Archive for the ‘opi’ Category

La enerxía y los compraores foriatos

13 13UTC noviembre 13UTC 2008

Ya sé que los motivos de los políticos pa facer lo que faen nun son los que paecen nin los que dicen, pero ye que hasta pa facer teatru hai que ser un pocoñín profesional.

Como sé que Rajoy ye profesional, nun entiendo esto:

El Gobierno puede no autotizar la compra y se puede impedir. (Sobre Gazprom y Repsol.)

Pido que el Gobierno deje de interferir en la economía y se retire discretamente. (Sobre E.On y Endesa).

Pa los probes aldeanos que nun sabemos ná de negocios nin de empreses, hebíen escribir los papeles pa que los entendamos. Que si non perdémosnos y nun mos presta el teatru.

La corrección política en el lenguaje

12 12UTC noviembre 12UTC 2008

Casi todos queremos que se nos pague puntualmente nuestro sueldo. Pero, sin que seamos conscientes de ello, es una palabra fea. Al parecer el “sueldo” era una moneda romana de oro. Pero su nombre, a su vez, derivó de lo que se pagaba a los soldados. Así que la palabra “sueldo” nos retrotrae a un mundo antiguo, brutal, militarizado, violento, y a una civilización que, por más que estableciera los fundamentos de nuestro Derecho, albergaba gran número de esclavos y de injusticias.

Así que mejor usamos “salario”. Pero resulta que “salario” hace referencia a la sal (sustancia de gran valor comercial entonces) con que se pagaba a los soldados que se encargaban de la seguridad de la Via Salaria, por la que llegaba la sal a Roma. “Salario” nos retrotrae a un mundo antiguo, brutal… bueno, eso.

Nada, digamos “estipendio”. Pero resulta que viene de “stipendium”, que entre otras cosas significaba… salario de soldado, y también la tasa que cobran los curas por las misas. Lo que nos retrotrae a… todo eso, pero encima juntando la guerra con la religión.

Podemos tachar esas tres y seguir buscando, a ver si podemos decir “emolumento”, “retribución” o “remuneración”, pero tanto si podemos como si no, nada va a cambiar ese mundo antiguo, brutal, militarizado, violento. La cuestión es si podemos cambiar este mundo moderno, brutal, militarizado, violento.

Para mí, un cafre siempre ha sido alguien bruto o exagerado en sus acciones. Pero de un tiempo a esta parte, si dices “cafre” te riñen y te explican que son habitantes de una región de Sudáfrica. Está bien aprender eso, y uno se da cuenta de que la palabra probablemente se popularizase por aquella curiosa xenofobia colonial. Yo nunca he llamado cafre a nadie con intención de compararlo con ningún miembro de ninguna tribu; pero puestos a ser correctos, remontándonos en la etimología la palabra viene del árabe “kafir” y significa “pagano”, que viene a ser alguien sin bautizar, infiel, ajeno a una religión. O sea, que los habitantes de la cafrería no se llaman a sí mismos “cafres”; el propio término tiene su origen remoto en la intolerancia religiosa, antes que en la xenofobia. Por cierto, “pagano” también, pero se relaciona con el término “pagus”, es decir, “pago, aldea”, en referencia a la resistencia que los aguerridos pueblerinos mostraban a ser cristianizados (la propia palabra “cristianizar” sí que es reveladora, y más utilizada en la voz pasiva). Total, que hoy en día quizás yo mismo podría llegar a sentirme orgulloso de ser un kafir (si no estuviera bautizado) o un paganus (porque soy natural de un sitio).

Un embrollo, ¿no? Claro que sí. ¿Realmente merece la pena desenredarlo? La palabra “bárbaro” viene de cómo llamaban los romanos a los que vivían fuera de sus fronteras, pero no es invento suyo; es del griego, y hacía referencia a los idiomas desconocidos que los griegos se encontraron en sus viajes comerciales y de colonización (es onomatopéyico: bar bar, como bla bla). Así que al decir “bárbaro” insultamos a todos los que no hablan griego. Bueno, en realidad “bárbaro” también tiene la acepción de “excelente, llamativo, magnífico”. Cualquiera sabe si puede uno usar la palabra o algún representante de la minoría lingüística castellana (¿?) lo va a acusar de imperialista griego.

Con todos los respetos, para mí un cafre va a seguir siendo un cafre, y saber sobre el origen de la palabra me ayuda a ser sensible a la xenofobia o la intolerancia religiosa, y ya está. Salvo, claro está, que empiece a conocer o tener cerca cafres reales que se reconozcan en esa palabra. Pero jamás he tratado con ninguno.

Un negro es un negro. Cuando veo por la televisión a un señor con determinado tono de piel sé que es negro. No sé si es afroamericano (ni si tiene algo de afro- ni de -americano, porque podría perfectamente ser de Cádiz mismo de toda la vida), pero negro sí. Si alguien se siente incómodo al oír “negro”, tendría que replantearse por qué. Yo soy blanco, básicamente, y no me parece una palabra mejor ni peor. Es descriptiva. “De color” no es descriptivo, es más bien estomagante. Decir “de color” es como decir “que te enteres de que es negro, pero no puedo decirlo, pobre, bastante tiene con soportar ese color de piel”.

Del mismo modo, un ciego es ciego si no recibe información (o muy poca) por medio de la vista; “invidente” no es mejor palabra que “ciego”. Un sordo es alguien que no oye, u oye muy poco. Puedo entender que no guste la palabra “inválido”, pero… que no hay que exagerar. Que no hay que esconder la ceguera o la sordera o cualquier otra lesión como escondemos la caca.

Y respecto al género gramatical… en fin, habría para escribir un rollo larguísimo. Pero me niego rotundamente a formar parte de esa legión de gente que no es capaz de escribir un acento donde debe, pero sí barras inclinadas y vocales y arrobas por todas partes. Además, en todo caso habría que inventarse morfemas específicos para los hombres; existe forma de referirse explícitamente a un grupo de mujeres, y existe forma de referirse a un grupo mixto o de sexo indeterminado. Pero para referirse explícitamente a un grupo de hombres no hay más remedio que añadir palabras como “varones” o así.

Me gustaría también escribir sobre el humor, que hoy en día siempre ofende a alguien, y preguntarme sobre si es posible hacer humor sin que absolutamente nadie pueda darse por aludido o ridiculizado en nada. Pero es que todo esto no da para un artículo, da para un libro que dudo que pudiera escribir.

De momento, que basten estos balbuceos. (Palabra esta que viene del latín “balbutire”, y significa “hablar o leer con pronunciación dificultosa, tarda y vacilante, trastocando a veces las letras o las sílabas”, así que puede ofender a más de uno… Por cierto, “balbucear” comparte origen con “bárbaro”. Esto es un no parar.)

El asturiano, el finlandés, el estonio y la economía

1 01UTC octubre 01UTC 2008

Acabo de venir de un pequeño viaje por Estonia y Finlandia. Una de las cosas buenas de viajar es ver otra gente, otras lenguas, otros colores. Y respecto a las lenguas, he venido pensativo.

Yo no tenía ni idea de que existía el idioma estonio (bueno, ni Estonia en sí hasta hace poco). Estonia ha sido independiente muy, muy poco tiempo de su historia; siempre ha estado dominada por alguien, sobre todo los rusos. Sin embargo, después de tantos años de dominación rusa (y eso, señores, sí que es dominación) han conservado el estonio. Es un idioma de raíz ugrofinesa, junto con el húngaro y el finlandés; no son lenguas latinas, ni eslavas, ni anglosajonas. Son distintas a todo eso. Por lo que sé, el estonio y el finlandés tampoco son inteligibles entre sí; el estonio sólo se habla en Estonia.

En Finlandia es lengua oficial el finlandés, otra lengua de esa rama. Lengua que sólo se habla en Finlandia. No sirve para nada más. En Finlandia hay 5.300.000 personas; ese es el mercado del finlandés.

Sin embargo, en Finlandia también es lengua oficial el sueco, que habla… el 5,5% de la población. Es decir, que casi el 95% de la población no sabe sueco. Pero es oficial. No, no en una pequeña provincia; en toda Finlandia. Todas las calles de Helsinki tienen sus nombres en finlandés y en sueco. Para esos 300.000 finlandeses que lo hablan. Suecia aporta otros 9.000.000 de hablantes de sueco; ese idioma no sirve para nada más. Ese es su mercado.

Con esa enorme carga de oficialidad, ¡para todo un país!, y teniendo en cuenta que el finlandés, de por sí, ya es un idioma de utilidad muy, muy limitada, parece un tremendo despilfarro que el sueco también sea oficial. El enorme coste burocrático, de tiempo, de medios, ha de ser una sangría. Nosotros, de lo malo, tenemos como lengua del estado el español, que nos abre un mercado de cientos de millones de personas, pero los pobres finlandeses… lo tienen crudo.

Ah, ¿que no es así?

¿Que los finlandeses se defienden tranquilamente con el inglés?

¿Que no les falta el dinero? ¿Que son una potencia tecnológica? ¿Que sus servicios públicos son de primera? ¿Que tiene una altísima tasa de crecimiento económico? ¿Que tienen una actividad económica internacional enorme?

¿Cómo es posible, con esa cooficialidad que constantemente sangra sus arcas y les impide dedicar el dinero a “cosas más importantes”?

¿Cómo es posible que los estonios, con su lengua inútil, con su pasado ruinoso en manos de la Unión Soviética, estén a la cabeza de Europa en penetración de Internet y telefonía móvil, tengan un enorme crecimiento y el turismo sea una importante fuente de ingresos? Pero si aquí en Asturias no podemos hacer el asturiano oficial por si viene alguien de fuera… y no digo de fuera de España, sino de aquí al lado, mismamente.

Me da la impresión de que va a ser que, no sé, digo yo, esos argumentos de tipo económico sobre la lengua asturiana son paparruchas.