directivos?” No sé lo que contestó Susan Wojcicki; fuera la que fuera su respuesta, no creo que empezara diciendo “Hija, la pregunta es pertinente”. (Su hija, por cierto, hizo una pregunta clara, directa e inteligente, sin prejuicios.)

Tanto Laura Morillo como María José Escalona, citadas en el artículo, empiezan sus respuestas con (y luego repiten alguna otra vez) “creo que” o “no creo que”. Lo cual es legítimo, pero no deberíamos olvidarlo: es lo que creen. Sin más. María José Escalona (que no sé qué aspecto tiene) dice, como algo relevante: “A mí me han llegado a decir: ‘Vaya, no pareces informática'”.

¡Fíjate lo que le han llegado a decir! El caso es… que a mí también me han dicho eso más de una vez. ¿Qué conclusión podemos sacar? (Yo, personalmente, ninguna).

Morillo dice: “He estado mirando un poco su documento [el de Damore] y no presenta realmente cuáles son las fuentes donde, dice él, se demuestran esos factores”. Ciertamente, será así. ¿Dónde están las fuentes que apoyan sus propias afirmaciones, las de Morillo o Escalona? Tampoco las hay: “creen que”. Como Damore, al parecer.

Escalona cita The Big Bang Theory y el estereotipo según el cual la chica más mona [sic] es justo la que no viene del campo de la ciencia. ¿En serio vamos a citar una serie paródica que se basa salvajemente en los estereotipos? ¿En serio el estereotipo más llamativo es el de Penny? ¿Acaso no se hace sangre constantemente con Howard Wolowitz por ser ingeniero, frente a los físicos teóricos? ¿Se le ha ocurrido a Escalona que quizás The Big Bang Theory quite a los hombres las ganas de estudiar ingeniería? ¿O de estudiar ciencia en general, porque los superiores son gente como… Sheldon Cooper?

Escalona cita también un estereotipo de Los Simpson, donde Homer se hace informático para ponerse gordo. ¿Hay en ese estereotipo algo relacionado específicamente con las mujeres? ¿Hay algo en el estereotipo geek, o friki, que vaya dirigido específicamente a las mujeres?

En fin, que tenemos otro artículo cargado de opiniones, sin fundamento alguno y sin nada que aportar. Nada que explique lo que está pasando ni cómo solucionarlo.

Feminismo del chapucero. No es lo que necesitamos.