Archive for the ‘Música’ Category

8 de marzo

8 08+00:00 marzo 08+00:00 2019

En un día como hoy me apetece mencionar a alguna de las muchas mujeres que admiro. De ofrecer aquí lo que yo considero un modelo a seguir, eso que los ingleses llaman un role model. Y, por supuesto, no un modelo a seguir «para las mujeres»; un modelo a seguir, sin más. Y la mejor manera de decir las cosas suele ser con música.

Hay quien piensa que una mujer empoderada y fuerte, un modelo a seguir, es esto:

Beyoncé

Empoderada como ella sola

A mí, sin negar sus capacidades (que son muchas), me parece que se dedica básicamente a pavonearse y exhibirse. No digo que solo valga para eso; digo que es a lo que de facto se dedica. Al final, está enseñando cuerpo, peluquería, tipo, vestidos. Está en su derecho. Nada que objetar. Pero sí objeto en elegirla como modelo o como ideal. En ese sentido no está haciendo más que lo que han hecho toda la vida sus predecesoras. No se ha rebelado contra ninguno de los estereotipos que atenazan a las mujeres; simplemente, se ha convertido en la campeona mundial de esos estereotipos, en la mejor. Estereotípica de élite.

Creo que tiene, además, un pésimo gusto musical, y es una lástima que elija lo que elige, con la música que seguramente podría hacer. Pero le funciona.

Yo voy a proponer un modelo muy distinto. Primero te ruego que escuches sin más.

Molly Tuttle – Take the journey

Esa es Molly Tuttle. Un modelo a seguir.

En esa canción solo hay una guitarra, y la toca ella. Lo que hace es muy difícil. Pero no es lo importante.

Molly Tuttle toca cosas difíciles pero no es para que la admires. Toca cosas difíciles porque es lo que quiere que suene.

Molly Tuttle es música.

Se dedica a hacer música. Eso consiste, por si no lo tienes claro, en utilizar el sonido (y las palabras) para inducir en los oyentes ciertas emociones, ciertos estados de ánimo, y transmitirles algo de tu interior.

Puedes utilizar una combinación de cosas para hacer eso. Pero si lo que haces es música, deberías conseguirlo con el sonido. El resto será simplemente algo que tienes que cuidar desde un punto de vista profesional, como la puntualidad o lo que dices sobre las canciones cuando las presentas. Y de hecho, si vas triunfando, te conviertes en una marca y eres, de hecho, atractiva, supongo que no te queda otro remedio que cultivarlo todo, y hasta explotarlo.

Pero esta mujer ha sido premiada como guitarrista del año en los 2018 Americana Music Awards, y en ese género y en ese país hay muchos, muchos excelentes guitarristas para elegir. He ido a montones de cursos de improvisación, y siempre se habla de «la cantante» y de «el guitarrista», porque las guitarristas son muy escasas; esta mujer sí rompe estereotipos, sí demuestra cosas, sí da lecciones. La primera, la sencillez.

Muchas veces se habla de discos unplugged. Es falso; ahí hay más electrónica que en un centro de cálculo. Pero aquí, Molly y sus compañeros hacen una absoluta maravilla, y verás que no hay ni un maldito cable en el escenario. Solo hay un micro central doble.

Cuando puedes hacer música con tus manos y tu voz, como hace esta gente, de manera que si grabaras un disco en estudio no podría sonar mejor que lo que has hecho en el escenario, es que estamos ante músicos grandes, y sobre todo ante músicos que ofrecen verdad. Molly Tuttle puede ser guapa o fea, pero esto que se ve aquí es verdad pura y dura. Una absoluta maravilla. Están disfrutando como parece, y están haciendo todo esto sin trampa ni cartón.

Brindo por las mujeres y lanzo aquí un modelo a seguir.

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Se lo debemos a Elton

22 22+00:00 octubre 22+00:00 2018

Interrumpo mi repaso al feminismo mundial para detenerme en una pequeña reflexión musical.

Además de lo ya conocido, hemos sabido últimamente que la música está aún más en deuda con Elton John de lo que sabíamos.

Victoria Beckham abandonó a las Spice Girls por Elton John

Bromas aparte, me ha parecido un artículo muy interesante, y además me ha reconciliado un poquito con Victoria. Por su sinceridad.

Victoria Beckham admite (lo puedes adornar como quieras) que la música le importaba una mierda. Ella estaba allí por los trapos. Lo sabíamos, pero esta gente rara vez lo admite. Me ha encantado leerle que cuando vio a Elton cantando sus temas, después de tantos años y conservando su pasión (yo lo llamaría profesionalidad, pero en fin), supo que aquello no era lo suyo. Que no tenía lo que tenía Elton.

El resto de la entrevista está lleno de mierdecilla pija (basta ver las frases de sus hijas cuando la ven actuar; tampoco es que les importe mucho la música, al parecer. O su propia idea de sí misma y de lo que hace). Pero hay que reconocer que al menos tuvo un arranque de lucidez.

En cualquier caso, gracias, Elton, por acabar con aquel horror.

 

Trompa patulosa

7 07+00:00 septiembre 07+00:00 2018

Un título inmejorable para un artículo, por cierto. Podría tratar de un montón de cosas pintorescas…

Aviso: voy a hablar de una cuestión de salud. No tengo ningún tipo de cualificación médica y nada de lo que diga aquí debe entenderse como consejo médico ni aceptarse sin más. Solo pretendo contar mi experiencia y toda la información que ofrezca debe tomarse con todas las debidas reservas. Declino toda responsabilidad por cualquier interpretación que cualquiera haga que vaya más lejos que esto.

Supongo que alguna vez, en la piscina o en el mar o en la ducha, te ha entrado agua en los oídos y hasta un rato después te oías la voz extraña, como si no fuera la tuya, como si tuvieras la cabeza metida en un cubo.

Si un día notas que empieza a pasarte eso permanentemente, y además esa voz apagada y extraña la oyes a un volumen altísimo, quizá tengas trompa patulosa (en inglés patulous eustachian tube). A mí me pasa; siempre que hablo, siempre, me oigo así.

Tus oídos están conectados con tu garganta a través de sendos conductos, las trompas de Eustaquio. Ese conducto va del oído medio a la zona alta (nasal) de la faringe, y está normalmente cerrado. Se abre a veces para dejar pasar aire hacia el tímpano, cuando a un lado y a otro del mismo hay diferentes presiones, para que estas se igualen (en un avión puede que notes esto de manera repentina cuando se te “destaponan los oídos”).

Si padeces de trompa patulosa, ese conducto estará abierto todo el rato. Las causas no están claras, pero se relaciona con factores como una bajada de peso, hormonales, bajada de la hidratación, ejercicio físico… Si lo piensas, ese tubo tiene unas paredes, y cualquier cosa que haga “adelgazar” o deshidratarse esas paredes puede hacer que el tubo quede abierto (no es un esfínter que puedas cerrar).

Ese tubo abierto no es especialmente malo en sí mismo, pero trae un problema. Nuestro sentido del oído está acostumbrado a recibir sonidos del exterior, y también del interior. Los sonidos internos los recibe habitualmente a través de una serie de paredes de huesos y otros tejidos. Pero cuando la trompa de Eustaquio está abierta, tenemos un conducto que deja pasar los sonidos directamente hasta el tímpano. Y la voz (que se produce en la garganta, y resuena bastante en nuestras cavidades nasales) tiene ahora vía libre para alcanzar nuestro oído. Por eso si tienes trompa patulosa te oyes, siempre que hablas, a un volumen muy alto, saturado, aunque estés hablando de forma discreta.

Pues esto me ocurre a mí desde hace unos años, y aunque no amenaza tu vida, puede ser un problema bastante grave. Resulta muy incómodo para hablar; tienes que acostumbrarte a “soportar tus propios gritos” sin poner caras raras, porque en realidad los demás te están oyendo perfectamente y sin estridencias.

Según cómo emitas la voz, el efecto puede ser más o menos acusado. En mi caso, puedo conseguir, con disciplina, que algunas vocales (las “aes”, las “oes”), sobre todo si las pronuncio bajando la laringe (terminología Estill), molesten algo menos. Otras vocales (i, u) prácticamente no mejoran. Y las consonantes nasales (m, n) son lo peor, no tienen arreglo. Pero en mayor o menor grado molestan todas.

Es curioso; si te inclinas para poner la cabeza hacia abajo, es probable que te oigas bien (supongo que la acumulación de fluidos en la cabeza por la gravedad “engorda” las paredes del conducto y lo cierra).

Resulta aún peor para cantar, porque en primer lugar tienes que ser capaz de hacerlo sin saber realmente cómo suenas; tienes que “suponerlo” todo, desde la afinación hasta el sonido real de tu voz (nunca sabemos cómo suena realmente, pero con trompa patulosa eso ya se te va de las manos). Pero en segundo lugar, mientras tú cantas te oyes tan fuerte a ti que apenas puedes oír los demás instrumentos o cantantes. Tienes que mantener un equilibrio entre cantar y seguir oyendo; si cantas jazz o improvisas de cualquier forma (lo cual requiere una escucha activa constante), ya tienes un asunto más del que ocuparte, porque si normalmente ya cuesta elegir dónde hacer pausas, ahora tienes que hacerlas para poder oír a los demás y asegurarte de que sigues en el tono.

Si cantas musicales, por ejemplo, es aún peor; en estos estilos teatrales se hace mucho uso del belting, es decir, se canta de forma muy enfática, casi gritando, con lo que el volumen para ti es aún más alto. He leído historias de gente que había estudiado esta disciplina y acabó dejándolo porque les era imposible (y no es plan de actuar poniéndote cabeza abajo, claro). Resulta deprimente.

He leído muchos testimonios de personas desconcertadas por estos problemas con la voz. Pero recientemente he reparado en otro efecto dañino que me sorprende no haber visto reflejado por ahí. Aunque me dedico sobre todo a la guitarra y algo al canto, tengo muchos más instrumentos con los que me gusta jugar (cuando tengo tiempo). Hace muchos años compré un saxofón. Nunca pretendí ser saxofonista, pero sí saber cómo se tocaba y aprender alguna melodía. Como no suelo tener tiempo, hay largos períodos en que el saxofón está, básicamente, de adorno. Pero el otro día decidí darle una vuelta después de años, y me encontré con que me pasa lo mismo que con la voz. El sonido del saxofón es potente, se produce bastante adentro en la boca y está muy conectado con las mandíbulas, así que utiliza el mismo canal para fastidiarme; y si mi voz me atruena la cabeza, lo del saxo ya es insoportable. Así que me parece que se acabó tocar el saxo para mí. Lamentablemente, me pasa lo mismo con la armónica (con la ilusión que me hacía a veces tocar la armónica cromática que me regaló mi tío). Por suerte, no tengo problema con la flauta dulce.

Con todo esto, mi caso no es el peor. He leído que mucha gente siente el ruido de su propia respiración, o incluso los latidos de su corazón. Así que a pesar de todo estoy teniendo suerte por ahora. (Todo esto de oírse a uno mismo a un volumen anormal se llama autofonía).

En mi caso, no sé si hay causa y efecto, pero sí coincide temporalmente el inicio de esto con una pérdida de peso; bajé cinco miserables kilos. Andaba alrededor de 96, y decidí retroceder hasta 90-91, que es en donde intento moverme ahora. Pero si tienes predisposición de algún tipo, seguramente todo esto es cuestión de pequeños márgenes. Quizás si subiera de peso arreglaría el problema, pero esa solución no deja de tener sus inconvenientes. En alguna subida parcial que he tenido no he notado ninguna mejoría, así que supongo que tendría que ganar peso “en serio”. Y según las tablas de masa corporal que hay por ahí ya estoy en sobrepeso, incluso con 91 kg (aunque nadie lo diría, ejem).

¿Qué dicen de esto los médicos? En primer lugar, es posible que ni siquiera te diagnostiquen bien. No es una afección muy extendida, la verdad. Yo he ido a cinco otorrinos; no recuerdo cuál me dio un diagnóstico claro, pero no fue el primero.

En segundo lugar, te diagnostiquen o no, es probable que te pregunten “pero ¿eres cantante profesional?” Si la respuesta es “no”, se encogerán de hombros y no verán demasiado problema. Ni estás sordo, ni tu vida corre peligro, así que puedes vivir con ello y santas pascuas.

En tercer lugar, no hay cura conocida. Hay unas gotas que pueden influir y ayudar algo en algunos casos, pero nada milagroso. Hay también operaciones, que consisten en engrosar por diversos procedimientos quirúrgicos las paredes de la trompa de Eustaquio (producir cicatrices, insertar geles o cartílagos…) pero esto no siempre tiene éxito ni es permanente (muchos de estos productos se van absorbiendo por el cuerpo). Uno de los otorrinos que me trataron había conocido personalmente al principal “inventor” de esa cirugía en una estancia de investigación en Boston, creo, y él mismo le mostró sus reservas y le comentó que estaba indicado para casos extremos porque rara vez merecía la pena.

Además de visitar a cinco otorrinos, he probado tratamiento con fisioterapeuta, por si se pudiera modificar algo trabajando la musculatura del cuello y la cabeza, sin resultado. Después acudí a otra fisioterapeuta que es también logopeda, y además de la fisioterapia trabajamos diversos ejercicios, sin resultado también. Aunque el profesional conozca la enfermedad (que no es lo habitual) no hay tratamientos descritos; téngase en cuenta que resulta difícil acumular experiencia o hacer estudios, porque no se encuentra uno casos todos los días. No resulta fácil reunir una muestra grande de afectados ni, por tanto, hacer estudios clínicos. Mi fisioterapeuta-logopeda, por lo que sé, solo había conocido personalmente un caso, que era el mío.

También he buscado otras soluciones. Probé los ejercicios que dice este tipo:

pero en mi caso no funcionó (si es que los he hecho bien). He visto otra forma de afrontarlo:

pero esto son básicamente gotas, y no me convence la vía de andar haciendo pruebas mediante la introducción de sustancias en el oído. Ahí creo que hay que ser muy, muy cautos y tener médicos (reales y con ideas contrastadas) detrás.

Así que así están las cosas. Si intentas explicar lo que tienes, casi todo el mundo te mirará raro (aunque eso da igual). Desde hace poco, al menos tienes un recurso para explicarte, y es que lamentablemente ahora le pasa a Céline Dion (es el primer caso que conozco en los medios):

Céline Dion Has Canceled Shows to Undergo a ‘Surgical Procedure’ – She’s suffering from a condition that makes it hard to sing

Ella probó las gotas, pero después de un año dejaron de funcionar. Así que se operó. Ojalá le resulte bien.

Celine Dion returns to stage 2 months after ear surgery

Por mi parte, como no hay mucho más que se pueda hacer, de momento no hago mucho más. Sheila Jordan me dijo en persona (al margen del problema, que no le conté) que no dejara de cantar, así que le he hecho caso. Hace poco he probado por primera vez en mi vida a cantar en un coro, y temía no ser capaz de mezclarme con otras voces si no puedo oírlas bien, pero parece que no salió del todo mal. Otra cosa que hago a veces cuando practico en casa es monitorizarme, es decir, utilizar micrófono y ponerme auriculares para oír por ellos lo que estoy cantando; ciertamente, ayuda a “olvidarse” del sonido interno, a percibir el sonido real y ajustar mejor lo que uno hace.

Y por lo demás me aguanto. No me planteo operarme (porque no parece que el beneficio merezca la pena) y como digo no voy a echarme gotas salvo que sea bajo criterio médico y con un propósito muy claro. No creo en los remedios “naturales” que mucha gente se aplica, aunque no digo que no puedan funcionar dependiendo del caso.

A ver si con un poco de suerte se va investigando en esto y se encuentran soluciones mejores. Hoy en día ya no resulta tan difícil encontrar casos sobre los que investigar, ya que la gente se reúne por sí misma. Otra cosa es que haya un gran mercado que justifique económicamente la inversión.

En mi caso, la cosa se complica con otros síntomas que he tenido, más o menos por la misma época: el fenómeno de Tullio. Un día, en casa de un amigo, hubo un acople de sonido (lo que produjo un ruido muy agudo, muy fuerte y repentino) y de repente fue como si toda la habitación hubiera dado una voltereta. No un mareo, sino una sensación de movimiento muy violento (lo llaman oscilopsia). A partir de ahí me di cuenta de que cuando había ruidos fuertes y repentinos, por ejemplo cuando el típico tonto de gimnasio deja caer una pesa, me pasaba eso mismo. Mi quinto otorrino me hizo una resonancia (o TAC o lo que fuese, no me acuerdo) para comprobar si tenía una cosa llamada síndrome de dehiscencia del canal semicircular superior (SDCS). Al parecer no vio lesiones óseas notables. Pero no deja de ser cierto que la autofonía es uno de los síntomas del SDCS. Y he visto gente por ahí advirtiendo de que muchas veces se diagnostica erróneamente la trompa patulosa cuando lo que tienes es SDCS. Mi autofonía no ha remitido, aunque los fenómenos de Tullio quizás un poquito, si bien es cierto que procuro no exponerme a ruidos grandes y que en las pruebas auditivas que me hacen sí se produce el fenómeno de Tullio, sobre todo en el oído izquierdo, cuando me ponen ruido fuerte a ciertas frecuencias.

Más aún: unos pocos años antes de estos problemas tuve una época en que sufría náuseas. Unas náuseas inexplicables, sin motivo aparente, para las que también fui a varios médicos y que no encontraron causa (no era nada digestivo). En unos años, esas náuseas remitieron por sí solas. Es sabido que las náuseas y el sentido del equilibrio, y por tanto el oído, andan bastante relacionados.

Vete tú a saber si lo que tengo es dehiscencia de esa. Estoy un poco mosca, porque a veces se me taponan los oídos como a cualquiera… e incluso en esos momentos oigo mal mi voz. Si se me taponan los oídos es que la trompa de eustaquio está cerrada, ¿no? Así que, por lógica…

En fin, parezco el típico jubilado contando enfermedades. No tengo en absoluto ese carácter. Pero este es el tipo de cosa del que hay relativamente poca información en Internet, y quizás a alguien le venga bien encontrar esta.

 

5 músicos sobrevalorados (II)

8 08+00:00 agosto 08+00:00 2018

Hace bastante tiempo (¡11 años!) maticé mi admiración por Eric Clapton. Y hubo reacciones airadas. Más adelante nombré otros cinco músicos a mi juicio sobrevalorados. Como ya casi nadie leía blogs, no hubo reacciones tan viscerales. Pues ahora que ya no nos oye nadie, como que se me apetece decir otros cinco. Intentaré que ninguno sea de por aquí cerca, por aquello de la convivencia vecinal.

Iba a incluir en la lista a todos los DJ famosos de la actualidad, pero eso implicaría considerarlos músicos, y no lo tengo claro.

5. Bruce Springsteen

Eso sí, la Telecaster le queda como a nadie y cuando canta pone una cara de esfuerzo inigualable.

Para alguna gente, decir esto es peor que ser un hereje. Voy de cabeza a la hoguera. Pero aunque respeto a Bruce Springsteen como músico, y le reconozco valor, y no digamos profesionalidad y todo lo demás… lo siento, es que no veo que sea tan excepcional. Es cuestión de gustos. He probado, he escuchado, y me ha dejado más o menos como estaba. Buenas canciones, grandes directos, pero en el fondo toda esa idolatría, y todo ese llamarle boss, y toda esa mitología, en parte me parece un código tribal de machotes.

4. Oasis

Bruce me parece bueno. Oasis, poco. Toda esa película de los hermanos que se pelean, y toda esa pose de desagradables y faltones, y toda esa mierdecilla, a mí en los discos ni me interesa ni la oigo. Pero a mucha gente parece que la impresiona. Todavía hay quien se cree que las discusiones de Sálvame son reales. En fin, que yo no doy un duro por un disco de Oasis. Me parece todo muy obvio y muy manido. Un grupo del montón.

Yo a Joan Baez la pillo. Pero a este no, la verdad.

3. Bob Dylan

Madre, que sí, que voy al infierno, que de esta no salgo. El papel de Bob Dylan en la música popular lo han descrito y matizado todo tipo de estudiosos que están a años luz de mí en cuanto a conocimientos. Pero yo nunca lo he soportado.

Tengo una mente, creo, bastante abierta para el arte, y para la música en particular. Disfruto como nadie de los aullidos de Tom Waits. Puedes suplir la técnica con emoción; es más, a veces la técnica es contraproducente y es el momento de la emoción. Me encanta que alguien desafine cuando debe hacerlo. O que transmita sentimientos precisamente gracias a la sinceridad, a la desnudez, a la falta de técnica, incluso deliberada. Pero mira, es que hay que decirlo con claridad: incluso bajo ese prisma, Bob Dylan canta como el culo. La mayor parte del tiempo, no me lo creo. Hay un grado de desgana que soy capaz de aguantar. Supongo que el tipo le pone un sentimiento intensísimo que no soy capaz de apreciar, y lo confundo con pasotismo. A mí siempre me transmite la vibración de un tío que ha tenido un éxito inconmensurable que nunca ha entendido y que está hasta los cojones de cantar en público, porque él lo que quería era ser un incomprendido y escribir letras mientras trabajaba en una oficina de patentes o algo, para que las descubrieran en un cajón cuando hubiera muerto y supieran lo injustos que habían sido ignorándole. Perdóname, Señor.

2. Lady Gaga

Pista: si es famoso por maquillaje, ropa o piernas, no es músico.

Lady Gaga sabe cantar. Incluso tiene canciones notables, si la escuchamos con un poco de atención. En muchos sentidos, es una artista, una reina del entretenimiento, todo lo que quieras. Pero musicalmente, aun cuando fuera buena, es del montón de gente buena que hay por ahí (muchos infinitamente mejores que ella). Que se pone un vestido de filetes, y al público de la MTV le impresiona eso, pues vale, pues bueno. Pero me resulta pasmoso que mucha gente le ponga, como mérito, que cuidado, que a pesar de toda la extravagancia en el fondo sí que sabe cantar y tocar de manera solvente. Si es un mérito, si es algo añadido y sorprendente, ya está todo dicho… Ser capaz de cantar una canción con Tony Bennett no te convierte en Tony Bennett, solo en alguien con un manager que ha convencido al manager de Tony Bennett de que ahí hay pasta. Lady Gaga hace muchas cosas, pero no me parece que sea por ser una artista versátil; simplemente, todas ellas las hace de manera mediocre, cosa comprensible porque está centrada en otros aspectos, como enseñar trajes y colores de pelo.

1. The Beatles

Lo dije hace años: los músicos más sobrevalorados del mundo son los Beatles. No porque no sean buenos, sino porque simplemente nadie puede resistir tan nivel de valoración. Es completamente desorbitado. No hay nada que ellos pudieran haber hecho para evitarlo.

Me apetecería tratar en un punto aparte el tema Lennon en especial, porque Lennon en solitario sí que… en fin, me voy a callar.

Eurovisión

13 13+00:00 mayo 13+00:00 2018

Hace mucho tiempo que soy indiferente a Eurovisión, como mínimo. Más o menos como a los Oscar. Ayer soporté alguna que otra actuación, y hoy vi algo más en diferido (no todos los días sale Caetano Veloso cantando en directo en televisión).

Y mi resumen es este.

  • Cuando supe quiénes eran los favoritos de las casas de apuestas (esa tipa de Israel y la otra tipa de Chipre) me daban ganas de llorar. En los dos casos. Y más cuando vi que efectivamente iba a ganar una de las dos.
  • La de Israel me pone malo con sus movimientos de cabeza, que apetece darle una colleja a ver si se le pasa la tortícolis esa que tiene. La de Chipre es un pibón de quien presentan como aval el parecerse a Beyoncé (que se le parece como un huevo a una castaña, pero si se pareciera sería peor, porque Beyoncé me parece nefasta, un tristísimo desperdicio de recursos).
  • La canción de España era todo lo pastelosa que se quiera, pero tengo que reconocer que era una de las mejores canciones y fue una de las mejores interpretaciones. Hala, ya lo he dicho.
  • Voy a decir otra herejía. Salvador Sobral me parecía un cantante tirando a mediocre. De su canción de ayer puedo decir que me confirmó que a mí este tío no me funciona. Para ver gansadas, prefiero a Chikilicuatre. Creo que tuvo la suerte de llevar una canción muy bonita, pero a él le veo un talento justito, justito, lo que se dice justito. De acuerdo en que la voz no lo es todo, es muy importante estar… pero es que este tío no sabe estar, tampoco. Lo siento.
  • Sin embargo, allí estaba al piano Júlio Resende. Un figura, un tipo al que sí admiro un montón.
  • Y, sobre todo, no consigo entender cómo pueden hacer técnicamente ese espectáculo. Esos decorados, esas luces, esos trastos que tienen que meter y sacar del escenario en segundos. Me impresiona.
  • La que ganó es, para mí, una estrafalaria de tres al cuarto, un fraude de principio a fin. Pero al final, poniéndonos positivos, podía ganar una mujer gorda o una mujer pibón, y ganó la mujer gorda. Algo es algo.

Y eso dio de sí Eurovisión. Ya es mucho más que en años anteriores, porque generalmente procuro no verlo.

Menudas mierdas que validamos hoy

2 02+00:00 mayo 02+00:00 2018

El otro día un concursante de La Voz en Australia, un tal Oskar Proy, cantó una versión libre del Asturias, patria querida. Ha tenido repercusión porque en Asturias siempre que alguien nos hace caso nos volvemos locos. La versión era esta.

Nada del otro mundo, pero bueno. La versión no es muy buena ni muy mala, tiene ciertos méritos y ciertos deméritos. Allá cada cual con sus gustos y con cuán en serio se tome la afectación que impera en estos concursos, tanto en concursantes como en jurados.

El caso es que entre las reacciones un músico asturiano de primera fila (ejem) ha dicho (según un periódico):

[…] yo creo que vivimos unos tiempos en los que se validan cosas que en condiciones normales pasarían inadvertidas en otras épocas. [Las redes sociales] tienden a valorar lo fácil.

Es una reacción válida como otra cualquiera. Lo raro es que esto lo diga precisamente aquel que propuso para esa misma canción una letra que… en fin.

Su letra le parecía estupenda. Y la versión de este chico le parece algo que en otra época pasaría inadvertido, y que es “fácil”.

Yo no sé si me gusta la versión de Proy o no. Pero sí sé, sin duda, que es un trabajo infinitamente mejor que la letra del crítico este.

 

 

El día que Sheila Jordan me llamó gatu

30 30+00:00 abril 30+00:00 2018

El pasado lunes 23 de abril murió Bob Dorough. El nombre no te dirá mucho. Pero quizá hayas visto en algún programa de tu infancia algún dibujo de esta guisa:

Bob, músico de jazz, compositor, arreglista, tuvo un inesperado éxito componiendo y grabando la música de Schoolhouse Rock!, unos pequeños videoclips educativos muy populares en Estados Unidos. Yo sospecho que algunos se emitieron en España en programas como Un globo, dos globos, tres globos y similares. Pero no estoy seguro; muchos eran de gramática inglesa o de temas americanos, difíciles de trasladar aquí.

Además de eso, Bob es uno de esos cantantes que, sin tener aparentemente una gran voz, gozan de reconocimiento dentro del mundillo. Pero además era, aparentemente, un hombre bueno y con gran sentido del humor. Compuso algunos de mis temas favoritos, y me apena mucho que nos haya dejado. Como mínimo homenaje, dejo aquí una interpretación suya del tema ‘Tis Autumn, un tema que no es suyo pero que es claramente mi versión preferida. Deja oír la mezcla de melancolía y alegría que el tema requiere, y solo Bob podía cantar imitando así cómo hablan los pájaros. Una pequeña joya, dale una oportunidad. Habla de cómo llega el otoño y hay que prepararse, y hoy sin Bob es un poco más otoño, pero así es la vida:

Los árboles dicen que están cansados, han dado demasiada fruta;
estropeados junto al camino, no hay discusión.
Ahora tiran hojas, les importa un bledo.
¡La di da di da di da, otoño!

El viejo Padre Tiempo lo ha comprobado, así que no hay duda;
llamó al viento del Norte,
e hizo bocina con las manos para gritar:
“¡La di da di da di da, otoño!”

Entonces se juntaron los pájaros para piar del tiempo,
[pío pío pío pío]
y después de tomar su decisión, con esa precisión pajaril,
se giraron y apuntaron derecho al sur en fila.

Que yo te agarre fuerte no es delito, de verdad
Pregunta a los pájaros y los árboles y al viejo Padre Tiempo.
Es solo para ayudar a que suba el mercurio.
¡La di da di da di da, otoño!

Pues una amiga de Bob Dorough es Sheila Jordan. Una leyenda viviente. Una mujer de 89 años íntima de Charlie Parker, que trató con Bill Evans, que era amiga de Bob pero también de Mark Murphy, que conoció a todos los grandes, que vio crecer el bebop. Una gran persona, alguien entrañable, que se hace querer. Un fin de semana inolvidable, y es que pocas veces te acompañan músicos como César Latorre y Horacio García mientras cantas delante de alguien de la talla de Sheila. Ahí estrené mi versión de When Sunny gets blue. Al acabar me dijo: “¡Ha sido maravilloso!” y “¡ha sido bonito!” Ante comentarios del pianista sobre si yo estaba haciendo bien los silencios, dijo que “tan pronto como ese gato empezó a cantar, supe que era instrumentista”. “Gato” es como, en argot, llaman en Estados Unidos a los músicos de jazz (por eso Los aristogatos son gatos). Mis silencios le parecieron perfectos.

Es como si te llaman tipo. Pero para mi fue muy especial que Sheila Jordan me llamara gato. En el pasillo insistió en que le gustaba mucho lo que hacía, y en que siguiera haciéndolo. Y al día siguiente, al despedirnos, otra vez. Y es lo que escribió en la partitura que pedí que le firmara: keep singing.

Y si lo dice Sheila Jordan… tendré que seguir. No todo el mundo puede decir que le ha animado una amiga de Charlie Parker.

 

Las letras de Marta Sánchez

19 19+00:00 febrero 19+00:00 2018

Hace tiempo fui a un taller sobre escritura de letras para canciones. El profesor era Pablo Moro. Una de las cosas que más me interesaban, y pregunté, era si había realmente alguna forma, gustos aparte, de identificar una letra mala. Es decir, hay arte que nos gusta y arte que no, pero en el arte hay una parte de oficio, y un oficio se puede hacer bien o mal. Hay cosas que objetivamente están hechas como el culo. Aunque funcionen comercialmente, aunque emocionen a gente, aunque esa gente sea mucha. ¿No se puede señalar, fría y profesionalmente, por qué están mal? Bueno, no pude llegar a ninguna conclusión.

Pero yo tengo mis ideas.

Estos días se habla mucho de que Marta Sánchez ha escrito una letra para el himno de España. Obviamente, el día que cantó eso recibió un montón de aplausos, la emoción se palpaba, en fin. Y le han salido montones de entusiastas apoyos. Como cuando fue a cantarles a los soldados. Hay cosas que funcionan siempre. Supongo que lo sabe. O que es así de verdad, más bien.

Se ha montado el gran pitote, como siempre, entre los que quieren sacar pecho del azar de haber nacido en España y darles con la bandera en el hocico a los que se lo tomen con más calma que ellos, y por otro lado los que… bueno, los que funcionan a la contra. Qué más da. Los políticos han hecho su parte (su oficio, ya que hablamos de oficio) que no voy a calificar. Carlos Herrera también ha hecho su parte habitual y tampoco voy a calificarla/o.  También hay debate, en general, respecto a si el himno debe tener letra o no. Un montón de debates, en resumen.

Pero a casi todo el mundo se le está yendo lo esencial.

Lo esencial no es si Marta es valiente o no (lo es; lleva siendo valiente desde el primer día que se subió a un escenario a cantar). Tampoco quiero entrar en si Marta hace bien o no sintiéndose tan, tan, tan española. Ni si puede o no cantar lo que le plazca o sienta, que puede, claro. Ni si tiene sentido que la letra del himno sea una letra de emigrante, por así decir. Se han dicho muchísimas burradas, desde siempre, respecto al himno nacional (una reciente: este tipo, que afea la sordera de los demás y se presenta como un poco más leído y escuchado, dice que el himno sin letra que elegiría él sería… Entre dos aguas, y si tiene que ser con letra, Volando voy. Sin comentarios). No voy a nada del contexto, que da para mil debates en vano.

Lo primero es si la letra es buena o mala.

Y es mala. Mala con ganas. Mala con vocación. Por lo visto, Marta estuvo trabajando en esto mucho tiempo, y en una frase la ayudó su productor. Para este resultado:

“Vuelvo a casa, a mi amada tierra,
la que vio nacer mi corazón aquí.

Hoy te canto para decirte cuánto orgullo hay en mí,
por eso resistí.

Crece mi amor cada vez que me voy,
pero no olvides que sin ti no se vivir.

Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón
y no pido perdón.

Grande España, a Dios le doy las gracias por nacer aquí,
honrarte hasta el fin.

Como tu hija llevaré ese honor,
llenar cada rincón con tus rayos de sol.

Y si algún día no puedo volver,
guárdame un sitio para descansar al fin.”

Y volvemos a aquella duda que le planteé a Pablo Moro un día. Y volvemos a temas que ya he tratado aquí; se diría que los que quieren mejorar las letras de los himnos nacionales son precisamente los más inútiles.

No es de recibo una letra que, a martillazos, deshace diptongos (“a/mi/a/ma/da”), cambia los acentos (“lleváre”) y de paso pone un diptongo que no había (“…lle/vá/re-e/se…”).

No es de recibo que rime, pero no rime, pero vuelva a rimar, al tuntún, a veces sí y a veces no, de cerca y a distancia.

No son de recibo esos dos versos que riman (es un decir) con la palabra “fin” repetida.

No es de recibo esa pila de lugares comunes puestos para rellenar. ¿”Cuánto orgullo hay en mí, por eso resistí”? ¿Que qué? ¿”No olvides que sin ti no sé vivir?” ¿”…corazón / y no pido perdón”?

Es la letra hecha como ejercicio por alguien que no tiene ni idea, que empieza en esto de escribir y de momento no da más de sí. Es un ejercicio prometedor para un debutante, y algo sonrojante para alguien que se precia de ser compositor (sin perjuicio de que haya muchas cosas sonrojantes generando millones de euros en derechos de autor, que de eso no digo nada).

En fin, es muy, muy, muy Marta Sánchez. “Soy yo / la que sigo aquí / soy yo / te lo digo a ti”. No me parece mal que ella lo cante, con ese estilo tan… vociferante, excesivo. Hortera, vamos a decirlo con claridad. Conecta con cierta gente. Con  mucha, al parecer. Bien. Ella es así, y sus fans también.

Pero cuando alaban su obra y hablan de convertirla en el himno oficial, no pueden estar hablando en serio.

O sí. Una cosa tiene buena: ese himno nos representaría como país.

 

Radiohead vs Lana del Rey

12 12+00:00 enero 12+00:00 2018

No soy un devoto de Lana del Rey. Pero vuelve a surgir un asunto antiguo, y que supongo que resurgirá cada poco.

Radiohead ha demandado a Lana del Rey por plagio, y le piden… ¡el 100% de los derechos de la canción! No la mitad, no. El 100%.

Aquí está el tema de Radiohead (nunca mejor dicho, “el tema de Radiohead”):

Y aquí el tema de Lana del Rey, Get free:

Cuando lo supe, llegué a la misma conclusión que expresé aquí alguna vez. ¿Que está copiado? Absolutamente toda la música está copiada, señores. El plagio es otra cosa. Esto que vemos aquí es la apropiación de unas ideas, de un patrimonio inmaterial, por parte de unos listos. Como el señorito que llega a un monte común y lo cierra y se instala allí y cobra peaje al que pase.

Radiohead al parecer se cree con derecho a quedarse con la secuencia de acordes I … III7 … IV … IVm. Hay unos parecidos entre las dos canciones, claro. Pero básicamente es eso.

Curiosamente, a raíz de eso me enteré de otra aún peor: resulta que Radiohead fueron demandados por los Hollies, que afirmaron que Creep era plagio de The air that I breathe. Juzga tú mismo:

Así que resulta que no, que los que pusieron la valla en I … III7 … IV … IVm fueron los Hollies. Radiohead admitieron haberse inspirado en ese tema y cedieron parte de los royalties, no el 100% como piden estos ahora.

Creep y The air that I breathe se parecen como un huevo a una castaña. No sé si los Hollies deberían pagar royalties a Jimmy McHugh, compositor de On the sunny side of the street (1930), porque el recurso de los tres primeros acordes está ahí (ellos luego se quedan en el IV y lo convierten en menor):

Lana del Rey dice que no se basó en Creep. No sé yo, pero al parecer les ofreció el 40% (creo que ya fue una oferta generosa) y Radiohead no se contenta con menos del 100%.

Y todo esto me parece una auténtica desvergüenza y una desgracia para la música. Que la posibilidad de utilizar una secuencia de acordes esté en manos de que unos abogados ganen o no un pleito en los EEUU es escalofriante. En pocos años toda la música estará acotada y llena de peajes.

Creo que habría que ser bastante exigentes para fallar a favor una demanda de plagio. Incluso si uno pone los acordes porque los ha oído antes. Creo que Lana del Rey tendría que poder decir con toda tranquilidad “Sí, me inspiré en Creep“, y que Radiohead no tuviera derecho a exigir nada.

Porque toda la música está hecha así. Y solo faltaba que llenaran de fronteras y de peajes el pensamiento también. Es lo único que falta ya.

 

La guitarra es difícil

12 12+00:00 diciembre 12+00:00 2017

Paciencia, chavales. No hay que dramatizar. Seguid estudiando, practicando, y mientras tanto haciendo música con lo poco que sepáis.

Si esto lo decía este señor, no os frustréis por lo que os cuesta o lo que no os sale.