Archive for the ‘Música’ Category

Eurovisión

13 13UTC mayo 13UTC 2018

Hace mucho tiempo que soy indiferente a Eurovisión, como mínimo. Más o menos como a los Oscar. Ayer soporté alguna que otra actuación, y hoy vi algo más en diferido (no todos los días sale Caetano Veloso cantando en directo en televisión).

Y mi resumen es este.

  • Cuando supe quiénes eran los favoritos de las casas de apuestas (esa tipa de Israel y la otra tipa de Chipre) me daban ganas de llorar. En los dos casos. Y más cuando vi que efectivamente iba a ganar una de las dos.
  • La de Israel me pone malo con sus movimientos de cabeza, que apetece darle una colleja a ver si se le pasa la tortícolis esa que tiene. La de Chipre es un pibón de quien presentan como aval el parecerse a Beyoncé (que se le parece como un huevo a una castaña, pero si se pareciera sería peor, porque Beyoncé me parece nefasta, un tristísimo desperdicio de recursos).
  • La canción de España era todo lo pastelosa que se quiera, pero tengo que reconocer que era una de las mejores canciones y fue una de las mejores interpretaciones. Hala, ya lo he dicho.
  • Voy a decir otra herejía. Salvador Sobral me parecía un cantante tirando a mediocre. De su canción de ayer puedo decir que me confirmó que a mí este tío no me funciona. Para ver gansadas, prefiero a Chikilicuatre. Creo que tuvo la suerte de llevar una canción muy bonita, pero a él le veo un talento justito, justito, lo que se dice justito. De acuerdo en que la voz no lo es todo, es muy importante estar… pero es que este tío no sabe estar, tampoco. Lo siento.
  • Sin embargo, allí estaba al piano Júlio Resende. Un figura, un tipo al que sí admiro un montón.
  • Y, sobre todo, no consigo entender cómo pueden hacer técnicamente ese espectáculo. Esos decorados, esas luces, esos trastos que tienen que meter y sacar del escenario en segundos. Me impresiona.
  • La que ganó es, para mí, una estrafalaria de tres al cuarto, un fraude de principio a fin. Pero al final, poniéndonos positivos, podía ganar una mujer gorda o una mujer pibón, y ganó la mujer gorda. Algo es algo.

Y eso dio de sí Eurovisión. Ya es mucho más que en años anteriores, porque generalmente procuro no verlo.

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Menudas mierdas que validamos hoy

2 02UTC mayo 02UTC 2018

El otro día un concursante de La Voz en Australia, un tal Oskar Proy, cantó una versión libre del Asturias, patria querida. Ha tenido repercusión porque en Asturias siempre que alguien nos hace caso nos volvemos locos. La versión era esta.

Nada del otro mundo, pero bueno. La versión no es muy buena ni muy mala, tiene ciertos méritos y ciertos deméritos. Allá cada cual con sus gustos y con cuán en serio se tome la afectación que impera en estos concursos, tanto en concursantes como en jurados.

El caso es que entre las reacciones un músico asturiano de primera fila (ejem) ha dicho (según un periódico):

[…] yo creo que vivimos unos tiempos en los que se validan cosas que en condiciones normales pasarían inadvertidas en otras épocas. [Las redes sociales] tienden a valorar lo fácil.

Es una reacción válida como otra cualquiera. Lo raro es que esto lo diga precisamente aquel que propuso para esa misma canción una letra que… en fin.

Su letra le parecía estupenda. Y la versión de este chico le parece algo que en otra época pasaría inadvertido, y que es “fácil”.

Yo no sé si me gusta la versión de Proy o no. Pero sí sé, sin duda, que es un trabajo infinitamente mejor que la letra del crítico este.

 

 

El día que Sheila Jordan me llamó gatu

30 30UTC abril 30UTC 2018

El pasado lunes 23 de abril murió Bob Dorough. El nombre no te dirá mucho. Pero quizá hayas visto en algún programa de tu infancia algún dibujo de esta guisa:

Bob, músico de jazz, compositor, arreglista, tuvo un inesperado éxito componiendo y grabando la música de Schoolhouse Rock!, unos pequeños videoclips educativos muy populares en Estados Unidos. Yo sospecho que algunos se emitieron en España en programas como Un globo, dos globos, tres globos y similares. Pero no estoy seguro; muchos eran de gramática inglesa o de temas americanos, difíciles de trasladar aquí.

Además de eso, Bob es uno de esos cantantes que, sin tener aparentemente una gran voz, gozan de reconocimiento dentro del mundillo. Pero además era, aparentemente, un hombre bueno y con gran sentido del humor. Compuso algunos de mis temas favoritos, y me apena mucho que nos haya dejado. Como mínimo homenaje, dejo aquí una interpretación suya del tema ‘Tis Autumn, un tema que no es suyo pero que es claramente mi versión preferida. Deja oír la mezcla de melancolía y alegría que el tema requiere, y solo Bob podía cantar imitando así cómo hablan los pájaros. Una pequeña joya, dale una oportunidad. Habla de cómo llega el otoño y hay que prepararse, y hoy sin Bob es un poco más otoño, pero así es la vida:

Los árboles dicen que están cansados, han dado demasiada fruta;
estropeados junto al camino, no hay discusión.
Ahora tiran hojas, les importa un bledo.
¡La di da di da di da, otoño!

El viejo Padre Tiempo lo ha comprobado, así que no hay duda;
llamó al viento del Norte,
e hizo bocina con las manos para gritar:
“¡La di da di da di da, otoño!”

Entonces se juntaron los pájaros para piar del tiempo,
[pío pío pío pío]
y después de tomar su decisión, con esa precisión pajaril,
se giraron y apuntaron derecho al sur en fila.

Que yo te agarre fuerte no es delito, de verdad
Pregunta a los pájaros y los árboles y al viejo Padre Tiempo.
Es solo para ayudar a que suba el mercurio.
¡La di da di da di da, otoño!

Pues una amiga de Bob Dorough es Sheila Jordan. Una leyenda viviente. Una mujer de 89 años íntima de Charlie Parker, que trató con Bill Evans, que era amiga de Bob pero también de Mark Murphy, que conoció a todos los grandes, que vio crecer el bebop. Una gran persona, alguien entrañable, que se hace querer. Un fin de semana inolvidable, y es que pocas veces te acompañan músicos como César Latorre y Horacio García mientras cantas delante de alguien de la talla de Sheila. Ahí estrené mi versión de When Sunny gets blue. Al acabar me dijo: “¡Ha sido maravilloso!” y “¡ha sido bonito!” Ante comentarios del pianista sobre si yo estaba haciendo bien los silencios, dijo que “tan pronto como ese gato empezó a cantar, supe que era instrumentista”. “Gato” es como, en argot, llaman en Estados Unidos a los músicos de jazz (por eso Los aristogatos son gatos). Mis silencios le parecieron perfectos.

Es como si te llaman tipo. Pero para mi fue muy especial que Sheila Jordan me llamara gato. En el pasillo insistió en que le gustaba mucho lo que hacía, y en que siguiera haciéndolo. Y al día siguiente, al despedirnos, otra vez. Y es lo que escribió en la partitura que pedí que le firmara: keep singing.

Y si lo dice Sheila Jordan… tendré que seguir. No todo el mundo puede decir que le ha animado una amiga de Charlie Parker.

 

Las letras de Marta Sánchez

19 19UTC febrero 19UTC 2018

Hace tiempo fui a un taller sobre escritura de letras para canciones. El profesor era Pablo Moro. Una de las cosas que más me interesaban, y pregunté, era si había realmente alguna forma, gustos aparte, de identificar una letra mala. Es decir, hay arte que nos gusta y arte que no, pero en el arte hay una parte de oficio, y un oficio se puede hacer bien o mal. Hay cosas que objetivamente están hechas como el culo. Aunque funcionen comercialmente, aunque emocionen a gente, aunque esa gente sea mucha. ¿No se puede señalar, fría y profesionalmente, por qué están mal? Bueno, no pude llegar a ninguna conclusión.

Pero yo tengo mis ideas.

Estos días se habla mucho de que Marta Sánchez ha escrito una letra para el himno de España. Obviamente, el día que cantó eso recibió un montón de aplausos, la emoción se palpaba, en fin. Y le han salido montones de entusiastas apoyos. Como cuando fue a cantarles a los soldados. Hay cosas que funcionan siempre. Supongo que lo sabe. O que es así de verdad, más bien.

Se ha montado el gran pitote, como siempre, entre los que quieren sacar pecho del azar de haber nacido en España y darles con la bandera en el hocico a los que se lo tomen con más calma que ellos, y por otro lado los que… bueno, los que funcionan a la contra. Qué más da. Los políticos han hecho su parte (su oficio, ya que hablamos de oficio) que no voy a calificar. Carlos Herrera también ha hecho su parte habitual y tampoco voy a calificarla/o.  También hay debate, en general, respecto a si el himno debe tener letra o no. Un montón de debates, en resumen.

Pero a casi todo el mundo se le está yendo lo esencial.

Lo esencial no es si Marta es valiente o no (lo es; lleva siendo valiente desde el primer día que se subió a un escenario a cantar). Tampoco quiero entrar en si Marta hace bien o no sintiéndose tan, tan, tan española. Ni si puede o no cantar lo que le plazca o sienta, que puede, claro. Ni si tiene sentido que la letra del himno sea una letra de emigrante, por así decir. Se han dicho muchísimas burradas, desde siempre, respecto al himno nacional (una reciente: este tipo, que afea la sordera de los demás y se presenta como un poco más leído y escuchado, dice que el himno sin letra que elegiría él sería… Entre dos aguas, y si tiene que ser con letra, Volando voy. Sin comentarios). No voy a nada del contexto, que da para mil debates en vano.

Lo primero es si la letra es buena o mala.

Y es mala. Mala con ganas. Mala con vocación. Por lo visto, Marta estuvo trabajando en esto mucho tiempo, y en una frase la ayudó su productor. Para este resultado:

“Vuelvo a casa, a mi amada tierra,
la que vio nacer mi corazón aquí.

Hoy te canto para decirte cuánto orgullo hay en mí,
por eso resistí.

Crece mi amor cada vez que me voy,
pero no olvides que sin ti no se vivir.

Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón
y no pido perdón.

Grande España, a Dios le doy las gracias por nacer aquí,
honrarte hasta el fin.

Como tu hija llevaré ese honor,
llenar cada rincón con tus rayos de sol.

Y si algún día no puedo volver,
guárdame un sitio para descansar al fin.”

Y volvemos a aquella duda que le planteé a Pablo Moro un día. Y volvemos a temas que ya he tratado aquí; se diría que los que quieren mejorar las letras de los himnos nacionales son precisamente los más inútiles.

No es de recibo una letra que, a martillazos, deshace diptongos (“a/mi/a/ma/da”), cambia los acentos (“lleváre”) y de paso pone un diptongo que no había (“…lle/vá/re-e/se…”).

No es de recibo que rime, pero no rime, pero vuelva a rimar, al tuntún, a veces sí y a veces no, de cerca y a distancia.

No son de recibo esos dos versos que riman (es un decir) con la palabra “fin” repetida.

No es de recibo esa pila de lugares comunes puestos para rellenar. ¿”Cuánto orgullo hay en mí, por eso resistí”? ¿Que qué? ¿”No olvides que sin ti no sé vivir?” ¿”…corazón / y no pido perdón”?

Es la letra hecha como ejercicio por alguien que no tiene ni idea, que empieza en esto de escribir y de momento no da más de sí. Es un ejercicio prometedor para un debutante, y algo sonrojante para alguien que se precia de ser compositor (sin perjuicio de que haya muchas cosas sonrojantes generando millones de euros en derechos de autor, que de eso no digo nada).

En fin, es muy, muy, muy Marta Sánchez. “Soy yo / la que sigo aquí / soy yo / te lo digo a ti”. No me parece mal que ella lo cante, con ese estilo tan… vociferante, excesivo. Hortera, vamos a decirlo con claridad. Conecta con cierta gente. Con  mucha, al parecer. Bien. Ella es así, y sus fans también.

Pero cuando alaban su obra y hablan de convertirla en el himno oficial, no pueden estar hablando en serio.

O sí. Una cosa tiene buena: ese himno nos representaría como país.

 

Radiohead vs Lana del Rey

12 12UTC enero 12UTC 2018

No soy un devoto de Lana del Rey. Pero vuelve a surgir un asunto antiguo, y que supongo que resurgirá cada poco.

Radiohead ha demandado a Lana del Rey por plagio, y le piden… ¡el 100% de los derechos de la canción! No la mitad, no. El 100%.

Aquí está el tema de Radiohead (nunca mejor dicho, “el tema de Radiohead”):

Y aquí el tema de Lana del Rey, Get free:

Cuando lo supe, llegué a la misma conclusión que expresé aquí alguna vez. ¿Que está copiado? Absolutamente toda la música está copiada, señores. El plagio es otra cosa. Esto que vemos aquí es la apropiación de unas ideas, de un patrimonio inmaterial, por parte de unos listos. Como el señorito que llega a un monte común y lo cierra y se instala allí y cobra peaje al que pase.

Radiohead al parecer se cree con derecho a quedarse con la secuencia de acordes I … III7 … IV … IVm. Hay unos parecidos entre las dos canciones, claro. Pero básicamente es eso.

Curiosamente, a raíz de eso me enteré de otra aún peor: resulta que Radiohead fueron demandados por los Hollies, que afirmaron que Creep era plagio de The air that I breathe. Juzga tú mismo:

Así que resulta que no, que los que pusieron la valla en I … III7 … IV … IVm fueron los Hollies. Radiohead admitieron haberse inspirado en ese tema y cedieron parte de los royalties, no el 100% como piden estos ahora.

Creep y The air that I breathe se parecen como un huevo a una castaña. No sé si los Hollies deberían pagar royalties a Jimmy McHugh, compositor de On the sunny side of the street (1930), porque el recurso de los tres primeros acordes está ahí (ellos luego se quedan en el IV y lo convierten en menor):

Lana del Rey dice que no se basó en Creep. No sé yo, pero al parecer les ofreció el 40% (creo que ya fue una oferta generosa) y Radiohead no se contenta con menos del 100%.

Y todo esto me parece una auténtica desvergüenza y una desgracia para la música. Que la posibilidad de utilizar una secuencia de acordes esté en manos de que unos abogados ganen o no un pleito en los EEUU es escalofriante. En pocos años toda la música estará acotada y llena de peajes.

Creo que habría que ser bastante exigentes para fallar a favor una demanda de plagio. Incluso si uno pone los acordes porque los ha oído antes. Creo que Lana del Rey tendría que poder decir con toda tranquilidad “Sí, me inspiré en Creep“, y que Radiohead no tuviera derecho a exigir nada.

Porque toda la música está hecha así. Y solo faltaba que llenaran de fronteras y de peajes el pensamiento también. Es lo único que falta ya.

 

La guitarra es difícil

12 12UTC diciembre 12UTC 2017

Paciencia, chavales. No hay que dramatizar. Seguid estudiando, practicando, y mientras tanto haciendo música con lo poco que sepáis.

Si esto lo decía este señor, no os frustréis por lo que os cuesta o lo que no os sale.

Moose the mooche

6 06UTC noviembre 06UTC 2017

A veces uno encuentra un ratillo para estudiar. Y antes o después hay que afrontarlo e intentar tocar algo de Charlie Parker.

Ya sabes que no vas a conseguir tocar bien un solo cuando a) está a 204 bpm y b) la melodía ya no hay quien la toque. Además, los temas bebop son especialmente inadecuados para los guitarristas. Pero puedes aprender muchas cosas.

Tocando rápido, se supone que el swing típico, esa pequeña diferencia de duración entre corcheas, se pierde; no se puede pedir, ni falta que hace, que notas tan rápidas tengan swing. Pero para mi perplejidad, pasando este tema a velocidad reducida (porque si no a ver quién lo estudia) pude ver que lo que tocaban estos bicharracos tenía swing. Es decir, lo pones despacio y adquiere otro carácter, más bluesero, pero funciona igual. Es como si lo hubieran tocado así originalmente. A cámara lenta siguen teniendo swing. Es increíble.

Aparte de tocarlo, hay que grabarse. Y aquí está una muestra. Un trocito de estudio, con lo bueno y lo malo, sin trampa ni cartón.

Ah, eso de “Emry Byrd, el alce traficante” viene de que “Moose the mooche”, al parecer, era el sobrenombre de un camello, el tal Emry Byrd, al que Charlie Parker apreciaba mucho por la calidad de su mercancía, ejem. Y “moose” en inglés es “alce”.

Salvador Sobral

15 15UTC mayo 15UTC 2017

Salvador Sobral es la nueva sensación musical del momento. Varias personas que admiro lo alaban y ponen vídeos suyos en sus facebooks.

Yo no quiero ser aguafiestas, pero voy a ir por partes.

Lo primero: aborrezco y desprecio todo tipo de concursos. Y bastante arriba en la pirámide de mi desprecio, junto con los Oscars más o menos, está Eurovisión.

Lo segundo, y a pesar de lo anterior: hay varias cosas de esta edición (que no he visto) que me han gustado. Es una novedad que gane un país como Portugal. Es una novedad que gane sin presentar a una chica mona enfundada en látex que canta pop en inglés con un ventilador en la cara y una coreografía en la que los bailarines hagan algo excéntrico, como malabares con hachas, pasear una serpiente viva o cualquier otra cosa circense. Es una novedad que gane alguien cantando en portugués (debería ser obligatorio que cada país cante en una de sus lenguas oficiales). Ha ganado un tipo que canta sin más, y que salía solo en el escenario. Que tiene el marchamo de “cantante de jazz”. Ese cambio es positivo (dentro de la mierda que es Eurovisión) porque puede abrir la mente (un poquitín) a alguno. Y Sobral no me parece un cantante malo, por así decir. No me disgusta. A raíz de su triunfo he ido a ver alguna otra cosa suya, y he dicho: bueno, vale. No está mal.

Ahora bien: no se me nubla la vista. Desconozco totalmente por qué ha ganado Sobral. No sé cuánto dinero le ha costado a Portugal, o a quien sea, o quién ha decidido que estaba muy repetido lo de las rubias y el latex y que este año había que tomarse un descanso y lo original era la sobriedad y el rollo emo. No creamos que de repente el público, o los dirigentes del público, o los figurantes que hay allí, han visto la luz.

Por cierto, mira lo que presentó Portugal en 2015, y juro que lo anterior lo escribí antes de buscar el vídeo:

Chica mona, látex, ventilador… Canta en portugués, no acerté en todo.

Y otra cosa más: que entre la gandalla Sobral tenga elementos positivos no lo convierte en un artistazo.

No se me olvida su ridícula vestimenta, tan deliberada. Ni sus gestitos y sus monerías; si quisiera ver monerías, vería a Julio Iglesias. No tengo nada en contra de que un artista se exprese como le salga, soy muy abierto al respecto; pero hay cosas que resultan ridículas, o que no me las creo. Eurovisión nos engaña siempre, y creo que Sobral es probable que también nos engañe un poco, o un mucho. Para mi gusto, en su actuación hay mucho de pose. Mucho. Así que sí, ha ganado la música, pero también la pose. La gente rompiendo a gritar y aplaudir cuando acaba cada estrofa… no, no lo entiendo. No trago. No me lo creo.

Luego está la entrevista. El tipo que odia Eurovisión, que no pone la tele… Vamos, que ha llegado ahí sin querer. Hay montones de “artistas” que matarían por llegar (mira el propio Manel Navarro, que llegó gracias a una trampa descarada realizada en la tele pública con dinero público y no cede ni un milímetro; ni antes, haciendo cortes de manga al público, ni después, diciendo que lo ha hecho todo bien y está más que contento). Y Sobral, pobre, ha caído ahí sin querer. Qué novela más bonita.

También dice la entrevista:

El portugués es un cantante de jazz que solo el pasado año publicó su primer disco, Excuse me, que nadie quiso. “Las radios quieren ahora mi música que antes no querían, los auditorios tienen fechas libres que antes no tenían y mi disco está entre los más vendidos”.

Verás, Salvador. Te diré un secreto. Nadie quiere los discos buenos de jazz. Yo he comprado muchos discos de grandes músicos, discos hechos con toda el alma, al final de sus conciertos, en mano, a diez euros, ocho si compras dos o tres. Y no creo que vendan más discos que esos que venden en persona. Son desconocidos. Es muy difícil vender un disco de jazz, aunque sea un gran disco.

Pero el tuyo no lo es. No es un gran disco.

He oído poco, pero por suerte grabaste standards. Los standards tienen una cosa buena: son una forma excelente de oír realmente la voz del intérprete, de saber cómo cuenta la historia. Como la historia es conocida, y uno ya la ha oído en muchas voces, puede comparar y distinguir la nueva.

Tu disco no se vendió porque es de un género difícil de vender, en primer lugar, y porque (creo) no es un gran disco. Me parece de perlas que te guste Chet Baker (¡a quién no!), pero en fin. El parecido entre Chet y tú se acaba en la excentricidad. Y encima la tuya es, me temo, estudiada, por imitación.

Siento ser un tanto duro. Pero lo mismo que me parece una buena noticia (efímera y engañosa, pero buena) que Sobral haya ganado esa peste de concurso, me parece bastante injusto que de repente lo conviertan en un genio. Su malditismo es muy novelable, su hermana compositora también, su aspecto autista y vulnerable… todo eso a la prensa le encanta. Y entonces dicen “cantante de jazz”, y suena un montón de exótico, y lo llaman crooner (lo que hay que oír). Y toda esa gente jaleando a cada momento de manera absurda ayuda. Pero es triste que alguien piense que Portugal no tiene mejores cantantes que ese, que se ha limitado a cantar una canción viejuna con un estilo de abuelita. ¿Chet Baker? Anda ya.

Y como homenaje a Portugal, voy a poner aquí un vídeo de unos portugueses que me gusta desde hace mucho tiempo, cantando otro standard.

Mark Knopfler: my thing

10 10UTC mayo 10UTC 2017

Esta vez tengo poco que comentar: es Mark Knopfler hablando de guitarras y de tocar la guitarra. Dice cosas de principiante, o que un principiante puede entender. Siempre es interesante escuchar, si puedes, a un maestro como este (porque lo único malo, y no es poco, es que las dice en inglés y no hay subtítulos en castellano, que yo sepa, aunque hay algunas otras opciones). Alguien que se ha dedicado al show, pero está hablando de música (no de show), que vive escuchando el sonido (no el show), y a quien le interesa realmente la música (no el show). Alguien que sabe lo que hace y por qué. Podría estar haciendo exhibiciones gimnásticas guitarriles, pero como dice al final del vídeo, “no es su música”.

Teri Thornton

5 05UTC mayo 05UTC 2017

No sé si conoces a Jane Monheit. Es una cantante de jazz, gran cantante, una de las estrellas actuales del género, incluso con cierto éxito comercial. Aquí la he nombrado ya alguna vez. Por poner algún vídeo de ella, pues este mismo:

El caso es que viendo el otro día una cosa de Jane Monheit, recordé haber leído ya muchas veces que muy joven (21 primaveras) había quedado segunda en la Monk Jazz Vocals Competition, y fue en 1998. Y recordé haber leído que otra finalista de aquella edición fue Roberta Gambarini.

Por si te lo preguntas, Roberta Gambarini es esta otra fiera corrupia. Lo que vas a oír aquí, en honor a la verdad, no es una improvisación suya; es un vocalese que consiste en copiar (y poner letra a veces) un solo de un instrumentista. En este caso, nada menos que tres solos seguidos de Sonny Stitt, Dizzy Gillespie y Sonny Rollins, por ese orden. Roberta canta los tres solos, cada uno en su registro. Te aseguro que para cantar esa pesadilla con esta perfección hay que tener una capacidad vocal y un oído musical que no abundan por ahí. Además esta canción es prácticamente un himno personal mío…

(Si quieres oír el tema original y comparar, aquí lo tienes; el 1:05 de Roberta viene a ser el 1:10 de los otros, y en su 2:06 entra el solo de trompeta).

Las dos fueron finalistas. Aquella edición estuvo bien cara de ganar. Y me dije yo: “¿quién ganó? ¿Quién tumbó aquel año a esas dos bestias pardas? ¿Por qué no he oído hablar del ganador?”

Pues fue otra mujer, una tal Teri Thornton. Al parecer cantaba en los 50 y en los 60 desapareció del mapa, retomando la carrera en los 90. Y en el 98, con 64 añitos, dejó en la cuneta a Monheit y a Gambarini y a otras más por el estilo, supongo que diciendo “nenas, sois monas, esos gorgoritos son resultones, tenéis futuro, pero yo tengo pasado y unos ovarios como cocos, así que haceos a un lado y dejad jugar a los mayores”. En el jurado estaban Dee Dee Bridgewater, Nnenna Freelon, Diana Krall, Dianne Reeves y Joe Williams. Si yo tengo que cantar delante de esa gente me meo pero no en el escenario, ya al coger el autobús pa ir al teatro.

La pena es que grabó poca cosa. Ojo, que tiene cosas un poco “disco” que personalmente no me tocan tanto, no te asustes si das con ellas. Pero cuando canta standards… ay, amigo. No creo que encuentres mucho scat, y tiene una voz “clásica”, no inventa nada, pero es que la manera de dar tiempo a las consonantes, la claridad con que dice las letras, el gusto que tiene, la solidez… Me parece impresionante.

Aquí “Blue Champagne”:

Y aquí “Devil may care”, tema que me encanta de siempre (la versión de Diana Krall entre otras, ya que la hemos nombrado):

No sé cómo cantaban Monheit o Gambarini en el 98, pero esta mujer tiene clase y sabe lo que se hace. Y ese jurado no es idiota, desde luego.

Es una verdadera pena, murió poco después de ganar el premio (también el propio Joe Williams, un grande). Pero aunque lamentablemente no sean muchos, dejó temas memorables.