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Reflexiones en el aire: la estética y el glamour

11 11UTC mayo 11UTC 2009

Una de las revoluciones más urgentes para las mujeres, creo, es esa que les ponga los pies en el suelo respecto a ellas mismas. En muchos sentidos, pero uno de ellos es el de la estética.

Esto daría para mucho, mucho rollo. Pero el caso es que mucha gente se somete a operaciones absurdas, por falta de autoconfianza. Y hay quien lo defiende como un acto de libertad, y el “¿por qué no?”, y todo eso, y hasta ahí de acuerdo, pero me da a mí que la cosa no está tan clara. Por ejemplo, me parece un error (un triste, triste, triste y enoooorme error) ese consumo desaforado de silicona. Es decir, me parece un error en la gran mayoría de los casos, y que el efecto es claramente contraproducente. Y no digamos esas inyecciones en los labios.

Pero en fin, es cuestión de gustos. Lo que me pregunto es… los gustos de quién.

A lo que iba. Un error también muy extendido (creo yo que lo es, no sé) es empezar a fumar. Y viene a colación porque estoy convencido de que en el 99,9999% de los casos se fuma por estética (entendida en sentido amplio; quiero decir que no se empieza por el agradable sabor del producto, sino para que nos vean los demás). Y estoy hablando de las mujeres… no sé, porque sí (podría ir de hombres, también, pero es que estos llevan muchos siglos ya haciendo el pijo y no tienen arreglo).

Tenemos, pongamos por caso, a una hermosa mujer (y debo decir, para sorpresa de muchas, que las mujeres hermosas son una abrumadora mayoría, lo que pasa es que pocas lo saben). Esa hermosa mujer, igual que un mal día decide que necesita tetas más grandes, o labios más grandes, o vaya usté a saber qué, pues decide que tiene que fumar. Cree que le falta un complemento más, y que esas volutas volando grácilmente a su alrededor le darán distinción y la convertirán en esto:




Primero: maldita la falta que hace. Segundo: no sé si habéis oído hablar del product placement, pero el fumar parece glamouroso porque sale en las películas, y no al revés. Tercero: las imágenes de la fumadora ni salen en blanco y negro ni previo trabajo de un director de fotografía con un doble de luces durante horas, así que ese resultado no se consigue encendiendo un pito (aunque insisto, maldita la falta que hace).

Pero sobre todo: la mierda de Audrey Hepburn, creedme, olía. Seguro. Y cuando estaba borracha fijo que se ponía pesadita. En la pantalla de cine no, claro; era encantadora todo el rato.

Y cuando me cruzo por la calle una hermosa mujer… con el pito en la mano o en la boca, veo que gracias a ese “complemento” se ha acercado más bien a esto:



Es lo que yo veo. No una mujer con el glamour aumentado, sino una mujer estropeada y desagradable por rodearse de algo asqueroso. Una mujer que, quizás, es hermosa a pesar de estar fumando.

Pero ya digo, es cuestión de gustos. Y cada cual baja las escaleras como quiere, como hace este. Pero resulta que de este todo el mundo se descojona, y sin embargo es poco probable que muera prematuramente por hacer el idiota con sus cartílagos.

Michael Jackson, before and after

Sicilia (II): Reflexiones en el aire

4 04UTC mayo 04UTC 2009

El tráficu en Sicilia ye de llocos. Hasta que te aveces a ello.

Les normes son orientatives. Cuandu aportes a un cruce, lo de la prioridá, los cedas, les señales… ye papel moyáo. Tú metes el morru abondo, y ye fácil que te dexen pasar (lo de menos ye la preferencia). Si nuna cai caben tres coches a lo ancho, pues entós hai tres carriles, o pué ser que cuatro o cinco (y les motos van pel suyu, ye decir, pel contrariu; ya sabes que tienes que dexar un metru del to carril pa les motos que vienen de frente). Les colisiones evítense por centímetros (vi una moza pasar pentre los coches que me dio un escalofríu, y ella tan tranquila), si tienes que dar media vuelta dasla y pares tol tráficu del to carril y del contrariu (eso de guetar la siguiente glorieta o dar vuelta a la mazana ye incomprensible), pero sabes que nun van pitate ni facete xestos, porque tol mundu conduz asina, ye lo normal. El conceptu vien a ser como andar pela cai; cuandu vas pela acera nun vas pela mandrecha o la manzorga nin cedes pasu; vas, ves a la xente que anda alrodiu tuyu, vas a lo tuyo, pases perequí o perellí si hai sitiu, y ya tá. Nun ye ná raro ver coches pervieyos, que nun sé si pasen dalguna ITV:

De lo de aparcar había pa escribir un llibru. Lo primero ye que hai coches perdayures. Si quies sacar una foto a una ilesia, sabes que delantre va haber milenta coches. Sí, igual ta prohibío, pero… en fin. Esta plazuca tenía más coches que’l parking de Salesas, y sí, taba prohibío aparcar en toa ella (véanse les señales). Esta foto ye un cachín namás, porque yera imposible sacalo too:

Un métodu típicu ye que, cuandu quies parar, metes el morru dica la acera, dexando el culo fuera, y ya tá (¿facer maniobra p’atrás? Quita, ho, si ye pa un momentu namás). De xuru que ocupes mediu carril, pero los que pasen ya se aparten, caben de sobra, llibren, etcétera. Naide va enfadase contigo por tar estorbando. Equí se ve un exemplucu:

Anque tampoco diz verdá, porque esto faise tamién anque teas na avenida principal con tol tráficu d’Italia pasando al to lláu. Esto ye’n Palermo, y nun emplegaron el métodu “meto’l morru” porque nun hebía ni sitiu. Poro, déxase el coche en doble fila y tampoco pasa ná:

Les rayes del suelu tamién son decoratives más que nada (continues, discontinues, dobles continues… vien a ser too lo mesmo). Esti nun ta terminando’l adelantamientu apuráu; ta… entamando (la raya continua venía de kilómetros). Nun foi una semeya con suerte, ye que sabíamos que diba adelantar.

En fin, que esa ye la realidá de conducir en Sicilia (y supongo que nel restu Italia). Ún entrúgase qué fadría falta pa que tol mundu entamara a conducir con arreglu a les normes… Tien que ser dalgo titánico convencer a tolos conductores de que respeten les señales, les prioridáes, de que faigan por nun estorbar nada a naide, de que escuendan los coches envede dexalos onde pinte… La cosa nun ye namás poner multes o coses así, abúltame que fadría falta un cambéu de mentalidá tremendu. Ye otra manera de entender el tráficu, y el comportamientu, y les normes.

Por embargu…

En tol tiempu que tuve ellí, ni una sola vegada tuve que escoyer un sitiu pa comer pensando en otra cosa que el preciu o el menú o el sitiu. Hasta en sitios que taban hasta arriba de xente, nun hebo nengún problema col fumu. Nin en sitios más o menos caros, nin baratos, nin tienduques, nin tiendones, nin en pueblos, nin en ciudáes importantes.

Nun se fuma en restaurante dalu.

Prohibióse nun momentu dáu, y cúmplese la norma, y nun paez que se abrieren les catarates del cielu. En xente tan avezáa a dir por llibre, tan temperamental, cola que paez imposible que se respete una llinia doble continua (que sí, que se adelanta tranquilamente), nun hebo problema pa que fumaren notru sitiu.

Spain is different. Equí paez que si toques un pelu a un fumaor tas cometiendo un sacrilexu.

Reflexiones en el aire: ¿Y los coches?

2 02UTC junio 02UTC 2008

Este es, quizá, uno de los argumentos estrella cuando uno plantea una regulación racional del consumo del tabaco. Siempre me ha parecido tan radicalmente absurdo que no merecía la pena discutir sobre él. Pero como se utiliza tan insistentemente, he pensado que aunque sea obvio tengo que verificar que estoy en lo cierto: tengo que hacer el esfuerzo de escribirlo. Si no consigues escribirlo, quizás no tengas las ideas claras.

Nunca he entendido del todo qué quiere decir un fumador cuando dice eso de “¿Y entonces, los coches?” Tampoco han sabido explicármelo. Pero voy a intentar extrapolar lo que ellos quieren decir.

Eres incoherente. Te quejas de que fumo, pero no te quejas del humo de los coches. Por esa incoherencia, no tienes derecho a quejarte.

Una observación previa, que me gustaría que conocieran todos los fumadores: resulta que sí, que en la práctica y si nos atenemos a efectos directos de cada comportamiento, el humo del tabaco molesta infinitamente más que el humo de los coches que pasan.

En cualquier caso, ese argumento, tal como está expresado es, de entrada, una falacia ad hominem.

Incluso entrando en ese juego (cosa que no hay por qué hacer) cabe otra observación: no entiendo por qué quien dice esto da por supuesto que el que se queja del humo del tabaco no se queja también del de los coches. Puede considerarse un ejemplo de falacia del hombre de paja. Soy firme partidario de caminar, de la bicicleta, del transporte público, del transporte limpio, de los catalizadores y los filtros de aire, de los vehículos de bajo consumo e híbridos. Abogo por regulaciones estrictas también para los coches, que de hecho ya existen.

Otra observación: hasta donde conozco, no hay coches en los recintos cerrados. Ni en los lugares de trabajo, ni en los restaurantes, ni en los cines, ni en los bancos, ni en los edificios oficiales. Los coches nunca han sido un problema generalizado de este tipo. El contraejemplo es ajeno a lo que se discute. No pinta nada.

No hay que ocuparse del humo del tabaco, porque el de los coches es un problema más urgente.

Como he dicho hace un momento, sólo cabría ocuparse de la posible relación entre ambos problemas si discutiéramos el consumo de tabaco en las calles. Pero no es el caso.

Aun así, este enfoque es otra falacia: un falso dilema. No hay ningún motivo para enfrentar ambas opciones, porque las respectivas soluciones no tienen relación. Por ejemplo: si la emisión de humo de tabaco fuese en relación inversa con la emisión de humo de los coches, si hubiera que elegir forzosamente cuál de las dos emisiones disminuye, podría tener sentido el planteamiento (“o te fastidias y tragas, o empeora el efecto invernadero”, por ejemplo). Pero es que no es así.

Además, este falso dilema es fácilmente reducible al absurdo. Siempre hay alguien que está peor, así que los juzgados españoles podrían resolver en pocos días el colapso que sufren: desestimando prácticamente todas las demandas. “Mire, sí, su marido le ha dado una paliza. Pero al menos duerme usted bajo techo, no le falta comida ni ropa. ¿No sabe usted que en Somalia hay millones de personas que no sólo se llevan palizas, sino que encima no tienen dónde caerse muertos? ¿Ha intentado su marido practicarle una ablación del clítoris, acaso? Ande, ande, lárguese y cuando arreglemos lo de Somalia ya nos preocuparemos de lo suyo.”

No voy a acatar regulaciones sobre el tabaco mientras no me defienda alguien de la contaminación de los coches.

Quizás el amigo de referirse a los coches pretende ponerse como víctima: “si yo tengo que aguantar el humo de los coches, tú tienes que aguantar mi humo”. Resulta casi ocioso desmontar algo que se cae por su propio peso. Seguimos ante un dilema falso (casi diríamos ante un ejercicio de desfachatez).

De todos modos, si quien así habla pretende ejercer cierta forma de rebeldía ante otra injusticia mayor, cuestionando que sea procedente que la ley regule el consumo de tabaco, tampoco tiene razón. Una vez más, aceptemos entrar en el juego aunque sea totalmente innecesario.

Por una parte, ya se ha dicho que que hay regulación sobre la expulsión de gases en los coches, hay especificaciones técnicas y revisiones obligatorias para comprobar que se cumplen, hay subvenciones para vehículos poco contaminantes, hay políticas encaminadas a reducir las emisiones. El Estado (es decir, todos nosotros) interviene en las emisiones de humo de los coches. No hay ningún agravio comparativo de base entre una intervención y otra. Como mucho, cabe discutir si determinados aspectos concretos de ciertas medidas son más o menos acertados (y los primeros descontentos con las leyes sobre el tabaco son los no fumadores). Pero no el hecho mismo, en su dimensión ética, de que se limite el consumo de tabaco en presencia de terceros. Cuestionar eso equivale a cuestionar los fundamentos mismos del sistema legal español.

No sé si cabe alguna otra interpretación que se me escapa. Pero en principio, me haría muy feliz no volver a oír relacionar tan a lo tonto una cosa con la otra.

Conclusiones: uno puede quejarse de la injusticia que quiera e incluso ser incoherente cuando en un asunto determinado tiene razón. La mera existencia de una injusticia no anula las demás. No hay por qué escoger entre solucionar dos injusticias. En fin, que lo de los coches es una tontería.

Reflexiones en el aire: Fumar no es reprochable

20 20UTC mayo 20UTC 2008

A la gente que me importa, y con la que tengo mucha confianza, quizás la aconseje. A quienes simplemente me importan, probablemente no me atreva a aconsejarles nada. Y a quienes no me importan, ni se me ocurre darles consejos. A quienes no me importan, ni conozco, sólo les hablaría de su comportamiento si hacen algo moralmente reprobable, algo que perjudica a los demás, o a mí en particular.

A menudo se percibe una actitud admonitoria en relación con los fumadores, en lo que respecta a su propia salud. Intentaré explicar cómo veo yo esa cuestión.

Básicamente, vivir desgasta.

Incluso sentándose a esperar la muerte se desgastaría uno. Con suerte, podrá hacer algo más que eso. Por ejemplo, podrá hacer deporte de alta competición. Pero el deporte de alta competición también desgasta. Los cartílagos, los tendones. A veces se rompe uno huesos. El deporte intenso, en alguna medida, es autodestructivo. Si nos ponemos metafísicos, nada más autodestructivo que vivir, que nos lleva inexorablemente a la muerte.

Pero bueno, dejémonos de monsergas; lo anterior no es más que una trampa dialéctica. Es evidente que el hecho de que todos vayamos a morir finalmente no hace que carezca de importancia cualquier cosa que hagamos, y no es igual de autodestructivo correr maratones que aficionarse al crack. No creo que haga falta ahondar mucho en eso.

Pero sí creo razonable que uno pague un precio por las cosas, si la compensación lo justifica. Juan Oyarzábal ha subido todas las cumbres de más de ocho mil metros que hay en el planeta, aunque para ello se ha dejado varios dedos y quién sabe cuántas cosas más. Pero él decide que el gasto y el esfuerzo merecen la pena, o dan sentido a su vida, y ya está. En lo que a él respecta, me parece legítimo.

El tabaco no es crack, pero es bastante autodestructivo. Un cancerígeno que, incluso cuando por suerte no degenera en cáncer, en cualquier caso machaca el interior del cuerpo. Anula buena parte de la voluntad (y diría, en serio, que del entendimiento) de su usuario, y consume una notable cantidad de dinero. Es como un parásito que se instala y luego es muy difícil quitarse de encima. Y cuando el parasitado no puede consumirlo está incómodo. Extremadamente incómodo, al parecer.

Pero si quien lo consume cree que merece la pena, y está dispuesto a pagar tal precio, la decisión es suya.

Fumar me parece, por supuesto que sí, una pésima idea, y un gravísimo error, y una conducta lo suficientemente autodestructiva como para que aconseje a quien quiera oírme que no se deje engañar. Pero en fumar no veo, en principio, nada moralmente reprochable.

Es sólo una decisión personal.

Bestiario del humo / reflexiones en el aire

20 20UTC mayo 20UTC 2008

Hace algo más de dos años puse aquí mi primera “opinión o llocáa”, según como se mire. Se refería a la nueva (e insuficiente) ley sobre el consumo de tabaco. Esa que algunos imbéciles llaman “ley antifumadores”.

El fenómeno del tabaco es algo tan fascinante, tan curioso, que realmente da para escribir mucho. Y si uno tiene un blog es por esa manía de escribir. Así que parece un buen tema.

Pero por otra parte maldita la gana que tengo de hacerme mala sangre sobre algo que ya ocupa un porcentaje suficientemente alto de mi cabreo diario. No, no pretendo dedicarme a la invectiva o la diatriba, ni desahogarme vociferando, por mucho que se lleve en estos últimos tiempos montar el pollo (incluso montar pollos preparados a mayor gloria de las cifras de audiencia).

El desafío que me planteo es escribir sobre el tabaco con toda serenidad y asepsia. He pensado abrir dos series de artículos.

Bestiario del humo. Bestiario: En la literatura medieval, colección de relatos, descripciones e imágenes de animales reales o fantásticos, según la RAE. Pretendo hacer un ejercicio descriptivo, puramente descriptivo si puedo, sobre diversos aspectos de esa faceta tan peculiar de nuestra civilización que es el consumo de tabaco; con la misma ingenuidad, o extrañeza, o curiosidad, o minuciosidad con que uno se acercaría, precisamente, a un animal mitológico. A todo se acostumbra uno, pero siempre se puede intentar acercarse de nuevo, como un extraterrestre, a eso que ya conoce, y mirarlo con ojos sorprendidos. Un bestiario moderno puede ser el de la Academia de Chimpancés. Yo no pretendo hacer eso, pero sí aportar mi punto de vista a cosas que parece que sólo admiten uno, que nos han enseñado las películas y la propaganda. No se trata, tampoco, de hacer sátira ni monólogos humorísticos. Ya veremos lo que sale.

Reflexiones en el aire. El bestiario es (pretende ser) descriptivo. Las reflexiones son opiniones. Pero estas están en el aire por varias razones. Una, porque desde el aire (no desde el humo) las escribiré. Otra, porque pueden cambiar, ante nuevos argumentos. Otra, porque seguramente no sirven para nada de puro livianas. También me gustaría que no se convirtieran en un desahogo ni nada parecido. Me gustaría poder explicarme a mí mismo lo que pienso y por qué lo pienso. Pero de manera fría y racional. Descriptiva, también.

Pues eso. Ya veremos lo que sale. Pero pienso empezar con una reflexión: mi apoyo entusiasta al derecho de los fumadores a fumar.