Plácido Domingo

5 05+00:00 septiembre 05+00:00 2019

A Plácido Domingo lo acusan de acoso sexual.

Sobre eso, como sobre cualquier presunto delito o falta, se pueden hacer muchas matizaciones. Pero lo que hace que se me caiga el alma a los pies es el tipo de defensa que veo por aquí. Lo llaman «caballero», o añaden algo así como «pues a mí no me violó», o le aplauden mucho. Y no digamos lo que se ve en los comentarios de las noticias.

Se nos olvida una cosa: que los hechos descritos en las acusaciones son obviamente ciertos y ponerlos en duda no solo es ocioso, sino un insulto a esas (¡pocas, creo!) mujeres que han reunido el valor de formularlas.

Associated Press (no un tabloide de tres al cuarto) publicó una información contrastada, con nueve acusaciones iniciales refrendadas (se nos olvida esto) por muchas entrevistas a otros empleados. Ahora hay otras once acusaciones. Es patético que Paloma San Basilio o Ainhoa Arteta digan «conmigo fue educado», como si eso tuviera alguna relevancia frente al testimonio de las otras dieciocho mujeres (que por lo visto vienen a ser una banda de zorras interesadas y mentirosas; Arteta lo implica diciendo que ella no se acostó con nadie… madre mía).

El comunicado de Plácido Domingo, y no entiendo por qué no lo asumen sus defensores, admite prácticamente las acusaciones. Viene a explicar que él creía que no obraba mal, y no digo que no; seguramente, para él eso era ser «un caballero», seguramente era ser «un conquistador», seguramente para él eso era «ligar». Meter mano a ver si cuela. Insistir si te dicen que no, o si no te dicen que sí. Presionar un poquito, o un mucho, hasta que caiga la fruta.

Plácido Domingo puede ser muchas cosas. No lo tacho de mala persona, porque no lo conozco. Sí estoy convencido de que es, como mínimo, inteligente. Él mismo alude a unos estándares distintos en aquella época, y eso es indudablemente cierto. No sé si eso ya ha cambiado o solo está empezando a cambiar o solo a parecerlo.

Quizás se le olvidó, y supongo que es fácil olvidarse cuando tienes el éxito y el poder de tu parte, que una cosa es proponer sexo a una mujer y otra muy, muy distinta, y que nunca ha sido pura cuestión de usos sociales, es proponer sexo a una empleada tuya, a una alumna, a una aspirante a cantante, a alguien a quien evidentemente estás arrinconando con tu talla. Y como Plácido es inteligente, creo que era consciente de eso, de que parte de su… éxito con las mujeres se debía a su posición dominante en el negocio. No le importaría, no se pondría mucho en su lugar, no le parecería para tanto. No querría verlo, simplemente; él quería acostarse con aquella chica y a otra cosa. Es culpable de eso, y estoy seguro de que lo sabe.

Estoy con esas mujeres, sé que dicen la verdad, sé que tienen razón, y sé que la defensa de Plácido es absolutamente patética porque él mismo ha admitido que en lo esencial todo es verdad (impreciso, es lo más lejos que ha llegado en sus calificativos sobre las acusaciones).

A partir de ahí, se pueden hacer todos los matices que se quiera.

Pero sin desacreditar a esas personas, por favor. Y sin poner en ningún pedestal a Plácido, más allá de lo bien que canta.

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Un centímetro

5 05+00:00 septiembre 05+00:00 2019

Anteayer ayudé a un tipo a cruzar la calle.

Bajaba yo bien distraído, concentrado y dando vueltas a cosas. Un desconocido, un poco ajado, me interpeló. El instinto en esos casos es decir que no y continuar instantáneamente. Pero, no sé por qué, me paré y escuché. Un momento después de decidir escuchar, me di cuenta (porque apenas le había visto aún) de que llevaba un andador y más que ajado estaba discapacitado. La postura imposible, encorvada, y un hablar gangoso, infinitamente trabajoso, casi incomprensible. No se me da nada bien entender a la gente que habla mal. Pero le dije: «¿perdón?», y cuando repitió, salpicando algunas babas, intuí que quería que le ayudara a cruzar la calle. «Claro», dije.

Es una calle tranquila, con semáforo, de solo dos carriles y poco tráfico. Esperamos a que se pusiera verde. Esperando, le pregunté qué ayuda quería exactamente. Lo que me contestaba no lo entendía. Y cuando se puso la luz verde, empezamos a avanzar.

Él avanzaba con toda la dificultad que supone no poder moverse apenas de forma controlada. Yo hacía de poco más que de guardaespaldas pero, no sé muy bien cómo (creo que más por suposición mía que por comprensión auditiva), empecé a pensar que el problema iba a estar en el bordillo. No tenía por qué haberlo; estaba convenientemente rebajado, como corresponde a un paso de peatones, y apenas sobresalía un centímetro del asfalto. Pero empecé a pensar que las ruedas (pequeñas) de un andador, manejado por alguien en sus circunstancias, quizás no funcionaran tan bien como las de una silla de ruedas.

Después de un rato, llegamos al bordillo. Me agaché, levanté el andador ese centímetro de bordillo y las ruedecillas estuvieron arriba. No se habló nada más, así que supongo que acerté.

Y eso fue todo. El tipo continuó avanzando, y yo mi camino.

No solemos ponernos en el lugar de alguien que lleva una silla de ruedas, hasta que tenemos que llevar por la calle algo con ruedas.

Pero este hombre ni siquiera está en esa situación. Las aceras adaptadas no están adaptadas para él. No sé qué esfuerzo le representa salir a la calle. Apenas puede andar, tampoco comunicarse para pedir ayuda, ni subir bordillos de un centímetro. No sé cuánta gente haría caso omiso a su petición de ayuda antes que yo, que perfectamente pude haber seguido de largo. Y allí estaba él. Caminando.

Muchos de los lamentos que oigo a mi alrededor me producen asco. Pero ya no sé qué postura tomar si pienso en el día a día de ese hombre.

El hombre que supera la gesta de conseguir ayuda para superar la gesta de cruzar la calle y subir un centímetro, de camino a donde quiera que fuese.

Porque seguro que ese día le esperaban más centímetros. Más calles.

A la ida y a la vuelta.

Inseguridad en Madrid

31 31+00:00 agosto 31+00:00 2019

Al hilo de esto que comentaba el otro día, mira qué titular tan bonito:

La Policía Municipal escolta a los barrenderos en cinco barrios de Madrid ante las continuas agresiones de vecinos

Dicen cosas positivas y asépticas como:

La Policía Municipal conoce esta realidad desde hace tiempo y por eso tiene protocolos de seguridad

Pero no hay un problema de inseguridad en Madrid. En los titulares, por lo menos, no.

Madre mía, si esto pasara en Barcelona. El juego que daría.

El póker

31 31+00:00 agosto 31+00:00 2019

En algunas cosas fui bastante bueno adivinando el futuro. Pero en otras me equivoqué miserablemente.

Yo estaba totalmente convencido de que a medida que pasaran los años, a medida que la sociedad avanzara y la gente tuviera cada vez más acceso a la información, algunas cosas se irían desterrando. Por obvias.

Estaba convencido de que la gente bebería cada vez menos. Fumaría cada vez menos. Y jugaría a juegos de azar cada vez menos. Era evidente. No hacen falta muchas luces para saber que son cosas malas. Sabía que los jóvenes de siguientes generaciones no serían tan idiotas como los de la mía. (De los tatuajes ni hablo, porque ya estaban desterrados entonces, y lo que menos pensé fue que renacieran.)

Una vez me interesé, como por tantas otras cosas, por qué era eso del póker. Y cuando vi de qué iba, y entendí más o menos las reglas, le dije a mi hermano mayor que jugáramos. Me dijo: “vale”. Pusimos dinero (yo no es que tuviera mucho, puse todo lo que tenía). Repartimos. Él puso un billete de mil pesetas en la mesa (cantidad completamente exorbitante). Yo miré las mil pesetas, lo miré a él, y dije: “No tengo tanto dinero”. Y dijo: “Vale, pues entonces no vas y gano yo”. Recogió todo el dinero y se levantó. Y así se acabó la partida. No me devolvió mi dinero, obviamente. Y así entendí lo que me faltaba por entender del póker.

Me equivoqué en casi todo. La gente es mucho más imbécil de lo que yo creía. Los jóvenes fuman mucho más que antes, beben mucho más, y la gente juega a las cartas ¡y hace apuestas, que yo creí que solo pasaba en las películas de gangsters!

Y este periódico de mierda saca este titular, y lo saca nada menos que en la sección de información deportiva:

Piqué y Arturo Vidal ganan casi medio millón de euros en un torneo de póquer

En un país de borregos, que sigue a los futbolistas y a los instagramers, esto ha de tener un efecto maravilloso.

Mira que se indignan con Piqué cuando les pica (¡con lo bien que se lo pasa!), o incluso cuando dice verdades. Mira que se apresuran a matizarle o a contradecirle todos airados. Pues aquí no, oye.

Aquí no dicen: “Piqué y Vidal, ricachos podridos de dinero que no saben en qué gastarlo, se permiten un lujo más, que es tirarlo jugando a las cartas”.

Aquí no dicen cuánto dinero han ido perdiendo Piqué y Vidal en sus aventuritas de casino; la noticia es que ganan, pero parece que lo normal es ganar.

Aquí no dicen: “Esta es una extravagancia de estos señores, a los que les llueve el dinero de la mafia, pero a ti, mileurista miserable, no se te ocurra tirar a la basura la miseria que te cuesta toda la vida ganar”.

No se indignan, no les afean la conducta. Los venden como triunfadores.

Bueno, supongo que tampoco sacarán un titular diciendo “Si apenas llegas a fin de mes, no seas imbécil pagando 70 € por una camiseta de fútbol, pardillo”.

La inmigración es un problema sencillo

25 25+00:00 agosto 25+00:00 2019

Bueno, en realidad no. Es un problema inmenso, muy complejo y con mil caras. Alguien que llegara y arreglara de un plumazo el Congo no habría hecho más que el 1% de lo que se necesita (¡arreglar el Congo! ¡Me parto!).

Pero hay una parte de todo esto que es muy, muy sencilla.

Y se reduce a lo siguiente. Estás en el mar, en un barco. Y delante de ti hay una serie de personas flotando en un tablón. ¿Las recoges o las dejas?

Esa es una pregunta sencilla. ¿Sí o no? Es una decisión que no puedes evitar, y solo hay dos opciones. Los recoges o los dejas.

Hace unos días he leído, con asombro, que la vicepresidente del gobierno (siempre consigue asombrarme) decía que el Open Arms no tenía permiso para rescatar.

¿Perdón, vicepresidente? ¿Me lo puede repetir?

¿Permiso para rescatar, dice usted? Pero ¿existe eso? (Aquí dicen que no).

De hecho… ¿existe siquiera el permiso para no rescatar? ¿Quiere usted decir que ese barco podría pasar cerca de una lancha con gente en las últimas y dejarla allí malflotando? ¿Eso no es omisión del deber de socorro? ¿Eso no es homicidio? ¿Podrían llegar a tierra y defenderse diciendo “es que nos iban a traer problemas legales si los recogíamos, menudo papeleo, quita, quita”?

No es solo Carmen Calvo. Un iluminado, nada menos que profesor titular (jubilado) de Derecho Marítimo en la UPV (y se demuestra una vez más que la Universidad no siempre alberga inteligencia) nos explica que esos son “náufragos de conveniencia”. Oye, tú, no habría caído si él no llega a decírmelo… No tiene desperdicio.

Él mismo admite que en el mar se cometen muchos fraudes de ley, empezando por ese de las banderas de países pequeñitos, para evadir impuestos. Pero entonces nos explica también que el que estas personas pretendan ser náufragos es otro fraude de ley. (Aparentemente, no le parece que sea necesario hacer nada respecto al fraude de las banderitas, pero sí respecto al fraude de quienes huyen de la guerra, la pobreza, la violación o el genocidio). Dice que “la realidad implacable limita el principio impecable”, ole el ripio y lo bien que te ha quedado, profesor, pero no para implicar que no queda más remedio que rescatar a esas personas, sino… ¡lo contrario!

Menos mal que está él para explicarnos que los traficantes se aprovechan de la situación para “obligarnos” a aceptar a sus víctimas convirtiéndolos en náufragos ya desde su partida. Que esos naufragios no son consecuencia de un accidente marítimo. Que la inmigración descontrolada es mala. Gracias por las aclaraciones, hombre.

Entonces nos explica que no, hombre, que claro que hay que auxiliarlos, pero que hay que “hacer algo” al respecto y cambiar esa situación. ¿Cuál es la solución brillante? No sé; viene a seguir la estela de Carmen Calvo, diciendo que el Open Arms no debería estar ahí, por el efecto llamada que causa (aunque eso parece ser mentira). Aprovecha para llamar bienintencionados y poco menos que tontos a quienes piensan que hay que rescatar, aunque para él es obvio que hay que hacerlo. Vamos, que paternalismos aparte, no se aclara y no aporta más solución que decir “hay que hacer algo”.

Que yo sepa, ante un naufragio jamás se ha cuestionado si el náufrago podía prever las dificultades por las que pasaría o si no tenía por qué estar allí. Nunca se ha puesto sobre la mesa la motivación del viajero ni su parte de culpa; no me imagino al barco, con los tipos abajo (supongamos que blancos y muy alemanes) esperando que les lancen un cabo, y entonces se asoma alguien por la borda y dice “Oye, que lo hemos estado pensando y en realidad el rumbo que habéis tomado, con el pronóstico meteorológico que había, no se le ocurre ni al que asó la manteca, así que os vamos a dejar, créeme que me duele más a mi que a ti, hasta luego”. Yo puedo pensar que qué se le ha perdido a tanto ricacho “navegando a vela” por el Mediterráneo en su estúpido yate, y que si quiere jugar a Elcano que se coma sus mierdas, pero normalmente si un yate se hunde rescatan a esos tripulantes que estaban allí sin necesidad, básicamente entreteniéndose y corriendo aventuras.

Lo de decirle al Open Arms “te suelto, pero no vayas por allí” viene a ser como decirle que sabemos que en esa zona hay gente a punto de ahogarse, pero no vayas, porque si vas tendrás que rescatarlos y eso nos toca los cojones, déjalos que se ahoguen sin que se entere nadie. No me explico cómo se puede pretender imponer tal tipo de prohibición sin incurrir, ahí sí, en delitos evidentes, que por lo visto se le pasan por alto al experto profesor de la UPV. (Si alguien está cumpliendo la legalidad aquí, me temo que es el Open Arms).

Veo el problema. No quiero inmigración descontrolada. Hay que hacer algo. Los traficantes de personas son unos indeseables. Todo lo que se quiera.

Pero hay 150 negritos flotando en un madero, y están delante de ti, aquí y ahora, con todos los antecedentes y todos los argumentos que quieras, con todas las consecuencias que quieras. En ese momento solo hay una decisión. O los coges o los dejas. Ya me dices cómo lo ves, pero hay una condición: todos tus argumentos y explicaciones tienen que terminar con la expresión “y los dejo en el mar” o bien “y los recojo por mucho que me fastidie”.

Violencia sospechosa

17 17+00:00 agosto 17+00:00 2019

Algo pasa en Barcelona.

No sé cuántos sucesos puede haber en un día en una ciudad grande. Pero El Mundo ha decidido que en un caso particular estos sucesos tienen un significado; en el resto, son simples actos aleatorios sin responsabilidad global.

Ahora mismo, en la portada de El Mundo aparecen estas noticias simultáneamente. No, no hay ningún error. La repetición no es mía, está en la portada.

Ya lo ves. Lo de Barcelona es una inseguridad creciente. Dos veces. Ni los sucesos de Madrid, ni los de Murcia, ni los de Galicia infunden inseguridad. Pero en Barcelona la misma noticia sale dos veces, una como “sucesos” y otra como “inseguridad”, y hay un artículo aparte.

Estoy prácticamente seguro de que no hay nada significativo en esos sucesos de Barcelona. Pero ya se sabe cómo funciona el periodismo y para qué.

Justicia (II)

9 09+00:00 julio 09+00:00 2019

En el artículo «La pornografía como un mal social», Pilar Llop, juez, diputada autonómica y exdelegada del gobierno para la violencia de género, analiza una sentencia del Tribunal Supremo que por fin contenta (quizás) a todas esas personas que tenían clarísima la diferencia entre violación y abuso. Sobre eso ya escribí hace un tiempo, y sigo en las mismas.

Esta juez dice:

La resolución salda una deuda histórica con las víctimas de los atentados sexuales por el trato que tradicionalmente se les había dado en estas causas y actúa como calmante de la “ira de las mujeres”, una sensación que Rebecca Traister en su libro Buenas & Enfadadas concibe como una reacción contra el machismo y la falsa y supuesta superioridad masculina que lleva a la cosificación de la mujer.

Es justamente lo que yo me temía y denunciaba. Un delincuente no solo va a pagar por su delito, por sus actos, sino por interpretaciones históricas de un tercero, ajenas a los hechos y que juzgan a personas concretas como sujetos abstractos. Los de la manada no pagan por lo que han hecho ellos (que no es poco), sino por lo que han venido haciendo en toda la Historia una serie de hombres contra una serie de mujeres. Alguien se inventa unos personajes, que representan a esos hombres y a esas mujeres, y se aprovecha un juicio concreto para juzgar a esos personajes (que, insisto, no tienen entidad jurídica alguna). Y una vez condenado el malo, por el camino inverso se personifica la pena en personas concretas.

Y la juez que lo escribe empieza así su artículo y no tiene reparo alguno. Dice también que «los mensajes del Supremo son claros» (o sea, que no es una sentencia, es un comunicado), y que la sentencia:

restaña un principio jurídico que parecía roto, el de la seguridad jurídica, deshaciendo el nudo judicial que había estrangulado el bien protegido que no es otro que la libertad sexual.

No explica en el artículo qué seguridad jurídica se rompió en el proceso original, ni por qué, ni en qué mejora ahora la seguridad jurídica, ni de quién, ni por qué, ni qué nudo judicial era ese.

No tiene desperdicio su concepto del consentimiento explícito. Asunto bastante complejo, pero que Pilar tiene muy claro. A pesar de que, si uno se fiara de lo que dice, pensaría que no tiene absolutamente nada útil que aportar:

Si bien sabemos que nuestro Código Penal no lo contempla, la sentencia deja una ventana abierta a este cambio de paradigma, como un guiño al legislador, señalando que conforme al Convenio de Estambul —ratificado por España en 2014 y de aplicación directa— “el consentimiento debe prestarse voluntariamente como manifestación del libre arbitrio de la persona considerado en el contexto de las condiciones circundantes”.

O sea, que la juez señala algo que no aparece en el Código Penal, pero celebra que se aplique igualmente, y dice que el Supremo hace un… ¿guiño al legislador para que cambie de paradigma? Todavía me estoy frotando los ojos.

La palabrería del convenio de Estambul que viene entre comillas no aporta ninguna directriz para su interpretación; es algo tan huero como decir «hay que castigar a los culpables», cuando normalmente lo difícil es demostrar quién es culpable. «En el contexto de las condiciones circundantes». Ya. Eso es de perogrullo.

Pero la juez se cubre de gloria a continuación, esta es la guinda:

Así, la aquiescencia, ya sea expresa o tácita pero siempre explícita, es exigible en toda relación íntima de carácter sexual.

O sea, que tácita pero explícita. Dos palabras que son prácticamente antónimos.

Me resulta inaudito que una juez no vea lo inútiles, contradictorias y vagas que son sus propias palabras, en virtud de las cuales pretende mandar gente a la cárcel más o menos años. Da pavor pensar que estamos en esas manos. Esta persona ha ejercido o ejerce en el poder legislativo, en el ejecutivo y en el judicial.

Es para echarse a temblar.

 

 

El rap de los urólogos

18 18+00:00 junio 18+00:00 2019

Hay una polémica tremenda porque unos médicos de HUCA grabaron un vídeo para un compañero, al parecer, y en él le echan cachondeo a su profesión.

Ay, amigo. Les caerá encima todo el peso de la corrección política.

Asociaciones de pacientes que piden venganza, las autoridades que se indignan, y el colegio de médicos que quiere que su comisión deontológica emita un dictamen.

Soy muy, muy sensible a la deontología profesional. Soy un tío raro que en la pared de su oficina tiene colgado un póster… con un decálogo ético del IEEE (un póster que tiene este contenido). Mira a ver si conoces a alguien más extravagante en este sentido.

También soy muy sensible al trato que se da a los pacientes, y sobre todo a los mayores.

Pero resulta que el humor es humor. Esta gente grabó un vídeo para despedir a un compañero, o algo así. Y pusieron las frases que se les ocurrieron y rimaban, y lenguaje basto. ¿Y qué?

La asociación de pacientes quizá se olvida de que esta gente trata con enfermedad, desgracias y muertes todos los días de su vida profesional. Y que de alguna manera, en algún momento, tienen que distanciarse de eso y tomárselo con humor. Si no, reventarían. No pueden tomárselo todo en serio todo el tiempo. Si hablaran a un paciente en esos términos, y con desdén, yo sería el primero que pediría su cabeza. Pero no ha sido así.

El hospital dice que grabaron en sus dependencias sin el preceptivo permiso. Oye, pues sí. Es posible que los instructores de ese procedimiento que van a abrir contra los médicos nunca, jamás, hayan hecho desde el hospital ninguna llamada particular. O que ninguno de ellos fume en la acera, cosa prohibida por la ley, mucho más dañina y ante la que las autoridades del hospital hacen, obviamente, la vista gorda, como se puede comprobar todos los días.

Y del colegio de médicos… Su presidente ha dicho, según la prensa, que «es un vídeo inaceptable que va contra la mentalidad, la actitud y la responsabilidad que los profesionales de la medicina debemos manifestar en todo momento».

El mismo presidente, del mismo colegio, que hace un año iba a acoger un curso sobre los fundamentos de la homeopatía. El colegio. Y el presidente es el mismo individuo que en 2012, si hemos de creer a la prensa, decía en un congreso nacional sobre homeopatía (¡!) «la homeopatía ya no es una alternativa, es un tratamiento médico válido y reconocido».

[…] destacó la importancia de la inclusión de la homeopatía en los estudios universitarios en la década de los ochenta «porque logró colocar en el lugar que merecía a esta rama de la Medicina fuertemente arraigada en nuestra cultura».

Algo tan indeseable, tan bochornoso, tan corrupto, no atenta contra la deontología profesional. A esta gente le preocupa, sin embargo, un vídeo de despedida de unos médicos donde, en un entorno aparentemente privado y no destinado a la difusión, dicen «churra».

Pues yo, con toda mi obsesión deontológica, estoy con ellos. Mira que no hay gente a la que se puede crucificar con motivo, para tomarla con unos que gastan una broma.

 

Messi y los niños con cáncer (II)… y Ortega

5 05+00:00 junio 05+00:00 2019

No conozco a Amancio Ortega y sé poco, puedo saber muy poco, de cómo es en persona y de sus motivaciones.

Sí sé que no se levanta un imperio económico a base de blanduras, de empatías y de regalos. (Me extraña que esa gente a la que tanto gusta insultar llamando «buenista» no se lo llame a Amancio, vete a saber por qué). No sé si, después de levantar su imperio a base de trabajo duro e insensibilidad (porque no creo que haya otra forma), puede decir «ahora ya puedo permitirme ser bueno». Quizá. Pero me extraña.

Se ha armado la marimorena porque una candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid ha dicho cosas con todo el sentido, para variar. Cosas contra las que se puede argumentar de varias formas, y algunas son muy burdas, obvias y demagógicamente fáciles: «pues si tú tuvieras cáncer a ver qué decías», y así.

El Mundo ha elegido exactamente el camino más indigno y miserable para hacer una campaña en favor del millonario, cosa que ya no puede sorprender a nadie. Tampoco sorprende que Antena 3 haga más o menos lo mismo. Es más: ha utilizado incluso a Pablo Motos, que se ha traído de refuerzo a Bertín Osborne para que llame mamarracha y vaga a esa candidata que a diferencia de él estudió un máster en economía internacional y desarrollo en la Complutense, previsiblemente conociendo a sus profesores y sabiendo dónde había entregado sus trabajos, además de pasarse 7 años en un conservatorio aprendiendo a tocar el violín. No necesitamos que Bertín Osborne aprenda sobre economía internacional, pero lo del conservatorio quizás no le habría sobrado. Lo mismo se puede decir de Miguel Bosé. También le han defendido Naty Abascal o Fran Rivera, ¿qué duda puede quedarnos sobre lo que está bien y lo que está mal?

El propio Ortega, por su parte, eligió una vía de defensa mucho más sorprendente; dijo que lo que ha donado son 300 millones de euros y que eso es una cifra anecdótica para sus posibilidades, calderilla. «Anecdótica». Curiosamente, se resiste a pagar solo 33 (la décima parte de una anécdota, para él) por el impuesto de patrimonio. Al final, el análisis más certero de todo este asunto es, como siempre, el de El Mundo Today. O, más en serio, Público.

En realidad no pretendía hablar de Amancio Ortega. Quería apuntar algo mucho más breve. Hace un tiempo ya dije que me reventaba la campaña a favor de Messi, un delincuente,  sin tener en cuenta lo que estaba ocurriendo de verdad (que para eso es el periodismo).

Pues nada, que en esas estamos. Leo Messi, denunciado en la Audiencia Nacional por estafa y blanqueo en su Fundación.

Pero oye, el pueblo es sabio, no como esos idiotas que estudian carreras.

El Everest

23 23+00:00 mayo 23+00:00 2019

Si no escribo no es por falta de ganas ni de temas; es porque no me da tiempo. Estoy atascado últimamente.

Pero ningún atasco comparable a este. Esto es verdaderamente glorioso. No voy a aportar gran cosa sobre lo que dirá cualquiera en cualquier artículo sobre la cuestión. Pero es que he tenido que guardarme esta foto…

¿De verdad? ¿En serio?

¿De verdad que no es un trucaje, y que la cima del Everest estaba así?

Dicen aquí que ese día llegaron a la cima 200 personas.

Puedo entender a los que suben montañas, puedo entender a los que quieren llegar a la cima del Everest. Pero de verdad que llegar ahí y ver esa cola sería para sentirse muy, muy, muy, pero muy idiota.

A veces pienso que los seres humanos somos escoria pura, y generalmente es cuando veo maldad. Pero otras veces es cuando veo tontuna. Y esto es una tontuna tan grave como para sentir eso, que somos basura.