Archive for the ‘Música’ Category

Moose the mooche

6 06UTC noviembre 06UTC 2017

A veces uno encuentra un ratillo para estudiar. Y antes o después hay que afrontarlo e intentar tocar algo de Charlie Parker.

Ya sabes que no vas a conseguir tocar bien un solo cuando a) está a 204 bpm y b) la melodía ya no hay quien la toque. Además, los temas bebop son especialmente inadecuados para los guitarristas. Pero puedes aprender muchas cosas.

Tocando rápido, se supone que el swing típico, esa pequeña diferencia de duración entre corcheas, se pierde; no se puede pedir, ni falta que hace, que notas tan rápidas tengan swing. Pero para mi perplejidad, pasando este tema a velocidad reducida (porque si no a ver quién lo estudia) pude ver que lo que tocaban estos bicharracos tenía swing. Es decir, lo pones despacio y adquiere otro carácter, más bluesero, pero funciona igual. Es como si lo hubieran tocado así originalmente. A cámara lenta siguen teniendo swing. Es increíble.

Aparte de tocarlo, hay que grabarse. Y aquí está una muestra. Un trocito de estudio, con lo bueno y lo malo, sin trampa ni cartón.

Ah, eso de “Emry Byrd, el alce traficante” viene de que “Moose the mooche”, al parecer, era el sobrenombre de un camello, el tal Emry Byrd, al que Charlie Parker apreciaba mucho por la calidad de su mercancía, ejem. Y “moose” en inglés es “alce”.

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Salvador Sobral

15 15UTC mayo 15UTC 2017

Salvador Sobral es la nueva sensación musical del momento. Varias personas que admiro lo alaban y ponen vídeos suyos en sus facebooks.

Yo no quiero ser aguafiestas, pero voy a ir por partes.

Lo primero: aborrezco y desprecio todo tipo de concursos. Y bastante arriba en la pirámide de mi desprecio, junto con los Oscars más o menos, está Eurovisión.

Lo segundo, y a pesar de lo anterior: hay varias cosas de esta edición (que no he visto) que me han gustado. Es una novedad que gane un país como Portugal. Es una novedad que gane sin presentar a una chica mona enfundada en látex que canta pop en inglés con un ventilador en la cara y una coreografía en la que los bailarines hagan algo excéntrico, como malabares con hachas, pasear una serpiente viva o cualquier otra cosa circense. Es una novedad que gane alguien cantando en portugués (debería ser obligatorio que cada país cante en una de sus lenguas oficiales). Ha ganado un tipo que canta sin más, y que salía solo en el escenario. Que tiene el marchamo de “cantante de jazz”. Ese cambio es positivo (dentro de la mierda que es Eurovisión) porque puede abrir la mente (un poquitín) a alguno. Y Sobral no me parece un cantante malo, por así decir. No me disgusta. A raíz de su triunfo he ido a ver alguna otra cosa suya, y he dicho: bueno, vale. No está mal.

Ahora bien: no se me nubla la vista. Desconozco totalmente por qué ha ganado Sobral. No sé cuánto dinero le ha costado a Portugal, o a quien sea, o quién ha decidido que estaba muy repetido lo de las rubias y el latex y que este año había que tomarse un descanso y lo original era la sobriedad y el rollo emo. No creamos que de repente el público, o los dirigentes del público, o los figurantes que hay allí, han visto la luz.

Por cierto, mira lo que presentó Portugal en 2015, y juro que lo anterior lo escribí antes de buscar el vídeo:

Chica mona, látex, ventilador… Canta en portugués, no acerté en todo.

Y otra cosa más: que entre la gandalla Sobral tenga elementos positivos no lo convierte en un artistazo.

No se me olvida su ridícula vestimenta, tan deliberada. Ni sus gestitos y sus monerías; si quisiera ver monerías, vería a Julio Iglesias. No tengo nada en contra de que un artista se exprese como le salga, soy muy abierto al respecto; pero hay cosas que resultan ridículas, o que no me las creo. Eurovisión nos engaña siempre, y creo que Sobral es probable que también nos engañe un poco, o un mucho. Para mi gusto, en su actuación hay mucho de pose. Mucho. Así que sí, ha ganado la música, pero también la pose. La gente rompiendo a gritar y aplaudir cuando acaba cada estrofa… no, no lo entiendo. No trago. No me lo creo.

Luego está la entrevista. El tipo que odia Eurovisión, que no pone la tele… Vamos, que ha llegado ahí sin querer. Hay montones de “artistas” que matarían por llegar (mira el propio Manel Navarro, que llegó gracias a una trampa descarada realizada en la tele pública con dinero público y no cede ni un milímetro; ni antes, haciendo cortes de manga al público, ni después, diciendo que lo ha hecho todo bien y está más que contento). Y Sobral, pobre, ha caído ahí sin querer. Qué novela más bonita.

También dice la entrevista:

El portugués es un cantante de jazz que solo el pasado año publicó su primer disco, Excuse me, que nadie quiso. “Las radios quieren ahora mi música que antes no querían, los auditorios tienen fechas libres que antes no tenían y mi disco está entre los más vendidos”.

Verás, Salvador. Te diré un secreto. Nadie quiere los discos buenos de jazz. Yo he comprado muchos discos de grandes músicos, discos hechos con toda el alma, al final de sus conciertos, en mano, a diez euros, ocho si compras dos o tres. Y no creo que vendan más discos que esos que venden en persona. Son desconocidos. Es muy difícil vender un disco de jazz, aunque sea un gran disco.

Pero el tuyo no lo es. No es un gran disco.

He oído poco, pero por suerte grabaste standards. Los standards tienen una cosa buena: son una forma excelente de oír realmente la voz del intérprete, de saber cómo cuenta la historia. Como la historia es conocida, y uno ya la ha oído en muchas voces, puede comparar y distinguir la nueva.

Tu disco no se vendió porque es de un género difícil de vender, en primer lugar, y porque (creo) no es un gran disco. Me parece de perlas que te guste Chet Baker (¡a quién no!), pero en fin. El parecido entre Chet y tú se acaba en la excentricidad. Y encima la tuya es, me temo, estudiada, por imitación.

Siento ser un tanto duro. Pero lo mismo que me parece una buena noticia (efímera y engañosa, pero buena) que Sobral haya ganado esa peste de concurso, me parece bastante injusto que de repente lo conviertan en un genio. Su malditismo es muy novelable, su hermana compositora también, su aspecto autista y vulnerable… todo eso a la prensa le encanta. Y entonces dicen “cantante de jazz”, y suena un montón de exótico, y lo llaman crooner (lo que hay que oír). Y toda esa gente jaleando a cada momento de manera absurda ayuda. Pero es triste que alguien piense que Portugal no tiene mejores cantantes que ese, que se ha limitado a cantar una canción viejuna con un estilo de abuelita. ¿Chet Baker? Anda ya.

Y como homenaje a Portugal, voy a poner aquí un vídeo de unos portugueses que me gusta desde hace mucho tiempo, cantando otro standard.

Mark Knopfler: my thing

10 10UTC mayo 10UTC 2017

Esta vez tengo poco que comentar: es Mark Knopfler hablando de guitarras y de tocar la guitarra. Dice cosas de principiante, o que un principiante puede entender. Siempre es interesante escuchar, si puedes, a un maestro como este (porque lo único malo, y no es poco, es que las dice en inglés y no hay subtítulos en castellano, que yo sepa, aunque hay algunas otras opciones). Alguien que se ha dedicado al show, pero está hablando de música (no de show), que vive escuchando el sonido (no el show), y a quien le interesa realmente la música (no el show). Alguien que sabe lo que hace y por qué. Podría estar haciendo exhibiciones gimnásticas guitarriles, pero como dice al final del vídeo, “no es su música”.

Teri Thornton

5 05UTC mayo 05UTC 2017

No sé si conoces a Jane Monheit. Es una cantante de jazz, gran cantante, una de las estrellas actuales del género, incluso con cierto éxito comercial. Aquí la he nombrado ya alguna vez. Por poner algún vídeo de ella, pues este mismo:

El caso es que viendo el otro día una cosa de Jane Monheit, recordé haber leído ya muchas veces que muy joven (21 primaveras) había quedado segunda en la Monk Jazz Vocals Competition, y fue en 1998. Y recordé haber leído que otra finalista de aquella edición fue Roberta Gambarini.

Por si te lo preguntas, Roberta Gambarini es esta otra fiera corrupia. Lo que vas a oír aquí, en honor a la verdad, no es una improvisación suya; es un vocalese que consiste en copiar (y poner letra a veces) un solo de un instrumentista. En este caso, nada menos que tres solos seguidos de Sonny Stitt, Dizzy Gillespie y Sonny Rollins, por ese orden. Roberta canta los tres solos, cada uno en su registro. Te aseguro que para cantar esa pesadilla con esta perfección hay que tener una capacidad vocal y un oído musical que no abundan por ahí. Además esta canción es prácticamente un himno personal mío…

(Si quieres oír el tema original y comparar, aquí lo tienes; el 1:05 de Roberta viene a ser el 1:10 de los otros, y en su 2:06 entra el solo de trompeta).

Las dos fueron finalistas. Aquella edición estuvo bien cara de ganar. Y me dije yo: “¿quién ganó? ¿Quién tumbó aquel año a esas dos bestias pardas? ¿Por qué no he oído hablar del ganador?”

Pues fue otra mujer, una tal Teri Thornton. Al parecer cantaba en los 50 y en los 60 desapareció del mapa, retomando la carrera en los 90. Y en el 98, con 64 añitos, dejó en la cuneta a Monheit y a Gambarini y a otras más por el estilo, supongo que diciendo “nenas, sois monas, esos gorgoritos son resultones, tenéis futuro, pero yo tengo pasado y unos ovarios como cocos, así que haceos a un lado y dejad jugar a los mayores”. En el jurado estaban Dee Dee Bridgewater, Nnenna Freelon, Diana Krall, Dianne Reeves y Joe Williams. Si yo tengo que cantar delante de esa gente me meo pero no en el escenario, ya al coger el autobús pa ir al teatro.

La pena es que grabó poca cosa. Ojo, que tiene cosas un poco “disco” que personalmente no me tocan tanto, no te asustes si das con ellas. Pero cuando canta standards… ay, amigo. No creo que encuentres mucho scat, y tiene una voz “clásica”, no inventa nada, pero es que la manera de dar tiempo a las consonantes, la claridad con que dice las letras, el gusto que tiene, la solidez… Me parece impresionante.

Aquí “Blue Champagne”:

Y aquí “Devil may care”, tema que me encanta de siempre (la versión de Diana Krall entre otras, ya que la hemos nombrado):

No sé cómo cantaban Monheit o Gambarini en el 98, pero esta mujer tiene clase y sabe lo que se hace. Y ese jurado no es idiota, desde luego.

Es una verdadera pena, murió poco después de ganar el premio (también el propio Joe Williams, un grande). Pero aunque lamentablemente no sean muchos, dejó temas memorables.

 

La música, el antiguo y el abogado del diablo

17 17UTC abril 17UTC 2017

Para mí la música es media vida. Y la música en directo, en especial. Me gustaría que la música fuera un evento social, algo que la gente se reúne para hacer y compartir, igual que toda la vida se han reunido para “echar la partida”.

En Oviedo (y en el resto de Asturias) hay mucha polémica porque una interpretación absurda de una ley redactada con los pies parece impedir que en los bares se organicen conciertos, independientemente del volumen. Se da el caso de que un bar puede poner música amplificada, “enlatada”, si no sobrepasa el límite sonoro; pero no puede teóricamente acoger un concierto, aunque sea un cantante susurrando a capella. En el Ca Beleño llegaron a organizar, como protesta, un pintoresco… concierto en playback.

La historia es larga y se ha mareado mucho la perdiz en los medios de comunicación, y cada cierto tiempo tenemos una apelación y una réplica, pero el asunto no se mueve.  Últimamente, ha habido un enésimo intento de los músicos por reactivarlo, y una enésima respuesta de los más acérrimos opositores, que es una asociación de vecinos del Oviedo antiguo.

Se ha hablado mucho, y con indignación, de esta asociación y de su dirigente, un tal Juan García. Por ejemplo, aquí. Se dice que va contra la cultura, contra la economía, contra el sentido común y contra la convivencia racional.

Y todo eso es cierto. Va contra la cultura que a la música se le quite el único espacio ciudadano de que dispone y se la encierre en teatros. Va contra la economía porque un oficio (el de músico) que no se puede ejercer se muere, y porque se quita a los bares una de las pocas formas civilizadas de ocio que pueden promover. Va contra el sentido común porque no tiene ninguna lógica que se pueda emitir determinado nivel sonoro con unas máquinas, los reproductores, pero no con otras, los instrumentos (por cierto: ¿un DJ puede actuar en un bar, o no? ¿Si todo son samples puede, pero en cuanto meta un teclado ya no?) Y va contra la convivencia racional porque esa cerrazón y esa persecución contra las pocas personas que pretenden hacer un uso educado de los bares del Antiguo es un verdadero escarnio (si queremos erradicar el vandalismo y la brutez, ya puestos sería mejor promover la música en directo y prohibir la música grabada y el alcohol, pero esos que sí que son sagrados).

Así que Juan García viene a ser el demonio en persona. Pero no creo que nos conduzca a ninguna parte el abucheo. Y, como de costumbre, quizás la cosa no sea tan simple.

Al mismo tiempo que un amante de la música, soy sensible a la convivencia, a las molestias a terceros. Cuando cerró el Masaveu 55 fue una tragedia para el jazz en Oviedo, pero si los vecinos no podían dormir, fue también un triunfo para ellos. Y los entiendo.

Ya, ya sé que no tiene sentido la prohibición de la música en directo, ya conozco todas esas razones que hago mías. Pero si me pongo en el pellejo de Juan García, me imagino que quizás no esté exactamente en contra de la cultura ni las artes; simplemente, en este ámbito no son asunto suyo, le dan igual. Muchos de esos argumentos son elevados, retóricos, y simplemente, cuando Juan García pone la cabeza en la almohada le traen sin cuidado la retórica y los grandes ideales; le trae sin cuidado todo excepto dormir. Y no quiere ser él el paladín que se sacrifique para facilitar la vida a todos los que van a los conciertos y de ahí a su casa… probablemente a dormir sin impedimentos.

Quizás estos vecinos están simplemente usando todos los medios que tienen para eliminar todo el ruido, del tipo que sea. Y su postura no es lógica, pero resulta que contra la música grabada no pueden hacer nada, y contra la música en directo sí. Y no quieren saber nada; simplemente, no les apetece hacer concesiones de ningún tipo. Con lógica o sin ella. Su enemigo son esas mareas de gente que mea en las esquinas y arma escándalo, y quieren poner todas las trabas que puedan. Y yo me puedo enfadar con Juan García cuando pienso en un bonito trío de jazz tocando una balada, pero Juan García está pensando en un grupo de punk rock con un baterista que no sabe pegarle suave. Y eso, queridos amigos, existe, vaya si existe, y es cultura y también estamos hablando de eso. (Yo podría nombrar un par de bateristas de jazz que no saben pegarle suave, tampoco).

Y aquí llegamos a un punto importante: esa desconfianza, esa guerra sin cuartel, los bares (algunos, muchos) se la han venido ganando a pulso. El volumen de ruido (musical o no) que hay en casi todas partes de este país nuestro es, sencillamente, ridículo, absurdo; cualquier clase de aerobic sobrepasa el nivel que la ley admite para un trabajador de la construcción (y si no, saca el smartphone y mídelo tú mismo). Hay mucha gente sorda que ni siquiera sabe que lo es. Y a los hosteleros, en conjunto, suele importarles poco la salud pública; todos ellos buscan todas las trampas posibles para burlar las leyes sobre el tabaco, por ejemplo. Casi todos las incumplen en la medida en que les beneficie. A la hora de hacer caja, si pueden sortear la ley la sortean, y si la ley no les prohibe expresamente algo (clientes vociferando en la calle a la una de la mañana), entonces vete a pedirles comprensión y civilización, que verás cómo se ríen en tu cara. Se expanden hasta donde se les impide por la fuerza. Con el ruido han venido haciéndolo sistemáticamente, toda la vida. Hay que admitirlo; está muy bien la imagen del bar teatrillo regentado por gente culta y elevada, pero es una imagen muy parcial de todo esto.

Por eso yo estoy con los músicos, estoy con la cultura, con el directo y con la lógica; basta con tocar bajito. Y, a la vez que estoy con ellos, no puedo evitar pensar que es muy fácil decir que Juan García es un pirado, pero quizás actúe como tal sabiendo lo que hace y por qué. Alguna que otra asociación-lobby de hosteleros hace lo mismo continuamente con sus peticiones y sus declaraciones.

No soy optimista respecto al entendimiento. Me gustaría que hubiera música en directo, y me gustaría que se penalizara a los bares con días de cierre cada vez (cada vez) que incumplen las normas.

Cuando menos es más

28 28UTC febrero 28UTC 2017

El otro día conocí a un tipo con talento. Se llama Damien Rice. Es probable que tú lo conozcas hace mucho y te maravilles de mi ignorancia.

Escuché un tema suyo en el que cantaba y tocaba la guitarra, nada más. Grabado en directo. Un micro a la cara y otro a la guitarra. Y eso es todo.

Me gusta mucho el jazz, me gustan músicas que a veces pueden parecer un poco complejas. Pero no se me olvida lo importante. Y este tipo me pareció un maestro. Lo que hace es relativamente sencillo, pero eso no tiene nada que ver con fácil. Yo entiendo la sencillez como una virtud, no como una crítica. La sencillez es lo que queda cuando quitas todo lo que no sirve para nada.

Aunque uno no sepa nada de música, no sepa lo que es un ecualizador, y no tenga demasiadas preferencias de un sonido sobre otro, todos sabemos subir o bajar el volumen. Esa variación tan sencilla, en una interpretación (y simplificando un tanto) se llama dinámica. Un cambio tan sencillo como ese hace que pasen cosas. Hace que el artista diga algo más, al margen de las palabras de la letra.

Algo tan simple como eso, algo para lo que no hace falta ningún conocimiento teórico, resulta muy difícil en la práctica. La mayoría de los principiantes se olvidan de ese detalle. La mayoría de los grupos suenan mal porque no ajustan sus volúmenes. Entre los bateristas, en particular, es dificilísimo encontrar a uno que sea capaz de tocar con suavidad (piano, como se dice en el argot). Si buscas información sobre equipos de sonido o amplificadores, enseguida matizarán que este equipo “tiene potencia suficiente para un dúo, aunque en un grupo con batería se te quedará un poco corto”; se da por supuesto que la batería es un instrumento muy ruidoso. Y lo es. Pero dependiendo de quién lo toque. Lo sé porque conozco bateristas que pueden tocar con la fuerza necesaria; mucha o poca. Otros son absolutamente incapaces.

Pues ese es solo uno de los pequeños ingredientes que hacen que algo sea un mero ejercicio o sea arte. Podríamos hablar de muchas otras cosas parecidas, muchas cosas que están al margen del estilo o de la armonía. Y son detalles muy pequeños, manejados en un grado muy fino.

En esta actuación, sin ningún artificio, Rice maneja ese aspecto y otros muchos. No sé si de forma estudiada o instintiva, pero da igual, porque es simplemente perfecta. Este es el poso, la concentración, la verdad que hace falta para estar en un escenario y hacer que pase algo. Como músico, a veces a primera vista reconozco cuándo un tipo está muchos peldaños por encima de mí. Y este tipo lo está, y lo veo en un solo minuto.

Esto es una actuación a palo seco, en un sitio grande y frío, sin público. ¿Qué haría alguien así con tiempo, con un estudio de grabación, con instrumentistas a su disposición? Obviamente, yo quería más, y busqué discos de Rice. Y cómo no, quise saber cómo había dejado esta canción para la posteridad.

Y fue asi. Escucha:

 

Es maravilloso; la canción va creciendo, se abre, florece y explota. Con una sección de cuerda. Con ecualización, posproducción, con tiempo para pensar y hacer pruebas y descartes. Supongo que estaría asombrado si hubiera oído esta versión primero.

Pero oí antes la otra. Y esta no funciona. Es una decepción. Esas cuerdas pretenden potenciar el crescendo, pero no lo hacen; lo que hacen es sustituirlo. Sepultan la voz de Rice. Le quitan presencia. Lo difuminan todo. Tuve esa sensación con los cascos, por la calle, y lo achaqué a que esas no son formas de escuchar música. Pero pese a haber insistido, poniendo atención, mi sensación es la misma. La versión del disco es un pobre reflejo de la versión en directo, cantada a la cara. Podríamos hablar del directo, de que no es lo mismo el arte enlatado que lo que ocurre delante de ti, del vídeo, de cómo lo que ocurre ante tus ojos modifica lo que oyes, o de esas pequeñas imperfecciones y errores del momento que te acercan al artista, pero yo no estoy hablando de nada eso. Estoy hablando solo del sonido. Del aspecto puramente musical.

He visto estropear obras de arte muchas veces por buscar algo más, no se sabe qué; por buscar gustar a más público, quizás. O quizás no ha sido así; uno se imagina a un productor metiendo la zarpa, pero a lo mejor esta es una decisión creativa de Rice, es como Rice quería que sonara la canción cuando la escribió. No lo sé.

Pero yo me quedo con la verdad pura y desnuda. No creo que Rice pueda grabar esta canción de ninguna manera mejor que sacándola de dentro sin más.

Aquí lo tienes con público. Juzga tú mismo.

 

 

La La Land

16 16UTC febrero 16UTC 2017

A mí todo lo que me digan de una película antes de ir a verla me parece un poco spoiler, aunque no desvele el argumento. Así que tú verás si quieres leer. Procuraré no decir nada del argumento, eso sí.

Aunque los comentarios de los periódicos suelen dar pena, hay uno sobre esta película que me parece un resumen perfecto:

Yo creo que esta película está sobrevalorada. Está bien y tiene una buena historia. Buena música y vestuario. Buena actuación de Emma Stone (de Ryan Gosling no tanto) y poco más.

Coincido en todo. ¿Iría a verla sabiendo lo que sé ahora? Sí, sin duda. La película no está mal, si uno la ve con mente abierta y no pensando en oscars ni en nada.

Primero: si te dicen que es un musical, creo que es mentira. Esta peli NO es un musical. Tiene números musicales, se viste de musical, juega con ello, hace guiños. Pero si es un musical, es un musical mediocre. Números currados, currados… el primero. Pero es que yo creo que lo que pretendían era hablar de Los Ángeles y visitar muchos tópicos (entre ellos, el cine musical, claro).

Gosling, yo los vi primero. Cabrón.

Gosling, yo los vi primero. Cabrón.

Segundo: Ni Ryan Gosling ni Emma Stone son cantantes ni bailarines. Insisto: si pretenden serlo, son muy malos. Pero si no pretenden serlo, son muy buenos. Yo creo que está bien que haya números musicales en los que haya gente normal, para entendernos. Y para entendernos también: lo que baila Ryan Gosling yo no es que pueda bailarlo, porque no puedo, pero creo concebible planteármelo con un profesor y un entrenamiento. Lo que bailan Fred Astaire o Gene Kelly o cualquier secundario de cualquier peli antigua (o de la escena inicial) es sencillamente inconcebible, salvo que volviera a tener cinco años y me pusiera a trabajar como un loco. Stone y Gosling no pasarían ni el primer corte del casting de una peli de los 40 (aquella gente tenía que saber actuar… y cantar y bailar al máximo nivel). Pero no están ahí para eso exactamente, creo.

Tercero: vale que repartan oscars a diestro y siniestro, y Gosling sea candidato, pero en lo que se refiere a actuar, Emma Stone le zurra a Gosling por arriba, por abajo y por enmedio. No hay comparación.

Cuarto: siempre quise tener unos zapatos blancos y negros, aunque fuera solo para las contadas veces en que actúo, y bueno, simplemente no me los tropecé (no soy de andar buscando por las zapaterías, pero me los habría comprado si hubiera dado con ellos). Pero  ahora se los ha puesto Gosling en una película taquillera, y me ha fastidiado el plan. Mecachis.

Quinto: la peli tiene sus cosas logradas. No es un prodigio; los personajes no están bien pulidos, hay actos sin motivación adecuada, hay muchas cosas criticables. Pero bueno, en conjunto no está mal. Dada la mierrrrrrda que ponen constantemente en los cines, pues oye, tiene sus logros. Estéticos, de argumento, de punto de vista.

Hace tiempo se habló mucho de The Artist simplemente porque estaba en blanco y negro, y era una caquita (cualquier peli muda sin medios le daba mil vueltas). También le dieron mucho bombo a Moulin Rouge, y yo no pude ver más de diez minutos porque no había quien aguantara aquella pedantería insoportable y falsa. Pero esta, si la ves sin esperar nada, y sin hacer caso a la mercadotecnia, no está mal del todo.

 

Más sobre cultura y fiestas

31 31UTC enero 31UTC 2017

Escribo muy poco. Y no es por falta de temas. Es por sobreabundancia de temas. Aparecen todos los días, me abruman y no sé qué poner.

Por ejemplo, este. ¿Te acuerdas de cuando me dio por echar cuentas sobre concursos musicales y premios varios?

Bueno, pues el otro día leo en el periódico:

La SOF ahorra en dos años en dietas 85.800 euros, que destinará a fiestas

Es decir: cada año, por asistir a las juntas de gobierno de la Sociedad Ovetense de Festejos, una serie de personas cobraban en dietas, conjuntamente, del orden de 40.000 € al año.

Eso es más del presupuesto de un Concurso de Rock Ciudad de Oviedo.

Creo que estar en la Junta de Gobierno de la SOF es, sin duda, una gran responsabilidad, y puede ser bastante trabajo. No dudo de que todas y cada una de las personas que acuden han sido seleccionadas como lo mejor de lo mejor, bajo criterios de igualdad, mérito y capacidad. Por eso supongo que cobran por ese trabajo, y espero que cobren bien, y sin duda se lo merecen. Supongo que lo hacen, aparte de este dinero.

Porque si lo he entendido bien, aquí estamos hablando solo de las dietas.

No sé en qué clase de gastos puede incurrir un ovetense para acudir a una sesión de un órgano. La Junta de Gobierno tiene 10 miembros. De ellos, es fácil reconocer al menos a unos cuantos como concejales, es decir, que no vienen de Canarias ni nada parecido (no lo sé). No sé cuántas veces se reunieron ni si la cifra dada es cierta, porque esos datos (ni las reuniones de la Junta de Gobierno ni el capítulo de dietas) no aparecen en la página web de la SOF (al menos en la que yo he encontrado). Pero parece que cada miembro sale por 4.000 € anuales en dietas. A 100 € la reunión saldrían 40 reuniones. Si las reuniones son 10, las dietas serían del orden de 400 €.

Todas mis cifras son conservadoras; cuando hablo de 40.000 € sería un poco más. Cuando digo que el presupuesto del Concurso de Rock son 40.000 €, en realidad ha sido de 37.943 en 2014, 24.200 en 2013, 31.846 en 2012, 39.247 en 2011.

Todos los gobiernos nos venden la tontería de que van a eliminar altos cargos y solucionar la economía con ello. Los votantes tontos pican. Tontos en primer lugar porque la cifra que se ahorra no da para solucionar los problemas del mundo; es irrisoria, y no permite solucionar el paro ni la sanidad.

Ahora bien; esos ahorros existen. Mira de dónde han salido 85.000 € a lo tonto. (De los que, insisto, no he encontrado huella, más que en la prensa.)

 

 

Una sombra chiquitita

1 01UTC diciembre 01UTC 2016

En una clase magistral, Israel Sandoval, después de decirte durante media hora ejercicios estupendos para aprender a hablar con la guitarra, y después de explicarte cómo debes hacerlos durante el estudio (eso sí, nunca durante las actuaciones), tiene unas palabras para que no te estreses con tanto cerebro de por medio:

[…] cuando estás tocando creo que hay que confiar en el caos. Es imposible controlar todo. La música es una sombra chiquitita de lo que la vida es, ¿no? No puedes controlar todo. […] [Tienes que] pensar: “Va a estar bien”.

Amén. “Va a estar bien”, amigos.

Y más adelante suelta otra, sobre… la respiración cuando tocas la guitarra:

Si estoy pensando en eso [circunstancias de alrededor, fallos, incomodidades] me afecta negativamente a lo que toco. Pero si pienso: “Voy a respirar”, ya está, voy a estar pensando solo en respirar. Y dejar que… Es como si tocara otro, deja que toque otro. Eres tú, pero es una parte que tú no controlas, es la parte que se ha pasado la vida escuchando lo que tú estudias en tu casa.

Y habla de otra cosa capital: eso de sorprenderse a uno mismo, tan difícil (yo de hecho ni me lo planteo).

A veces, [hay que] pasar un rato intentando tocar cualquier cosa al azar. […] A veces me atrevo cuando estoy tocando en directo… Quiero tocar cosas que no sé tocar. No solo quiero tocar lo que sé tocar; si solo toco lo que sé tocar, me aburro de mí mismo.

La música es una sombra chiquitita de lo que es la vida; no puedes controlar todo. Deja que toque otro. Quiero tocar lo que no sé tocar.

Dicho así parece todo pedantería barata, pero oyendo decirlo a un tipo sincero y normal, cambia completamente. Tiene todo el sentido del mundo. Da gusto oír hablar a la gente cuando hay verdad. Al final, se reduce todo a eso.

Los premios de la cultura

20 20UTC noviembre 20UTC 2016

Para ganar cierta notoriedad, tienes dos caminos. Uno es hacer algo. Otro es premiar a otro que lo haga.

Los premios, en cierto sentido, son un chollo. Tú intenta construir algo interesante, esfuérzate, invita a gente importante para que se sume y colabore, y es probable que no te hagan ni puñetero caso.

Sin embargo, cambia de estrategia y dales un premio, que solo tengan que venir a recoger. La vanidad humana juega a tu favor. Ponles un buen cebo, canapés para la prensa, y es probable que todos vengan. Ya tienes la promoción conseguida. Te costará un dinero y puede que un cierto esfuerzo, pero nada comparable con el esfuerzo de hacer algo tangible. En vez de hacer, reconoce lo que supuestamente han hecho otros, y ya está. Cualquier revista de medio pelo lo sabe.

No es de extrañar que en Asturias seamos muy de premiar; hoy en día, eliminado el carbón y casi el acero, y dado que no nos ha dado la gana lo de la tecnología excepto exportando ingenieros en informática (ruinosa exportación, por cierto, porque solo beneficia a los demás), nuestra principal exportación son premios.  Es lo único que nos pone en las noticias. Y no digo yo que esté mal del todo, ni desmerezco el trabajo de los premiadores, que creo sinceramente que tiene su mérito (traer a un famosete es fácil y se hace solo, traer a famosazos puede ser bastante más difícil).

Se ha armado un gran revuelo porque el Ayuntamiento de Oviedo ha dejado de subvencionar, por valor de 260.000 €, los llamados Premios Líricos (aunque en las bases, no sé si con ánimo de aclarar, plantean en el mismo párrafo tres nombres distintos; el que lo entienda, que me lo explique).

Se ha armado revuelo porque dicen que el Ayuntamiento torpedea la cultura, ya de por sí maltratada; que asocia la ópera con la derecha o con el elitismo; se dice que un joven melómano ha iniciado una recogida de firmas… en fin, muchas cosas. Yo no tenía una opinión clara sobre esto, y he estado pensando. Y he llegado a una conclusión seguramente equivocada.

En estas airadas protestas no se habla mucho de cómo el Ayuntamiento es, de hecho, el último patrocinador que retira su apoyo; que aparte del Ayuntamiento los únicos patrocinios que quedaban sumaban 33.000 €, según La Nueva España “la mayoría de ellas contratas municipales como La Auxiliar de Recaudación o Aqualia”. ¿No es esto motivo de escándalo en sí mismo? Ah, tampoco se habla mucho de la situación de estrechez que plantea el pago  del regalito que los anteriores regidores, excelentes gestores ellos (o eso se dice siempre), dejaron con Villa Magdalena.

En el mismo artículo se explica que solo el coste de presentadores y técnicos de la gala de entrega rondaba 75.000 €. Porque no olvidemos eso; los premios no eran tanto una actividad cultural (“hacer”) como una mera gala de entrega (“premiar”; eso sí, parece ser que con concierto, pero no mucho, no vaya a ser que moleste a algunos asistentes). 260.000 € de dinero público (más las pérdidas que iba acumulando) fundidos en un par de horas (sin desmerecer los méritos de los premiados, que seguro que en teoría merecen eso y más). No sé cuánta gente cabe en la gala, cuánto beneficio real había para la cultura ni cuánto ayudaban los premios a acercar la ópera a la gente. No sé cuál era el impacto cultural de esos premios en el contribuyente. Y no lo sé porque nadie ha hablado gran cosa de eso.

De todos modos, creo que tienen razón quienes se oponen a su desaparición; creo que lo que hay que hacer es reformularlos. En vez de tanto premiar, vamos a hacer. Me explico.

En primer lugar, se limitan los premios a intérpretes; es duro no reconocer el trabajo de directores de escena, o no premiar una carrera completa que nos apetece y es merecido, pero es lo que hay. En vez de dar 8 premios distintos con dotación económica, damos solamente tres premios: primero, segundo y tercero.

En vez de ocho premios de 6.000 € más estatuilla, el primero serán 4.800 €, el segundo 3.200 €, y el tercero 1.600 €. Ojo; creo (no estoy seguro) que los premios líricos no están sujetos a retención, porque tienen la forma de subvenciones a actividades artísticas. Los nuevos premios que propongo aquí estarían, por supuesto, sujetos a la retención fiscal que corresponda.

En vez de limitarse a recoger el premio (que es la única obligación que hasta ahora tenían los premiados de la ópera), los candidatos (no los premiados, sino todos los candidatos) darán un recital público de media hora, trayéndose su propio acompañamiento por su cuenta, en la ubicación y circunstancias que determine la organización (que pone el backline; si quieres un piano, te lo traes tú). Habrá 21 candidatos, con lo cual se garantiza que los ciudadanos que pagan los premios tendrán acceso, durante unas cuantas horas, a ópera hecha en directo. Tras las 21 actuaciones, los cinco finalistas pasarán a otra ronda final donde volverán a actuar.

El ganador, además, se compromete a actuar, gratuitamente, al menos una vez, en la edición siguiente de las fiestas de San Mateo. Todas las fechas y horarios de actuaciones los fijará la organización.

¿No es esta la forma de demostrar que la ópera no es elitista? En vez de una gala de entrega a la que asisten unos invitados privilegiados, que se despacha en un par de horas gastando 260.000 € de dinero público y otros 33.000 € de empresas vinculadas sospechosamente como contratistas al Ayuntamiento, se organiza todo un ciclo de conciertos, que ayudan a conformar las fiestas de este año y del siguiente, con un presupuesto total de menos de 40.000 €. Un poco menos de premiar, y más de hacer.

¿Les parece imposible esto a nuestros intrépidos recogedores de firmas? ¿Les parecen condiciones draconianas para los músicos? ¿Les parece un insulto a la nobleza del bel canto?

Pues esas condiciones y ese presupuesto son exactamente los del Concurso de Rock Ciudad de Oviedo.

Con 260.000 € se puede organizar (bajo estas condiciones, que no niego que son discutibles) un concurso de rock, otro de jazz, otro de música tradicional, otro de música clásica, otro de música coral, y por qué no, otro de cantantes de ópera. Hablaríamos de más de 60 horas de música en directo y de 120 grupos o intérpretes noveles, sin contar las finales ni los conciertos de los ganadores. Y todavía sobrarían 20.000 €.

Pero si no te gustan estas condiciones con tanta gente tocando gratis, en vez de 6 concursos organicemos 4 con el mismo presupuesto. Tendríamos disponibles 80.000 € más, con lo que podríamos pagar a los músicos participantes un caché del orden de 1.000 € por media hora. Muchos músicos profesionales matarían por participar ahí. Con los otros 20.000 € que sobraban paga las actuaciones de los ganadores el año siguiente, y redistribuye un poco los cachés para que los premios sean más sustanciosos. Todo esto ayuda a poner en perspectiva lo que son 260.000 €.

Me encanta la ópera, sé que es cara, estoy a favor de promover su conocimiento y disfrute. Pero cuando los defensores de la cultura se levantan en armas por la desaparición de los premios, tendrían que explicar un poco mejor por qué hay que gastar 260.000 € exactamente de esa manera. La ópera no es elitista, pero esa forma de gastar dinero quizás sí lo sea.