Archive for the ‘Gilipollity’ Category

Habilidad

10 10UTC febrero 10UTC 2017

Una cosa que me preocupa es que cada vez me sorprenden menos cosas. Y no es que haya visto yo tanto mundo. Pero el otro día me sorprendió una, no sé si justificadamente o no.

Como salgo muy poco de noche, y cuando salgo no soy muy de beber diuréticos, y aunque lo hiciera no soy muy meón tampoco, no tengo yo mucha experiencia usando los servicios de los bares. Hombre, tener tengo mucha, pero nada en comparación con el humano medio, y menos aún en horario nocturno. Ahí soy el nuevo. Por eso no sé si esto es una costumbre habitual que yo, simplemente, desconocía.

El otro día, faltando a mi costumbre, estaba yo en un bar, utilizando cuidadosamente un urinario de pared. Para mí no es lo más usual, pero tampoco nada extravagante; no tendría mucho que contar (y no me gusta escribir sobre asuntos escatológicos, de todos modos).

La cosa es que un tipo entró y se puso a utilizar el urinario análogo de al lado. Esto tampoco es raro. Y yo no miré apenas para él; tampoco es raro, de hecho puede considerarse etiqueta. Aunque estemos en la misma sala, cada uno está en un espacio privado; pequeñito, pero privado. Asimov ha escrito sobre esto en algún que otro libro suyo.

Pero aun sin mirarlo, directamente, sé con absoluta seguridad que llevaba un vaso en la mano izquierda.

Eso es todo.

Llevaba el vaso. Entró con él al servicio. No lo soltó en ningún momento, no lo apoyó, no lo dejó en el lavabo ni en ninguna otra parte. Desarrolló todo el procedimiento con una sola mano, sosteniendo el vaso con la otra. Cuando acabó, se fue con su vaso. Obviamente, no se lavó las manos, porque lavarse las manos sin soltar un vaso ya sería sobrenatural. Bueno, ahora que lo pienso, seguro que era capaz de lavarse una sola, secarse y hacerse la manicura.

Eso es lo que me dejó perplejo. No alcanzo a entender cuál es el motivo para no separarte de tu vaso al entrar al servicio, en vez de dejarlo… no sé, ¿en la mesa, en una repisa, en cualquier parte? Puede ser un licor carísimo… pero no me consta que sea un suceso habitual el que alguien aproveche una ausencia para beberse la bebida de otro (quizás no frecuento el tipo de bares en los que ocurre eso). Quizás le quedaba poco y el miedo del usuario era a que mientras se iba le retirara el vaso el camarero, pero allí no andaban camareros a la caza precisamente, y de todos modos, si era tan poco licor, no veo por qué no podía acabárselo antes… Y finalmente, aun cuando la cosa fuera de “ahora o nunca”, y simultáneamente de “no sin mi vaso”, puestos a meter el vaso en el servicio tampoco sé por qué no podía dejarlo allí en cualquier otro apoyo, bajo su vigilancia estrecha.

Es decir, tenemos a alguien que no puede acabarse la bebida, que tiene que ir al servicio YA, que no puede perderla de vista en ningún momento, y que no puede ni soltarla un momento por alguna misteriosa razón. Pero no solo se ha dado esta concurrencia de circunstancias improbables; en el caso de este hombre, se dan muy a menudo, tanto como para desarrollar la habilidad de efectuar el procedimiento mingitorio íntegramente con una sola mano.

No es que sea un imposible, pero a mí me parece francamente difícil, como mínimo incómodo. El tipo ni pestañeó, os lo aseguro. Llegó después que yo, y terminó antes. Era un experto.

Y así me quedé yo. Es posible que a la hora bruja en los bares de copas sea habitual ir al servicio vaso en mano. Es posible que la gente, por lo general, pueda desabrocharse pantalones, cinturones, y todo lo demás, con una sola mano y suma facilidad, y hacer determinadas manipulaciones y luego volver a abrocharse todo. Pero yo todavía me estoy frotando los ojos.

 

 

El cocinero estrella

9 09UTC agosto 09UTC 2016

No aguanto las mentiras, y por eso no aguanto los realities. Y por eso no aguanto los concursos de cocineros. Y me cuesta aguantar en un país que encumbra a tipos como estos.

Hoy leo una entrevista con uno de ellos. Suelo leer movido por la curiosidad, y encantado de que lo que leo me haga cambiar de opinión o destruya alguno de mis prejuicios. Y me decepciona cuando, por el contrario, lo que leo me reafirma en mis impresiones o mis prejuicios.

Leo:

P. Conozco dos cocineros que tienen vidas parecidas. Chicos de familias educadas, malos estudiantes, quizá hiperactivos… Fueron a una escuela de cocina porque en la universidad no lo tenían claro y allí se hallaron.
R. Me suenan ligeramente cosas de las que dice. Un cocinero es un tío ansioso que ha nacido para ser un artesano, para aprender en el trabajo. Yo mismo soy una persona muy activa que necesita estar motivada en lo que hace. ¿Me llevó eso a ser un mal estudiante? Sí.

Fíjate tú. Ser artesano, aprender haciendo, ser activo y estar motivado… son cosas te llevan a ser un mal estudiante. Esto es lo que se llama hacer de la necesidad virtud y convertir los bugs en features. Un hombre de su tiempo, no se puede negar. Sigamos:

P. ¿Le iba mal en el colegio?
R. Sí. La EGB no consiguió motivarme, está claro. Mire, yo entiendo que hay muchos niños en cada clase y que hay que estandarizar la educación, pero eso de “a los cuatro años tienes que leer, a los cinco tienes que sumar, a los seis…”, y todo por obligación. Eso no iba conmigo y no debería ser así. La educación debería preocuparse por atraer a los niños. Cuando yo empecé a trabajar, me gustó, me sentí motivado y entonces empecé a leer y a estudiar muchísimo.

Otro de esos estudiantes que han aprendido la cantinela de que la EGB (la enseñanza en general) es la que tiene que motivarles a ellos. Compañero, con ese concepto de la motivación el trabajo no tiene mérito, porque simplemente no es trabajo. Dice “no consiguió motivarme”, como si la que hubiera fracasado fuese la EGB y no él. “Todo por obligación… eso no iba conmigo”. Claro, eres uno de esos románticos, una mente libre y creativa que rompe las normas. Pero igual lo que pasa es que eres un vago que solo hace lo que le gusta (y en NADA se puede avanzar si uno solo hace lo que le gusta). Pero espera, que la respuesta continúa:

Sólo me cabrea el puto inglés, que no me entra en la cabeza.Me vienen clientes extranjeros y tengo que salir a saludarlos con un traductor, cosa que me da mucho por saco.

Hummm… claro, es que el “puto inglés” es de esas cosas que solamente se aprenden con esfuerzo, y haciendo algunas cosas que a uno no le apetecen. Es decir, que te motiva mucho tu trabajo, pero lo del inglés no… que lees y estudias muchísimo, pero el puto inglés se te atraviesa…

Jordi de mi alma, yo tengo una explicación. Aprender inglés requiere un esfuerzo, y las tareas que hay que hacer no siempre son motivadoras ni tienen recompensa inmediata. Así que no es de extrañar que no se te dé.

Pero no te preocupes. Siempre puedes decir que el Reino Unido fracasó porque no consiguió motivarte a aprender inglés.

La cosa no va a mejor. Agárrate y lee esto:

P. ¿Por qué los cocineros que salen en los periódicos son hombres?
R. Había una razón histórica: las cocinas, antes, eran infiernos con el fuego y el material, que era pesadísimo. Los cocineros tenían que ser gladiadores. Ahora ya no ocurre eso, no hay ningún motivo para que el hombre tenga más éxito que la mujer. Lo que importa es la capacidad de liderazgo sobre el grupo, y en eso lo tenemos igual los hombres y las mujeres.

No ha dicho que las mujeres no tenían apenas oportunidad de montar negocios o llevar empresas por sí mismas, o cualquier otra cosa. O que ahora mismo son tan buenas como ellos, pero seguimos siendo machistas. Dice el tío… ¡que hay una razón histórica! ¡Que la cocina es un trabajo muy duro, es metalurgia, amigos, siempre fue cosa de hombres! ¡Una tradición de hombres cocinando, y de mujeres que no se acercan a la cocina porque las ollas pesan mucho!

De verdad que flipo en todos los colores del arco iris y parte del ultravioleta. Pero ¿de qué planeta viene este tío?

En fin, no hace falta que vaya al resto de la entrevista. Lamentablemente, no tengo mejor opinión de él que antes.

Yo alucino con este tío

23 23UTC julio 23UTC 2016

Ayer me encuentro esto en un escaparate de una librería.

Rvr rules

Este tío me tiene patidifuso. Todos los días.

Con toda la ayuda del mundo, aun así es el cuarto; ni medalla, tiene. Pero él cree que es Churchill. (No es extraño, con la cobertura que le dan la televisión pública y otras; hasta yo me creería guapo, listo y con melena).

De esa portada se extrae la suposición de que el rey va a pedir a un partido político que vote de determinada forma en el parlamento. Eso, de por sí, ya es verdaderamente acojonante y me deja sin palabras.

Pero es que esto es mucho, mucho, mucho mejor. Además de hacer eso… ¡lo va a hacer porque se lo va a pedir Rvr!

Todos los chistes sobre Chuck Norris, o los del Hormiguero sobre el hombre de negro, hay que cambiarlos. Aquí el capo di tuti capi es Rvr. El que inventó internet, descubrió la penicilina y ganó el mundial para España.

Ya no nos hace falta el club de la comedia.

Gilipolling

27 27UTC mayo 27UTC 2016

– ¿Así que haces running?

– No, no. Yo lo que hago es que a veces salgo a correr.

[P.D.: Hace unos cuantos años, eso de correr se llamaba unánimemente footing. Cosa que no existe ni siquiera en inglés. Así que en este tiempo los gilipollas han mejorado algo, hay que reconocerlo.]

 

Argumentos taurinos

19 19UTC mayo 19UTC 2016

Pasó con el tabaco, y pasará con tantas otras cosas. Los argumentos estúpidos, digo.

Cuando hablas de un problema, tiene sentido traer otro a colación:

  • Si están relacionados, si forman un dilema. Por ejemplo, si hay que elegir entre gastar dinero en X ó en Y, pero no hay para las dos cosas, tiene sentido que cuando se está hablando de X menciones Y.
  • Para clarificar una postura en relación a otra. Por ejemplo, si hay un dilema moral X complejo, puedes traer Y como ejemplo para extrapolar algo.
  • Para reducir algo al absurdo. Si alguien sostiene X e Y, y ambas son contradictorias, cuando alguien argumenta sobre X puedes traer Y para poner de relieve la contradicción.

Pero lo que es estúpido es el argumento de “mientras no se solucione Y, no puedes quejarte de X”. Aunque X e Y no tengan absolutamente ninguna relación, no sirvan como ejemplo uno de otro, no sean contradictorios en absoluto.

El otro día leo a un tal Antonio Lorca, en El País, decir “Yo no soy un torturador“. Vamos a leer lo que pone.

No; yo no soy un torturador, ni un maltratador, ni disfruto con la violencia o la visión de la sangre.

Bueno, no creo que seas estrictamente un torturador, no sé si eres maltratador, pero es un hecho indiscutible que disfrutas con la violencia o la visión de la sangre, por lo menos en algunas circunstancias concretas.

¿Qué les escandaliza de la fiesta? Sin duda, la supuesta violencia contra el animal, la sangre derramada, la muerte real… Es verdad que una corrida de toros es un espectáculo cruento, siempre caro, generalmente incómodo, y, a veces, maloliente. Pero como la vida misma, solo que nuestra existencia está edulcorada por el buenismo imperante de lo políticamente correcto.

Yyyyyy ya estamos con gilipolleces.

Lo que nos escandaliza de la tauromaquia es la violencia contra el animal, sí. Punto. Pero no es supuesta, Antoñito. No me torees, si me permites la expresión.

Y luego dice: es verdad que es un espectáculo cruento, caro, incómodo, maloliente. Antoñito, todo eso nos importa una mierda, eso es un problema tuyo. Y cuando uno intenta desviar tanto la atención es porque no tiene argumentos mejores. Porque el siguiente paso es quejarse del buenismo o de la corrección política. Impedir la tortura de un animal no es corrección política, Antoñito. Pero no sé qué cojones es el buenismo, y sospecho que es un subterfugio para decir “bondad” de manera que parezca que la bondad es mala. Y si la bondad te parece mala, Antoñito, nos separan más cosas que la tauromaquia.

Pero espérate, que Antoñito continúa con esta lógica impecable:

Se ha escrito recientemente en este periódico que ‘las plazas de toros pronto serán mostradas por los guías turísticos como espacios donde antiguamente se celebraba una carnicería que algunos llamaban cultura’.

¿Las plazas de toros? Seguro que su autor no ha cruzado la carretera M-30 por el puente de Ventas, que cada noche es utilizado como dormitorio por un grupo de inmigrantes apiñados, mal vestidos y mugrientos. Sin duda, pronto, ese lugar será mostrado por los guías como un espacio en el que se hacinaban [sic] a miserables seres humanos mientras algunos lo llamaban solidaridad porque se les ofrecían unas mantas para justificar la mala conciencia colectiva. Pero los inmigrantes no dejan rastro de sangre en el puente, aunque su situación es un maltrato inhumano.

¿…?

¿…Qué…?

¿Qué coño quiere decir eso, Antoñito?

¿Que las plazas de toros tienen algo que ver con la pobreza? ¿Que quienes se oponen a la tauromaquia son más culpables de la pobreza que los taurómacos?

¿Hay algún dilema que se me escapa entre mantener la tauromaquia y erradicar la pobreza? ¿Sirve el puente de la M-30 de ejemplo para aclarar algo respecto al dilema entre entretenimiento y tortura animal? ¿Revela ese puente alguna contradicción con los argumentos de quien dice que no hay que hacer sufrir a los animales más de lo estrictamente necesario?

El tío sigue y habla ¡¡¡de los andaluces que están en lista de espera para ayudas a la dependencia!!! Se lanza a la denuncia social… ¿para defender la tauromaquia? ¿Dónde estoy, que me he perdido?

Además, ¿no quedamos en que el buenismo y la corrección política eran cosa de la bazofia antitaurómaca? ¿A qué viene ahora este arranque de sensibilidad?

Pero más adelante, tras unas cuantas gilipolleces más, dice Antonio:

¿Qué pasaría si desaparecieran las corridas de toros? ¿Seríamos mejores personas? ¿Viviríamos en un mundo más humano?

Te contesto, Antonio: , y . Seríamos obviamente mejores personas si no aceptáramos maltratar animales para nuestro entretenimiento, cuando tenemos tantísimas opciones para entretenernos y crear arte, infinitamente más que nunca en la historia.

Para terminar con su sarta de gilipolleces, Antonio Lorca cita a alguien, porque así se ve (cree él) lo culto que es. Es el otro argumento de los taurómacos: el de autoridad (que ni siquiera son conscientes de que es falaz). Pero el tío va y cita… a un torero de 1929 (eso sí, hablando en una universidad y en Nueva York, que así es todo la hostia de culto). Y decía el torero:

Cuando la humanidad esté en un grado tal de civilización que no quede ninguna crueldad, entonces sería cosa de hablar de suprimir las corridas de toros. Pero mientras los seres humanos hablen tranquilamente del número de hombres que cada nación puede matar en un momento determinado, hablar de la crueldad de las corridas de toros es ridículo.

Ahí está. El argumento gilipollas por antonomasia. Yo, mientras haya alguna injusticia mayor por ahí, puedo seguir cometiendo la mía impunemente; no necesito hablar de ella ni defenderla, mi coartada es la crueldad de los demás.

Antonio, entonces el 99% de los litigios son irrelevantes. Si a un familiar tuyo le roban el coche, ¿qué es eso frente al devenir de millones de personas que sufren de verdad? Pelillos a la mar, hombre.

Por cierto: muy interesante la supuesta conferencia del torero. Ahí se ve que efectivamente la violencia en los toros es “vista y no vista”, que miran para otro lado; y que ¿por qué torean los toreros? Por fama, y punto.

Poco después, leo otro artículo, estomagante y sobón, escrito por Paco Rego: “Los toros contados a una niña de 14 años por su papá torero“. Lo leo con interés. ¿Algo nuevo? No; la misma incultura, los mismos tópicos, la misma cobardía de siempre. Pero al menos, el tío (Joselito) admite:

Te haces adicto al riesgo. Y cuando dejas de torear te invade un vacío tremendo, no eres nadie.

Y más adelante, deja claras dos cosas de golpe:

Es algo generacional, si los jóvenes ven a los de su edad torear acaban entendiendo mejor. Si sólo ven y escuchan a mayores fanáticos que intentan humanizar a los animales, progres falsos de ciudad, filósofos raritos y juntaletras, esos que han montado toda esta historia, entonces los chicos se harán otra idea.

Traducido: hay que educar a la gente de pequeña para que se haga insensible a lo que hacemos, que es asqueroso. Los animales no son humanos, así que que se jodan. La gente culta que razona y por tanto no le baila el agua son para él “filósofos raritos y juntaletras”. Ni una palabra sobre los hechos claros y diáfanos.

El periodista lameculos, cómo no, trae otro tópico más de este tipo de escritos: los toreros y los taurómacos son gente cultísima. Mira, mira qué cosa más sorprendente, ¿no alucinas en colores?

No va con él el discurso de un torero al uso. A Joselito le interesa Carlo Magno [sic], lee a García Márquez, a Vargas Llosa, a Marguerite Yourcenar y hasta se atreve con la filosofía. “Nietzsche me ha dejado impactado, vaya tormento el suyo”, reconoce. Antes que el filósofo alemán leyó Cien años de soledad, la novela, según él, que le aficionó a los libros.

Hostia, tú, no lo sabía. Si lee a García Márquez, a Vargas Llosa, a Yourcenar y hasta a Nietzsche (¿filósofo rarito, juntaletras?) entonces ya es otra cosa, he cambiado de idea, y eso que no ha mencionado a Coelho, que entonces ya me caigo de culo. Como el periodista, un tío formado (¿rarito, juntaletras?) que nombra a Carlo Magno, que creo que era primo de Alejandro Magno, y dice que Joselito leyó Cien años de soledad antes de que lo hiciera Nietzsche, cosa muy normal, ya que Nietzsche murió 67 años antes de que se publicara la novela. O quizás es que el periodista no es ni siquiera juntaletras y no sabe escribir.

En fin. Al final llegamos al mismo sitio que Antoñito: que le preocupa más el sufrimiento humano. A mí también, no te jode. Y qué.

Amigos taurómacos: vamos a aclarar las cosas.

  • No os considero (no a todos y cada uno, al menos) alimañas sádicas y torturadoras que disfrutan estrictamente con el dolor ajeno.
  • No niego que torear se pueda considerar una manifestación artística. No deja de ser una forma de baile o de deporte. Yo puedo apreciar perfectamente el interés artístico del toreo. No me lo expliquéis.
  • Es una actividad en la que se ataca salvajemente a un animal prácticamente indefenso, clavándole hierros en distintas etapas, algunos de los cuales se le dejan colgando.
  • Sé que no veis este último punto, sé que os habéis acostumbrado a no verlo. Sé cómo funciona eso; yo mismo fui sometido al mismo proceso desde pequeño.
  • Solo hay que afrontar una pregunta: ¿se justifica destrozar un animal durante una actividad escénica o artística? No le deis vueltas; el dilema es ese. Yo opino que no; vosotros, seguramente, que sí. Hay gente que justifica la tortura policial, y otra que no; hay gente que prefiere criminales sueltos que inocentes encerrados, y gente que prefiere inocentes encerrados que criminales sueltos.

Lo que no se puede es dar vueltas sobre si el toro sufre o no, o echar cortinas de humo. Sed valientes, y decid que os gusta tanto el toreo que compensa el inconveniente de torturar al bicho. Es un argumento defendible y al menos tiene su lógica.

 

 

 

 

Las banderas autonómicas

18 18UTC mayo 18UTC 2016

El otro día decíamos que nuestro proetarra ministro de exteriores defendió que se pudiese ir a ver la cagarruta de Eurovisión llevando una ikurriña.

Ahora sabemos que no se va a poder llevar esteladas a la cagarruta de la final de la Copa del Rey de fútbol.

Me lo explique.

U séase, que tiene más sentido llevar una ikurriña a la final de Eurovisión que una bandera catalana a la final de la Copa del Rey, en la que juega el Barcelona.

Digo “me lo explique”, y Concepción Dancausa va y me lo explica. Al parecer, dice que el fútbol no debe ser un escenario de lucha política.

¿Me… lo explique?

Dice Dancausa, o el periodista, porque nunca se sabe, que esto se basa en la aplicación del artículo 2.1 de la ley del deporte, y que reza así:

la exhibición en los recintos deportivos, en sus aledaños o en los medios de transporte organizados para acudir a los mismos de pancartas, símbolos, emblemas o leyendas que, por su contenido o por las circunstancias en las que se exhiban o se utilicen de alguna forma inciten, fomenten o ayuden a la realización de comportamientos violentos o terroristas, o constituyan un acto de manifiesto desprecio a las personas participantes en el espectáculo deportivo

Las negritas las pone el periodista, supongo.

Repasa el texto pensando en tu bandera autonómica, porfa. O en la bandera española cuando juega la selección española.

¿Meloexplique?

¿Melosplique?

Si yo fuera catalán, ¿qué tendría que pensar?

Lo que dice Concepción Dancausa, y ya antes de que nadie pite al himno ni nada, ¿no es un delito de ultraje contra los símbolos del estado, o algo así? ¿Decir que una bandera incita, fomenta o ayuda a la realización de comportamientos violentos o terroristas?

Los niños y las niñas

6 06UTC abril 06UTC 2016

En El mundo sacan una noticia que, como casi todas, supongo que es mentira. Pero que en este caso supongo también que tiene una parte importante de verdad. Dicen que Prohibidos los “alumnos” y los “andaluces” en las escuelas de la Junta. En la literalidad no, pero en lo esencial esto me lo creo.

Y luego atribuyen unas palabras a Adelaida de la Calle, consejera de Educación: ¿De verdad cuesta tanto decir ‘los niños y las niñas’? Como esto sale en un periódico, y además es el mismo, tampoco me lo creo, y he buscado las declaraciones en vídeo, pero no las he encontrado.

Así que voy a suponer que esas declaraciones existen, y ya que Adelaida de la Calle lanza la pregunta, el cuerpo me pide contestarla. ¿De verdad cuesta tanto decir “los niños y las niñas”?

Sí, Adelaida. Sí que cuesta; cuesta infinito. Por muchas razones.

  • Porque es una soberana gilipollez.
  • Porque es un error mayúsculo.
  • Porque aunque no fuera una gilipollez ni un error, no funciona.
  • Porque es una pura caza de brujas sin ningún sentido.

Adelaida, una catedrática y rectora conoce, seguro, la vieja historia de los monos y la escalera. Se dice que unos científicos tenían unos monos en una jaula, y pusieron en el medio una escalera en cuya cima había unos plátanos. Pero cada vez que un mono subía a por ellos, duchaban al resto con agua fría. Al poco tiempo, aprendieron la relación, y en cuanto un mono se ponía a subir la escalera, los demás lo bajaban de mala manera. Ya no hacía falta el agua fría; ningún mono intentaba subir. Después sustituyeron un mono por otro nuevo, y en cuanto intentó subir la escalera, se llevó su consabida paliza y aprendió la lección. Siguieron sustituyendo monos, y acabaron con un grupo de monos que no subían la escalera ni permitían que otro mono la subiera, aun cuando nunca habían recibido una ducha ni sabían por qué no se debía subir.

De alguna manera, esto es lo que ha ocurrido con el lenguaje supuestamente sexista. La diferencia es que esto no lo inició ningún científico, ni siquiera un mono; peor aún, lo inició alguien con muy pocas luces. Y, por mor de la corrección política, la estupidez se suele convertir en un falso dilema; como cuando tenías que ser o simpatizante de Aznar o simpatizante de ETA.

Y así estamos ahora.

Adelaida, cuesta mucho volverse gilipollas a propósito, y más aún si es a la fuerza, para evitar que te tachen de machista. Cuesta mucho unirse a esa tropa de descerebrados que creen estar usando “lenguaje inclusivo”. Ya no es que sea farragoso, costoso o cansado; es que es imposible. Nunca, jamás, he visto un texto escrito en “lenguaje inclusivo” que fuera correcto o siquiera coherente en su incorrección. Cuesta mucho ceder a la injusticia, a la imposición de los menos capaces. Ya lo hacemos a diario de manera implícita.

No pretendas obligarnos a hacerlo explícitamente al escribir en la lengua que amamos. Por favor.

 

Huelga de terrazas, dicen

25 25UTC enero 25UTC 2016

Empezaba la nueva década refiriéndome a lo que en realidad es un coletazo de la ley sobre el tabaco, donde los mismos de siempre protestaban por todo lo protestable y hacían presión para cambiar las leyes a su antojo (y acto seguido quejarse por inseguridad jurídica, supongo).

Casi todas las semanas paso por la Avenida de Galicia. Si me acuerdo, procuro ir por la acera de la izquierda, porque en la acera de la derecha hay “terrazas”.

Pese a ser una acera ancha y sin demasiado tránsito de gente, la acera derecha resulta un fastidio, casi intransitable. Apenas tienes sitio para pasar, pero además ese sitio se ve constantemente entorpecido por clientes de los restaurantes, que entran, o salen, o se paran a charlar. Encima, está todo lleno de humo de tabaco, con lo que pasar por ahí es lento, molesto y encima asqueroso e insalubre.

El otro día la noticia fue que los hosteleros de esa calle hacían una especie de huelga de terrazas, en protesta por la entrada en vigor de una norma que se había anunciado un año antes y que se había aprobado por unanimidad (y mira que eso es difícil). Es decir, que tenían las terrazas quitadas. Aunque, obviamente, sus trastos y sus sillas seguían en la acera, solo que recogidos.

Fue una maravilla pasar por allí. Me di cuenta de cómo era esa calle en realidad. Una calle amplia, limpia, con aire respirable (a pesar del tráfico) y donde uno podía caminar con normalidad hacia sus asuntos, sin hacer eses ni sortear nada. Y eso que, como digo, todavía había bastante espacio público ocupado para fines privados.

De todos modos, era un día de perros, muy frío, lluvioso. Pensé que no costaba nada hacer huelga de terrazas ese día (¿qué bobo iba a estar allí afuera sentado pelándose de frío?) y que ya veríamos qué hacían con buen tiempo; que poco iba a durar el plante, por desgracia.

Pues ya tenemos la respuesta. Como hace bueno, la huelga para otro día, y las terrazas a la calle. Ríete tú de los partisanos yugoslavos, la resistencia francesa, el general Moscardó y Guzmán el Bueno. Esos no eran más que unos flojos de espíritu.

De todas maneras, en esta foto de la noticia puedes ver que incluso cumpliendo (supongo) la ordenanza es un verdadero coñazo pasar por esa avenida. Pero ellos quieren más. Y si no, todos los días que haga mal tiempo van a quitar las terrazas, como medida de presión. Y yo voy a hacer huelga todos los domingos y fiestas de guardar.

Avenida de Galicia

¿Pero es que nadie piensa en los niños?

29 29UTC diciembre 29UTC 2015

Coges a un niño. Un ser completamente indefenso y receptivo ante lo que le dicen los mayores.

Le infundes ideas religiosas, se las grabas en la mente posiblemente para el resto de su vida. Le infundes sentimientos de miedo a un dios superior, la idea de castigo, le hablas del infierno. Esto se lo enseñas también en la escuela, al lado de las matemáticas o las ciencias naturales, a través de la figura del maestro (alguien que sabe más aún que los padres) para que resulte indudable. Puede que incluso el colegio mismo sea religioso; no existen “colegios matemáticos”, ni “colegios de ciencias naturales”, pero sí colegios religiosos. Fíjate si los religiosos son creíbles que pueden enseñar todo lo demás, pero lo contrario no ocurre nunca.

Le cuentas que hay unos reyes que vienen de Oriente y traen regalos. Que en una sola noche visitan todas las casas, desplazándose en camellos, entrando por las ventanas, y hacen todo el reparto de millones de juguetes. Porque son magos. Para aderezar la mentira también lo completas diciendo que tienen ayudantes, pajes, cosas así. Los informativos, los medios de comunicación… todo el mundo colabora para hacer verosímil la mentira.

Los ayuntamientos organizan cabalgatas, donde personas disfrazadas se muestran ante los niños para que vean que esos reyes magos existen y han venido. Están en todas partes a la vez, son todos distintos unos de otros… Hay mil incoherencias, pero nuevamente todo el mundo colabora, insiste en la magia y hace como si no pasara nada.

Pues Concepción Dancausa cree que, de toda esta historia, de principio a fin, lo que confunde a los niños es la posibilidad de que alguno de esos reyes sea una mujer.

No les confunden las creencias sobrenaturales, la amenaza de un infierno, los religiosos disfrazados de profesores, el enseñarles a creer en absurdos, el adiestrarlos para que asuman y acepten incoherencias lógicas que están ante sus propios ojos, la violación constante de las leyes de la física y el sentido común. Lo que confunde a un niño es una mujer en el reparto.

Pues vale.

 

La France en guerre (III)

23 23UTC noviembre 23UTC 2015

Estos días circula por el whatsapp y otros sitios igualmente autorizados un mensajito de esos cuyo autor la gente ni siquiera cita. Al parecer es de Ignacio Camacho, y se titula “Las campanas de Hemingway“.

El mensaje no sólo tiene bastante demagogia (en la segunda acepción, la que alude a los sentimientos elementales de los ciudadanos) sino una sarta de mentiras y chorradas. Pero bueno, ha calado eso de qué buenos son los franceses, ojalá fuéramos como ellos y cantáramos el himno.

Hay algunas diferencias. Para empezar, y no es poca cosa, el himno francés tiene letra. (¿Cómo coño querrá la gente que cantemos el himno español?)

Pero por lo demás, sugiero que mires la historia de cada himno. Quién lo impuso, quién lo prohibió, en qué períodos. A qué se asocia cada uno. Y luego decide qué himno cantarías si te dieran a escoger.