Las lumbreras de la educación

12 12+00:00 febrero 12+00:00 2019

La verdad es que estoy un poco harto de que siente cátedra gente que no tiene ni idea del tema sobre el que sienta cátedra. Y eso pasa especialmente con la educación. El mundo está lleno de expertos.

Y los expertos, curiosamente, suelen ser gente que, por diversas razones, no consigue aprobar asignaturas, centrarse en aquello que no les sea directamente agradable o esforzarse lo más mínimo. Gente incapaz de ir cuesta arriba. También suele ser gente sin experiencia. Gente que, básicamente, no tiene ni puta idea de la vida. Que pontifica sobre sitios en los que no ha sido capaz de estar.

Hace ya tiempo conocí casos de ese tipo. Por aquí pulula un individuo, cuyo nombre no voy a decir porque no me da la gana hacerle publicidad, que tiene un currículum infladísimo. Supuestamente desarrolló un sistema operativo libre y revolucionario. Lo cierto es que en realidad no hizo absolutamente nada (aquello que decía haber hecho, que por supuesto no era más que una portada para una cosa que ya existía, no la usa, ni la usó, nadie). Y hoy vende básicamente humo. Mucho humo. Pero hay quien se lo compra, supongo. Este tipo viene a decir que a los doce años se aburría de la escuela. La culpa, obviamente, era de la escuela, no de que fuera un niñato mimado de doce años, y entonces decidió hacerse un genio profesional y cambiar el mundo. Hoy tiene a sus espaldas muchas siglas, logotipos y cosas intangibles. ¿Logros reales? Ninguno, me temo. Son gente que salta directamente de niñato a CEO, y de ahí ya a visionario de la humanidad.

Hay casos menos virulentos, claro. Las ganas de hablar de esto me vinieron al ver este artículo: «Leonel Virosta, de Youtube a ganar una beca en la universidad de Manchester».

Estas historias encantan a los periodistas: niños prodigio, outsiders, educados en casa porque la escuela idiotiza y no ayuda a los brillantes. La escuela es un error. Mira cualquier cita del artículo, verás qué bonito todo:

[Leonel] cree que “hace falta un cambio en la forma de aprender, y que no vendrá del sistema, sino que tiene que venir de cada uno de nosotros: alumnos y profesores”. Lo de no seguir las pautas establecidas por el sistema no es nuevo para Leonel, puesto que desde muy pequeño se acostumbró a ir contracorriente.

Asombrado ante el hecho de que un chaval tan joven venza al sistema y aporte un cambio en la forma de aprender (que es mi pasión), voy a ver su canal. Veo un vídeo de hace tiempo. Y, por si acaso, veo el más reciente.

Si me dices que un chaval joven dedica su tiempo a hacer vídeos educativos, diré que es muy positivo para él.

Si me dices que un chaval joven dedica esos vídeos a temas relativamente complejos y áridos, diré que parece un chaval brillante, con curiosidad, trabajador y apasionado por la biología. Eso es estupendo. Quizás llegue lejos si trabaja bien en el futuro.

Ahora bien, si me dices que se cree un genio y que cree que sus vídeos traen al mundo un cambio en la forma de aprender, te diré que entonces son los vídeos de un niñato que no sabe de qué habla. Te diré que al parecer ha tenido profesores muy malos (quizás sus padres, por lo que se dice) y no ha conocido o sabido apreciar a los profesores buenos. Que son vídeos con ciertos méritos, pero entre ellos desde luego no está su valor didáctico.

Lo que hace Leonel se ha hecho toda la vida: es una clase magistral (la forma más rudimentaria de enseñanza), con soporte audiovisual. Una clase magistral mala, por cierto. Leonel explica bastante mal; usa mal las metáforas, sus ejemplos aclaran unas cosas e inducen a error en otras. Sobreactúa como los youtubers de los que ha aprendido a gesticular. Su uso de los recursos audiovisuales es mediocre. Leonel, hoy por hoy, es un mal profesor. No le culpo por ello; le culpo (o más bien culpo a sus padres y a la gente que le calienta la cabeza y se la llena de pájaros) si se cree que es bueno. Le queda por delante más mili que al palo de la bandera.

Dice Leonel en esta otra entrevista del mismo periódico (con su madre en la foto en plan estrella, qué mal rollo…):

El colegio se basa en un sistema de castigos y recompensas, profesores que te regañan en función de tus notas y estudiantes que te admiran o hablan mal de ti. Esa es una falsa motivación. En casa no hay ayuda externa, todo depende de ti.

No sé a qué colegio de mierda ha ido Leonel, y por qué no le han enseñado a ver más allá de una situación concreta. No sé de dónde se saca esa percepción. Ha sido capaz de fijar muy bien su atención en la mitosis o en la fotosíntesis, pero no sabe interpretar el mundo que le rodea. Yo eso no lo veo como una ventaja ni como un talento; lo veo como una carencia. Le veo muchas virtudes, que no se me interprete mal, pero desde luego esa frase pone los pelos de punta.

En el vídeo de ese artículo, expone los consejos de un autodidacta, que son: 1) elige un modelo, 2) ten tu mente abierta a todos los temas, 3) sigue a un maestro (que para él equivale a remitirte a youtubers en vez de a profesores), 4) márcate un objetivo, 5) comparte tu pasión.

Este niño (porque es un niño) cree que la escuela impide o coarta la ejecución de alguno de esos 5 puntos. Y no es así. De hecho, la escuela (sí, la escuela real y actual) está diseñada para favorecer todos esos puntos. Para él «compartir su pasión» es hacer vídeos en Youtube para gente anónima, donde no tenga que enfrentarse al hecho de que tiene miedo a tener compañeros. En el punto 2 dice que te esfuerces en ver las lecciones maravillosas que hay en una asignatura incluso aunque no vayas a dedicarte a ello; y es lo que dicen (con razón) todos los profesores desde el inicio de los tiempos. Resulta que si lo dice un profesor es caduco y alienante, pero si lo dice Leonel es un descubrimiento (concretamente, ha descubierto la pólvora, o inventado la rueda, no lo sé). El punto 3 es lo que toda la vida se ha llamado «leer buenos libros» (porque al parecer si no estás en una escuela en la que todos los profesores expliquen todas las cosas todo el tiempo exactamente como él, individualmente, necesita… esa escuela es mala). El 5) yo lo he hecho toda la vida, pero con personas de verdad; no con followers y haters. !Es tan cómo calificar de hater a alguien que no está de acuerdo! Automáticamente desaparece, entra en la categoría fantasma y tú sigues feliz con tus followers, tengan razón o no.

Iván Ojanguren también habla del sistema educativo, por ejemplo aquí. Cuando alguien empieza un discurso diciendo «prohibido que os creáis nada de lo que voy a decir», apetece decirle: entonces no nos hagas perder el tiempo. Es una forma de eludir responsabilidades. «Voy a hablar una hora, pero sin responsabilidad, porque no tienes que creerte nada». Iván, no me jodas. Asume tu compromiso con los que te escuchan.

Iván habla del «pack educativo». Que según él es ir al colegio, estudiar una carrera con salida y buscar un trabajo para toda la vida. No se le ha ocurrido que quizá es él quien no entiende el sistema educativo, que es un instrumento para que tú hagas lo que debas hacer. Es tu responsabilidad. No vas a remolque; lo usas. Yo he seguido el sistema educativo a pies juntillas, pero no esperaba recompensa concreta por hacerlo; el pack es un invento suyo.

Para él, el sistema educativo siempre fue un «lugar umbrío, hostil». El sistema educativo le constreñía y le hacía pequeñito. Tardó 8 años en terminar una carrera de 3. Le molesta que le tacharan de vago.

Me imagino a Pau Gasol diciendo que eso de prepararse en el gimnasio le resulta umbrío, hostil, que en lugar de dejarle expresarse le constriñen, que lo llaman vago porque no lo quiere hacer.

Iván, con todo el cariño: es que quizá seas vago de verdad. No pasa nada. A nuestra edad, la tuya y la mía, tenemos que asumir según qué cosas. Tu error no es ser vago, si lo eres; tu error es creer que eso te hace mala persona. Te diré un secreto: todos somos vagos. Todos hacemos cosas porque nos convencemos para ello. Y algunas no las hacemos. Cada cual tiene sus debilidades-vagancia y las asume.

Pero no; como el informático genial del principio, o como Leonel Virosta, dice que todo es culpa del sistema educativo. Se inventa una teoría un poco delirante; que la escuela se inventó en el siglo XVIII para coger a analfabetos y producir con ellos obreros para las fábricas. No sé de dónde se saca tan osada teoría; y no sé explicar cómo, no existiendo escuelas antes de la Revolución Industrial, existían universidades enteras desde el siglo IV. Tampoco sé explicar cómo ese origen tan instrumental, de formación profesional, del cual se queja, puede encajar con las quejas tan habituales de que el sistema educativo está demasiado alejado de la actividad laboral (al parecer siempre lo está, haga lo que haga) y es demasiado teórico. ¿En qué quedamos?

No, amigos, veréis.

Sobre los razonamientos del primer individuo que he citado no cabe hacer muchas reflexiones. Un vendedor de humo es un vendedor de humo. Yo no le contrataría ni para llevar cajas (¡menos que nada para llevar cajas!), y su cosmovisión es simplemente la vagancia y la fachada. Quizás algún día se dé cuenta del vacío que deja detrás, o quizás se crea su propia película. Temo que sea lo segundo.

De Leonel sospecho que no ha sabido encajar un cambio de profesor, no ha sabido manejarse en la adversidad ni gestionar circunstancias que no fueran óptimas para él. No ha sabido salir de la comodidad. Sabe nadar a favor de la corriente, pero no puede aprenderse la tabla de multiplicar porque es algo memorístico (tener un método alternativo para multiplicar es bueno en ciertos sentidos y malo en otros; revela cierto talento y falta de otro talento, simplemente). Le deseo lo mejor. Pero hoy por hoy es un mal profesor, y es de risa que haya adultos que crean que tiene la más remota solución a los problemas (difíciles) de la educación. Sencillamente, es un tema del que no sabe nada y solo puede aportar obviedades. Que están muy bien para un chico joven; quizás en el futuro llegue a aportar algo.

De Iván creo que no vale desdeñar a los gurús siendo uno de ellos, no vale hablar en público y decir que no te creas nada y que la responsabilidad de elegir lo que vale es del oyente; sí, claro, es una obviedad, pero tu tarea en esa tarima es mojarte y ofrecer lo mejor que tengas, y si el oyente lo desecha todo no vale decir «me encanta, has hecho lo que te pedí». Es tramposo, es el recurso de un vago. Que me temo que en eso consiste el coaching. Por lo menos, en eso consiste todo el coaching que he visto hasta ahora: en nadar y guardar la ropa. No es puro humo, pero es… niebla. Al nivel de un horóscopo.

Viendo todas estas sandeces, solo puedo hacer un brindis por los profesores, mejores y peores, que afrontan su oficio con seriedad, que se mojan y ofrecen lo que tienen y eligen soluciones reales a problemas reales; y por los alumnos que saben ver que el sistema educativo, siempre mejorable, es sencillamente maravilloso y una oportunidad infinita de desarrollo personal.

Si sabes utilizarlo, que es responsabilidad tuya.

Anuncios

Los golpes de Venezuela

25 25+00:00 enero 25+00:00 2019

Un tal Juan Guaidó se ha autoproclamado presidente de Venezuela.

Lo que a primera vista puede parecer un golpe de estado ha sido apoyado, sin embargo, por muchos entusiastas próceres, España incluida, con toda la cutrez y demagogia habituales. Y uno se pregunta: si aquí se habla mucho (en relación con Cataluña) de la legalidad y la Constitución y de que no hay que salirse de los cauces reglamentarios, ¿cómo es que lo que vale para aquí no vale para Venezuela? ¿Llega uno y se sube a un cajón y dice que es el presidente y ya está? (Estamos acostumbrados; aquí es terrorismo enseñar una marioneta, y en Venezuela si ametrallas un ministerio y el Tribunal Supremo desde un helicóptero eres un «rebelde» o, si me apuras, un héroe; de hecho, ni siquiera lo has hecho tú, sino que «Un helicóptero ataca el Ministerio del Interior y el Supremo»).

Y es que nos explican muy a menudo que no les gusta Maduro (en eso estamos de acuerdo) y que hay muchos problemas económicos en Venezuela (lo cual a mí no me dice mucho sobre lo que es justo y lo que no, porque los problema económicos se pueden inducir desde fuera con suma facilidad). Pero nadie explica por qué Maduro no puede seguir gobernando, si gana las elecciones. Nadie explica razones de fondo.

Me pareció muy prometedor ver hoy el primer titular que parecía arrojar luz sobre el asunto: «Por qué no es un golpe de estado la jura de Guaidó como presidente». Me interesaba mucho la explicación.

Y entonces la primera frase es objetiva a más no poder:

Jugando a la defensiva, el chavismo ha intentado posicionar su dogma propagandístico a través de sus amigos internacionales, usando en esta ocasión otro imaginario golpe de Estado […]

Ya. Pues me da que no vas a servirme de mucho para entender lo que pasa, compañero. Dice el tipo que esto es muy diferente de un golpe de estado anterior, el de Pedro Carmona en 2002:

Las diferencias son demasiado evidentes: la asonada militar fue entonces contra el presidente legal del país y la primera decisión del presidente de facto fue abolir la Constitución. En esta ocasión, la Asamblea Nacional se ha apoyado en la Constitución para decretar la “usurpación” de Maduro, quien cuenta con el respaldo de la cúpula militar. Las razones legales han cambiado de bando.

El mismo autor, en 2012, se refería a aquel golpe como «una multitudinaria marcha de la oposición», en la que se torcieron algunas cosas sin querer y los malos eran los malos:

La mayoría ejerce su derecho democrático, tras varios días de protestas. Un minoritario grupo de militares, aliados con el sector radical de la oposición, intenta convertir la protesta en una toma de poder. Otros radicales, los círculos bolivarianos, inician a tiros una batalla campal, que acaba con la vida de 11 opositores, siete chavistas y un fotógrafo.

Dicen este y otros periodistas que Guaidó se proclama presidente basándose en la Constitución. Lo que pasa es que cuando vi este artículo yo ya me había leído los artículos de la Constitución venezolana a los que aludían. Este en concreto se refiere al 233.

Y el 233 dice que:

Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: la muerte, su renuncia, la destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, la incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional, el abandono del cargo, declarado éste por la Asamblea Nacional, así como la revocatoria popular de su mandato. […]

No sé a cuál de esos supuestos se refieren, porque no veo que se haya dado ninguno.

No hay ni muerte, ni renuncia, ni destitución, ni incapacidad médica, ni abandono. Respecto a la revocatoria, recogida en el artículo 72, hubo al parecer un referéndum de la oposición, totalmente irregular (por las razones que fuera). Y eso les sirve para decir que fue revocado, supongo.

Otros aluden al 333 y al 350 (vamos, que no parece que esté tan clara la legitimación constitucional de Guaidó). El 333 dice:

Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.

En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.

Y el 350 dice:

El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

Quizás Guaidó se considera «el pueblo de Venezuela», pero por lo demás no veo que pinten nada el 333 y el 350 para darle a nadie la oportunidad de proclamarse presidente.

Volviendo al 233, entiendo que se autoproclama porque decide dar por buenos los resultados de un referéndum que nunca se celebró realmente. Pero estaría bien que alguien nos lo contara con claridad.

 

 

 

Mineros de élite (II)

25 25+00:00 enero 25+00:00 2019

Al parecer sí que alguien ha pensado lo mismo que yo.

Una brigada minera, casi en peligro de extinción, para sacar a Julen del pozo en Totalán

Alguien más se ha dado cuenta del canto del cisne que representa (¡esperemos!) este rescate. Y en esos artículos se deja ver también cómo estos picadores dicen palabras de un idioma que según algunos nunca ha existido (lo dicen quienes no estaban allí para oírlo, claro, y creen que el mundo es solo lo que ellos ven en la calle Uría). Incluso los periodistas dejan caer un ye, un guaje.

Vestigios de lo que fuimos cuando sabíamos qué éramos.

Los taxis

23 23+00:00 enero 23+00:00 2019

En todo este asunto de la guerra de los taxistas contra el VTC tengo sentimientos encontrados.

Por una parte, y empiezo por lo negativo, no simpatizo especialmente con los taxis así, como colectivo. Me indigna la forma de conducir de muchos de ellos; sin intermitentes, sin ningún cuidado, y algunos parando donde les peta y como les peta y que se hunda el mundo. «Estoy trabajando». Sí, yo también, cabronazo. Me abochornan las muestras de cutrez, de falta de profesionalidad e incluso de mala fe que he visto a veces.

Pero eso ha sido a veces. Por el contrario, he visto a mucha gente profesional, amable, y honrada. Cuando algo funciona bien, no nos llama la atención y ni nos acordamos, pero posiblemente sea, de hecho, la regla general en este caso. (Lo de los intermitentes y el respeto a las normas de tráfico sí creo que deberían hacérselo mirar en mayor proporción, pero bueno).

En este conflicto en el que se han ganado la animadversión de la opinión pública hay otro elemento. Pese a toda la chulería o agresividad que podamos ver, tiendo a simpatizar, por principio, con las reivindicaciones de los trabajadores. Y en este caso, a mí no me la dan; vuelvo a simpatizar. Sin conocer el fondo de la cuestión, estoy seguro de que con estas moderneces de Uber y Cabify nos la están metiendo doblada: estoy convencido de que lo que se disfraza de modernidad y atención al cliente es en realidad precarización, desregulación y explotación. Es una empresa grande quedándose con el pastel de unos trabajadores individuales y quitándoles todo poder, toda capacidad de reacción, toda capacidad de negociación. El drama es que esos trabajadores hayan perdido la batalla contra una mierda de botellita de agua, y que una botellita sea suficiente para engatusar y comprar a la gente de a pie. Algo han hecho mal tolerando con demasiada frecuencia sus fumeques en el coche, sus comentarios fuera de lugar, sus maneras patibularias, su picaresca. Aunque estos comportamientos fueran minoría, deberían ser una absoluta excepción, deberían haber sido muy vigilantes y muy pulcros como colectivo, y desgraciadamente no llegaban a tanto. Al parecer, Uber y Cabify lo consiguen de alguna manera.

Pero no veo, como se ha dicho, una cuestión de modernidad y eficacia. Aquí la desgracia de fondo es que lo que va a favor de los consumidores va en contra de los trabajadores. Nos encanta la ropa barata, aunque condene a la miseria a miles de trabajadores. El sistema está muy bien pensado así. Para que las cosas fueran de otra manera, se necesitaría de la unidad entre muchas personas y del celo profesional y la integridad generalizadas, y eso es muy difícil de conseguir. Para jugar la partida, los ricos tienen mil mecanismos a su disposición, incluyendo las trampas; para conseguir igualarlo, los pobres tendrían que partir (como requisito básico) de una solidaridad y una ética prácticamente inhumanas, y a partir de ahí a ver qué se puede hacer. Es una lucha muy desigual. Así que podríamos lamentarnos (¡a estas alturas!) de que el pueblo seamos tan imbéciles de no tener ninguna conciencia de clase, de que no nos preocupe ver cortar las barbas del vecino. Pero…

¿Los taxistas, en su vida personal, pagan encantados una reparación de un electrodoméstico, donde interviene una persona necesaria y por ahora insustituible, o lo tiran a la basura y compran encantados el electrodoméstico nuevo y barato que les ofrece la multinacional?

Y cuando compran el electrodoméstico nuevo, ¿van a una tienda de barrio, aunque sea un pelín más caro, o por el contrario van a un centro comercial de una gran cadena?

Y si van a un centro comercial, ¿hacen cola y pagan en la caja a una persona dando valor al trabajo del cajero, o usan una caja de esas en las que uno mismo pasa los productos, que así hay menos colas (y menos sueldos que paga la empresa)?

Y cuando conducen y hay una huelga de trabajadores cincuentones afectados por un ERE, o una manifestación del 15M pidiendo vivienda digna, ¿aceptan con paciencia y solidaridad un corte de la M40, o invocan al fantasma de Franco para que el ejército saque de allí a aquellos desharrapados a hostia limpia?

Lo segundo en todos los casos, ¿verdad?

Mineros de élite

21 21+00:00 enero 21+00:00 2019

En el rescate de ese pobre niño que al parecer está en el fondo de un pozo van a intervenir unos denominados «mineros de élite». Una brigada de salvamento minero de Hunosa, que está esperando para bajar a jugárselo todo buscando a ese niño (y, esperemos, salir después).

Ayer en una televisión explicaba uno de tantos tertulianos listos que estos mineros iban a trabajar en condiciones muy difíciles: en un sitio estrecho, hostil, lleno de polvo, con mala ventilación, en el que a medida que avanzan tendrán que ir apuntalando el terreno con madera, y con el miedo de que el techo se derrumbe sobre sus cabezas.

Estoy seguro de que muchos en Asturias habrán pensado como yo: «vamos, LO QUE VIENE SIENDO UNA MINA». Ese ha sido el trabajo rutinario, la oficina, para miles de personas durante más de 200 años. Lo mismo que esa «cápsula» revolucionaria que nos han enseñado tantas veces, y que diseñó un bombero al ir a dormir, como si aquello fuera un prodigio de la inteligencia que solo se puede concebir en un estado de levitación mental onírica; sin ánimo de desmerecer al bombero… eso toda la vida ha sido una jaula, y esos mineros están hartos de subir y bajar en una de ellas.

Es lógico que se lleven a ese equipo para ese trabajo; sin duda serán de los mejores del mundo. Especialistas entre los especialistas. Están preparados para hacer eso, pero además en un ambiente inflamable, o incluso ya incendiado, o cosas peores.

Pero poca gente repara en una cosa: ese rescate puede ser el último. Ese equipo prácticamente no tiene ya mucha razón de ser. En Asturias ya se puede decir que no quedan minas abiertas. Apuntalar una galería (entibar, «postiar») es un arte, una habilidad para la que en Asturias había concursos. Como lo único español es el toreo, la mayoría de la gente no ha visto nunca a un tipo manejar un hacha para hacer un trabajo de absoluta precisión que permita colocar un tronco sobre dos postes, ajustado al techo de la galería (con sus irregularidades), de modo que en las juntas no quepa, si es posible, ni un naipe, y que esté perfectamente nivelado para aguantar el empuje de toneladas de roca. Un trabajo que siempre es a medida, y del que dependen vidas. Y como ese tantos otros.

Esos tipos que cogen un martillo y avanzan bajo tierra sacando toneladas de material van a extinguirse. Todo ese saber, desarrollado durante dos siglos y medio, va a perderse. La siguiente vez que ocurra algo de este tipo ya no se podrá llamar a esos señores acostumbrados a vivir con mil metros de suelo sobre sus cabezas.

Cuando me imagino a esa gente trabajando allí abajo, los veo haciendo lo imposible, con sus herramientas, rompiendo piedra en una topera como se hacía hace dos siglos (porque en ese pozo no hay rozadora que valga). Con la prisa, con la firmeza y con la determinación de sacar de ahí al crío, aunque no sepan ni en qué dirección está. Dándose órdenes, pidiéndose ayuda, blasfemando. En asturiano, eso seguro.

Sí, en mi imagen mental esa gente solo puede hablar en asturiano (salvo que sean de esos checos o polacos que pululan por Hunosa también, que puede ser). No me los imagino hablando de otra forma. No creo que se oiga ni un solo pretérito perfecto allí abajo.

El asturiano también va a desaparecer, creo. No sé cómo terminará este rescate, pero a mí me hace pensar que es un hito por muchas razones. Por cómo se ha hecho desaparecer un monte en una semana con tal de sacar a un niño de un pozo, pero también porque quizás marque (por pura coincidencia temporal, simplemente) el fin de varias cosas para Asturias.

Lo que queda del niño no sé lo que es. Lo que queda de Asturias sé que no es prácticamente nada.

El niño enterrado

17 17+00:00 enero 17+00:00 2019

Asisto con poca sorpresa a lo que está pasando con el niño que se cayó a un pozo en Totalán.

Bueno, no niego que me resulta difícil de creer que un niño pueda caerse por un pozo tan pequeño, tan limpiamente, hasta tan abajo. Pero esas cosas pasan. Pocas veces, pero pasan. Por eso cuando pasan son noticia. Posible supongo que es. La cabeza de un niño de 2 años anda por 46 cm de circunferencia, y el pozo tendría 78 cm. Dicho de otro modo, el diámetro de la cabeza del niño serían unos 14 cm si fuese redonda, que no lo es; pero el eje mayor de un adulto anda por 20 cm, y el pozo dicen que tiene 25 de diámetro. Caber, cabe.

También me sorprenden otras cosas: el tapón de tierra, por ejemplo, y que encuentren encima una bolsa de chucherías del niño y otras cosas. Pero aquí entramos ya en otra cuestión: no lo he visto. La información periodística suele ser de muy mala calidad. Cuando dicen «encima del tapón» vete a saber dónde estaban realmente esos restos. Así que no lo sé. No sé si el niño está fuera de ahí, como dicen algunos; parece demencial montar una coartada que se va a desmontar de todos modos. Pero insisto, ya hemos visto de todo.

Lo que no me ha sorprendido son los miles de comentarios (padre incluido) diciendo que el rescate va despacio, que se está haciendo mal… abunda lo que en los últimos años se ha dado en llamar cuñados. Diciendo que habría que hacer el túnel así o asá, que en otro sitio ya estaría fuera, que hay que ir más rápido… En fin, los típicos mirones de obra, pero aquí con un tinte macabro.

Yo, personalmente, sé muy poco de prospecciones y muy poco de minería. De mano, si me dicen que un niño pequeño cae por un pozo de más de 100 metros de profundidad y solo 25 cm de diámetro, diría que sencillamente no se puede sacar. No se me ocurre cómo. No sabría ni cómo sacarían el cuerpo. Y lo que la gente parece no admitir es que hay cosas que sencillamente no se pueden evitar.

He leído a algunos diciendo que hay que vigilar más al niño, que era muy fácil llevarlo con una correa extensible (sí, era en serio), que por qué no tenemos equipos preparados para esto.

¿Qué equipo está preparado para esto? ¿«Equipo de emergencias para cuando un niño se queda atrapado en un agujero imposible»? ¿Están dispuestos a financiar con sus impuestos un operativo que, aparte de requerir unos recursos colosales y estar desocupado casi todo el tiempo, ni siquiera sé si es viable que exista? El rescate de los mineros chilenos empezó 8 horas después del accidente (y en una mina sí hay «equipos preparados para eso») y, sin saber mucho del asunto, creo que era mucho más fácil que este (es una mina, está pensada para acceder a ella con maquinaria pesada, tiene accesos internos, está perfectamente cartografiada su geología…) Ese rescate recibía toda la atención mundial y se podía usar toda la tecnología, se hizo en un tiempo récord, y requirió…17 días. Aquí hay que bajar a buscar a un niño (al que es facilísimo matar con un guijarro que se caiga por el pozo original), a 110 metros de profundidad, en un monte inaccesible, macizo y sin información alguna sobre las características del terreno.

Yo lo que veo en los vídeos es una obra absolutamente faraónica. Veo unos tubos enormes (que de verdad que no sé cómo han podido conseguir), cargados en camiones descomunales, haciendo maniobras imposibles adelante y atrás, subiendo por una pista de tierra por la que ni creí que podrían subir, a un sitio donde no entiendo que pueda trabajar una máquina. Para mí, la carga de cada uno de esos tubos ya es una operación dificilísima, que da igual que quieras hacer rápido porque lleva lo que lleva. Algún idiota vería la primera imagen y diría que por qué pierden el tiempo pasando tubitos de un camión a otro, vería el segundo y diría que por qué no ponen un camión con la longitud adecuada para no llevar los tubos a medio tumbar… y el conductor que se las ve y se las desea para entrar en la finca y dar esas curvas supongo que les diría que sí, claro, que estaría encantado con un camión más largo porque todavía no es lo bastante difícil. Y así todo lo demás (no te molestes en pulsar el «play», son imágenes estáticas capturadas de vídeos):

Veo unas excavadoras con una cazoleta inmensa, rellenando en segundos unos volquetes que hacen cola, mientras unos bulldozers hacen movimientos de tierras a una velocidad que me imagino que es impensable en circunstancias normales:

Pero la red está llena de gente que supone que esos tubos se fabrican y se traen solos, que los camiones vuelan, que la tierra se va sola, que para hacer un agujero en una ladera solamente hay que escarbar, y que cien metros vienen a ser una distancia pequeña. Gente que, sin tener ni idea de lo que dice, se permite echar pestes de todo, decir que no hay medios, que la gente que está allí se equivoca en sus prioridades. Gente que en primer lugar asume que la información que recibe es exacta y completa; mecanismo que, por desgracia, funciona para todos los asuntos. No, no me sorprende.

Tampoco me ha sorprendido la presencia del «padre de la niña Mari Luz». Con este señor tengo sentimientos encontrados. A título particular, es un padre que perdió a su hija y que quizá vaya de buena fe, y quizá sea de ayuda, no lo sé. Por otro lado, es un iletrado al que un partido político nombró asesor de justicia con el único mérito de haber perdido a su hija; que se vio envuelto después en asuntos con armas de fuego, y que se apunta a un bombardeo. No lo conozco y no puedo juzgarlo, pero nunca me ha parecido trigo limpio. No, no me sorprende tampoco que vaya allí.

Me da la impresión de que la gente que está trabajando allí está haciendo (desde el primer minuto) algo heroico, y que los dirigentes políticos han puesto (justa o injustamente) todos los medios existentes cuesten lo que cuesten. Y que hay que asumir que hay retos que son prácticamente imposibles de superar.

Ojalá me equivoque en mi valoración.

 

 

Los libros de 2018

10 10+00:00 enero 10+00:00 2019

Puede parecer que esto está abandonado. Pero nada más lejos de la realidad.

Tengo varios problemas. Uno, otras actividades que me absorben concentración y energía. Dos, que he estado escribiendo para otro sitio, y no es que sea gran cosa, pero se lleva parte de las pilas que tenga para escribir. Tres, que muchos temas están ya tan dichos que me cuesta encontrar motivos para volver a poner el enésimo ejemplo de estupidez humana. Y cuatro, que algunas cosas sobre las que quiero escribir (en especial, feminismo) son una tarea bastante grande, y acumulo referencias e ideas pero no me decido a abordarlas. Creo que voy a tener que cambiar de enfoque y simplemente escribir lo más corto posible, sin fundamentar ni nada, porque si no, me meteré en escribir un libro, cosa que no pretendo.

Y hablando de libros, aquí está el balance de 2018. Que es aún peor que el de 2017.

Solo tengo anotados La balada del norte, los tomos I y II, de Alfonso Zapico. Sendos libros de cómics.

El año pasado hacía propósito de volver a los libros. He incumplido estrepitosamente; he vuelto a leer una enormidad, pero no en forma de libro. Aun así, no renuncio a hacerlo. A ver qué tal se me da 2019.

Y a ver si escribo más aquí, contra viento y marea.

 

Las drogas son la solución

21 21+00:00 diciembre 21+00:00 2018

Las columnas de Arcadi Espada, como tantas otras de El Mundo desde tiempo inmemorial, no se las puede uno tomar muy en serio. Son más bien cosas pintorescas.

El otro día veo en la portada un titular llamativo. Dice que «El 20% de los asesinos actuaron bajo los efectos de las drogas».

Drogas y asesinos, by Arcadi Espada y el editor de la portada de El Mundo

No sé muy bien a dónde quiere ir a parar, y leyendo el artículo menos, porque habla de canciones que incitan al consumo…

El editor de la portada pudo elegir otro titular: «El 80% de los asesinos no habían consumido drogas». Así que para reducir el índice de asesinatos habría que fomentar, supongo, el consumo de drogas.

No sé si ha pensado Arcadi que, al parecer, de hecho el 3% de los españoles entre 15 y 34 años consume cocaína y el 17% cannabis, lo que revelaría que los asesinos son gente normal, con la misma prevalencia en el consumo de drogas que el resto de la población. Si uno mira otros estudios, bastante serios, verá que entre los estudiantes de secundaria alrededor del 60% ha consumido alcohol en los últimos 30 días, y alrededor del 30% admite haberse emborrachado en ese período; ¿considerará Arcadi el alcohol como una droga, habrá contado cuántos asesinatos se cometen bajo sus efectos, y abogará, para disgusto de Aznar y Rajoy, por silenciar la apología del alcohol o prohibirlo?

 

 

 

Leticia Dolera (II)

8 08+00:00 diciembre 08+00:00 2018

Leticia Dolera, un tiempo después de su historia con Aina Clotet, ha publicado tres páginas de explicaciones.

Dejando aparte las faltas de ortografía, o cómo descarga culpas en terceros (“no hemos acompañado a Aina como ella necesitaba”) el análisis de sus explicaciones es muy simple. Parecen bastante razonables. Ya lo parecían el primer día. Pero la cuestión no es esa.

La cuestión es si Leticia se leería tres páginas de explicaciones de un hombre en la misma situación. Si aceptaría frases como “no hemos acompañado a Aina como ella necesitaba” sin acusar a su redactor de  de estar tratando a Aina de embarazada histérica y caprichosa. O si aceptaría de un hombre afirmaciones como que las actrices trabajan con el cuerpo.

Es así de simple.

Las elecciones andaluzas

3 03+00:00 diciembre 03+00:00 2018

Hay quien se sorprendió ayer del resultado de las elecciones en Andalucía. A mí la verdad es que no me trajeron ninguna sorpresa.

No me sorprende el ascenso de Vox, con la campaña que le han hecho en los últimos meses. Es una profecía autocumplida. Desde hace un tiempo, todos los medios hablan y hablan y hablan de Vox. Un partido marginal, que apenas existe, pasa a ser protagonista. No sé de quién es la idea, ni para qué lo hacen exactamente, pero lo hacen. Y no me sorprende porque ya lo hicieron con Ciudadanos, exactamente igual.

No me sorprende la inutilidad absoluta de los sondeos electorales. Si yo voy a comprar yogures y más de una vez me saben mal, no vuelvo a comprar esa marca. Nosotros seguimos «comprando» a los economistas (a pesar de lo que pasó en 2008) y seguimos «comprando» los sondeos (a pesar de lo que pasó… todas las veces). Somos sencillamente idiotas.

No me sorprende tampoco lo de la baja participación y el resultado de Susana Díaz. Los votantes de izquierdas son así. Siempre lo han sido. Nunca decepcionan.

Tampoco me sorprenderá que ni el PP ni los tertulianos de la derecha hablen ahora de «populismo» ni de «extrema-nada». No creo que vean ningún peligro creciente, nada que haya que frenar. Nadie lleva coletas peligrosas ahí.

Y sobre todo no me sorprenderá que el PP muestre una perfecta amnesia respecto a esa voluntad suya de destruir la democracia obligando, por ley, a que gobierne la lista más votada. Aquello que decía el jefe de campaña de Casado en sus primarias, que los pactos entre partidos deben anunciarse «antes de las elecciones» y no después, «en los despachos». No creo que ni Casado ni Moreno hablen ahora de «pactos de perdedores», o repitan aquello de «los socialistas se aliaron con Podemos para, con los peores resultados de su historia, sacar un resultado muy digno en cuanto al ejercicio del poder». O lo de «no era justo que después de que los ciudadanos votaran los perdedores se aliaran en los despachos». Eso es agua pasada. Hasta la próxima vez en que convenga rescatarlo.

En fin, todo normal.