Archive for 30 abril 2015

Deteniendo a una Femen

30 30UTC abril 30UTC 2015

Ya dije más de una vez que si a veces critico a la policía (y a veces la defiendo) es porque creo en ellos, porque son “mi” policía, la gente que me ayudará si estoy en apuros, que hace un trabajo que yo seguramente no sería capaz de hacer, igual que los médicos o los bomberos o los albañiles. Les estoy infinitamente agradecido.

Y por esas razones me indigno cuando tengo noticia de abusos, crímenes cometidos por la policía, que casi siempre quedan impunes. Hay quien no se cree que esas cosas pasen; yo sí. Y me preocupa, y me parece importante.

Mira que ha dado para comentarios esta foto de ese genio de la economía popular llamado Rodrigo Rato. Brutalidad policial, casi, casi.

Todo eso porque le acarician tiernamente el cogote para que no se haga pupa al subir al coche. Veamos esta otra foto (la noticia aquí).

Estrictamente necesario. Uso proporcionado de la fuerza.

Estrictamente necesario. Uso proporcionado de la fuerza.

Bueno, se entiende que para alguien como Fernández Díaz y sus correligionarios una teta cerca sea una agresión intolerable y un peligro público, mientras que la estafa de millones de euros sea simplemente una profesión liberal respetable. Y uno ve la foto y piensa que si esa imagen corresponde a unos policías (posiblemente la élite del cuerpo) actuando contra una mujer medio desnuda, desarmada y aparentemente no adicta a las artes marciales, en la vía pública delante de un montón de testigos y periodistas con sus cámaras, qué no puede pasar en un calabozo. Me tiemblan las piernas de pensarlo.

Entonces, como me gusta hacer, veo el vídeo entero. Esos dos tiarrones no consiguen sujetar a la activista.  Ella actúa con bastante corrección, por así decir; creo que las activistas de Femen están bien entrenadas para ello. No se pega con los policías, no hace nada violento ni exagerado, se limita a protestar y chillar (hombre, dar facilidades tampoco). Y aun así, sin ningún esfuerzo, se les suelta varias veces. El que le va a poner las esposas tarda una eternidad, a duras penas lo consigue. Y de hecho, cuando ya la llevan al furgón, la activista (que tampoco es ningún Houdini) se suelta una mano de las esposas. También tardan lo suyo en meterla en el furgón. (Yo, en el lugar de esa mujer, a los diez segundos, aunque sólo fuera por la adrenalina, estaría tan agotado que no tendría fuerzas ni para hablar en voz alta, y ella sigue con su trabajo hasta el último momento.)

¿Cómo se explica eso? Pues sencillo. Esos tipos no son unos inútiles, y seguro que si te quieren esposar te esposan. Simplemente, están teniendo cuidado. Cuidado de no hacerle daño. Ni contra el suelo, ni al agarrarla, ni con las esposas, ni contra los coches. Cuidado de no tocarla de ninguna manera… inapropiada.

¿Es porque saben que están en medio de una nube de periodistas, y que cualquier parte de lesiones les iba a traer problemas? Seguramente. ¿Es porque esos policías son lo que deben ser, personas inteligentes y dignas de ese uniforme, y perciben que lo que tienen entre sus manos no es un terrorista con un AK-47, sino una mujer indefensa y semidesnuda sujeta contra los adoquines, que el único daño que va a hacer es con la palabra, que está casi ejerciendo un derecho y defendiendo ese ejercicio, e instintivamente actúan con delicadeza? También puede ser.

No sé si es más lo primero o lo segundo. No sé si fuera de la vista de los ciudadanos a esa mujer la manejaron como a una basura, la humillaron o la maltrataron. No puedo saberlo. Es perfectamente posible, y ha ocurrido otras veces. Imagínate a uno de esos dos, en una habitación sin testigos, dándole una hostia a mano abierta. De la primera, la estrella contra la pared y la tumba. O imagínatelos asumiendo lo ingrato de detener a alguien que ni siquiera les parece un delincuente, porque su guerra no va con gente como ella, sino con los malos de verdad.

Así que la foto me pone una sombra de preocupación encima, me quita el sueño. Y el vídeo me reconforta algo. No sé qué pensar. Quiero pensar que esos policías son lo que espero de ellos. Y que esas cámaras de la calle recogieron lo que hay, y no sólo lo que parece.

Por eso debería haber cámaras en las comisarías: para que yo pudiera estar seguro, como quiero estarlo, de que lo que he visto son dos personas que merecen llevar armas y ocuparse de nuestra seguridad. Por eso las torturas deberían perseguirse con total dedicación, y nunca debería haber indultos, como los hay constantemente.

Mientras tanto, en este caso doy las gracias a Femen. Esta mujer, igual que los policías, ha hecho un trabajo que yo no sería capaz de hacer, lo ha hecho de forma impecable, y es un trabajo que todos necesitamos. Olé sus… lo que sea.

Anuncios

Ni lo sé, ni me importa

28 28UTC abril 28UTC 2015

Otra pequeña muestra de periodismo. Aquí no se puede negar que es honesto, no es un gran problema; lo malo son las preguntas que suscita.

En un artículo sobre la relación de la industria asturiana con las centrales nucleares, dice Ernesto Burgos:

[…] la planta “Georges Besse” de Eurodif alcanzó su capacidad de producción nominal en 1982, con 11 millones de unidades de trabajo de separación (UTS) anuales, según dicen las estadísticas que me limito a transcribir sin pretender explicarles más datos técnicos que, como supondrán, desconozco.

Por una parte, se agradece la sinceridad. Una cosa buena es que no nos engaña (por lo menos, en esto). No sabe lo que son las UTS, y lo dice bien claro.

Pero entonces surgen las preguntas.

¿Cómo que se limita a transcribir algo que no entiende? ¿Es ese el trabajo de un periodista?

¿Ha intentado entender lo que son las UTS y explicárnoslo (que sí es el trabajo de un periodista)?

¿Para qué necesita repetir como un loro unos datos que no tiene ni idea de lo que significan?

Todo esto no es grave; no es relevante, se entiende lo que quiere decir (que en 1982 la planta estaba funcionando a pleno rendimiento, y ya está). Y además avisa claramente de que el dato es una repetición sin más. No altera el artículo.

Las preguntas graves son: ¿cuántas veces hacen esto los periodistas? ¿Cuántas veces repiten lo que se les ha dicho, rellenan, hablan de cosas que no entienden, y no hacen el menor esfuerzo por entender? ¿Cuántas veces lo hacen aparentando autoridad y sin reconocer que no saben lo que dicen?

 

 

 

Gadea Fitera

23 23UTC abril 23UTC 2015

Hace algún tiempo ya que ojeo de vez en cuando una columna de una tal Gadea Fitera: Diario de una madre inexperta. Con esto de los hijos pasa que, si no los tienes, enseguida te dicen que no tienes derecho a opinar. Y si no eres específicamente madre no digamos. Aunque oigas gilipolleces tales que gilipollez mayor no puede ser pensada. (Que, nota al margen, y aunque haya quien no lo crea: hay mujeres, madres, víctimas del terrorismo y hasta abogados del estado que dicen cosas que son objetivamente gilipolleces, incluso aunque versen sobre sus propias y respectivas disciplinas.)

Pero volviendo al tema: Gadea escribe básicamente para quejarse; sí, también hay cosas bonitas de la maternidad y todo eso, cómo no, pero sobre todo la cosa va de quejas. Y a veces uno lee quejas que le parecen gilipolleces. Sí, de acuerdo, quejas basadas en hechos reales. ¡No, podían ser inventadas, encima!

Gadea se queja de que el sexo después de parir no es lo que era, fíjate, que tiene granitos en el muslo y la vagina todavía no le funciona igual que antes. Sobre las vacunas, Gadea dice (y aquí me voy a agarrar a algo para seguir siendo diplomático) que “la realidad es que debido a la inmigración masiva que hay, enfermedades como la rubéola que estaba extinguida en Europa, [sic] han vuelto a aparecer”, y después de una gastroenteritis que tuvo su bebé “yo tomé la firme decisión que [sic] a partir de ese momento el que quisiese tocar a mi hijo antes [sic] se iba a lavar las manos, porque yo otra noche como la que pasamos no la repito. Si vamos con el carro por la calle no dejo que nadie conocido o no [sic] lo toque, y muchos [sic] menos en las manos ya que luego se las chupa (llamadme histérica).” (No; no es histeria, es otra cosa.) Nos explica que de instinto maternal no tenía mucho (no hace falta que lo jures; si yo te llamo histérica tú llámame a mí prejuicioso). Dice la pobre que los hombres ya no la miran, que cuando estaba embarazada se ponían cachondísimos con ella (¿?) pero que “no hay hombre que te mire por la calle cuando vas con el carrito, y no digamos ya con la más mínima mirada libidinosa” (¿?¿? ¿Con qué clase de hombres se relaciona exactamente esta mujer?) Dice sobre las broncas, la pobre… no, esto mejor lo cito más extensamente:

Recuerdo una vez que mi marido llegó a casa tarde y yo había tenido un día duro con Carlitos porque no había parado de quejarse, cosa extraña en él [oye, pues tiene bien a quien salir, vete acostumbrándote]. Jorge llegó y se sentó en el sofá con el móvil en la mano, a lo que de malas maneras le dije que visto que no lo habíamos visto en todo el día, lo menos que podía hacer era estar un poco con su familia.

Fíjate tú que joya la Gadea. “Tiene un día duro” porque el nene se queja mucho, y Jorge tiene los huevazos de llegar de trabajar (a saber si su día es duro o no) y sentarse con el móvil (vete a saber si, todavía, trabajando y deseando dejar el puto móvil del cual está harto). Entonces ella le suelta un bufonazo rastrero sazonado con chantaje emocional que merece que la mande directamente a la mierda, pero no creas que siente haber metido la pata:

Esto es lo peor que puedes hacer con él, no funciona con broncas sino con mimos.

No, hijo, no. No es que ella haya sido una borde y una maleducada. ¡Es que se pone paternalista y condescendiente, como quien habla del perrito que le mea la alfombra porque no da para más! “Él no funciona con broncas sino con mimos”. ¡Hay que joderse! Bueno, para ser justos sí que el angelito bueno del hombro derecho de Gadea le dice con su vocecita algún que otro argumento:

Si llevo todo el día con el bebé cuando llega Jorge a casa lo que quiero es que lo coja y me deje descansar un rato, y a lo mejor no entiendo que el [sic] puede haber tenido un día intenso [el día de ella es “duro”, el de él no pasa de “intenso”] y estar tan cansado como yo (aunque opino que nada es comparable en dureza a un día con un bebé aullando sin parar).

Aunque, y que te quede claro, “nada es comparable en dureza a un día con un bebé aullando”. Ahí queda eso. Nada. El maridito-mascota ya puede haber hecho lo que sea, ya puede ser psicólogo de niños esquizofrénicos, que lo suyo, al lado de lo mío, no es nada. Por eso lo que quiero es que coja al bicho y así yo descanso un rato. También dice que “Si le das el pecho el [sic] obviamente tendrá que compensar el trabajo por otro lado”. Yo lo leo y flipo. Obviamente, dice. ¿Y cómo te va a compensar el parto, guapa? ¿Y la regla, que seguro que también es culpa suya, porque al fin y al cabo era retroactivamente necesaria para tener el niño ahora? ¿En cuántos capítulos más de la vida lleváis ese tipo de contabilidad? ¿Cómo va la cosa, quién va ganando?

Bueno, al final sí admite un poquitín que a lo mejor está pagando sus cabreos con Jorge. Menos mal. Pero lo pinta casi como si fuera culpa de él, no algo por lo que ella deba disculparse.

En otra ocasión, en la que se compara con una vaca y con una esclava (así, sin exagerar, ni nada), dice que:

En realidad mi vida es el bebé 24 horas al día 7 días a la semana y eso no es sano. Me explico. Ningún trabajo se puede llevar a cabo durante todo ese tiempo, es incompatible con la salud mental de una persona. Si estuviésemos todo el día todos los días trabajando, nos volveríamos locos, estaríamos agotados, [sic] pues eso es exactamente lo que me ha sucedido a mí.”

Y también le soltó otra vez al marido (no sé cuántas veces se lo restregará al día) aquello de “tu peor día laboral no se puede comparar con un día entero con un niño potroso, eso es insuperable”. Palabras suyas.

Mira, Gadea. Yo no tengo hijos, strike 1. Y encima no voy a parirlos nunca, strike 2. Así que tienes facilísimo restregarme por la cara lo que quieras. Pero desde mi presunta ignorancia, nunca se me pasó por la cabeza que después de un parto no cambiara la vida, sexo incluido, al menos durante unos cuantos (muchos) meses. No se me ocurrió que fuera posible evitar que un niño se pusiera malo, muchas veces, y mucho menos que argumentara cosas como “yo otra noche en el hospital como esa no la paso”, pero menos aún esperaría poder evitarlo con un comportamiento chiflado como “que nadie lo toque sin lavarse antes las manos” (evitando, por cierto, que el chaval se exponga a los bichos a los que se tiene que exponer si no quieres que tenga un sistema inmunitario de mierda). No pensaría ni por un momento que criar a un hijo, y sobre todo los primeros meses, se pareciera ni de lejos a un trabajo, ni en concepto ni en horarios (decir que criar a un hijo es un trabajo no remunerado es como decir que estar vivo es un trabajo no remunerado). Ni se me ocurriría pretender compensar el parto o la lactancia para empatar con su madre.

Si yo fuera a tener un hijo, me ajustaría el cinturón de seguridad, apretaría los puños y me iría mentalizando para luchar sin descanso durante los siguientes veinte años, seguramente más. Para encajar mis golpes y los suyos, para mantener la serenidad cuando se ponga malo y tema por su vida, para sufrir uno por uno cada segundo que esté de excursión fuera de casa. Me prepararía para una paciencia de siglos. No significa que me fuera a salir bien, no significa que fuera a ser capaz, no significa que no fuera a perder los papeles mil veces; significa que no me quejaría de la situación como si fuera injusta o sorprendente, cuando estuvieran pasando cosas absolutamente obvias e inevitables. En resumen, rogaría conservar unos mínimos de sentido común.

Pero puede que las hormonas vuelvan a uno gilipollas, eso no lo sé y creo que no lo sabré nunca. Lo que sí sé es que he conocido a muchas madres, que presumiblemente lo han sido gracias al funcionamiento pleno de sus hormonas, que no decían estas gilipolleces. Y estrógenos no tengo muchos, pero capacidad de análisis, y memoria, sí.

De las columnas de Gadea podría criticar otras cosas. Por ejemplo, el estilo; no sé qué pensarán sus compañeras feministas de que ella utilice el término “zorra” para insultar a una mujer en titulares, pero sé lo que pasaría si lo utilizara un columnista varón.

También la redacción. No son raras las erratas, las faltas o incluso títulos tan estupendos como este: “Disculpa inútil, pero también es tu hijo“. Cuando lo leí pensé (lo juro) que era una disculpa que llegaba demasiado tarde, o algo así (y por tanto era inútil), y el resto de la frase me sonaba raro. Quise saber qué significaba todo eso. Y sólo después de leer el texto vi que significa simplemente que Gadea escribe en un periódico de tirada nacional pero no sabe usar las comas. En el contenido de ese artículo vale más que no entre porque daría para muchos cabreos.

No sé qué quiere transmitir Gadea con su columna. Dice que la realidad del embarazo y la maternidad. Está bien que alguien que pasa por la experiencia lo cuente, pero la verdad es que dudo de la utilidad de que lo haga alguien que aparentemente no tenía ni la menor idea del asunto (ni siquiera en aspectos obvios y evidentes), y que tampoco es capaz de juzgar objetivamente su propia situación.

Pese a sus dificultades con la ortografía, Gadea dice que trabajó como Community Manager y fue finalista del Premio Planeta. La novela con la que lo consiguió, que era la primera suya, le salió “casi sin quererlo”. Según ella, ese logro supone “pasar de considerarse a sí misma una mera aficionada a poder llamarse sin rodeos ‘escritora’”. Es de las que salen en las páginas de sociedad, con pedidas de mano y todo eso, enseña su casa en ciertos contextos… Lo que viene siendo un caso típico de madre en el mundo real. Y de escritora en el mundo real, también; hay gente que para aprender a escribir escribe miles y miles de páginas empeñando toda una vida en aprender mínimamente el oficio, pero no nos engañemos, otra gente ya nace con el talento y le sale casi sin quererlo una novela finalista del Planeta, y publica regularmente en El Mundo. Es todo de lo más real.

No conozco a esta mujer, pero transmite la sensación, seguro que injusta y errónea y radicalmente opuesta a la realidad, de no haber doblado mucho su egocéntrico espinazo.

He intentado ser amable. No se me ha dado mal.

¿La mi última clas?

16 16UTC abril 16UTC 2015

Ayeri di una clas, y de momentu ye la última.

Bueno, non. Fáltenme otres dos. Pero son de actividáes práutiques. Ayeri foi la última clas “expositiva”. Acabóse la materia. Y de momentu la mi intención ye que se haiga acabao definitivamente, o polo menos por un tiempu. Nun sé si voi cumplir el plan (ún non siempre fai lo que tien previsto), y de xuru que, anque lu cumpla, voi dar otres clases sueltes que me apeteza. Gratis. Pero de momentu, toi un poco cansáu.

Col mi tipu de contratu, a tiempu parcial, ca añu vas pa una asignatura diferente, ensin saber, munches veces, qué vas dar hasta el últimu momentu. Ye un retu, deprendí muncho, y pémeque siempre salí bien paráu. Toi arguyosu de toles clases que di. Nunca xubí a la tarima ensin tar preparáu y ensin cumplir colos mis alumnos (meyor o peor, claro, pero según la mi conciencia y lo que sé facer).

Fice delles coses que nun sabía que podía facer. Terminé la tesis doctoral. Di materies que nun conocía muncho. Ayudé a terminar el proyeutu fin de carrera a xente que llevaba diez años ensin ponese con ello. Y a dalgún otru que… digamos que foi un milagru que lo algamara. Tamién trabayé con una alumna sorda, que sacó la carrera. Tuve en cargos de direición (que tampoco pensé que fora ser capaz, siendo como soy un desastre pa les feches y los nomes). Di clases en inglés. Llueu la Universidá punxo normes pa ello, que yo nun cumplía; fice 60 hores de cursos, cumplílos, y acreditéme otra vez pa dar clases n’inglés (y fícelo delles veces; esti añu, sin dir más lloñe). Deprendí munches coses, fíceme meyor, y pémeque ayudé a della xente. Pémeque fice el mundu un pocoñín meyor.

Pero cansé un poco del retu. Ya me demostré que pueo facer eso, pero el casu ye que asina nun pues meyorar. Nun pues pensar cómo cambiar coses pal añu siguiente. Y pa enriba veste liáu con muncho más trabayu burocráticu del normal. Les clases acaben siendo lo que menos trabayu te da. Y yo nun toi na Universidá pa eso, precisamente. Y si a eso sumes que nun tienes la cabeza ehí al cien por cien (en realidá, teóricamente tienes menos del 50%)… nun ye manera. Nun se disfruta tanto.

En realidá tuve muncha suerte; siempres me tocaron asignatures afayaíces, trabayar con buenos amigos… pero aun así, cansé. Llevo quince años dando clas. Asina que ayeri, si nun cambia nada, cerróse una etapa.

Ayeri pregunté a la xente si sabía lo que yera la paridá (non), y entós pasé-yos unes reproducciones de tarxetes afuracáes y díxe-yos lo que yeren. Despliqué que nun yeren mui fiables, que pa eses coses se entamó a usar la paridá, y que un tal Hamming por culpa de les tarxetes fizo un códigu de paridá que permitía non sólo atopar erros, sinon arreglalos. Y a partir d’ehí… despliqué les configuraciones RAID. Y terminóse el temariu. Tol mundu coló, y la clas quedó asina. Y terminaron (de momentu) quince años. Falta muncho, otres dos clases, desámenes, recuperaciones, lo que se quiera. Pero ayeri terminó un ciclu.

relojUltimaClase

ultimaClase

Esquizo McCartney

16 16UTC abril 16UTC 2015

Hoy a eso de las siete de la mañana me encontré esto en el periódico, y a las doce del mediodía ahí sigue.

Si ves esto en la portada del periódico durante muchas horas, y no hay nada que te llame la atención… es que eres periodista.

Ghost.

Ghost.

Cómo entrar en el negocio de la música (por Deke Sharon)

6 06UTC abril 06UTC 2015

Traducción propia del artículo How To Break Into The Music Business, publicada aquí con permiso de Deke Sharon, que es su verdadero autor.


 “Querido Deke:

Me gustaría muchísimo entrar en el negocio de la música, quizás escribiendo música para televisión y cine, o teatro. ¿Cómo puedo hacerlo?”

Querido lector:

En primer lugar, permíteme dejar algo claro: hay 1.000 personas ansiosas por ocupar cada trabajo en música, sobre todo algo tan fascinante como escribir música para películas. Dicho con pocas palabras, eso no va a pasarte a ti. Lo siento. Mucha suerte para el futuro.

Sinceramente, Deke.

.
.
.

¿…todavía estás leyendo? Muy bien, entonces no te asustan los imposibles. Estupendo. Es un primer paso importante: saber que probablemente nunca alcanzarás tu meta. Tenemos que quitar de enmedio a los pusilánimes, ya sabes.

¡Estupendo! Así que sigues a bordo. Perfect! Este es el trato: puedo garantizarte que si trabajas como un poseso durante la próxima década (“10.000 horas” hasta que alcances la excelencia, según Malcolm Gladwell), acabarás colocando algún tema tuyo en alguna película. Sin embargo, a la vista de cómo va el negocio hoy en día, tengo malas noticias: probablemente no cobres nunca. Habrá directores jóvenes interesados por ti y por tu trabajo, que harás gratis durante diez años a medida que ganas experiencia y conoces el negocio, pero al mismo tiempo las películas cada vez se distribuirán con más frecuencia por internet y gratis (es decir, robadas), así que el dinero disponible se reducirá a un hilillo y seguramente no cobrarás más que los gastos. Así que lo siento, pero ¡felicidades por tu éxito de todas maneras!

Sinceramente, Deke.

.
.
.

…¿todavía interesado? Bueno, entonces puede que tengas lo que hay que tener para la industria de la música actual. Estás dispuesto a trabajar sin descanso durante una década, e incluso cuando hayas llegado, seguramente no ganarás gran cosa, o quizás nada. ¡En ese caso, bienvenido a la industria musical! Toma asiento, vamos al tajo.

Ahora, puedo oír a algunos de vosotros refunfuñando “eso no es realista, John Williams y Randy Newman ganan dinero, bla bla bla…” Pues sí, vaya si lo hacen. Y siguen vivos, así que me parece que Spielberg y Pixar los van a llamar a ellos antes que a ti. Es más, mira la situación que describí arriba: trabajar sin descanso por nada parece el tipo de cosa que no haría prácticamente nadie, ¿no? Pero puedes imaginarte a alguien que lo haría, ¿no? Alguien increíblemente motivado, al que le da igual cuánto éxito alcanza. Alguien que pasa la noche en vela obsesionado sobre cómo habría estado mejor la banda sonora de Alex North para 2001, alguien que le quita el sonido a Cowboy de medianoche y reescribe la banda sonora para toda la película. Parece de locos, ¿no?

Pero hay gente así. Y son tus competidores.

Y yo apuesto por ellos.

Esto es lo que pretendo poner de relieve en este blog: hacer música como oficio suena maravilloso, divertido, mejor que trabajar en un banco, puedes andar por ahí en pijama todo el día, fama, fortuna, amor, felicidad. Como consecuencia, es un enorme imán. Hay montones de gente interesada en ello, y mucha gente que no sabe realmente lo que quiere piensa que suena mucho mejor que cualquier otra cosa, así que estudian música y dicen a sus familias que quieren ser músicos.

Eso está muy bien, pero están a punto de ser aplastados por la apisonadora gigante de la realidad, porque lo cierto es que no quieren ser músicos. Sólo quieren las cosas que tienen los músicos (véase arriba).

Mucha gente quiere ser músico, pero la verdad es esta: tú no eliges ser músico. Ser músico te elige a ti.

Así es: te despiertas con música en la cabeza. Piensas en música todo el tiempo. Te distraes en lugares públicos por la música de fondo. Te enfadas cuando alguien usa un acorde b VI cuando debería haber sido un cuarto grado menor.

Y la triste realidad es: harás música pase lo que pase, incluso si no te pagan, incluso si nadie la escucha, porque tienes que hacerla. Siempre has tenido que hacerla.

Por eso sé, cuando recibo una nota de alguien que quiere “entrar en el negocio de la música”, que fracasarán. Porque creen que es una opción profesional.

¿Quieres saber qué clase de carta recibo de alguien que sé que tendrá éxito? La que empieza con una ráfaga de frases frenéticas que llevan a una pregunta concreta sobre cómo crear un sonido de tambor de tono variable sin tanta presión en los labios, o por qué no hay más gente que escuche el Acapella de Todd Rundgren porque es un disco impresionante por las siguientes 17 razones, o cosas así. Esta gente no pregunta cómo empezar porque ya han empezado, y no les importa si yo pienso que pueden conseguirlo porque lo van a hacer de todos modos. Su entusiasmo es palpable, y les va a catapultar al futuro, esto es Esparta*, vamos a por otro molino de viento.

Apuesto por ellos.

El mejor consejo musical que puedo dar me lo dieron a mí, sin pedirlo, cuando era un estudiante de secundaria en el Tanglewood Young Artist Vocal Program: “Si te ves a ti mismo desempeñando una profesión que no sea la música, hazlo. Siempre puedes tener música en tu vida, y no tendrás que preocuparte sobre que alguien te diga cuándo o cómo hacer música. Lo cierto es que siempre habrá alguien que se quede despierto hasta más tarde, madrugue más, haga el trabajo por menos dinero que tú. Sin embargo, si nada de lo que yo diga te va a disuadir, pues vale; entonces, bienvenido al club”.

Así funciona, básicamente. Hay excepciones: los que tienen un talento sobrenatural, los muy brillantes… pero supongo que si me escribes en calidad de titulado universitario esos trenes ya han partido. ¿Qué dicen de los titulados de Berkelee [sic]? ¿Que los exitosos son los que nunca se graduaron porque ya habían firmado contrato o estaban de gira? Viene a ser así. O, si te gradúas, tienes una pala en la mano, y ya estás cavando furiosamente y preparando tus propios cimientos.

Así que, en el futuro, por favor, no me preguntéis cómo entrar en el negocio musical. Os deseo lo mejor, y odio ser el de las malas noticias. Parafraseando a Louis Armstrong cuando le preguntaron la definición del jazz: “Si tienes que preguntar, nunca lo sabrás”.

* N. del T.: La frase del original era damn the torpedoes, o “al diablo con los torpedos”, una referencia conocida en el mundo anglosajón pero que quizás diga poco a los hispanohablantes. El sentido viene a ser ese, una frase de valor suicida. La de los molinos de viento sí es compartida por angloparlantes e hispanohablantes.