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Dolera y la caja B

20 20+00:00 noviembre 20+00:00 2018

No me gustan mucho los giros argumentales del tipo “Ajajá, pues te he pillado pecando precisamente de lo que predicas”. Parece que devolver la pelota es cuestión de pura justicia, y en principio debería serlo, pero con frecuencia son argumentos facilones, bastos y especialmente falaces. Al que le vale con empatar, se inventa el empate de cualquier manera.

Un ejemplo: hace unos días, y quizá ni siquiera te hayas enterado, se desveló nada menos que en cierto momento el ministerio del Interior ordenó a la Policía, con dinero de los fondos reservados, robar documentos  para proteger las actividades criminales del partido en el Gobierno. Esto tendría que ser un escándalo de proporciones desmesuradas, y acabar con un montón de gente en la cárcel y la disolución del partido en cuestión por haber llegado demasiado lejos. Pues no; uno dice «yo no tengo nada que ver», y otros dicen «es cosa del pasado», y ya está. Sus simpatizantes equilibran cosas como esa con que Echenique le pague nosecómo a su ayudante, o que Pablo Iglesias se compre una casa legalmente.

Otro ejemplo claro es el máster (y el título universitario) mágicos del candidato Csd, frente al doctorado del presidente Snchz, normal y corriente como hay miles y sobre el que se ha inventado nosequé sospechas y una comisión de investigación en el Senado. Pues si soy simpatizante de Csd ya está mi conciencia tranquila, no necesito más.

Por eso, cuando pillan a una feminista siendo machista y le dicen «Y ahora qué», no me apetece mucho asumir el argumento, porque sé que algunos de mis compañeros de viaje serán esos machistas y resentidos de manual. Por otro lado, rechazar un argumento para evitar compañeros de viaje es tan parcial como rechazarlo por cualquier otro motivo irrelevante.

Y es que hay veces que la verdad es la que es.

Leticia Dolera, cabeza visible de cierto tipo de feminismo, está rodando una serie y ha prescindido de una actriz porque está embarazada. Ha alegado un montón de razones muy razonables: que tiene muchas escenas de sexo y desnudos (vaya, ¿una directora hace su primera serie y la llena de mujeres desnudas? Aquí habría también para meditar un rato), que se le iba a notar que está embarazada y no cuadra con el personaje, que el coste de rehacer los planes de rodaje es inasumible, que el seguro que tiene no cubre ciertos accidentes y otras parecidas. Por su parte, la actriz despedida, Aina Clotet, ha hecho algunas puntualizaciones. Entre otras, que su barriga tenía solución fácil.

Leticia dice que el rechazo hacia Clotet no se produjo de malos modos, pero que supone «que mola el morbo, que mola el titular grueso». Vamos, que qué se le va a hacer, que da igual qué explicaciones dé, porque la gente se va a quedar con lo más amarillo.

Leticia, tienes razón en todo.

Tienes varias razones para echar a una embarazada de su trabajo. Las mismas que tendrías si fueras director y tuvieras pene. Las mismas que tienen los empresarios para no contratar embarazadas. Lo mires por donde lo mires, Leticia, te deshaces de Clotet porque no te sirve para el trabajo, porque te cuesta mucha pasta, porque te trastoca planes y porque te da quebraderos de cabeza que te ahorras buscando otra actriz que no esté embarazada. No tienes nada contra Aina, no hay nada personal.

Como cualquier empresario peludo y barbudo, querida Leticia.

Tienes razón también en que no importa si tus explicaciones son razonables. Las hordas de machistas y resentidos de manual dirán “Ajajá, te pillé”, y te crucificarán sin más matices, de manera justa o injusta, y no puedes esperar que te escuchen ni muestren ninguna clase de empatía. Es cierto.

Como cualquier horda de feministas de cierta corriente. Concretamente, de la que encabezas.

Leticia, yo soy feminista. Eso significa que para mí, salvo para asuntos íntimos, es irrelevante si tienes pene o no.

Y, lo pintes como lo pintes, y salvo que se me escape algo fundamental (que puede ser), has echado de su trabajo a una embarazada por estarlo. Si crees que tu caso es distinto al de los demás, en mi opinión es que tus entendederas no llegan lo bastante lejos como para servir de modelo al feminismo.

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