Archive for 27 febrero 2019

Mama

27 27+00:00 febrero 27+00:00 2019

Si pudieras volver p’atrás na vida, llector, y facer aquello que nun ficiste, ¿qué sería?

Ximnasia.

Y estudiar idiomas.

Y ya, de haber tenío piernes guapes, haber puesto falda corta con abrigu largu.

Eso yera too. Dos coses que anguañu nun son especiales y naide nun te quita de facer (si acasu la pereza, namás). Y una tercera condicional.

Mama fizo dalgo de ximnasia, de bastante mayor y en casa, pero nun yera lo mismo. Lo de los idiomas yera ya imposible. Sí fizo una cosa un pocoñín más grande, anque güey faila cualquier guaje de viaxe d’estudios, y anque nun taba nesa llista: conocer Venecia.

Nun ye que-y ficiera ilusión, pa decir la verdá. Ún tien ilusión por facer dalgo que seya posible, dalgo que puea pedir. Viaxar n’avión y too eso nun yera nada qu’ella pudiera plantegase facer (¡impensable!), así que nun naguaba por facelo. Namás tenía curiosidá, de siempre, por cómo sería daquello de les cases nel agua, que nun lo entendía. (Nun ye que nun lo entendiera por vieya, ni por tonta; a los venti años sería lo mesmo, vivía nun mundu ensin xeografía). Y díxeme: «vas velo colos tos güeyos». Y asina conoció primero Aveiro, que nun ye Venecia pero dalgo tien. Y lluéu, sí, pasó poles escaleres mecániques del aeropuertu como los ricos (anque la verdá ye que los ricos nun pasen por ahí), y fizo un trasbordu’n Madrid, y foi a Venecia. Y violo colos sos güeyos. Y pasó por baxo’l puente los sospiros, con un gondoleru que se llamaba Roberto. Orbayaba un poco, pero dio igual. Casi nun salieron fotos d’aquel viaxe, pero salió esa, y ye de sobra.

Dempués, pa demostrá-y que podía pedir más, y que’l mundu yera d’ella tanto como de cualquiera, tamién fue a Amsterdam. Y vio la casa de Ana Frank, y les bicicletes y los canales. Y d’ellí fuimos en tren a ver ónde vivía Pepín. Y paramos na estación central de Amberes, onde hai  una cristalera preciosa, y ficimos trasbordu pa llegar a Hasselt. Y too aquello que hasta entonces fora lliteratura fantástica viose que yera verdá; nun conocimos a Fígaro, que morriera, pero conocimos a Fausto, y al so compañeru Atila, y al loru chifláu, y el xardín de Pepín onde ponía comederos pa los páxaros. Asina que nesi viaxe visitamos Holanda y Bélxica. Nel anterior Italia, y enantes Portugal. Esos foron tolos países que conoció mama. Nun tuvo mal.

Nun tuvo mal pa daquién que nun sabía pedir. Cuandu pierdes a to ma a los diez años, y recién casáa vives nel molín y nun tienes reló y pa saber cuándo despertar al tu home lo que faes ye despertate tú pola nueche y preguntar la hora a los caballistas que baxen de la mina, y así too en adelantre, la to especialidá ye nun pedir. Nun molestar. Y que toos seyan felices. Y si además tuvieran delgaos ya nun-y fadría falta namás na vida.

Nun pidió dir a Venecia, hebo que adivinalo. Tampoco pidió lleer «Rosa de Tanemburgo»; namás acordábase de habelu lleío y de que-y gustara. Internet valió pa dalgo, y fíceme con una edición-pémeque de los años 20, posiblemente parecía o igual a la que lleera ella-. Vete a saber cómo y cuándo dio con esi llibru ni cómo tuvo oportunidá de ponese a lleer sin que naide-y echara dalgún trabayu que facer.

De pequeñu, mama siempre me repitió que hasta que morrió la madre ella yera la primera de la clase y que nunca naide quedaba por enriba d’ella. Supongo que igual yera too mentira (qué más hubiera querido ella que estudiar), y que me lo decía pa que yo ficiera «lo mesmo». Y funcionó-y.

Supongo que yera tolo que me pedía.

El resto, intenté adivinalo.

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Las lumbreras de la educación

12 12+00:00 febrero 12+00:00 2019

La verdad es que estoy un poco harto de que siente cátedra gente que no tiene ni idea del tema sobre el que sienta cátedra. Y eso pasa especialmente con la educación. El mundo está lleno de expertos.

Y los expertos, curiosamente, suelen ser gente que, por diversas razones, no consigue aprobar asignaturas, centrarse en aquello que no les sea directamente agradable o esforzarse lo más mínimo. Gente incapaz de ir cuesta arriba. También suele ser gente sin experiencia. Gente que, básicamente, no tiene ni puta idea de la vida. Que pontifica sobre sitios en los que no ha sido capaz de estar.

Hace ya tiempo conocí casos de ese tipo. Por aquí pulula un individuo, cuyo nombre no voy a decir porque no me da la gana hacerle publicidad, que tiene un currículum infladísimo. Supuestamente desarrolló un sistema operativo libre y revolucionario. Lo cierto es que en realidad no hizo absolutamente nada (aquello que decía haber hecho, que por supuesto no era más que una portada para una cosa que ya existía, no la usa, ni la usó, nadie). Y hoy vende básicamente humo. Mucho humo. Pero hay quien se lo compra, supongo. Este tipo viene a decir que a los doce años se aburría de la escuela. La culpa, obviamente, era de la escuela, no de que fuera un niñato mimado de doce años, y entonces decidió hacerse un genio profesional y cambiar el mundo. Hoy tiene a sus espaldas muchas siglas, logotipos y cosas intangibles. ¿Logros reales? Ninguno, me temo. Son gente que salta directamente de niñato a CEO, y de ahí ya a visionario de la humanidad.

Hay casos menos virulentos, claro. Las ganas de hablar de esto me vinieron al ver este artículo: «Leonel Virosta, de Youtube a ganar una beca en la universidad de Manchester».

Estas historias encantan a los periodistas: niños prodigio, outsiders, educados en casa porque la escuela idiotiza y no ayuda a los brillantes. La escuela es un error. Mira cualquier cita del artículo, verás qué bonito todo:

[Leonel] cree que “hace falta un cambio en la forma de aprender, y que no vendrá del sistema, sino que tiene que venir de cada uno de nosotros: alumnos y profesores”. Lo de no seguir las pautas establecidas por el sistema no es nuevo para Leonel, puesto que desde muy pequeño se acostumbró a ir contracorriente.

Asombrado ante el hecho de que un chaval tan joven venza al sistema y aporte un cambio en la forma de aprender (que es mi pasión), voy a ver su canal. Veo un vídeo de hace tiempo. Y, por si acaso, veo el más reciente.

Si me dices que un chaval joven dedica su tiempo a hacer vídeos educativos, diré que es muy positivo para él.

Si me dices que un chaval joven dedica esos vídeos a temas relativamente complejos y áridos, diré que parece un chaval brillante, con curiosidad, trabajador y apasionado por la biología. Eso es estupendo. Quizás llegue lejos si trabaja bien en el futuro.

Ahora bien, si me dices que se cree un genio y que cree que sus vídeos traen al mundo un cambio en la forma de aprender, te diré que entonces son los vídeos de un niñato que no sabe de qué habla. Te diré que al parecer ha tenido profesores muy malos (quizás sus padres, por lo que se dice) y no ha conocido o sabido apreciar a los profesores buenos. Que son vídeos con ciertos méritos, pero entre ellos desde luego no está su valor didáctico.

Lo que hace Leonel se ha hecho toda la vida: es una clase magistral (la forma más rudimentaria de enseñanza), con soporte audiovisual. Una clase magistral mala, por cierto. Leonel explica bastante mal; usa mal las metáforas, sus ejemplos aclaran unas cosas e inducen a error en otras. Sobreactúa como los youtubers de los que ha aprendido a gesticular. Su uso de los recursos audiovisuales es mediocre. Leonel, hoy por hoy, es un mal profesor. No le culpo por ello; le culpo (o más bien culpo a sus padres y a la gente que le calienta la cabeza y se la llena de pájaros) si se cree que es bueno. Le queda por delante más mili que al palo de la bandera.

Dice Leonel en esta otra entrevista del mismo periódico (con su madre en la foto en plan estrella, qué mal rollo…):

El colegio se basa en un sistema de castigos y recompensas, profesores que te regañan en función de tus notas y estudiantes que te admiran o hablan mal de ti. Esa es una falsa motivación. En casa no hay ayuda externa, todo depende de ti.

No sé a qué colegio de mierda ha ido Leonel, y por qué no le han enseñado a ver más allá de una situación concreta. No sé de dónde se saca esa percepción. Ha sido capaz de fijar muy bien su atención en la mitosis o en la fotosíntesis, pero no sabe interpretar el mundo que le rodea. Yo eso no lo veo como una ventaja ni como un talento; lo veo como una carencia. Le veo muchas virtudes, que no se me interprete mal, pero desde luego esa frase pone los pelos de punta.

En el vídeo de ese artículo, expone los consejos de un autodidacta, que son: 1) elige un modelo, 2) ten tu mente abierta a todos los temas, 3) sigue a un maestro (que para él equivale a remitirte a youtubers en vez de a profesores), 4) márcate un objetivo, 5) comparte tu pasión.

Este niño (porque es un niño) cree que la escuela impide o coarta la ejecución de alguno de esos 5 puntos. Y no es así. De hecho, la escuela (sí, la escuela real y actual) está diseñada para favorecer todos esos puntos. Para él «compartir su pasión» es hacer vídeos en Youtube para gente anónima, donde no tenga que enfrentarse al hecho de que tiene miedo a tener compañeros. En el punto 2 dice que te esfuerces en ver las lecciones maravillosas que hay en una asignatura incluso aunque no vayas a dedicarte a ello; y es lo que dicen (con razón) todos los profesores desde el inicio de los tiempos. Resulta que si lo dice un profesor es caduco y alienante, pero si lo dice Leonel es un descubrimiento (concretamente, ha descubierto la pólvora, o inventado la rueda, no lo sé). El punto 3 es lo que toda la vida se ha llamado «leer buenos libros» (porque al parecer si no estás en una escuela en la que todos los profesores expliquen todas las cosas todo el tiempo exactamente como él, individualmente, necesita… esa escuela es mala). El 5) yo lo he hecho toda la vida, pero con personas de verdad; no con followers y haters. !Es tan cómo calificar de hater a alguien que no está de acuerdo! Automáticamente desaparece, entra en la categoría fantasma y tú sigues feliz con tus followers, tengan razón o no.

Iván Ojanguren también habla del sistema educativo, por ejemplo aquí. Cuando alguien empieza un discurso diciendo «prohibido que os creáis nada de lo que voy a decir», apetece decirle: entonces no nos hagas perder el tiempo. Es una forma de eludir responsabilidades. «Voy a hablar una hora, pero sin responsabilidad, porque no tienes que creerte nada». Iván, no me jodas. Asume tu compromiso con los que te escuchan.

Iván habla del «pack educativo». Que según él es ir al colegio, estudiar una carrera con salida y buscar un trabajo para toda la vida. No se le ha ocurrido que quizá es él quien no entiende el sistema educativo, que es un instrumento para que tú hagas lo que debas hacer. Es tu responsabilidad. No vas a remolque; lo usas. Yo he seguido el sistema educativo a pies juntillas, pero no esperaba recompensa concreta por hacerlo; el pack es un invento suyo.

Para él, el sistema educativo siempre fue un «lugar umbrío, hostil». El sistema educativo le constreñía y le hacía pequeñito. Tardó 8 años en terminar una carrera de 3. Le molesta que le tacharan de vago.

Me imagino a Pau Gasol diciendo que eso de prepararse en el gimnasio le resulta umbrío, hostil, que en lugar de dejarle expresarse le constriñen, que lo llaman vago porque no lo quiere hacer.

Iván, con todo el cariño: es que quizá seas vago de verdad. No pasa nada. A nuestra edad, la tuya y la mía, tenemos que asumir según qué cosas. Tu error no es ser vago, si lo eres; tu error es creer que eso te hace mala persona. Te diré un secreto: todos somos vagos. Todos hacemos cosas porque nos convencemos para ello. Y algunas no las hacemos. Cada cual tiene sus debilidades-vagancia y las asume.

Pero no; como el informático genial del principio, o como Leonel Virosta, dice que todo es culpa del sistema educativo. Se inventa una teoría un poco delirante; que la escuela se inventó en el siglo XVIII para coger a analfabetos y producir con ellos obreros para las fábricas. No sé de dónde se saca tan osada teoría; y no sé explicar cómo, no existiendo escuelas antes de la Revolución Industrial, existían universidades enteras desde el siglo IV. Tampoco sé explicar cómo ese origen tan instrumental, de formación profesional, del cual se queja, puede encajar con las quejas tan habituales de que el sistema educativo está demasiado alejado de la actividad laboral (al parecer siempre lo está, haga lo que haga) y es demasiado teórico. ¿En qué quedamos?

No, amigos, veréis.

Sobre los razonamientos del primer individuo que he citado no cabe hacer muchas reflexiones. Un vendedor de humo es un vendedor de humo. Yo no le contrataría ni para llevar cajas (¡menos que nada para llevar cajas!), y su cosmovisión es simplemente la vagancia y la fachada. Quizás algún día se dé cuenta del vacío que deja detrás, o quizás se crea su propia película. Temo que sea lo segundo.

De Leonel sospecho que no ha sabido encajar un cambio de profesor, no ha sabido manejarse en la adversidad ni gestionar circunstancias que no fueran óptimas para él. No ha sabido salir de la comodidad. Sabe nadar a favor de la corriente, pero no puede aprenderse la tabla de multiplicar porque es algo memorístico (tener un método alternativo para multiplicar es bueno en ciertos sentidos y malo en otros; revela cierto talento y falta de otro talento, simplemente). Le deseo lo mejor. Pero hoy por hoy es un mal profesor, y es de risa que haya adultos que crean que tiene la más remota solución a los problemas (difíciles) de la educación. Sencillamente, es un tema del que no sabe nada y solo puede aportar obviedades. Que están muy bien para un chico joven; quizás en el futuro llegue a aportar algo.

De Iván creo que no vale desdeñar a los gurús siendo uno de ellos, no vale hablar en público y decir que no te creas nada y que la responsabilidad de elegir lo que vale es del oyente; sí, claro, es una obviedad, pero tu tarea en esa tarima es mojarte y ofrecer lo mejor que tengas, y si el oyente lo desecha todo no vale decir «me encanta, has hecho lo que te pedí». Es tramposo, es el recurso de un vago. Que me temo que en eso consiste el coaching. Por lo menos, en eso consiste todo el coaching que he visto hasta ahora: en nadar y guardar la ropa. No es puro humo, pero es… niebla. Al nivel de un horóscopo.

Viendo todas estas sandeces, solo puedo hacer un brindis por los profesores, mejores y peores, que afrontan su oficio con seriedad, que se mojan y ofrecen lo que tienen y eligen soluciones reales a problemas reales; y por los alumnos que saben ver que el sistema educativo, siempre mejorable, es sencillamente maravilloso y una oportunidad infinita de desarrollo personal.

Si sabes utilizarlo, que es responsabilidad tuya.