Archive for the ‘Opinión’ Category

Reflexiones coronavíricas (II)

20 20+00:00 marzo 20+00:00 2020

Enemigo

Pues sí; tenemos enfrente un enemigo invisible que mata, y la gente no se conciencia. No se protege, pero además no le entra en la cabeza que las medidas no son solo para protegerse a uno mismo, sino también a los demás; y que si te crees con derecho a asumir riesgos estúpidos, no lo tienes a obligar a otros a asumirlos. Y no somos conscientes de que ese enemigo va a matar este año a más de 50.000 personas. Solo en España. Y no solo este año; también el siguiente, y el siguiente. Todos los años.

Se llama «tabaco».

Natalidad

No he oído hablar del baby boom que se va a producir hacia diciembre de 2020. Mucha gente encerrada en casa todo el día, sin nada que hacer. No sé, pero si dicen que hubo un repunte de la natalidad por un apagón en Nueva York, esto tiene que ser una explosión. También es verdad que no estamos en 1965. Veremos.

Política

Csd se relame. Si tienes un décimo de lotería pásaselo por la chepa, porque no hay nadie con más suerte. Llegó a presidir su partido de rebote, como tantos otros (alcaldes, directores de departamento…) porque los verdaderos contendientes prefirieron un tercero que su enemigo acérrimo. Le encontraron un muerto en el armario descomunal (que te regalen la carrera y después un máster), y se fue de rositas y consiguió que lo que quedara en la memoria colectiva no fueran sus fraudes, impunes, sino los títulos (aparentemente legítimos y normales) de otro (el presidente con mayor cualificación académica hasta ahora, y los españoles se ríen de él por su cualificación académica).

Y ahora llega el virus, que no solo trae lo de ahora sino, peor aún, lo de después: la recesión, el paro. Lo tiene chupado. Solo tiene que hacer de poli bueno una temporada mientras estamos sensibles, enseñando la barbita, y luego, en su momento, sacar la crispación para ajustar cuentas y enseñar todo lo que se está guardando ahora, más lo que venga. En ese anzuelo picamos seguro.

Reflexiones coronavíricas

17 17+00:00 marzo 17+00:00 2020

Pues al final sí que estamos en cuarentena. Y todo esto me hace pensar en varias cosas.

Primera: que si a alguien se le hace terrible todo esto que pasa, me pregunto qué sería de nosotros si llega a pasar hace no tantos años; sin internet, con pocas cadenas de televisión, sin apenas teléfonos. Costaría muchísimo más comunicarse y recibir información. Si uno quisiera leerse el BOE con el decreto del estado de alarma, no podría. Toda forma de teletrabajo sería absolutamente impensable. No habría compras a distancia ni servicios a domicilio. Toda la gestión en los hospitales sería mucho más lenta, mucho menos ágil. Las autoridades tampoco tendrían la información que tienen; manejarían las cifras de epidemia a base de fichas de cartón o llamadas telefónicas, sin mapas automáticos ni hojas de cálculo.

Hay que pasar unos días en casa, sí. ¿Me vais a decir que teniendo una cantidad inabarcable de películas, música, libros, comunicaciones, videollamadas… es tan terrible?

Segunda: el problema es, obviamente, el efecto que esto puede tener en los negocios y en los asalariados. Pero deberíamos ser capaces de parar una temporada, porque si lo piensas, la mayoría de las cosas se pueden aplazar. Si nuestro sistema no es capaz de hacerlo, habría que plantearse por qué creemos que es bueno.

Tercera: está muy bonito eso de aplaudir en las ventanas a los médicos. Ahora solo falta que esa señora que hoy aplaude se lo aplique cuando va al médico y dice en voz alta, para que todo el mundo lo oiga, que tardan mucho en atenderla, que qué vergüenza, que están todos al café, que vaya panda de vagos y que le da tiempo a una a morirse.

Cuarta: también está lleno de listos que dicen que tenían que habernos encerrado antes. Ya no se acuerdan de que el 6 de marzo todo esto era sencillamente impensable, y que si se hubiera declarado entonces el estado de alarma todo el mundo se habría echado las manos a la cabeza por el alarmismo, por el autoritarismo, por cargarse la economía, por…

Quinta: volviendo a los aplausos, me pregunto por qué todos los hooligans idiotas de España, que son tantos, no acuden ahora a Cristiano Ronaldo o a Messi o a Isabel Pantoja para que les saque las castañas del fuego. Ahora sí, ahora los médicos y los científicos son héroes, ahora ser enfermero es precioso, ahora los servicios públicos importan. El resto del tiempo son poco menos que mierda.

Pues espero que os acordéis de esto, panda de compatriotas imbéciles, cuando volváis a soltar eso de «Messi somos todos». Messi, Ronaldo y tantos otros, que son delincuentes declarados que han estado robando, para poder ir en un avión más grande, los sueldos de esas enfermeras a las que aplaudís. Cuando esto pase, volveréis a subir al pedestal a los ladrones y a limpiaros los pies en las enfermeras. Y no quiero sacar el tema de su majestad el rey… y no me refiero solo al padre. Somos una turba de tontos, y nos merecemos lo que nos hacen.

Sexta: estos medios de comunicación tienen muchas ventajas, pero la desventaja de que cualquier idiota puede difundir sus idioteces. La gente no deja de enviar por whatsapp supuestas informaciones. Los engañan como a bobos, y lo difunden. Si un mensaje pone «difúndelo», van y obedecen. La intención es buena, pero de buenas intenciones está empedrado el infierno. Esta crisis saca cosas buenas de mucha gente, sí. Pero me ha hecho ver qué fácil es que cada cual vaya a lo suyo (no hay más que ver cómo se han comportado en los supermercados; alucinante) y cuánta ignorancia ejecutiva hay. ¿Os extraña lo que pasó en la guerra civil, os parece impensable lo que ocurrió en el Holocausto? A mí nunca me lo ha parecido, y tristemente no veo más que confirmaciones. Hace falta poco para volvernos gilipollas, o más bien para que aflore lo gilipollas que, en conjunto, somos.

Siento el pesimismo. En el fondo soy optimista y espero que lo que pasa cambie cosas para bien.

Hala, vuelvo al (tele) trabajo. Es que ahora no puedo salir al café, y tenía que parar de alguna manera.

 

Ratones

26 26+00:00 febrero 26+00:00 2020

El otro día vi en Verne un artículo sobre una foto de Sam Rowley que ganó el premio del público de los Wildlife Photographer of the Year. Son dos ratones en una estación de metro de Londres, peleándose como boxeadores. La reproduzco aquí porque entiendo que es lícito bajo la licencia con la que se publican las fotos de NHM.

Inciden mucho en cómo consiguió Rowley fotografiar cómo funciona la vida salvaje en entornos urbanos. Y cómo estamos conectados con la naturaleza sin saberlo, y demás.

Pero yo en la foto veo otras cosas antes que eso.

Veo dos animales pequeñitos en un entorno tan absolutamente fuera de su comprensión que asusta. Hay tecnología para haber creado un mundo, inmenso, bajo tierra. Para haber forrado las paredes de cemento, para haber creado luz de la nada, para haber puesto unos aparatos metálicos inmensos que recorren distancias enormes. En el metro de Londres hay tecnología que hace solo un par de siglos habría sido pura brujería para los seres humanos; maravillas que exceden absolutamente lo que un ratón puede siquiera intuir. Están en el medio de algo que les es ajeno y no pueden apenas empezar a percibir. Solo en el pavimento del suelo que pisan con sus patitas hay miles de años de ciencia y técnica condensados.

La foto es muy buena porque refleja precisamente esto. Los ratones están relativamente enfocados. Pero hay un universo desenfocado y lejano, y otros artilugios más cercanos que son nítidos pero siguen estando fuera del mundo de los ratones, casi mirándolos desde arriba.

Y en medio de ese universo, ¿qué hacen los ratones? ¿Levantar la vista? ¿Observar atónitos? ¿Intentar entender mínimamente eso que les rodea?

No; se pelean con sus ridículos puñitos por una migaja.

Dos ratones minúsculos, solitarios, observados por un mundo que les excede en todas las dimensiones posibles, dedican sus energías a pegarse por un trocito de basura.

Si eso no es el ser humano, no sé qué otra cosa puede ser.

Y sí, luego está eso que dicen de ver animalitos viviendo en la ciudad. Pero me parece una lectura muy literal y muy poco interesante frente a la fuerza de esa imagen.

Porque cree que puede

10 10+00:00 febrero 10+00:00 2020

Aquí un tipo que toca el piano muy bien. Nada extraterrestre, hasta que uno considera que esto es un guaje de 15 años.

¿Cómo puede hacer esto un niño?

Hay varias partes de la respuesta que son conocidas: porque le ha echado horas. Ha pasado mucho tiempo con el piano. Ha pasado mucho tiempo escuchando con atención. Le fascina la música. Pero no es solo eso. Hay una razón importante.

Lo hace ante todo porque cree que puede.

Un niño que se sienta a un piano y busca una nota no se juzga. Está absorbido por intentar que aquello suene. Las notas malas no las oye más que para saber que no son esa, y tiene que buscar otra. Un niño que juega con muñecos -si es que queda alguno- no tiene en cuenta si alguien le ve o no, si la historia está bien montada o no. Es totalmente inocente, y no piensa en el después.

Apuesto a que ese chaval se puso a tocar, y simplemente pensaba en que le salieran canciones. Es lo que se llama «jugar». Y a medida que le iban saliendo, se dio cuenta de que podía jugar a ser esto, y aquello… Que podía llenarlo todo de arpegios y sonar como en el vídeo. Podía jugar a ser pianista. Y si puedes jugar a ser pianista, puedes ser pianista. Y se fue dando cuenta de que le iban saliendo las cosas y de que sí, podía tocar el piano. Si le salía un truco, le encantaba, y si no, probaba otro o repetía ese para que le saliera.

Pero creía que podía ser pianista, porque cuando uno es un niño, las cosas son más simples, y un niño sabe que «tiene» que ser algo, y ¿por qué no pianista? Creyó que podía, y sabía que tenía que ser algo, y que los pianistas son gente que antes no lo fue. No se planteaba mucho más.

Lo sé porque yo también jugué con algún instrumento de pequeño. En aquel momento no teníamos piano en casa (ni prácticamente nada, salvo la típica flauta), pero de visita en casa ajena, recuerdo estar un rato con un teclado y sentía exactamente eso. Bueno, no sentía nada; me limitaba a jugar y en aquel rato me acabaron saliendo varias canciones.

Por supuesto, creer que puedes no basta; eso es una tontería. Luego viene echarle horas, y estudiar, y practicar, y meter tu vida en la música. Pero sí funciona al contrario: si no crees que puedes, si no te limitas a jugar sin darte latigazos, no vas a conseguir nada.

Cuando uno juega, el mundo desaparece. No hay egos ni calificaciones; lo único que hay es el juego. En el momento en que entra en danza el miedo a fallar, o uno se da cuenta de que lo miran, el juego se acabó y ya pasa a ser otra cosa. Mucho menos productiva.

Racismo, animales y cómic

15 15+00:00 enero 15+00:00 2020

Hay muchos cómics que presentan animales antropomorfos. En algunos simplemente los personajes son animales de determinada especie, como en el maravilloso Lackadaisy, de Tracy J. Butler. En esa versión del San Luis de la ley seca, sencillamente, todos son gatos.

En otros casos los animales y los humanos se mezclan con toda naturalidad. En Adiós, Chunky Rice, de Craig Thompson, cuando un humano habla con una tortuga sabe que es una tortuga, pero no le extraña en absoluto que compre un billete de barco o sea poco habladora. Simplemente, es así. En Calvin y Hobbes, de Bill Waterson, Hobbes es un tigre, que a veces es de peluche (a ojos de los adultos) y a veces real (a ojos de su dueño, Calvin). Tanto en un caso como en el otro el uso de animales permite hacer cosas brillantes con la narrativa o con los perfiles de los personajes.

En Maus, de Art Spiegelman, el enfoque es muy distinto, y se afronta de manera brutal y directa el tema del racismo. Los nazis son gatos, los judíos son ratones, los polacos son cerdos. Y el narrador, el propio Spiegelman, aparece a veces con forma humana pero careta de ratón. Las especies animales se usan para subrayar muy claramente las diferencias entre personas, y mueven a la reflexión. Los judíos polacos, por ejemplo, siguen siendo ratones, y no cerdos. Es difícil decir más con menos.

Estoy leyendo otro cómic muy influyente, el Blacksad de Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido. El dibujo es sencillamente espectacular. Y en Blacksad los personajes son también animales antropomorfos, pero el enfoque es distinto; los hay de todas las especies, mezclados sin más. Blacksad es un gato, un jefe de policía puede ser un pastor alemán, un periodista una garduña… hay cabras, búfalos, panteras, reptiles, aves, mamíferos marinos. Por la calle te puedes encontrar cualquier cosa caminando sobre dos patas.

Me resultó llamativo pensar en una sociedad así; cuando te encuentras con alguien, puede ser cualquier tipo de animal. Eso sí, Díaz Canales y Guarnido empaquetan de tal manera el carácter de cada personaje, su papel en la historia, su condición animal y su expresión que después de un par de viñetas se diría que ese individuo en concreto no podía haber sido ningún otro animal. No sé si es porque efectivamente identifican muy bien cada especie con los rasgos de personalidad que nosotros le atribuimos, o simplemente por la habilidad del guión y los dibujos. Blacksad es, a partes iguales, novela negra y un retrato de la sociedad norteamericana (diría que hay más aún de lo segundo que de lo primero). Es sorprendente que para hacer novela negra y relato social uno elija animales y convierta su novela en una fábula. Sorprendente y acertado.

Estoy leyendo un tomo integral, y al ir leyendo la primera historia iba reflexionando sobre todo esto. Hay algunas preguntas sin respuesta por ahora (¿qué come toda esta «gente»? Aparentemente, comida humana, pero no sé si eso los convierte en caníbales… ¿Hay animales «de verdad», no antropomorfos?) pero toma mucha más importancia la cuestión de fondo sobre la relación entre las personas, si las podemos llamar así; sobre la diferencia. Una sociedad tan variada, tan inclasificable… Regida por las reglas y los usos humanos, pero en la que una vaca puede estar haciendo un trato con un león. Donde cuando vas a hacer un trámite ni siquiera sabes si en el mostrador te atenderá un cocodrilo o con una oveja. Decía que hay cuestiones sin resolver, pero para otras la solución es obvia; en el mundo de Blacksad la especie es irrelevante. Importa más si tienes dinero, o cómo te comportas, que de qué especie seas. Un ratón puede ser un criminal o una pobre criada. El caso es que nadie en Blacksad levanta una ceja, se encuentre al animal que se encuentre. No más que nosotros cuando nos encontramos a una persona cualquiera. Esa diferencia brutal, tan evidente que para nosotros define especies distintas, en Blacksad es totalmente invisible, hacen como si no existiera.

Y cuando me había hecho a la idea de esta sociedad de la mezcolanza, en la que el aspecto físico es impredecible y nadie parece verlo salvo el lector, empiezo a leer la segunda historia, Arctic Nation, y me encuentro con esto que me descoloca por completo.

Arctic Nation trata sobre el racismo.

Resulta que me encuentro a un oso polar dando un discurso racista. ¿Qué recurso narrativo puede usar uno para articular una «raza aria» en un mundo en el que casi cada individuo es de una especie distinta? ¿Cómo va a salir el guionista de ese jardín? ¿Cómo va a montar una historia consistente? ¿Quizás una raza superior de los carnívoros sobre los herbívoros, de los depredadores sobre los depredados (como pasaba en Maus)?

Pues los supremacistas en Blacksad son… blancos, claro. Son animales polares. Ni siquiera; a falta de eso, les vale con ser de pelaje blanco. Hablan de un mundo puro y blanco, cubierto por la nieve, en el que ya no habrá animales oscuros. En vez de la cruz gamada usan un copo de nieve.

De entrada, uno piensa que es un recurso forzado, algo que se han sacado de la manga, un esfuerzo desesperado por montar una historia sobre racismo. En la historia anterior yo no vi que el color del pelaje influyera. Y eso del mundo cubierto de nieve… ¿qué sentido tiene que ningún personaje anhele eso?

Y entonces te das cuenta de que precisamente lo forzado del recurso resulta brillante. Como lectores de Blacksad, y no como habitantes de ese mundo, no entendemos que tenga sentido esa distinción entre pelaje blanco y oscuro, cuando estamos hablando de individuos tan distintos. En esa viñeta de arriba el cabecilla racista es un oso polar, y como ayudantes suyos están a su lado un cerdo, un búho nival… Seguramente un oso polar se comería a un cerdo o a un búho si tuviera ocasión. ¿Cómo puede el guionista establecer la diferencia de manera tan arbitraria en el color del pelo, uniendo en el mismo bando a especies tan distintas y rivales? No tiene sentido.

Y por eso es un acierto. Seguramente nuestro racismo tiene el mismo sentido. ¿Qué vería un lector externo en nuestra sociedad humana, por ejemplo un animal? Quizás le sorprendería sobremanera nuestra división en razas, igual que a mí me pilla por sorpresa en Blacksad recurrir de manera tan peregrina al pelaje blanco. Ese anhelo de un mundo nevado, «como era al principio», es tan absurdo que de puro absurdo es verosímil y representa muy bien el objetivo de los supremacistas. Es una solución naïf, indigna de un guionista que escriba con consistencia.

Y por eso es totalmente realista. El retrato de la sociedad es genial. Algunos de nosotros queremos algo tan estúpido como un mundo nevado, y aunque no tengamos nada de polar nos asociamos con un oso (que bien puede ser depredador nuestro) con tal de no estar del lado de los «imperfectos», asumiendo una división que desde muchos puntos de vista resulta incomprensible. Somos tremendamente torpes manejando los conceptos de igualdad y diferencia. Estamos ciegos frente a lo que tenemos delante.

No me lo esperaba, y me ha parecido magistral. Ah, la parte detectivesca de todo esto no está mal, pero tampoco me vuelve loco.

Cremación

23 23+00:00 octubre 23+00:00 2019

Un día de estos parece (quién sabe) que sacarán los restos mortales de Franco del monumento donde se le homenajea permanentemente rodeado de los cadáveres de miles de sus víctimas. No es faraónico porque creo que ni siquiera los faraones quisieron rodearse de tantos cadáveres (podría parecer que es una historia de Marvel o del Creepy, pero no).

Al parecer, van a llevarlo a su nueva ubicación en helicóptero. Yo creo que es una ocasión de oro.

Podrían meterlo en el helicóptero, llevárselo a cualquier parte e incinerarlo, y esparcir las cenizas por ahí.

Cuando el helicóptero llegase a su destino, la cosa podría ser así:

«- …¿Dónde está el féretro?

– Pues mire, es que lo hemos perdido. No sé qué ha pasado, pero es que no está. Un misterio, oiga.»

Y arreglado. Se solucionan de golpe muchos problemas. Ya no importa el lugar de enterramiento, ya no hay discusiones, ni hay peligro de exaltación ni problemas de orden público. Además el erario público se ahorra un dineral en seguridad y mantenimiento (la cremación siempre es la opción más eficiente).

Si los familiares se empeñan en saber dónde está el cadáver, se les dice «Búscalo, búscalo», y ya está.

Estoy seguro de que, coherentes como son con sus principios, no iban a poner pegas. No querrían reabrir viejas heridas. No querrían remover asuntos que ya no preocupan a los españoles. Invocarían el espíritu de la transición y de la reconciliación. No se acordarían del asunto porque no son sabandijas en busca de subvenciones. Tampoco necesitan andar con los muertos parriba o pabajo para entretenerse, así que lo dejarían estar. Es el pasado, es un asunto olvidado, y ya no merece la pena dar la lata por una guerra que has perdido.

Si no lo dejan estar, lo peor que puede pasar es que condenen a alguien, y por lo poco que entiendo (art. 526 del Código Penal) las penas van de 3 a 5 meses, o multas de hasta 10 meses. Mucho más barato que mantener el panteón, seguro.

 

 

 

Impeachment

10 10+00:00 octubre 10+00:00 2019

Donald Trump ha hecho prácticamente todo lo que se puede hacer para desacreditar la presidencia de los Estados Unidos y cualquier otro sistema democrático.

Es maleducado, faltón, chulo, deliberadamente irritante. Se comunica por Twitter. Esto debería ser suficiente para no ser representante de un país, y mucho menos mandatario. Pero si exigiéramos educación, cultura y modales no quedaría ni uno.

Ha hecho cosas más vergonzosas. Ha ejercido un nepotismo rampante, por ejemplo. Y ha nombrado y destituido a diestro y siniestro. Nuevamente, debería inhabilitarle para ser presidente. Pero… mejor nos callamos.

Ha mostrado inhumanidad, racismo, xenofobia y ninguna empatía hacia miles de seres humanos. Otra vez, no podemos decir nada, porque abunda en su clase; de hecho, iba en su programa electoral.

Yendo a otras cuestiones más peliagudas, parece evidente que interfirió en las elecciones (en las elecciones) recabando para ello ayuda de una potencia extranjera (una potencia extranjera). Concretamente… ¡Rusia! Esto ya sí que no me vale; es inaudito que en los Estados Unidos de América las simples sospechas fundadas al respecto no hayan sido suficientes para una moción de censura fulminante. Pero no fue así. No pasó nada.

Ahora parece que pretenden iniciar el proceso de destitución, pero no ha sido por nada de lo anterior. Ahora ha ido demasiado lejos.

¿Qué ha hecho esta vez?

Pedir al dirigente de Ucrania que estudie la posible corrupción, en negocios en aquel país, de la familia de un rival (Joe Biden).

No es que haya plantado pruebas falsas o se haya confabulado con alguien para acusar falsamente a otro.

Es que le ha pedido que investigue la posible corrupción. Sin más. Yo creía que luchar contra la corrupción era justo. Y que si los Biden son corruptos, ellos deberían dimitir.

Eso sí que ha movilizado a los Estados Unidos y a la Cámara para destituir a Trump. Cuando a mí me parece que es lo único bueno que ha hecho.

No entiendo nada.

El asturiano y los intérpretes

7 07+00:00 octubre 07+00:00 2019

Del siguiente vídeo no sé si seréis capaces de entender algo, porque está en lengua jeroglífica.

Así habló en asturiano en la Junta la diputada del PP que ayer pidió traducción simultánea para seguir la intervención de Berta Piñán

Esta diputada fue concejal en Mieres, uno de esos lugares imaginarios donde uno puede llegar a verse expuesto a esa lengua inventada. No fue exposición suficiente, porque cuando la consejera de Cultura acudió a la Cámara a explicarse, y lo hizo en asturiano, solicitó traducción simultánea. Es una lengua francamente difícil, sin pinganillo no puedes con ella. Porque el problema no es que no exista el asturiano (que a veces es eso), sino que existen tantos, y tan distintos, que son incompatibles. La normalización gramatical que se hace con absolutamente todas las lenguas… nada, que aquí es un problema irresoluble.

Ignc Blnc no entendía «la lengua que están utilizando», considerando que se establecía una «barrera lingüística entre asturianos» y pidió que se excusase su presencia durante la intervención; afirmó también que a la vuelta de esa ausencia intervendría en inglés (que no crea barreras lingüísticas entre asturianos, al parecer, porque según él lo entienden más personas en la Cámara que el asturiano). Mira qué bonito, es para enseñar al mundo:

Bronca política tras el intento de la consejera de Cultura de comparecer en asturiano

Es curioso: los diputados tienen explícitamente reconocido el derecho de hablar en asturiano. Si Berta Piñán fuera diputada habría podido hacerlo. La comprensión de sus señorías no se vería comprometida entonces.

El partido de la diputada ha hecho una campaña muy activa, virulenta e insultante contra la oficialidad del asturiano, y el del diputado ha ido directamente al grano:

Cinco vallas que identifican oficialidad con separatismo

Ayer, Pbl Csd dijo: palabras dignas de Mandela, Luther King o Gandhi:

Nos da exactamente igual a qué partido hayas votado, nos da exactamente igual en qué lengua hables, a qué persona ames, a qué dios reces, qué acento tengas, dónde naciste, cuál es tu apellido, dónde estás empadronado, dónde pagas impuestos.

Es todo precioso.

 

Plácido Domingo

5 05+00:00 septiembre 05+00:00 2019

A Plácido Domingo lo acusan de acoso sexual.

Sobre eso, como sobre cualquier presunto delito o falta, se pueden hacer muchas matizaciones. Pero lo que hace que se me caiga el alma a los pies es el tipo de defensa que veo por aquí. Lo llaman «caballero», o añaden algo así como «pues a mí no me violó», o le aplauden mucho. Y no digamos lo que se ve en los comentarios de las noticias.

Se nos olvida una cosa: que los hechos descritos en las acusaciones son obviamente ciertos y ponerlos en duda no solo es ocioso, sino un insulto a esas (¡pocas, creo!) mujeres que han reunido el valor de formularlas.

Associated Press (no un tabloide de tres al cuarto) publicó una información contrastada, con nueve acusaciones iniciales refrendadas (se nos olvida esto) por muchas entrevistas a otros empleados. Ahora hay otras once acusaciones. Es patético que Paloma San Basilio o Ainhoa Arteta digan «conmigo fue educado», como si eso tuviera alguna relevancia frente al testimonio de las otras dieciocho mujeres (que por lo visto vienen a ser una banda de zorras interesadas y mentirosas; Arteta lo implica diciendo que ella no se acostó con nadie… madre mía).

El comunicado de Plácido Domingo, y no entiendo por qué no lo asumen sus defensores, admite prácticamente las acusaciones. Viene a explicar que él creía que no obraba mal, y no digo que no; seguramente, para él eso era ser «un caballero», seguramente era ser «un conquistador», seguramente para él eso era «ligar». Meter mano a ver si cuela. Insistir si te dicen que no, o si no te dicen que sí. Presionar un poquito, o un mucho, hasta que caiga la fruta.

Plácido Domingo puede ser muchas cosas. No lo tacho de mala persona, porque no lo conozco. Sí estoy convencido de que es, como mínimo, inteligente. Él mismo alude a unos estándares distintos en aquella época, y eso es indudablemente cierto. No sé si eso ya ha cambiado o solo está empezando a cambiar o solo a parecerlo.

Quizás se le olvidó, y supongo que es fácil olvidarse cuando tienes el éxito y el poder de tu parte, que una cosa es proponer sexo a una mujer y otra muy, muy distinta, y que nunca ha sido pura cuestión de usos sociales, es proponer sexo a una empleada tuya, a una alumna, a una aspirante a cantante, a alguien a quien evidentemente estás arrinconando con tu talla. Y como Plácido es inteligente, creo que era consciente de eso, de que parte de su… éxito con las mujeres se debía a su posición dominante en el negocio. No le importaría, no se pondría mucho en su lugar, no le parecería para tanto. No querría verlo, simplemente; él quería acostarse con aquella chica y a otra cosa. Es culpable de eso, y estoy seguro de que lo sabe.

Estoy con esas mujeres, sé que dicen la verdad, sé que tienen razón, y sé que la defensa de Plácido es absolutamente patética porque él mismo ha admitido que en lo esencial todo es verdad (impreciso, es lo más lejos que ha llegado en sus calificativos sobre las acusaciones).

A partir de ahí, se pueden hacer todos los matices que se quiera.

Pero sin desacreditar a esas personas, por favor. Y sin poner en ningún pedestal a Plácido, más allá de lo bien que canta.

Inseguridad en Madrid

31 31+00:00 agosto 31+00:00 2019

Al hilo de esto que comentaba el otro día, mira qué titular tan bonito:

La Policía Municipal escolta a los barrenderos en cinco barrios de Madrid ante las continuas agresiones de vecinos

Dicen cosas positivas y asépticas como:

La Policía Municipal conoce esta realidad desde hace tiempo y por eso tiene protocolos de seguridad

Pero no hay un problema de inseguridad en Madrid. En los titulares, por lo menos, no.

Madre mía, si esto pasara en Barcelona. El juego que daría.