Archive for the ‘Arte’ Category

¿Y tú?

27 27UTC septiembre 27UTC 2016

A poco que te muevas por cualquier red social, y sobre todo si tienes amigos mínimamente artistas, habrás visto infinidad de variantes de una reivindicación muy justa: que se valore y se respete el trabajo de un artista.

Habrás visto compartir mil veces argumentos y artículos en defensa de los músicos, explicando cómo se tiene que valorar su trabajo, y no tener la desfachatez de intentar que toquen gratis “a cambio de exposición”. Como este, por ejemplo. O este. O este. En este de Dave Goldberg el enfoque es diferente; se ofrecen razonamientos mucho más sólidos, no ya desde el punto de vista del músico, sino del del propietario de un local.

Los fotógrafos también han reclamado esto: que no es lo mismo una foto de un aficionado que de un profesional. En ese artículo hacen algunas comparaciones un poco dudosas, pero en fin, la idea se capta.

Los diseñadores y los artistas visuales tienen también mucha tradición reivindicando el valor de su trabajo. Por ejemplo, esto, o esto.

Bueno, y no digamos de los autores. Ahí la reivindicación no parte solo de la gente humilde que necesita ganarse el pan; llega hasta los multimillonarios.

En fin, claro que comparto esas apreciaciones, y defiendo esos mismos argumentos. En el caso de los derechos de autor tengo muchas objeciones, al mismo tiempo. Y el caso de los músicos daría para un artículo entero. Pero en fin. Que sí, que vale.

Ahora bien…

Músico que reclamas respeto para tu trabajo: pagas gustosamente una pasta loca por un iMac o un iPhone, pero ¿tienes todo tu software en regla? ¿Está registrada y pagada tu copia de Finale, o del Reaper? El Finale cuesta 600$, que no es exorbitante si es tu herramienta de trabajo (una buena guitarra cuesta mucho más, y seguro que tienes más de una). El Reaper cuesta entre 60$ y 250$.

Diseñador que afeas su conducta a quienes no distinguen un trabajo profesional del dibujo de un cuñado, fotógrafo que detalla por qué las fotos de aficionado son tan malas: para tu boda, ¿vas a contratar a músicos profesionales, o vas a poner un DJ por cuatro duros?

Comerciante que echa pestes de las grandes superficies y su máquina de triturar al pequeño comercio: cuando tú vas a comprar algo de lo que no vendes, ¿de verdad lo pagas más caro gustosamente en la tienda de la esquina, o lo compras en el súper?

Ojo, esto no son argumentos ad hominem. Si dices que hay que respetar el trabajo de un músico, y luego toda la música que has oído en la vida la has copiado de amigos, o todo tu software es pirata, eso no te quita un ápice de razón respecto a tus argumentos originales. Y si puedes contestar orgulloso que sí, que predicas con el ejemplo y lo tienes todo en regla de manera modélica, tampoco te da más razón de la que tenías antes de decirlo. No se trata de eso. Es solo una reflexiónque nos puede ayudar a entender la situación.

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Argumentos taurinos (II)

24 24UTC mayo 24UTC 2016

No dejan de sorprenderme. Y estos días, como están revolucionados, más todavía, porque me los encuentro por todas partes.

En El Mundo, dice un tipo: No al Toro [de La Vega], sí a la corrida.

Como no tienen argumentos dignos de tal nombre, ahora la estrategia del avestruz es desmarcarse, distinguirse, librarse por comparación. Se muestran sensibles, piadosos, animalistas, demostrando que en el fondo no son malos, que es que la tauromaquia es diferente, no esa barbarie que se ve por ahí.

Dice el tipo, un tal Javier Villán, que “no logra asimilar el Toro de la Vega junto al universo de la corrida y el arte de torear”. No creas que va a decir nada concreto para establecer la diferencia: va a soltar la palabrería vaporosa a que nos tienen acostumbrados. Como no pueden llamar al pan pan y al vino vino, dicen cosas como estética, corpus pictórico, literario y filosófico.

Pero luego, agárrate, que entra en algo concreto, sin querer, y la cosa se vuelve bufa. Dice Javier esto:

Ni [se puede identificar el Toro de La Vega] con el fascinante juego de la muerte entre un hombre y un toro. En el Toro de la Vega el único riesgo es para el toro. No tiene posibilidad de defensa. Y eso es una cobardía individual y colectiva. El torero, en cambio, se juega la femoral que el toro busca por instinto.

Ah. Así que la diferencia es que en la plaza de toros el toro tiene ocasión, supuestamente, de matar al torero; en el toro de la Vega, no. Dice él. No sé si se da cuenta de que ya esa manera de ver el mundo, ese argumento, produce náuseas, pero de todos modos no sé de dónde se lo saca, dadas las estadísticas de supervivencia de toros y toreros.

Curiosamente, uno de los que él sí considera torturadores, un tal José Antonio Rico Ovejero, que ostenta el honor de haber matado en 2001 a uno de esos toros de la Vega, dice:

Porque no hay fiesta si no se mata al animal. El aliciente es ese: estar allí abajo. Tu [sic] solo contra él. En su terreno. Solo tu inteligencia contra su bravura. Y le ofreces al animal lo más valioso que tienes: tu vida.

El argumento de Ovejero es, otra vez, de risa. “Su terreno”, dice. Echa un vistazo a cualquier vídeo de esos que algunos valientes de Tordesillas tanto se empeñan en ocultar, y dime si ese es el terreno de un toro. “Le ofreces al animal tu vida”, dice. Ojevero, al animal le importáis una mierda tú, tu vida y tu supuesta inteligencia; no la quiere para nada. Solo quiere comer hierba tranquilamente. Seguro que, lo que es por él, puedes meterte tu vida donde te quepa.

Pero volviendo a Villar… ¿en qué quedamos? ¿No había una ausencia total de peligro en el Toro, y esa era la diferencia con los nobles toreros y banderilleros y picadores? Dice Ovejero que en 1993 el toro lo dejó “clínicamente muerto durante tres o cuatro minutos. Me seccionó la femoral”. Según Villar lo de las femorales solo se estila en las plazas, donde no hay brutalidad ni nada.

Además de esa sandez, Villar tiene otras. Habla de los papas (¿?) y dice que los antitaurinos actuales quieren ser papas (¿?¿?) Luego dice esto contra los de la Vega:

Ante la imposible defensa de esa tauromaquia popular recurren al derecho de la tradición. La tradición no es inmutable ni sagrada

¡Exacto! Por fin estamos de acuerdo. Pero claro, entonces se vendría abajo su propio tenderete, así que añade la muletilla:

salvo aquella que define una cultura y contribuye a enaltecerla

¡Aaaaaahhh, bueno! ¡Entonces sí! Pero este hombre… ¿no se sentirá extraño escribiendo contradicciones con tanto descaro? ¿De verdad se puede engañar a sí mismo hasta ese extremo? ¿Se cree sus patrañas?

Yo sé perfectamente, y ya dije, que no todos los aficionados a la tauromaquia son brutos incultos y sádicos. Pero las cosas como son: abundan los que se hacen los cultos sin serlo, y sobre todo abundan los que… sí, me dan miedo.

Ante las manifestaciones culturales, haz una prueba. Imagínate el origen. Todo eso tan elevado, con códigos tan complejos, suele venir en realidad de algo primitivo, íntimo, casi orgánico.

La música culta sale de algo muy antiguo, muy instintivo y muy primitivo: el ritmo primero, y los cánticos después.

La danza, es evidente, sale del baile, de la expresión corporal. Muy ligada a la música, claro.

La literatura o el teatro vienen de algo también primitivo: contar historias.

La pintura y la escultura también las tenemos impresas en nuestra genética: cualquiera ha intentado garabatear en la arena, o pintar en una pared.

Ahora, pregúntate de dónde viene la tauromaquia. Cuál es la versión en bruto del toreo. Está claro: no es difícil rastrear ese instinto primario de putear a un animal, de destruir y de hacer daño. En muchos casos lo hacemos, y lo hacemos… porque podemos.  Si no lo hacemos es porque nos hemos enseñado a no hacerlo. Pero mucha gente no es así; mucha gente sigue dando patadas a las papeleras, o rompiendo los cristales si no hay nadie mirando.

Dime si no ves ese instinto aquí, por todas partes. En los gestos de desprecio, chulería, provocación, prepotencia, en el pavoneo de los taurómacos, de los jinetes.

En el abuso del donnadie venido a más, en el argumento de autoridad, en la impunidad del chulo que se cree algo.

Y en… ¿cómo calificar a toda esta gente que está alrededor de una vaca con una lanza para clavársela y ver cómo muere desangrada y aterrorizada? ¿Me vas a convencer de que les importa el sufrimiento ajeno? ¿Me vas a decir que no entiendes cómo pudo haber una guerra civil, cómo puede haber gente entre los antidisturbios que saque la porra y machaque cabezas de gente inocente, cómo podían hacer hace años autos de fe o linchamientos públicos? ¿Está esta gente muy, muy lejos de eso? ¿Necesita algo más que un uniforme, unas instrucciones, un pequeño argumento de autoridad para dejarse llevar?

No sé lo que ves tú. Yo no veo un grupo de gente disfrutando de una tradición. Veo una turba que me da miedo.

Y no, no se puede permitir que se salgan con la suya.

El talento según Sempé

18 18UTC mayo 18UTC 2016

Cuando leí, de pequeño, El pequeño Nicolás, me gustó muchísimo. Creo que aprendí mucho de ese humor, que de alguna manera es humor inteligente. Y también me gustaban mucho los dibujos, que me parecían perfectos para esa historia. Así que soy un admirador de Sempé.

Y en una entrevista en Babelia dice un montón de cosas de lo más interesante. Y me gusta mucho porque desmitifica el genio, la inspiración, la predestinación… y dignifica el trabajo, la naturalidad. Los grandes hombres, en realidad, no son los que creen ser grandes hombres. Mira qué montón de perlas. No sé con cuál quedarme. Alguien que contesta así… piensa con claridad, desde luego.

P. ¿Cómo llegó al dibujo?

R. Era más fácil encontrar un folio y un lápiz que un avión o un piano Steinway, por citar mis demás pasiones. En realidad, estaba loco por la música. Especialmente por el jazz, que ha sido la música del siglo XX. Hubiera hecho cualquier trabajo, pero todo el mundo me rechazó.

[…]

P. Siempre ha sido un gran defensor de la bondad.

R. Pienso lo mismo que Vasili Grossman, el autor de Vida y destino. Tuvo una existencia infernal, pero al final de su libro afirma: “Solo creo en la bondad”. Yo diría lo mismo.

[…]

P. ¿Cree en la inspiración?

R. Solo cuando llega. Cuando no llega, dejo de creer en ella.

P. ¿Qué hace cuando no llega?

R. En realidad, solo cuenta el trabajo, por mucho que me fastidie. La inspiración hay que ir a buscarla.

[…]

P. ¿Por qué no le gusta la palabra obra?

R. Resulta demasiado pretenciosa. En el fondo, usted y yo no dejamos de ser personas corrientes. Cuando veo a un tipo que habla de su obra como si fuera La Gioconda, me entra la risa.

P. Es por modestia, entonces.

R. No, más bien por un deseo de ser preciso respecto a lo que pienso de mi trabajo. Llamarlo trabajo, oficio o incluso curro me parece bien. Cualificarlo de obra, no.

[…]

P. ¿Todos somos prisioneros?

R. Eso parece. Tanto si hemos elegido nuestra vida como si no. Pero no me haga hablar de estas cosas. Mejor pregúnteselo a Nietzsche o a Pascal.

P. Ya, pero están muertos.

R. Ah. Por eso nunca responden cuando los llamo.

[…]

Le contaré otra anécdota: mi músico favorito, Duke Ellington, que es un hombre que logró todas las recompensas y sedujo a todas las mujeres que uno pueda imaginar, solía decir, al final de su vida, que lo que había contado más era encontrarse en los brazos de su madre cuando era pequeño…

Alguien que dice tanto con tan pocas palabras, o con tan pocas líneas… no sé si es un genio, pero sí es un modelo, desde luego.

El Príncipe

21 21UTC abril 21UTC 2016

Sí, ví la serie. Ayer terminó.

Está bien que una serie termine. Hoy en día sus autores parece que son incapaces de hacerlo, de terminar. Y eso no dice mucho en favor del producto y de su coherencia artística.

Después de la serie, empezó un programa en el que hablaban los actores y los autores. Y lo que es los autores… hablaban como si hubieran hecho una obra maestra. Como si fueran mucho, mucho más geniales y más importantes de lo que son.

Yo acepto que una serie como El Príncipe sea como es. Lo acepto si quienes lo hacen son conscientes de que están haciendo un producto de entretenimiento, una especie de culebrón de los de toda la vida, aunque adornado con un poco más de exteriores, de efectos, una escenografía mejor. Lo acepto si se dirigen a un público poco exigente, a alguien que se va a poner tontorrón con una historia de amor-imposible tonta, ñoña y poco creíble. Me parece aceptable que hagan personajes no para contar una historia en serio, sino para conseguir que cierto tipo de espectadores se encariñe con ellos, hasta el punto de que, con tal de que la serie siga, no les importen idas y venidas y vueltas a empezar que nadie se creería. Me parece aceptable que estén haciendo una serie para Telecinco, para la audiencia habitual de Telecinco, que estén haciendo su oficio, y que dentro de esos márgenes y con las cartas con las que puedan jugar intenten hacer algo mínimamente digno (no excelente, no bueno; simplemente, que no dé demasiada vergüenza ajena, aunque dé bastante, pero no demasiada). Si ese era el objetivo, lo consiguieron. Los técnicos y artistas de maquillaje, fotografía, vestuario, montaje, sonido… y parte (solo parte) de los actores, saben lo que hacen y lo hacen bien, incluso diría que muy bien. Vale.

Pero lo que no puede ser es que luego los responsables del invento hablen como si fueran Scorsese. Como creídos, como genios, como creadores inspirados por las musas. Entonces se vuelven patéticos, dan pena.

Hace muchos, muchos capítulos que los personajes de El Príncipe son cáscaras que van y vienen, vacías, sin evolución, sin motivos válidos para hacer lo que hacen. O son todos rematadamente gilipollas, pero ni siquiera la gente real es así de gilipollas. Hace mucho que los sacrificios de credulidad que se piden al espectador son completamente inasumibles, excepto para cierto tipo de espectadores. Hace mucho (bueno, esto casi desde el principio) que chirrían las escenitas de las mil y una noches, patética pornografía romántica (porque la pornografía para hombres está mal vista, pero la pornografía sentimental… madredelamorhermoso), hace mucho que nos hemos cansado de las excusas ramplonas para quitarle la camiseta al protagonista, que es un joven actor español de renombre a la altura de Miguel Ángel Silvestre o Mario Casas y con eso lo he dicho todo y no digo más. A veces es difícil saber si algo es culpa del texto o de quien lo dice.

El Príncipe llevaba mucho tiempo siendo irritante, excepto para cierto tipo de espectadores; espectadores que abundan y que pueden darle a la serie excelentes cifras de audiencia. Insisto: ese es un oficio como otro cualquiera. Supongo que eso lo han hecho bien.

Pero en muchos sentidos ha sido una cagada mayúscula. Han tenido la entereza de hacer un final incómodo, hay que reconocérselo, sí. Y a veces pasaban cosas que uno no había previsto. Pero claro, es difícil prever algo inverosímil o injustificable, así que eso no tiene mérito. Es trampa.

Guión fatal, poco trabajado, facilón, abusando de la paciencia y la tontuna de los que lo vemos. No saquéis pecho, no.

Harvest Moon en La Lata de Zinc

29 29UTC septiembre 29UTC 2015

Hay ahora un movimiento en Asturias por rescatar la música en directo en los bares, que al parecer está presa de un error legislativo.

No sé pa qué. Mucha gente que firma esa petición y se indigna, en realidad, caga pa la música en directo en los bares.

En los conciertos suele haber dos tipos de personas, en diversa proporción. Hay gente que está escuchando, más o menos, la música. Sabe que hay gente haciendo un esfuerzo físico, intelectual y emocional, dando lo que tiene, y en consecuencia, o bien escuchan, o bien dejan escuchar. Se hablan poco, se hablan al oído, son discretos, o salen fuera.

Y luego está el otro tipo de gente, que se dedica básicamente a dar por culo.

Sí, de acuerdo, la expresión es fea. Malsonante. Maleducada. Innecesaria. Impropia. Pero es que es una onomatopeya: suena como lo que describe. Algo feo, malsonante, maleducado, innecesario, impropio.

Hay gente que considera que unos tipos tocando es lo mismo que un disco que pones de fondo para que no haya silencio. Y no, señores. No lo es.

Harvest Moon 2015Ayer en La Lata de Zinc había, como de costumbre, gente de los dos tipos. Pero con que haya un 20% de gente de la que está dando por culo, ya es imposible oír el concierto. No se entendía nada de lo que Belén explicaba al principio, ni lo que los músicos decían al micrófono, ni se podía apreciar apenas lo que cantaban o tocaban. Y algunos de los que estuvieron allí dirán que no había tanto jaleo, que era un nivel normal. Y es verdad; ese es precisamente el problema. Que sea igual si hay gente tocando que si no la hay.

Y ojo: los músicos, los peores. Yo tenía al lado a un par de amiguetes que no callaron (hablando a voces) en todo el concierto. Y luego vi que hablaban de guitarras, y pensé: “te deben de interesar mucho a ti las guitarras, cuando tienes delante a Michael Lee Wolfe tocando y te la sopla”. Pero luego vi… que uno de los conversadores era, de hecho, músico y tocaba después. No era el único; pude ver más de uno que, cuando no estaba tocando, estaba de cháchara.

No puedo entender que uno esté metido en un concierto lleno de gente, ocupe un buen sitio incluso empujando si hace falta, esté de cara al escenario… y a continuación pase completamente del concierto. Si tienes ganas de hablar, ¿por qué coño no sales a la terraza, te pones cómodo, cara a cara con tu interlocutor, y hablas? ¿Por qué no te vas a otro bar donde no te molesten los músicos?

Así que no sé bien qué pensar. Para mí la música es media vida, y quiero que sea cotidiana, y que esté en las casas de la gente; no en el iPod, sino en sus tardes, en sus ratos de ocio, cuando pasan por la calle, hecha delante de ellos y compartida por ellos. Así que quiero música en directo en los bares. También quiero que los músicos se ganen la vida tocando, en la medida de lo posible.

Pero por otra parte, pienso: ¿para qué? En un concierto en un bar se hace música, pero en muchas ocasiones, al mismo tiempo que se hace se pisotea; Puri Penín cantando un tema maravilloso (no pude identificar cuál), haciendo magia, y la gente pisoteándole la voz. Y por otra parte pienso: ¿me puedo fiar de la civilidad de esta gente respecto al ruido y las molestias a los vecinos? ¿Merecemos esa consideración de agentes de la cultura, de la educación, del arte? ¿De complemento de las bibliotecas y los teatros? ¿Son esos los bares que se van a integrar en la vida cultural de la gente y hacerla mejor? ¿Tiene sentido que Michael explique que aquel Love is a rose de Linda Ronstadt lo escribió, sorprendentemente, Neil Young, y a continuación la canten él y Puri Penín, cuando delante tienen básicamente un auditorio de hooligans? (Si tú no lo eres da igual; el silencio no contrarresta al ruido, y la mezcla resultante de ruido y silencio es siempre ruido.)

Todo esto, por una parte. Si nos sobreponemos a eso, el concierto (la parte que vi) estuvo muy guapo. Además de Kike y Puri (qué talento tiene esta mujer) estuvieron… bueno, los del cartel, incluido mi amigo Juan Bertrand. Esperé a verlo a él tocar por lo menos una, y mereció la pena, porque además vino con un gran trozo de pastel: un gran trozo de Queen Bitch, que subieron a tocar The weight. Después de eso me fui. Había ruido, era incómodo, hacía calor, llevábamos allí mucho rato, estoy mayor y soy un cascarrabias. O no.

Whiplash

19 19UTC febrero 19UTC 2015

I’ve seen quite a few comments about Whiplash. And now I’ll make my own.

First of all, I liked the film. I’ts one of the sparse times I leave the theater mostly satisfied with that I’ve seen. That doesn’t mean the movie is perfect, of course; there are many things I don’t like. But it’s a honest, correct and enjoyable (in a somewhat wicked sense) movie. That’s quite a lot nowadays, and that’s why I understand all the hype.

Many comments describe the film as a masterwork. I don’t think it is, and I’m not delving too much into that. But I’ve seen comments in the opposite sense, and I’m more interested in those. I think most of them are wrong as well.

In this film there are obvious exaggerations. Too much blood, for instance. Too much speed (playing fast is not one of the main concerns of any jazz instrumentalist). Too much teacher abuse (a big band conductor can terrify you without such a direct and explicit pressure). Too much physical endeavour (a drummer in the best school of New York would probably never play with such a physical tension, which is something you should avoid at all cost when playing any instrument). Too long and supposedly spectacular drum solos.

At this point, direct and explicit pressure hasn't even started yet.

At this point, direct and explicit pressure hasn’t even started yet.

Those are artistic licenses. I don’t like them, but they are acceptable for one reason: they don’t significantly alter the plot, the meaning of the film. The story would be esentially the same if those exaggerations were not there. The exaggerations that really upset me are those that a writer uses as an essential resource to solve a situation; he couldn’t do it without the exaggeration, and he’s resorting to an easy solution. If the drummer was playing someting difficult (but not necessarily fast), if he was rehearsing to exhaustion (without any blood or snare punching), if the conductor was not so foul-mouthed and abusive and if the solos were more adjusted and realistic, the film would be essentially the same.

So, yes, there is some “karate kid” and some “rocky” here. The director wanted to create a hero epic or discourse that everybody could recognize, musician or not. I find that unnecesary and hence wrong, but who knows.

A good example of the comments about Whiplash is that by Kid Millions. A drummer himself, he points out how the drummer actors do a lousy job at faking. I’m not a drummer myself, but I’ve seen quite a lot of them playing, I’m specially sensitive to bad playbacks in instrumentalists, and Whiplash is more than correct in that sense (and actually those actors are supposed to be drummers).

Then the author starts complaining about things that don’t make much sense. He tells things like:

But it turns out that Whiplash is not about […] drumming, or music, or friendship, or fathers and sons, or music school or all the cherished sentimental things one needs to give up to become “one of the greats” — it’s about the casual sexism, racism and homophobia that’s our country’s stock-in-trade.

I strongly disagree. Whiplash is exactly that: it’s about drumming, music, friendship, fathers and sons, music schools and leaving everything aside just to become one of the greats. That’s the point: those are exactly the subjects. On the other hand, Whiplash is not a documentary about drum playing, and I think that’s the problem with many viewers. They wanted to see themselves, their ideas, on the screen, and not a story that just incidentally intersects with their lives.

Another example:

So do we get amazing music in this movie? Well, no, not really. The band plays bloodless renditions of the old jazz standard “Caravan” and the odd-meter mainstay “Whiplash,” and then we see Fletcher in a bar later in the film playing in a tepid piano quartet, playing something boring. I would rate the performance two Zs out of three.

Come on, Kid. It’s a school, and maybe the renditions are bloodless but technically accurate (out of pure fear), and maybe that’s exactly how Fletcher band would have sounded. Fletcher plays uninteresting ballads? Maybe that’s exactly what Flecher would play in reality; maybe he’s a frustrated, mediocre player that finds his glory in winning big band contests and terrifying students. What did you want when you sat at the theater? A story or a jazz concert? Yet more:

Is there something about music that feels galvanic and spiritual here? No, no, it’s straight-up academy, boot camp, overcompetitive, testosterone-fueled posturing. There’s nothing to prove to us that music matters to these characters. […] There are no women in the top jazz group. […] But is there anything that shows us that Neyman might be a prodigy, or a kid whose life has been transformed by music? […] Whiplash is about trying to become a musician in such a twisted and perverse way that it constantly undermines itself. […] Music is not about trying to be the greatest musician who ever lived. […] It’s about playing music with people — finding a community and truly connecting with other people.

When Kid Millions points out the flaws he finds in the film… he’s actually describing the film. To all those supposed defects, I answer: “Yes! Yes, of course!” It’s academy, overcompetitive. There are no women. Neyman is definitely not a prodigy. Whiplash is about trying to become a musician for the wrong reason, and actually being “the best” is the goal for these characters, instead of making beauty with sounds or sharing it with fellow musicians. That’s exactly the story. And then, what’s your problem with that? Whiplash is not endorsing a way of life; it’s telling a story.

If you criticize something by pointing out exactly what it is, what the director wanted to express, as if those things were mistakes, the conclusion is clear: you didn’t understand the film. The film is OK, but you went there looking for something different, and you were wrong.

The same applies to other comments I’ve seen. Instead of critizicing the film, they are critizicing the characters or the events, which makes no sense, since people and life are what they are, sometimes good and sometimes bad.

So there are things I don’t like in Whiplash, but I consider many comments completely misguided.

No tenían ni idea

3 03UTC noviembre 03UTC 2014

No, no voy a hablar de Ana Mato y su marido, de Esperanza Aguirre y Francisco Granados (y una docena de alcaldes, por lo visto) o de Rajoy y los sobres. Voy a hablar de arte. De otras artes.

Hay gente que en un momento dado acierta. Crea algo imperecedero, algo especial, y los reconocemos como grandes artistas. Pero luego…

Luego uno ve lo que hacen después, y llega a una triste conclusión. No tenían ni idea de lo que estaban haciendo. Acertaron de chiripa.

En este tipo de historias hay una parte de culpa de los espectadores, claro está. Coronamos a gente como genios, hablamos con ligereza de obras maestras, y muchas veces estas “obras maestras” están a un paso muy corto de ser bodrios, horteradas o productos fallidos. Un poco de solemnidad nos saca las lágrimas, pero no nos damos cuenta de que un poquito, sólo un poquito más de solemnidad, sería ridículo.

Y por eso he tenido que rendirme a la evidencia.

Ridley Scott

Ridley Scott dirigió Alien, y dirigió Blade Runner. No hace falta decir más. De hecho, dirigió otras muchas buenas películas. No soy ningún cinéfilo, pero supongo que se ha hecho respetar, y sin ser cinéfilo puedo ver que tanto Alien como Blade Runner tienen algo. Nunca he sido muy de exagerar en este sentido, y no subo a la gente a pedestales, y tampoco a las películas. Pero parecen películas muy logradas, tanto en estética como en ritmo. No son tan apestosamente evidentes y facilonas como casi todo lo que hace Hollywood, no son pretenciosas y ridículas… Parecen películas sinceras, y han dejado huella. Con lo que uno puede pensar que Ridley es un tío con una sensibilidad especial. Incluso las secuelas de Alien fueron dignas (y mira que es difícil, y además estando como estuvieron en manos de otros directores, entre ellos el infumable James Cameron).

Y entonces llega Prometheus.

Soy consciente de los condicionantes de la industria del entretenimiento, y no se trata de que Ridley haga una película de arte y ensayo. Pero Prometheus

Prometheus es un bodrio, pero un bodrio de dimensiones económicas tan descomunales, que no es un pecado; vale por muchos pecados. Un director, o un guionista, pueden ceder al lado “comic barato” de las películas de acción, pueden incluir escenas vistosas, pueden poner protagonistas guapas y que enseñen las bragas (Sigourney lo hacía en Alien, aunque incluso eso estaba más que logrado). Lo que se quiera. Hay concesiones que tienen que hacer. Pero del mismo modo, un director de cine que se respete, o un guionista que se respete, otras concesiones no pueden hacerlas, y Ridley está en situación de no hacerlas. Si las hace, es porque quiere, porque se las cree, porque las elige.

Y eso que después de ver a esta mujer con esta caracterización uno es proclive a perdonar cualquier otra cosa que salga en pantalla.

Y eso que después de ver a esta mujer con esta caracterización uno es proclive a perdonar cualquier otra cosa que salga en pantalla.

Sí, ya he leído muchas veces que el problema es que no he entendido yo la película, que en una segunda parte se aclarará todo y que si revisas cuidadosamente el artwork encontrarás muchas claves. Pero lo que no puedes hacer es poner diálogos, o personajes, o sucesos, irritantemente estúpidos e insostenibles, y a la vez poner las claves en un jeroglífico indescifrable salvo que mires la peli fotograma a fotograma. No puedes hacer a la vez una película para imbéciles y para especialistas en semiótica. Eso no tiene ni pies ni cabeza, y el que lo hace no sabe qué tiene entre manos.

Con lo que después de ver esa película y salir del cine en estado de shock, sólo hay una forma de racionalizar lo que pasa: Ridley no sabía bien lo que hacía cuando dirigió Blade Runner y Alien. Pudo hacer dos mierdecillas, pero le salieron dos películas de culto, con el clima adecuado y el ritmo adecuado. Y le salieron de churro, porque ni de lejos supo capturar lo que tenían de especiales. Recordemos, hay una delgada línea entre lo sublime y lo hortera, y estas cosas pueden pasar.

Keane

Ya lo dije aquí: Keane debutaron con un disco redondo, nada menos. Algo muy difícil de conseguir lo consiguieron a la primera: un hallazgo musical. Y eso que está ya casi todo inventado. Ese tono melancólico, esa forma de dar protagonismo al piano (pero no como Elton John ni como Jerry Lee Lewis), ese estilo al componer.

Escuché con atención los siguientes discos de Keane, claro; uno tras otro. Pero… nada.

Son buenos discos. El talento sigue ahí, y las canciones son de Keane, no cabe duda. Pero no suena como debe sonar. Es otra cosa. Han tirado por un camino más “electrónico”, y esa música suena más optimista, más festiva, y desde luego menos intensa. No está mal, y no estoy diciendo que un músico no deba evolucionar, ni mucho menos que deba hacer siempre lo mismo que en el primer disco. Están en su derecho de hacerlo. Pero a mi parecer son discos del montón.

He intentado escuchar esos discos con los oídos abiertos, he sido paciente, he intentado darles margen. Pero está claro que lo que quieren hacer no es explorar lo que encontraron en Hopes and Fears. No sé cuál es la razón; podríamos alegar cambios de productor, pero no es el caso.

Así que Hopes and Fears fue, lamentablemente, un maravilloso accidente.

La portada de Iron Sea es preciosa, las cosas como son.

La portada de Iron Sea es preciosa, las cosas como son.

George Lucas

A Star Wars le pasa un poco lo que a Blade Runner: no es sólo el argumento, es el clima. En Star Wars especialmente, porque el argumento es flojito. Pero cuando uno ve la primera película (la primera que se estrenó, digo) ve esa estética de serie de televisión, con las cortinillas para pasar de una escena a otra, y asume que el director quiere poner algunos ingredientes naïf a propósito. Bueno, se le puede perdonar, eso también es inteligente. El caso es que el tipo consiguió poner esa estética polvorienta y decadente de los años 1970 en una película futurista, y no importa si lo sazona con un homenaje a los comics baratos (otra vez) y a la tele de aventuras que asombraba a los niños de los cincuenta. La película tenía pulso, era atractiva, a pesar de apuntar muchos detalles decepcionantes (y es que currarse un guión de ciencia ficción consistente es mucho, mucho trabajo).

Eso de devolver las balas con espadas láser olía un poquitín desde el principio.

Eso de devolver las balas con espadas láser olía un poquitín desde el principio.

Luego se filmaron las siguientes, con otros directores y guionistas, pero siempre basándose en historias de Lucas. No estaban del todo mal. Indiana Jones… bueno, ahí estaba Spielberg, no se puede culpar a Lucas si Spielberg está a menos de seiscientos kilómetros.

Ahora bien: años después llegan las precuelas. Y esto sí que ya no.

Lucas se revela como lo que seguramente es. Y no es alguien con una imaginación fuera de lo normal, alguien capaz de crear universos convincentes o guiones sólidos, alguien con un control inusual de la estética del cine. Lucas es un contador de historias del montón. Comete errores garrafales, hace concesiones vergonzosas e incomprensibles (por innecesarias). Hace películas para niños de diez años, o lo que él cree que son los niños de diez años. Lo mismo que Scott con Prometheus.

Es verdad que el listón estaba alto en términos económicos, y no me imagino el vértigo que tiene que darle al director original ponerse a hacer películas de la saga tantos años después, sabiendo que hay literalmente miles de millones de personas vigilándole. No me puedo imaginar el montón de miedos, de dudas, de inseguridades, de decisiones. No estoy despreciando a Lucas.

Es que en mi caso, como ya dije, no pongo a la gente ni a sus obras en pedestales muy altos, no llamo genio a nadie, e intento tener expectativas realistas. No espero que la segunda película me sorprenda como la primera, intento ser justo. Y aun así veo que esas películas son tan facilonas, tan ridículas a veces, que me pregunto si no se podía hacer algo un poquitín más inteligente, más real, menos impostado.

Y concluyo que Lucas tuvo suerte con Star Wars, simplemente.

 

 

El plagio de Led Zeppelin

21 21UTC mayo 21UTC 2014

El rock requiere asistentes personales. Este tiene contratados a tiempo completo a uno para que le arregle la melena, y a otro para que le afine esas 18 cuerdas.

Dicen que los herederos de Randy California, ya fallecido guitarrista de un tal grupo Spirit, van a demandar a Led Zeppelin por plagio. Que el muy conocido principio de Stairway to Heaven es un plagio de la canción Taurus de Spirit.

Si quieres puedes oírlo tú mismo. Stairway to Heaven, Taurus (saltándonos más de 40 segundos de relleno).

No me extrañaría nada que Jimmy Page y Robert Plant, cuando escribieron Stairway to Heaven, recibieran inspiración de Taurus. Y por otro lado, uno tiende a ponerse del lado del débil frente al poderoso que vampiriza su trabajo. Es repugnante que un abogado represente a un muerto y pienso en herederos aprovechados, pero siempre puedo recurrir a la idea de que lo hacen por el honor de Randy, que en paz descanse, a quien querían mucho y que seguramente era un gran tipo (murió salvando a su hijo de ahogarse, por lo que parece).

Y a pesar de todo, en este caso estoy con el poderoso. Con Led Zeppelin. Y esa demanda me parece casi ofensiva.

No sé qué te parece al escuchar los dos inicios, pero el único parecido que tienen es un recurso armónico-melódico que está en miles de canciones: lo que se llama un line cliche o, como dicen los ingleses amantes de las siglas, C.E.S.H. (Contrapuntual Elaboration of Static Harmony, o  Chromatic Embelishment of Static Harmony).

Un acorde no son más que tres ó cuatro notas sonando a la vez. Si en ese acorde vas cambiando una sola nota, que desciende poco a poco, por así decir, consigues un bonito efecto.

Pongamos La menor, que tiene La, Do, Mi. Si vas bajando ese La mientras dejas las otras notas donde están, tendrás:

La Do Mi –> La menor (en notación americana, A-)

Sol# Do Mi –> La menor 7ª mayor (A-Δ)

Sol Do Mi –> La menor 7ª (A-7)

Fa# Do Mi –> La menor 6ª (A-6)

Dicho así parece críptico. A ver si te suenan los primeros 10 segundos de esto (que, por cierto, es una maravilla de principio a fin):

Esto tiene un efecto muy notable, muy bonito, y se ha hecho en tantas canciones, es tan conocido, que tiene nombre y viene en los libros.

Led Zeppelin hace algo como esto, que no es más que un line cliché adornado con unas notas, unos arpegios aquí y allá, pero los acordes de base son:

A-    A-Δ    A-7    D     (F     G A-      F E…)

Es decir, en el cuarto acorde ya abandonan el esquema clásico; no mantienen todas las notas de La menor, no hacen A-6, sino que dan otro acorde distinto, que es un Re. No importa, porque la nota grave sigue siendo el Fa# que ahí arriba pusimos en negrita (Fa# también forma parte del acorde de Re), con lo que el efecto de “bajada”, la columna vertebral del line cliché, sigue intacto.

Spirit, al parecer, hacen esto:

A-    A-Δ    A-7    A-6   A-    ( D    A-     G)

Hay varias diferencias. El cuarto acorde es un A-6, es decir, siguen con el line cliché de libro, e incluso en el siguiente acorde, que vuelve a ser un A-, dan como nota grave un Fa, que continúa el efecto “descendente”.

El resto es diferente. Están en el mismo tono, usan un line cliché, se parecen… como se parecen un huevo y una castaña. Sí, se parecen.

Pero reclamar la propiedad intelectual del line cliché es el tipo de asqueroso secuestro intelectual que intentaría cometer una multinacional. Es algo que va contra el concepto mismo de cultura. Es establecer un peaje sobre las ideas. Y me parece infinitamente más importante que la propiedad privada de los herederos de un guitarrista muerto. Claro que Led Zeppelin se pueden haber inspirado en Spirit. ¿Y?

Mira cómo empieza esta moza un tema compuesto en… 1926, cuarenta años antes de que se formara Spirit (y en el mismo tono que Stairway to Heaven):

Mira cómo empiezan los acompañantes de Sarah Vaughan en In a Sentimental Mood (compuesta por Duke Ellington en 1935) un line cliché clarísimo con el bajo, a partir del segundo 4 ó así (y de paso escucha el resto de la canción, porque pone los pelos de punta):

Bueno, la lista de ejemplos es infinita. No sé si se podría demandar por plagio a Spirit.

 

 

Una actuación sorprendente

3 03UTC febrero 03UTC 2014

Acabo de ver una de las actuaciones más raras que he visto en mi vida.

Leyendo sobre los asuntos de Woody Allen, he ido sabiendo que no es el único raro. El hermano de Mia Farrow fue condenado… por pederastia. Mia Farrow, a sus 19 años, conoció a Frank Sinatra, que entonces tenía 49. Se casaron dos años después. Se divorciaron a los 13 meses. Si hemos de creer a Mia, es posible que siguieran viéndose y que su hijo Ronan no sea hijo de Woody, sino del propio Frank Sinatra.

Después de divorciarse de Sinatra, a sus tiernos 23 abriles empezó una relación con André Previn, afamado músico, casado. Al año quedó embarazada, y Previn se separó de su mujer, que fue a dar a un psiquiátrico (no era la primera vez), para casarse con Mia.

Esta mujer, Dory Previn, de soltera Langan, era compositora y cantante (de hecho, en 1997 volvió a trabajar con André). Y aquí llegamos a la actuación.

Es una canción dedicada a Mia: Beware of young girls, o sea, Cuidado con las jovencitas. La letra es bien clara, pero es que en esta actuación, además de cantar la canción, cuenta la historia de cómo se trataban con Mia con toda naturalidad. Está en inglés, no lo pillo todo, pero sí lo suficiente, y además la cara de Dory.

Así que aquí tienes a una mujer, con cierto historial de problemas psíquicos, soltándolo todo sin medias tintas, cantando (que ya sería tremendo) y contando (por si te quedaba alguna duda y necesitabas nombres) quién es Mia Farrow, sobre fotos de Mia Farrow. Nada de metáforas.

No sé, yo me quedé con la boca abierta. Lo veo y no lo creo. Y digo “sorprendente” por no decir… “escalofriante”.

Ojo, ni juzgo a Mia, ni a Frank, ni a André, ni a Dory, ni a Woody. Es el contexto de la actuación. Júzgalos tú, si quieres.

YouTube mata la música

6 06UTC junio 06UTC 2013

Al parecer dice Krystian Zimerman, uno de los mejores pianistas clásicos del mundo, que Youtube mata la música. Bueno, en realidad lo que hizo fue dejar de tocar en un concierto en el que un tipo le estaba grabando con el móvil; yo diría que eso de Youtube es una interpretación del periodista, pero en el mismo artículo lo cita. Según el periodista, y usa comillas, Zimerman habría dicho: “Ya me ha ocurrido en varias ocasiones, [sic] perder un contrato o un proyecto de grabación porque el productor me dice que lo siente mucho, pero que ha descubierto que eso está ya en YouTube. […] YouTube está teniendo un efecto muy destructivo sobre la música clásica y no me refiero a una cuestión de derechos de autor, sino a la cantidad de música de excelencia que está dejando de producirse a cambio de grabaciones de pésima calidad y cuya reproducción en absoluto puede compararse a un estándar de calidad media”.

Krystian Zimerman, apesadumbrado por los avances informáticos.

Krystian Zimerman, sufriendo en silencio por los avances informáticos.

Para ser exactos, Krystian, por esa regla de tres no es que determinado concierto tuyo esté en YouTube; lo más cercano a la realidad es que toda la música clásica está en YouTube. Todo lo ha tocado alguien antes, y muy probablemente lo ha grabado.

Si los discos no terminaron con los conciertos, los proyectos de grabación o los contratos de todos los intérpretes de música clásica anteriores, no me explico cómo YouTube puede hacerlo ahora.

Por otra parte, según su lógica es de suponer que nadie querría pagar nunca más una entrada para escuchar cómo Zimerman toca los conciertos de Grieg, porque ya los grabó con Herbert von Karajan. Ningún promotor contratará a Zimerman para que toque conciertos de Brahms, porque ya los grabó con Leonard Bernstein.

Ah, sí; pagarán la entrada para verle la cara. Pero como ya lo han visto en fotos, ni eso. Va a ser verdad lo que decían los indios, que las fotografías roban el alma.

No lo entiendo. Me parece normal que Zimerman se cabree cuando un espectador lo está grabando, porque se le ha convocado para escuchar una interpretación, no para grabarla, ni molestar, ni desconcentrar al músico. Pero la otra parte, la del daño que hace YouTube a la música…

Yo creo que YouTube es una bendición para la música. Permite ver tocar a músicos que nunca tendrán la oportunidad de hacer giras como las de Zimerman. Permite disfrutar de la música a gente que nunca podrá pagarse una entrada para Zimerman. Hay montones de temas que conozco gracias a YouTube, hay montones de personas explicando cómo tocar, enseñando lo que saben hacer, y animando a otros a disfrutar del arte, facilitándoles el camino. YouTube ha revitalizado la música hasta extremos impensables.

Mientras tanto, aquí va la Sonata Waldstein de Beethoven, por Georgiana Dana Balanica, una profesora (casi) desconocida de Toronto.

Si alguien se plantea ir a ver a Zimerman, no va a dejar de hacerlo por poder verlo en Internet. Si acaso, puede ser al revés; al verlo en YouTube, puede que se anime a ir a ver al Zimerman auténtico. Respecto a comprar discos, pasa más o menos lo mismo, pero es un tema largo.

Total: no me parece que esté muy acertado Zimerman. Y si un productor dice que no hacen el proyecto porque en Internet ya hay un vídeo casero grabado con el móvil… amos, anda, Zimerman. ¿Con qué clase de gente tratas tú?

Oye, molaría ver a Georgiana en directo, ¿que no?