Justicia

17 17UTC octubre 17UTC 2018

Querido lector, voy a hacerte una pequeña entrevista.

Ves a dos tipos hablando en la calle. Y uno le suelta a otro una bofetada. ¿Debería ir a la cárcel? ¿Cuánto tiempo?

Digamos ahora que en vez de una bofetada le suelta un puñetazo. ¿Cuál es entonces la respuesta?

Otra más. Te enteras de que el que ha recibido el puñetazo acababa de amenazar al otro con hacerle daño a su familia. ¿Cambia la respuesta anterior?

Cambiemos el contexto. Lo que ves ocurre en una joyería, entre el dueño y un visitante. El visitante amenaza verbalmente al dueño con hacerle daño a su familia; este, asustado, le deja hacer, y el visitante coge unos Rolex en una bolsa y se va. ¿Debe ir a la cárcel? ¿Y cambia algo si en vez de amenazarle verbalmente le apunta con una pistola? ¿Y si en vez de eso le da un bofetón “preventivo” para intimidarlo? ¿Y si en vez de eso le da un puñetazo preventivo en la cara, antes de empezar a hablar?

Supongamos ahora que el “visitante” es directamente un atracador y que, a pesar de la amenaza verbal, el joyero no se resigna e intenta impedir al atracador que coja los relojes. El atracador lo tumba de un tortazo y se va con su botín. ¿Es la pena la misma que si la amenaza verbal funciona?

Y si el joyero se resiste con más fuerza aún, y el atracador le da una coz en la rodilla y se la rompe gravemente, cosa que va a dejarle secuelas. ¿Es la pena la misma para el atracador que si la amenaza verbal funciona?

Termino ya. Supongamos ahora que el atracador amenaza verbalmente al joyero, y este saca una recortada del mostrador y le descerraja un tiro. ¿Debe el joyero ir a la cárcel? ¿Cuánto tiempo, exactamente?

Las preguntas anteriores quizás te hayan parecido un aburrimiento. Como recurso estilístico, más de dos o tres agotan el efecto y no aportan nada. Pero resulta que son de la mayor relevancia, literaturas aparte. Si tú fueras quien dicta sentencia, no vale con que sepas que el abofeteador se ha portado genéricamente mal. Tienes que tener meridianamente claro cuán mal se ha portado, y qué pena hay que imponerle en cada uno de esos casos. Y tienes que decir un número de años. Y cualquier número distinto de cero implica interrumpir la vida de una persona y meter a esa persona en la cárcel. No sé, querido lector, si tienes la más mínima idea de lo que es pasar un día en la cárcel. Yo no la tengo.

Si vas a decidir una pena, tienes que afrontar además varios dilemas obvios. Es fácil que no hayas asistido a los hechos, así que te tendrás que basar en declaraciones que no van a coincidir. En el tercer supuesto de arriba, puede que solo el golpeante oyera la amenaza; ¿creerás su palabra? En el caso del joyero ¿vas a imponer la misma pena si el atracador se va sin dañar a nadie que si se va dejando atrás a un joyero con la pierna estropeada para siempre? Si impones penas distintas en esos casos, ¿implica eso que el joyero tiene que renunciar a su pierna a fin de que valores adecuadamente la inaceptable acción del atracador? Pero si impones la misma pena en ambos casos, para que el pobre joyero no tenga que acumular pruebas en su propio cuerpo, ¿significa eso que, en caso de que no haya heridos, estás imponiendo a alguien años de cárcel por lo que podría haber hecho, y no por lo que ha hecho?

Cuando se iba a hacer pública la sentencia del caso de “la manada”, yo veía posible que los acusados fueran declarados inocentes. De haber sido así, supongo que lo habría asumido (con dolor de corazón) como lo correcto en materia penal, por más que tenga plena constancia de que son unos indeseables. Si me hubieran dicho que se les condenaría por haber cometido abusos sexuales a 9 años de cárcel, ambos términos (abuso y nueve años) me habrían parecido razonables. Pero por lo visto no conozco bien el código penal.

A diferencia de la práctica totalidad de mis conciudadanos, que tenían claro que la calificación del delito debía ser otra y la pena también.

Soy feminista porque creo que hay que terminar con ciertas injusticias, carencias o desequilibrios; hay muchas, y muy graves. En la Justicia, por ejemplo, que se obligue a una mujer a declarar a la vista de su agresor sexual (¡varias veces!), o que se la juzgue implícitamente por cómo ha afrontado su vida después de la agresión. Y como esas, otras mil.

Pero un sector muy visible del feminismo asume como legítima la sobrecompensación, el ánimo punitivo. Y plantea que los problemas que afectan a mujeres son intrínsecamente más importantes que el resto de problemas, y que tienen un derecho especial a resarcirse; y combinando ambas cosas, plantea soluciones que dan vergüenza ajena por lo que tienen de ignorancia, de ingenuidad en el peor sentido de la palabra.

La Justicia nunca ha sido un asunto sencillo. Pero para ciertos feministas (¡incluso algunos con capacidad legislativa!) sí. Es tan sencillo como que quien acuse de determinados delitos goce de presunción de veracidad. Que, dependiendo del tipo de delito, se invierta la carga de la prueba o se valoren las pruebas de manera diferente. Que en ciertos casos el principio constitucional de la reinserción del delincuente (¡recogido en una sección que lleva por título “De los derechos fundamentales y las libertades públicas”!) no sea aplicable, y las penas privativas de libertad sirvan como escarmiento o venganza y si nos pasamos de largo dé igual porque las mujeres han sufrido mucho y cualquier acusado no-mujer lleva un estigma de clase que tiene que asumir.

El dilema respecto a los inocentes presos o los culpables libres, ese que la Humanidad aún no ha conseguido resolver, ese que resulta trágicamente relevante para tantas personas en relación con tantos delitos (secuestrados, torturados, apaleados, padres que han visto morir a sus hijos), ese que está en el centro mismo del concepto de Justicia organizada… nada, ese te lo resuelven los del “los y las alumnos y alumnas” en un momento. Esos que son capaces de juzgar un caso sin conocer ni el sumario ni a los acusados ni a la víctima, sin saber lo que es un juez de instrucción, sin saber hacer la O con un canuto. Es patético cómo denuncian como un gran descubrimiento la paradoja de que tienes que sufrir más lesiones para que una condena sea mayor, o que es difícil para una víctima probar lo que ocurre en privado, ¡como si no le pasara lo mismo al joyero!

La última ocurrencia es eso de que en las relaciones sexuales (¡casi nada!) si no hay un “sí” explícito el acto sexual se considere violación. Citan a la vicepresidente del gobierno hablando de revisar los tipos penales para “que no pongan en riesgo a través de la interpretación delitos tan graves contra las mujeres”. La interpretación. La vicepresidente del gobierno cree que es posible una justicia automática y acertada, cree factible librarse de la interpretación… esa cosa para la que están, fundamentalmente, los jueces. Ole y ole.

Legitiman esa ley diciendo que será como la de otros países, por ejemplo Suecia. No conozco la ley sueca y no sé cómo creen sus promotores que en los juzgados se dirimirá el “sí”. En esta noticia se dice que «el consentimiento no deberá ser necesariamente verbal, sino que también puede producirse a través de gestos o “de alguna otra manera”», lo que me temo que… nos remite a la interpretación, queridos. No sé si las relaciones sexuales tendrán que realizarse con contrato previo, pero si lo menciono no es por reducción al absurdo ni como ironía; francamente, es la única forma que se me ocurre de garantizar la seguridad jurídica a quien participe. Si “todo lo que no sea un sí es un no”, entonces “todo lo que no sea un sí me convierte en delincuente”. Si interpreto las señales como consentimiento, soy delincuente por omisión, a menos que esté seguro de que el juez las interpretará igual que yo. Si no estoy seguro, más me vale estar en condiciones de probar el “sí”. Se invierte la carga de la prueba. El asunto es muy serio.

El feminismo tiene un grave problema con la Justicia. Pero uno de fondo, que va mucho más allá de los problemas reales, y de hecho los desdibuja, los oculta y los convierte en secundarios. Una víctima declarando ante su agresor es algo odioso; pero la inversión de la carga de la prueba es una catástrofe generalizada. Sale perdiendo el feminismo, y sale perdiendo la sociedad. Yo no estoy dispuesto a apoyar tal estupidez.

Y he visto muchas manifestaciones estúpidas al respecto. Bienintencionadas, pero llenas de ignorancia. Da pavor pensar que gente con tan escaso juicio pueda influir en las leyes penales.

Anuncios

El manspreading

10 10UTC octubre 10UTC 2018

El otro día iba yo en avión, y delante de mí iba una chica menuda. A su lado, una chica más grande y más gorda.

En un momento dado, la grande echó el asiento un poquitín hacia atrás (cosa que no le venía muy bien a mi acompañante, con ciertos problemas de espalda y que tiene que mantener cierta postura, pero bueno, era asumible). En otro momento, la chica menuda echó de repente el respaldo totalmente hacia atrás. He de decir que mis fémures caben justo en los asientos de los aviones, por lo que al tender el asiento me dio en las rodillas haciéndome retroceder y casi levantarme. Ella no había mirado, ni preguntado, ni lo hizo después. Pero supuse que simplemente no se daba cuenta. Supuse que ella cabe de sobra en los asientos y no es consciente de que hay gente más grande. A su compañera tampoco se le ocurrió.

Las dejamos descansar; total, cómodos no íbamos a estar de todos modos, así que por lo menos que lo estuvieran ellas. Simplemente, cambié de posición e hice el resto del viaje con las rodillas un poco abiertas a los lados (eso sí, con escrupuloso cuidado de no invadir el asiento vecino). Había un hueco en el que podía encajar, y no era un viaje largo.

Cuando se encendieron las luces de aterrizar y dieron orden de abrocharse cinturones, plegar mesas y poner el asiento vertical, pero la chica menuda siguió en su posición -que, aparte de ser cómoda, contradecía las indicaciones de seguridad-, yo simplemente volví a mi posición normal (soy un tanto disciplinado con las órdenes de los auxiliares de vuelo), con lo que di un pequeño toque en el respaldo. Entonces sí, la chica menuda miró hacia atrás, creo que con cara de fastidio, y enderezó el respaldo. Al menos lo entendió.

El otro día, subiendo la escalera del gimnasio, había mujeres sentadas en los escalones, que no permitían el paso. En ese sitio es frecuente. A veces abren hueco, otras ni se mueven. Yo paso con una sonrisa. Muchas veces ocurre esto de las escaleras, o me encuentro mujeres ocupando espacios o asientos con sus bolsos o sus cosas. También muchas se ponen a fumar donde les peta, ocupando varios metros alrededor con su humo tóxico. O se sitúan en primera fila cuando hay músicos en directo, para ponerse a hablar en voz alta de sus cosas, lo cual podrían hacer en otros sitios del bar o del país. O se sientan en los respaldos de los bancos públicos, con los pies (los de pisar el suelo y sus meadas de perro) en el asiento. O llevan a su perrito con una de esas correas largas que sirven para acordonar la calle, con lo que yo tengo que rodearla a ella y al perrito mientras mea (generalmente el perrito).

No creo haber asociado nunca su comportamiento con sus genitales. Creo que ni siquiera llegué a conclusiones sobre su carácter individual; pueden ser egoístas, pero también pueden ser simplemente despistadas. No di nombre a esas situaciones; si lo hubiera hecho, quizás habría sido womanleaning, womanexpanding, no lo sé.

Uno de los términos estrella del feminismo moderno es el manspreading. Según esta idea, una de las manifestaciones del patriarcado es la costumbre de los hombres de expresar su privilegio y su posición de fuerza ocupando más espacio del que necesitan, concretamente en transportes públicos, al sentarse con las rodillas separadas en vez de juntas. Se despatarran, invadiendo el espacio de sus vecinas. El otro día se publicó que una estudiante rusa luchaba contra el manspreading rociando la entrepierna de los hombres con lejía. Luego, leyendo era “agua y lejía”, y se refería a marcar la ropa, no a causar lesiones.

Diluida o no, teniendo en cuenta usos sociales milenarios, creo que si echo lejía a un tipo me arriesgo a que me plante una hostia y me haga tragar la botellita. Es más; al leer las primeras versiones de la noticia no pude evitar pensar que todo lo que sea rociar a una persona con un líquido abrasivo en un transporte público, sea cual sea la forma y el grado, tendría que causar un escalofrío de indignación al feminismo, puesto que nos trae a la memoria una de las cosas más inadmisibles y abyectas que se perpetran hoy en el mundo contra las mujeres. Así que de mano pensé que esta mujer era un poco imbécil.

Salvo por el pequeño detalle de que parecía, evidentemente, una escenificación, un montaje (y así lo fueron diciendo los medios, cuando dejaron de adornar la historia). Era una escenificación por lo que he dicho antes; a mí me caería un hostión, pero es que esa moza ni siquiera tiene un hostión entero. Me costaba creer que anduviera por el metro (¡en San Petersburgo!) haciendo justicia, como decían los periodistas, y durase más de veinte segundos.

En defensa de los hombres (si es que la necesitan) ha salido, por ejemplo, Valentina Ortiz, explicando que si los hombres tienen a sentarse así es por las características de sus genitales y para evitar comprimirlos. No sé; en mi caso, por lo general soy muy respetuoso con el espacio ajeno. Soy alto, y cuando me siento a ver un espectáculo tiendo a hundirme en el asiento para no estorbar a los de detrás (como si tuviera que pedir perdón por estar allí); tiendo a mantener los brazos pegados al cuerpo y andar con mucho cuidado de no dar codazos cuando hay mucha gente (aunque esté dos o tres horas de pie en esa posición); y en los asientos me obligo (desde antes de que se inventara el término manspreading) a mantenerme dentro de sus límites, aunque para mí resulten pequeños.

Pero eso lo hago a costa de mi comodidad, porque una cosa sí es cierta; mi tendencia natural es a sentarme con las rodillas separadas, espatarrao, manspreado. Y voy a aportar otra idea sobre este asunto, porque no sé si esto se debe al tamaño superlativo de mis huevazos; antes de llegar a aplastamiento alguno, en mi caso es una cuestión de la altura que suelen tener los asientos. Si yo me siento con las piernas juntas y por tanto las tibias verticales, las rodillas quedan demasiado arriba, y todo mi peso queda apoyado en mi bello culo; en los huesos isquiones. Eso sí que es incómodo. Sin embargo, si separo las rodillas y cruzo los pies (poniendo las tibias cruzadas), consigo apoyar los muslos enteros en el asiento para soportar el peso. Si me ves columpiarme, también estaré en esa posición, porque si no, los pies me arrastran por el suelo, por lo general, y así los columpios funcionan fatal.

Esto del manspreading (despatarre) ocurre, y hay gente maleducada. Quizás incluso sea cierto que los hombres tienen menos reparos a abrir las piernas, por las razones que sea; quizá incluso al ser de media son más altos que las mujeres tiendan a sentarse sobre los muslos como yo. Pero la invención del término, primero, y la importancia que cierto feminismo le ha ido dando, después, me parecen relevantes y representativos de un fenómeno importante: se atribuyen intenciones a alguien, y no solo a alguien sino a todo un colectivo enorme, de manera muy ligera. Una interpretación peregrina como cualquier otra, no demostrada de ninguna manera, se adopta como hecho cierto. Uno hace encajar en esa interpretación hecha a medida todos los males, todo lo que le cabrea, y la profecía se autocumple.

Yo no acusé a mi compañera de avión de womanleaning cuando me machacó las rodillas con desconsideración. Pero después de que yo simplemente me sentara derecho para aterrizar, no me extrañaría nada que saliera de allí enfadada y echando pestes de los hombres.

Y suerte que a mi derecha había un tipo, porque cuando separé las rodillas para caber y dejar a la chica descansar plácidamente, una mujer podía haberme catalogado como manspreader.

La tesis de Peeeedro

19 19UTC septiembre 19UTC 2018

Lo que ha pasado estos días con los estudios (ejem) de nuestros políticos ya lo he visto más veces. Se reduce a lo siguiente.

Primero, los antecedentes. Largos, y eso que están muy resumidos (es así, esta gente genera una avalancha de información).

Un político del PP (Cristina Cifuentes) es cazado en un fraude académico y documental gravísimo y muy evidente, por el que creo que indefectiblemente tendría que acabar gente en la cárcel (no es un deseo, quiero decir que me parece inevitable por lo poco que sé de leyes). Además de lo que ya se había hecho, todo lo ocurrido después de que se destapara está tan lleno de desvergüenzas (y de más delitos aún, cometidos ya a la luz de los focos) que sería larguísimo de enumerar. No pasa nada; Cifuentes se pavonea, se pasea, le resbala todo, y solo dimite después de todo un mes, y no por esa estafa, sino por el famoso vídeo de las cremas. Su hermana ocupa desde hace años una posición de profesora ilegalmente, Cifuentes tiene una plaza de funcionaria también (aunque es de personal de administración, poca cosa para ella, que quería ser catedrática como mínimo y supongo que esperará una jugada como la de su hermana, a la que convirtieron en profesora porque sí).

Otro político del PP (Pablo Casado) es cazado en no uno, sino dos fraudes académicos, bastante evidentes. El primero es similar al de Cifuentes, quizá con menos irregularidades documentales. Para defenderse enseña unas portadas impresas ahora en su impresora, de unos supuestos trabajos, pero no deja verlos absolutamente a nadie bajo ninguna condición, y en todo caso es un hecho admitido por él que recibió un trato de favor. No fue a clase, le convalidaron casi todas las asignaturas, y para las que no le convalidaron dice que hizo esos trabajitos, y que no habló con ningún profesor, que los dejaba en un misterioso despacho, y que los hizo como le pareció a él, basándose ¡en el título de la asignatura! (son mentiras tan estúpidas que solo se las cree quien no haya pisado una universidad, o la haya pisado en los mismos términos que él). También se sabe del segundo fraude: todo apunta a que le regalaron la carrera también (aprobando miles de asignaturas por arte de birlibirloque, con presiones e incluso con irregularidades administrativas ya conocidas). No pasa nada; Casado se pavonea, le resbala todo, y de hecho sus correligionarios lo convierten en presidente del partido como premio.

Una política del PSOE, ministra para más señas, recibió también un trato de favor, obteniendo un máster con irregularidades tanto administrativas como académicas. En dos días ha dimitido. La ha derribado, por cierto, eldiario.es, ese periódico que la derecha llama “sectario” (como llama a todo el que sea ecuánime o neutral y no de derechas). No hay mucho más que contar de la ministra, porque la cosa no ha dado más de sí.

Ciudadanos se dedica a meter el dedo en el ojo a los demás (a unos más que a otros), y se descubre que su líder en Barcelona falseó datos en su currículum. Sin duda, es una irregularidad menor que las anteriores, pero el partido que pretende enarbolar los códigos deontológicos de regeneración democrática dice en el suyo propio que el partido deberá “apartar de cualquier cargo público o de partido a todo representante que haya falsificado o engañado en relación a su currículum o su cualificación profesional o académica”. Se da toda clase de excusas absurdas, y ahí sigue esta mujer tan pancha. El código de conducta es de Ciudadanos, pero al parecer solo se aplica a los demás (tienen un lío importante de jurisdicción, parece). Por cierto, el propio Rivera afirmó ser “doctorando” y no lo es; es una cuestión menor, pero habría que ver cómo aplicaba su propio código deontológico si el “doctorando” fuera otro, viendo que pide a Sánchez que dé explicaciones por… por… ¿por qué motivo era exactamente?

Empecé el artículo diciendo que lo que ocurrió ya lo he visto otras veces. Me refiero a lo que ha pasado a continuación con Sánchez. Yo podría perfectamente escribir los argumentarios del PP. Si Sánchez ha hecho algún trabajo, y no digamos una tesis, ya lo tengo resuelto. Da igual que la tesis sea correcta o irregular, que sea buena o mala. Cojo el material y hago con él la campaña que quiera; ya es sabido que es más grave que un político de izquierdas (o del PSOE) haga algo legal que que un político de derechas haga algo ilegal. Y así es como el único doctor de todos estos, y el único que aparentemente ha hecho una carrera normal, es Pedro Sánchez, pero resulta que se habla más de su tesis que de otra cosa. A pesar de que no haya aparecido absolutamente nada extraño en ella.

Su tesis está indexada en Teseo (que es lo normal), la puede ver cualquiera que acuda a la biblioteca correspondiente (que es lo normal y lo que se pidió infructuosamente para Cifuentes y Casado). Pero es como si hubiera cometido algún delito. La tesis de Pedro Sánchez la puede juzgar el mismísimo Eduardo Inda, que no tiene la suficiencia investigadora, que ni siquiera ha hecho jamás un proyecto fin de carrera. Y así hace creer a la gente que en una tesis doctoral es metafísicamente posible que te plagies a ti mismo, o que es fraudulento que utilices los artículos que previamente has escrito y publicado.

Así son las cosas. El trabajo fin de máster de Cifuentes no existe, pero no habría dimitido si no le hubieran mandado el mensaje de las cremas. Con Pedro Sánchez le pedimos que dimita, no sé,  porque su tesis nos aburre, mismamente. Los tribunales de amigos en una plaza de funcionario, injustificables, valen para colocar a Cifuentes, pero si hay cualquier grado de conocimiento previo entre Sánchez y su tribunal de tesis (por más que sea lo normal en cualquier campo de investigación, y más teniendo en cuenta que tú tienes que buscarte el tribunal, y que no puedes traer premios Nobel porque no van a venir y los que leen tu tesis y vienen te están haciendo un favor) ya es suficiente para meter a Sánchez en la cárcel o poco menos.

Mi propia tesis doctoral está indexada en Teseo, pero no está colgado en esa web su contenido (eso “se hace solo”, yo no he tenido que hacer nada en ningún sentido). En mi tribunal había varios miembros que no me eran desconocidos (la Universidad denegó uno de los que habíamos propuesto… porque era sudaca, así que tampoco te creas que puedes traerlos de muy lejos, porque a la Uni le cuesta dinero y no quieren). Durante el desarrollo de la tesis publiqué artículos con resultados parciales (que es justamente lo que hay que hacer; lo contrario es un demérito) y obviamente utilicé los resultados en la versión final (una tesis se hace así, amigos míos). Todo lo que en la tesis no fuera de mi cosecha está citado en la bibliografía, con enlace directo o de manera general. Es decir, he hecho lo que hasta donde sé hizo Sánchez (la suya no la he leído). Salvo que su tesis era de… esa ciencia llamada economía, pero vamos a dejar piadosamente esa cuestión al margen.

A Zapatero lo defenestraban porque Jordi Sevilla le tenía que explicar economía en unas tardes. Si un presidente es el primero de la democracia que sabe idiomas, y es doctor en economía, todos los iletrados de España se permiten tratarlo de tonto igualmente.

Y mientras tanto, Casado y Rivera dan lecciones.

 

Trompa patulosa

7 07UTC septiembre 07UTC 2018

Un título inmejorable para un artículo, por cierto. Podría tratar de un montón de cosas pintorescas…

Aviso: voy a hablar de una cuestión de salud. No tengo ningún tipo de cualificación médica y nada de lo que diga aquí debe entenderse como consejo médico ni aceptarse sin más. Solo pretendo contar mi experiencia y toda la información que ofrezca debe tomarse con todas las debidas reservas. Declino toda responsabilidad por cualquier interpretación que cualquiera haga que vaya más lejos que esto.

Supongo que alguna vez, en la piscina o en el mar o en la ducha, te ha entrado agua en los oídos y hasta un rato después te oías la voz extraña, como si no fuera la tuya, como si tuvieras la cabeza metida en un cubo.

Si un día notas que empieza a pasarte eso permanentemente, y además esa voz apagada y extraña la oyes a un volumen altísimo, quizá tengas trompa patulosa (en inglés patulous eustachian tube). A mí me pasa; siempre que hablo, siempre, me oigo así.

Tus oídos están conectados con tu garganta a través de sendos conductos, las trompas de Eustaquio. Ese conducto va del oído medio a la zona alta (nasal) de la faringe, y está normalmente cerrado. Se abre a veces para dejar pasar aire hacia el tímpano, cuando a un lado y a otro del mismo hay diferentes presiones, para que estas se igualen (en un avión puede que notes esto de manera repentina cuando se te “destaponan los oídos”).

Si padeces de trompa patulosa, ese conducto estará abierto todo el rato. Las causas no están claras, pero se relaciona con factores como una bajada de peso, hormonales, bajada de la hidratación, ejercicio físico… Si lo piensas, ese tubo tiene unas paredes, y cualquier cosa que haga “adelgazar” o deshidratarse esas paredes puede hacer que el tubo quede abierto (no es un esfínter que puedas cerrar).

Ese tubo abierto no es especialmente malo en sí mismo, pero trae un problema. Nuestro sentido del oído está acostumbrado a recibir sonidos del exterior, y también del interior. Los sonidos internos los recibe habitualmente a través de una serie de paredes de huesos y otros tejidos. Pero cuando la trompa de Eustaquio está abierta, tenemos un conducto que deja pasar los sonidos directamente hasta el tímpano. Y la voz (que se produce en la garganta, y resuena bastante en nuestras cavidades nasales) tiene ahora vía libre para alcanzar nuestro oído. Por eso si tienes trompa patulosa te oyes, siempre que hablas, a un volumen muy alto, saturado, aunque estés hablando de forma discreta.

Pues esto me ocurre a mí desde hace unos años, y aunque no amenaza tu vida, puede ser un problema bastante grave. Resulta muy incómodo para hablar; tienes que acostumbrarte a “soportar tus propios gritos” sin poner caras raras, porque en realidad los demás te están oyendo perfectamente y sin estridencias.

Según cómo emitas la voz, el efecto puede ser más o menos acusado. En mi caso, puedo conseguir, con disciplina, que algunas vocales (las “aes”, las “oes”), sobre todo si las pronuncio bajando la laringe (terminología Estill), molesten algo menos. Otras vocales (i, u) prácticamente no mejoran. Y las consonantes nasales (m, n) son lo peor, no tienen arreglo. Pero en mayor o menor grado molestan todas.

Es curioso; si te inclinas para poner la cabeza hacia abajo, es probable que te oigas bien (supongo que la acumulación de fluidos en la cabeza por la gravedad “engorda” las paredes del conducto y lo cierra).

Resulta aún peor para cantar, porque en primer lugar tienes que ser capaz de hacerlo sin saber realmente cómo suenas; tienes que “suponerlo” todo, desde la afinación hasta el sonido real de tu voz (nunca sabemos cómo suena realmente, pero con trompa patulosa eso ya se te va de las manos). Pero en segundo lugar, mientras tú cantas te oyes tan fuerte a ti que apenas puedes oír los demás instrumentos o cantantes. Tienes que mantener un equilibrio entre cantar y seguir oyendo; si cantas jazz o improvisas de cualquier forma (lo cual requiere una escucha activa constante), ya tienes un asunto más del que ocuparte, porque si normalmente ya cuesta elegir dónde hacer pausas, ahora tienes que hacerlas para poder oír a los demás y asegurarte de que sigues en el tono.

Si cantas musicales, por ejemplo, es aún peor; en estos estilos teatrales se hace mucho uso del belting, es decir, se canta de forma muy enfática, casi gritando, con lo que el volumen para ti es aún más alto. He leído historias de gente que había estudiado esta disciplina y acabó dejándolo porque les era imposible (y no es plan de actuar poniéndote cabeza abajo, claro). Resulta deprimente.

He leído muchos testimonios de personas desconcertadas por estos problemas con la voz. Pero recientemente he reparado en otro efecto dañino que me sorprende no haber visto reflejado por ahí. Aunque me dedico sobre todo a la guitarra y algo al canto, tengo muchos más instrumentos con los que me gusta jugar (cuando tengo tiempo). Hace muchos años compré un saxofón. Nunca pretendí ser saxofonista, pero sí saber cómo se tocaba y aprender alguna melodía. Como no suelo tener tiempo, hay largos períodos en que el saxofón está, básicamente, de adorno. Pero el otro día decidí darle una vuelta después de años, y me encontré con que me pasa lo mismo que con la voz. El sonido del saxofón es potente, se produce bastante adentro en la boca y está muy conectado con las mandíbulas, así que utiliza el mismo canal para fastidiarme; y si mi voz me atruena la cabeza, lo del saxo ya es insoportable. Así que me parece que se acabó tocar el saxo para mí. Lamentablemente, me pasa lo mismo con la armónica (con la ilusión que me hacía a veces tocar la armónica cromática que me regaló mi tío). Por suerte, no tengo problema con la flauta dulce.

Con todo esto, mi caso no es el peor. He leído que mucha gente siente el ruido de su propia respiración, o incluso los latidos de su corazón. Así que a pesar de todo estoy teniendo suerte por ahora. (Todo esto de oírse a uno mismo a un volumen anormal se llama autofonía).

En mi caso, no sé si hay causa y efecto, pero sí coincide temporalmente el inicio de esto con una pérdida de peso; bajé cinco miserables kilos. Andaba alrededor de 96, y decidí retroceder hasta 90-91, que es en donde intento moverme ahora. Pero si tienes predisposición de algún tipo, seguramente todo esto es cuestión de pequeños márgenes. Quizás si subiera de peso arreglaría el problema, pero esa solución no deja de tener sus inconvenientes. En alguna subida parcial que he tenido no he notado ninguna mejoría, así que supongo que tendría que ganar peso “en serio”. Y según las tablas de masa corporal que hay por ahí ya estoy en sobrepeso, incluso con 91 kg (aunque nadie lo diría, ejem).

¿Qué dicen de esto los médicos? En primer lugar, es posible que ni siquiera te diagnostiquen bien. No es una afección muy extendida, la verdad. Yo he ido a cinco otorrinos; no recuerdo cuál me dio un diagnóstico claro, pero no fue el primero.

En segundo lugar, te diagnostiquen o no, es probable que te pregunten “pero ¿eres cantante profesional?” Si la respuesta es “no”, se encogerán de hombros y no verán demasiado problema. Ni estás sordo, ni tu vida corre peligro, así que puedes vivir con ello y santas pascuas.

En tercer lugar, no hay cura conocida. Hay unas gotas que pueden influir y ayudar algo en algunos casos, pero nada milagroso. Hay también operaciones, que consisten en engrosar por diversos procedimientos quirúrgicos las paredes de la trompa de Eustaquio (producir cicatrices, insertar geles o cartílagos…) pero esto no siempre tiene éxito ni es permanente (muchos de estos productos se van absorbiendo por el cuerpo). Uno de los otorrinos que me trataron había conocido personalmente al principal “inventor” de esa cirugía en una estancia de investigación en Boston, creo, y él mismo le mostró sus reservas y le comentó que estaba indicado para casos extremos porque rara vez merecía la pena.

Además de visitar a cinco otorrinos, he probado tratamiento con fisioterapeuta, por si se pudiera modificar algo trabajando la musculatura del cuello y la cabeza, sin resultado. Después acudí a otra fisioterapeuta que es también logopeda, y además de la fisioterapia trabajamos diversos ejercicios, sin resultado también. Aunque el profesional conozca la enfermedad (que no es lo habitual) no hay tratamientos descritos; téngase en cuenta que resulta difícil acumular experiencia o hacer estudios, porque no se encuentra uno casos todos los días. No resulta fácil reunir una muestra grande de afectados ni, por tanto, hacer estudios clínicos. Mi fisioterapeuta-logopeda, por lo que sé, solo había conocido personalmente un caso, que era el mío.

También he buscado otras soluciones. Probé los ejercicios que dice este tipo:

pero en mi caso no funcionó (si es que los he hecho bien). He visto otra forma de afrontarlo:

pero esto son básicamente gotas, y no me convence la vía de andar haciendo pruebas mediante la introducción de sustancias en el oído. Ahí creo que hay que ser muy, muy cautos y tener médicos (reales y con ideas contrastadas) detrás.

Así que así están las cosas. Si intentas explicar lo que tienes, casi todo el mundo te mirará raro (aunque eso da igual). Desde hace poco, al menos tienes un recurso para explicarte, y es que lamentablemente ahora le pasa a Céline Dion (es el primer caso que conozco en los medios):

Céline Dion Has Canceled Shows to Undergo a ‘Surgical Procedure’ – She’s suffering from a condition that makes it hard to sing

Ella probó las gotas, pero después de un año dejaron de funcionar. Así que se operó. Ojalá le resulte bien.

Celine Dion returns to stage 2 months after ear surgery

Por mi parte, como no hay mucho más que se pueda hacer, de momento no hago mucho más. Sheila Jordan me dijo en persona (al margen del problema, que no le conté) que no dejara de cantar, así que le he hecho caso. Hace poco he probado por primera vez en mi vida a cantar en un coro, y temía no ser capaz de mezclarme con otras voces si no puedo oírlas bien, pero parece que no salió del todo mal. Otra cosa que hago a veces cuando practico en casa es monitorizarme, es decir, utilizar micrófono y ponerme auriculares para oír por ellos lo que estoy cantando; ciertamente, ayuda a “olvidarse” del sonido interno, a percibir el sonido real y ajustar mejor lo que uno hace.

Y por lo demás me aguanto. No me planteo operarme (porque no parece que el beneficio merezca la pena) y como digo no voy a echarme gotas salvo que sea bajo criterio médico y con un propósito muy claro. No creo en los remedios “naturales” que mucha gente se aplica, aunque no digo que no puedan funcionar dependiendo del caso.

A ver si con un poco de suerte se va investigando en esto y se encuentran soluciones mejores. Hoy en día ya no resulta tan difícil encontrar casos sobre los que investigar, ya que la gente se reúne por sí misma. Otra cosa es que haya un gran mercado que justifique económicamente la inversión.

En mi caso, la cosa se complica con otros síntomas que he tenido, más o menos por la misma época: el fenómeno de Tullio. Un día, en casa de un amigo, hubo un acople de sonido (lo que produjo un ruido muy agudo, muy fuerte y repentino) y de repente fue como si toda la habitación hubiera dado una voltereta. No un mareo, sino una sensación de movimiento muy violento (lo llaman oscilopsia). A partir de ahí me di cuenta de que cuando había ruidos fuertes y repentinos, por ejemplo cuando el típico tonto de gimnasio deja caer una pesa, me pasaba eso mismo. Mi quinto otorrino me hizo una resonancia (o TAC o lo que fuese, no me acuerdo) para comprobar si tenía una cosa llamada síndrome de dehiscencia del canal semicircular superior (SDCS). Al parecer no vio lesiones óseas notables. Pero no deja de ser cierto que la autofonía es uno de los síntomas del SDCS. Y he visto gente por ahí advirtiendo de que muchas veces se diagnostica erróneamente la trompa patulosa cuando lo que tienes es SDCS. Mi autofonía no ha remitido, aunque los fenómenos de Tullio quizás un poquito, si bien es cierto que procuro no exponerme a ruidos grandes y que en las pruebas auditivas que me hacen sí se produce el fenómeno de Tullio, sobre todo en el oído izquierdo, cuando me ponen ruido fuerte a ciertas frecuencias.

Más aún: unos pocos años antes de estos problemas tuve una época en que sufría náuseas. Unas náuseas inexplicables, sin motivo aparente, para las que también fui a varios médicos y que no encontraron causa (no era nada digestivo). En unos años, esas náuseas remitieron por sí solas. Es sabido que las náuseas y el sentido del equilibrio, y por tanto el oído, andan bastante relacionados.

Vete tú a saber si lo que tengo es dehiscencia de esa. Estoy un poco mosca, porque a veces se me taponan los oídos como a cualquiera… e incluso en esos momentos oigo mal mi voz. Si se me taponan los oídos es que la trompa de eustaquio está cerrada, ¿no? Así que, por lógica…

En fin, parezco el típico jubilado contando enfermedades. No tengo en absoluto ese carácter. Pero este es el tipo de cosa del que hay relativamente poca información en Internet, y quizás a alguien le venga bien encontrar esta.

 

Una, mediana y mediopensionista

22 22UTC agosto 22UTC 2018

En Cataluña hay una especie de guerra de símbolos. El otro día se armó la marimorena por esto:

Un coche embiste las cruces amarillas de la Plaza Major de Vic

Resulta que en Vic tienen la plaza mayor repleta de crucecitas, como un cementerio, y un coche rompió unas cuantas. A mí, la verdad, en su momento no me pareció tan grave (no eran huesos de nadie, eran cruces de pega), y además me preguntaba yo con qué derecho tienen toda la plaza ocupada con sus juguetes todo el rato. Me suscitaba dudas la cuestión.

Ahora resurge el tema porque hubo ciertas fricciones con gente que retiraba lazos amarillos. Yo no estoy seguro (esa es la verdad) de cómo se conjuga el derecho a poner cartelitos con el derecho a quitarlos, pudiendo ambos implicados aludir a la libertad de expresión. Pero los periódicos, y no solo los periódicos, sí tienen claro que los lazos amarillos se pueden quitar, y hay todo un fervor quitador (en lo que se refiere a estética lo apoyo, que el amarillo pega fatal con todo):

La fiscal general no ve “delito” en “quitar ni poner” lazos amarillos en Cataluña

Guardias civiles y policías reclaman a los Mossos “neutralidad” en la polémica de los lazos amarillos

‘Avalancha de solicitudes’ para retirar lazos amarillos tras el acoso de los Mossos

Sin embargo, resulta que si hay una imagen religiosa en el pico de una montaña el acto de quitarla es de un vandalismo insufrible, y por el contrario a los que la restituyen no se les considera culpables de alterar un espacio natural (que no digo yo que tuviera que ser así, pero no sé…):

Un grupo de montaña pone hoy en el Urriellu una nueva talla de la Virgen de las Nieves

Es todo un poco contradictorio. Hay cosas que dan igual, que son del pasado, que son heridas cerradas y no importan. Pero…

Seis militares vinculados a Asturias firman el manifiesto en defensa de Franco

Al parecer, ese manifiesto es una “Declaración de respeto y desagravio al general Don Francisco Franco Bahamonde soldado de España”, y según los periodistas (yo no lo he leído) denuncia la “campaña infame” de la “izquierda política” contra la figura del dictador y justifica el golpe de Estado de 1936 en una “España agredida y asediada por el comunismo internacional”.

No son fantasmas del pasado; están vivos y muy vivos. Estamos en estas manos, son las que empuñan nuestras armas y nos van a… ¿defender? Incluso de nosotros mismos; uno de estos próceres dice que no se debió permitir a Podemos presentarse a las elecciones. Y si las cosas están así, a lo mejor sí que es importante y urgente sacar esos huesos de ahí de una maldita vez y echarlos a un osario. Resulta de lo más tranquilizador.

Como tranquilizadoras resultan las disculpas de Rafael Hernando. ¿Le procesarán por ofender a víctimas del terrorismo? ¿Por delitos de odio? No, que no es rapero ni titiritero ni su ofensa fue inventada; además las ofensas las realizó en público con luz y taquígrafos pero la disculpa se la ofrece a un entrevistador que le hace una hagiografía.

Pero a pesar de esa tranquilidad y de lo pasado que está todo y lo cerradas que están las heridas…

PP y Ciudadanos se oponen al decretazo para exhumar a Franco del Valle de los Caídos

Así que el gobierno tiene que dar explicaciones para cumplir un mandato explícito del Parlamento, aprobado sin ningún voto en contra. Tranquilizador y coherente. Total, son cosas del pasado.

Todos los delitos y crímenes que se hayan cometido en el pasado son agua pasada para cierta gente (al parecer, solo se pueden castigar delitos futuros, o algo así):
El PP ve ahora “difícil” la entrega del ordenador con el que Casado realizó sus trabajos del máster y que él dijo conservar.

Ya te digo. Como le hayan hecho el tratamiento informático que acostumbran… han borrado hasta las letras de las teclas.

5 músicos sobrevalorados (II)

8 08UTC agosto 08UTC 2018

Hace bastante tiempo (¡11 años!) maticé mi admiración por Eric Clapton. Y hubo reacciones airadas. Más adelante nombré otros cinco músicos a mi juicio sobrevalorados. Como ya casi nadie leía blogs, no hubo reacciones tan viscerales. Pues ahora que ya no nos oye nadie, como que se me apetece decir otros cinco. Intentaré que ninguno sea de por aquí cerca, por aquello de la convivencia vecinal.

Iba a incluir en la lista a todos los DJ famosos de la actualidad, pero eso implicaría considerarlos músicos, y no lo tengo claro.

5. Bruce Springsteen

Eso sí, la Telecaster le queda como a nadie y cuando canta pone una cara de esfuerzo inigualable.

Para alguna gente, decir esto es peor que ser un hereje. Voy de cabeza a la hoguera. Pero aunque respeto a Bruce Springsteen como músico, y le reconozco valor, y no digamos profesionalidad y todo lo demás… lo siento, es que no veo que sea tan excepcional. Es cuestión de gustos. He probado, he escuchado, y me ha dejado más o menos como estaba. Buenas canciones, grandes directos, pero en el fondo toda esa idolatría, y todo ese llamarle boss, y toda esa mitología, en parte me parece un código tribal de machotes.

4. Oasis

Bruce me parece bueno. Oasis, poco. Toda esa película de los hermanos que se pelean, y toda esa pose de desagradables y faltones, y toda esa mierdecilla, a mí en los discos ni me interesa ni la oigo. Pero a mucha gente parece que la impresiona. Todavía hay quien se cree que las discusiones de Sálvame son reales. En fin, que yo no doy un duro por un disco de Oasis. Me parece todo muy obvio y muy manido. Un grupo del montón.

Yo a Joan Baez la pillo. Pero a este no, la verdad.

3. Bob Dylan

Madre, que sí, que voy al infierno, que de esta no salgo. El papel de Bob Dylan en la música popular lo han descrito y matizado todo tipo de estudiosos que están a años luz de mí en cuanto a conocimientos. Pero yo nunca lo he soportado.

Tengo una mente, creo, bastante abierta para el arte, y para la música en particular. Disfruto como nadie de los aullidos de Tom Waits. Puedes suplir la técnica con emoción; es más, a veces la técnica es contraproducente y es el momento de la emoción. Me encanta que alguien desafine cuando debe hacerlo. O que transmita sentimientos precisamente gracias a la sinceridad, a la desnudez, a la falta de técnica, incluso deliberada. Pero mira, es que hay que decirlo con claridad: incluso bajo ese prisma, Bob Dylan canta como el culo. La mayor parte del tiempo, no me lo creo. Hay un grado de desgana que soy capaz de aguantar. Supongo que el tipo le pone un sentimiento intensísimo que no soy capaz de apreciar, y lo confundo con pasotismo. A mí siempre me transmite la vibración de un tío que ha tenido un éxito inconmensurable que nunca ha entendido y que está hasta los cojones de cantar en público, porque él lo que quería era ser un incomprendido y escribir letras mientras trabajaba en una oficina de patentes o algo, para que las descubrieran en un cajón cuando hubiera muerto y supieran lo injustos que habían sido ignorándole. Perdóname, Señor.

2. Lady Gaga

Pista: si es famoso por maquillaje, ropa o piernas, no es músico.

Lady Gaga sabe cantar. Incluso tiene canciones notables, si la escuchamos con un poco de atención. En muchos sentidos, es una artista, una reina del entretenimiento, todo lo que quieras. Pero musicalmente, aun cuando fuera buena, es del montón de gente buena que hay por ahí (muchos infinitamente mejores que ella). Que se pone un vestido de filetes, y al público de la MTV le impresiona eso, pues vale, pues bueno. Pero me resulta pasmoso que mucha gente le ponga, como mérito, que cuidado, que a pesar de toda la extravagancia en el fondo sí que sabe cantar y tocar de manera solvente. Si es un mérito, si es algo añadido y sorprendente, ya está todo dicho… Ser capaz de cantar una canción con Tony Bennett no te convierte en Tony Bennett, solo en alguien con un manager que ha convencido al manager de Tony Bennett de que ahí hay pasta. Lady Gaga hace muchas cosas, pero no me parece que sea por ser una artista versátil; simplemente, todas ellas las hace de manera mediocre, cosa comprensible porque está centrada en otros aspectos, como enseñar trajes y colores de pelo.

1. The Beatles

Lo dije hace años: los músicos más sobrevalorados del mundo son los Beatles. No porque no sean buenos, sino porque simplemente nadie puede resistir tan nivel de valoración. Es completamente desorbitado. No hay nada que ellos pudieran haber hecho para evitarlo.

Me apetecería tratar en un punto aparte el tema Lennon en especial, porque Lennon en solitario sí que… en fin, me voy a callar.

Los restos de Franco

6 06UTC agosto 06UTC 2018

Que digo yo. Que esto tiene una solución muy sencilla. No sé por qué se complican la vida.

Es así de fácil. Una noche, a las tantas, se presentan unos señores de uniforme (o sin uniforme, pero con placa), encapuchados y sin conocerse entre sí, en el valle en cuestión. Entran por las buenas o por las malas. Antes de que nadie pueda reaccionar, sacan los restos del prócer. Se los llevan. Y uno de ellos, a sorteo, se marcha en coche y los entierra en una cuneta remota, por supuesto sin decirle a nadie dónde.

Fin del problema.

Estoy seguro de que no habría ningún problema; si pudiera haberlo sería solo por parte de la derecha, y esos ya han dicho por activa y por pasiva que no hay que buscar a los muertos, que no hay que reabrir heridas, que está todo bien. Que ese es el procedimiento adecuado, y no hay que dar vueltas al abuelo de nosquién ni a la guerra de nosecuándo.

Así que los huesecillos al bardial, sin más contemplaciones, y a tomar por culo.

Si se puede hacer con personas vivas, seguro que se puede hacer con unos huesos, y buena parte del arco parlamentario lo aplaudirá. ¿No?

Chile vs España

23 23UTC julio 23UTC 2018

Chile:

Ocho exmilitares chilenos, condenados a 18 años de cárcel por el asesinato de Víctor Jara en 1973

Ya envidié alguna vez a los argentinos. Y ahora a los chilenos.

Aquí, esos delitos habrían prescrito. Si no hubieran prescrito, habría que callarse “para no reabrir heridas”. Si uno no se calla, y lleva alguno de esos asuntos ante el juez, el condenado será el juez. Si alguien renuncia a hacer justicia pero intenta al menos que no se homenajee a los asesinos, cuidado, porque es posible que acabe él defendiéndose en un juicio, frente a un cura.

En Chile condenan a los asesinos de Víctor Jara, 45 años después. En realidad es inadmisible que esperen 45 años. Pero más inadmisible aún es pensar que en España estamos peor.

Vecinos de Bañugues impiden la instalación de una placa en memoria a Las Candasas

Una asociación de vecinos impide que se coloque esa placa, porque dicen al parecer que no están de acuerdo en nombrar a uno de los bandos.

Unas mujeres son asesinadas. Los asesinos son los franquistas. Pero cuidadito, no puedes decirlo. No basta con que hayan matado y hayan salido impunes y hayas tenido que esperar ¡80 años! de cuarentena para que nadie se ofenda. No; porque aun así, si lo pones tienes que nombrar a varios bandos, como si estuvieran empatados los asesinos y las víctimas.

Y además lo dicen con chulería. Cambia el texto, y cuidadito, amenazas a nosotros ninguna, dicen. Los supuestos vecinos de Bañugues.

Alucinante.

España.

El alumnado, los alumnos y los estudiantes

12 12UTC julio 12UTC 2018

Hace poco he estado en un congreso de profesores universitarios de Informática. Está lleno de gente increíble: gente generosa, sabia, humana.

Pero no aciertan en todo, claro. Allí también llega, como a todas partes, la tontería del lenguaje inclusivo. Y hay algo que se viene haciendo hace ya tiempo, y que es el resultado, otra vez, de hacer caso a quien no sabía suficiente.

Es usar “el alumnado” para referirse a los alumnos.

Amigos todos: “el alumnado” no es lo mismo que “los alumnos”. Nunca lo ha sido. A base de repetirlo, cualquier palabra puede convertirse en cualquier cosa, claro. Y estropearemos un poquito más el lenguaje, y dentro de unas décadas alguien se preguntará por qué el español no tiene lógica, y pensará que sus antepasados eran gilipollas; lo mismo que hacemos ahora a veces con algunas excepciones gramaticales. Pero esta vez nuestros descendientes tendrán razón respecto a nosotros.

Las personas a las que yo doy clase son mis alumnos. Vienen con diferentes sexos, tamaños y colores, pero son mis alumnos.

Si digo que a mis alumnos les cuesta entender las integrales, no vale que escriba “al alumnado le cuesta entender las integrales”. Porque es mentira. Les cuesta a mis alumnos.

“El alumnado” no es “los alumnos”. “El alumnado” alude a los alumnos en su conjunto, como si fuesen una sola persona. Sirve, siempre ha servido, para expresiones como “el alumnado rechaza el nombramiento del rector”; cuando consideras 1) a los alumnos de todo el centro o toda la institución en su conjunto (no a los de tu clase), y 2) no a título individual, sino como una especie de clase social o estamento, como un bloque. Para algunas cosas los dos términos son intercambiables (hablando de opiniones, por ejemplo), y cuando es así lo es más bien porque es el término “los alumnos” el que se flexibiliza para asimilarlo al “alumnado”, y no al revés.

También me da dentera referirse a los alumnos como “estudiantes”. Un “estudiante” es alguien que estudia. Un “alumno” es alguien que tiene un profesor. Los que vienen por mi clase no son “estudiantes” así, en abstracto; de hecho, algunos son estudiantes, efectivamente, y otros no dan un palo al agua. Los míos son alumnos. Ellos son los alumnos, y yo el profesor. Pero en realidad estudiantes somos tanto ellos como yo.

Por cierto, “el alumnado” tiene género masculino. Y si te parece bien “estudiante”, no deberías haber necesitado “presidenta” (de hecho, así es; “presidenta” es una palabra que no ha hecho falta jamás, y que estaba mal desde el principio).

Si dices “el alumnado” o “los estudiantes” por usar lenguaje “inclusivo” (ja) te invito a que repases todo esto, porque tienes un cacao mental considerable, y además estás siendo sexista. Habla de tus alumnos con orgullo y sin ningún pudor. Es lo correcto y es inclusivo. Si “alumnos” te sugiere solo varones, cambia de mente, no de palabra, porque la palabra está bien y eres tú quien excluye a las mujeres de su imagen mental.

Ah, la cosa no acaba ahí: he leído muchas veces “el estudiantado”. Sí, lo juro; no una vez ni dos. ¿No es para pegarse un tiro?

Otra cosa que he visto como novedad en una conferencia en concreto es usar solo el femenino: “nuestras alumnas”, “las profesoras”. Como acto reivindicativo y para dar visibilidad lo entiendo, pero mira, tampoco sirve. Porque si usamos el femenino para referirse a todos perderemos un recurso de precisión del lenguaje (y tendremos que acabar usando perífrasis como pasa cuando queremos referirnos solo a varones), porque hoy por hoy transmite información falsa, y porque además me suena tremendamente condescendiente y paternalista con las mujeres. Es más; esta ponencia hablaba de ciertas dificultades de la enseñanza y el aprendizaje, y el efecto era que parecía que solo las mujeres (alumnas y profesoras) tenían esos problemas, no los hombres. Vamos, que no. Quiero pensar que la memez del “los y las” empezó como una forma deliberada e inteligente de visibilizar, de llamar la atención; pero entonces algún simple se creyó que realmente era lo correcto, hasta llegar a la situación de hoy, en que lo han convertido prácticamente en ley aunque ya nadie sabe por qué, como pasa con todos los ritos. Nos hemos vuelto más ignorantes y más sexistas.

El lenguaje está inventado, y funciona. Usadlo bien y dejaos de hacer el ridículo. Por favor os lo pido.

 

La Constitución inclusiva

12 12UTC julio 12UTC 2018

La Vicepresidente del Gobierno y Ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, Carmen Calvo, ha dicho al parecer que van a encargar a la RAE un estudio sobre la adecuación de la Constitución Española a un lenguaje “inclusivo, correcto y verdadero a la realidad de una democracia que transita entre hombres y mujeres”.

En esa noticia hay algo positivo, y es que al menos van a preguntar a la RAE. Pero todo lo demás es un despropósito. En primer lugar, me temo que no les va a gustar la respuesta y que van a cargar contra la RAE.

Una persona que fue ministra de cultura dice, si las comillas son correctas, “verdadero a la realidad”. Y pretende revisar la redacción de la Constitución. Echémonos a temblar.

Sé que esto que voy a decir es inútil, y que probablemente sea una batalla -una más- que el sentido común ya ha perdido.

Eso del lenguaje inclusivo es un despropósito. La batalla la han ganado los más ignorantes. Se ha hecho caso a los menos cualificados.

Esto no es cuestión de feminismo. No se trata de alinearse con Pérez Reverte porque es más machote y porque uno sea reaccionario y le guste armar gresca contra los feministas. El problema es que cuando Pérez Reverte tiene razón, la tiene.

Según El Mundo, la ministra dijo que “hablar en masculino traslada al cerebro sólo imágenes masculinas”. Eso gramaticalmente es falso y siempre lo ha sido, y si a ella le ocurre, está incurriendo en sexismo del hablante. Es un problema suyo, es culpa suya. La sexista es ella.

Pero bueno, esto es predicar en el desierto.